El Papa y los Cursillos

4ª ULTREYA NACIONAL ITALIA 

ALOCUCION
DE S.S.
EL PAPA JUAN PABLO II

ROMA, 06 DE MAYO DE 1995

Queridísimos hermanos y hermanas:

1.- Doy mi más cordial bienvenida a todos vosotros, llegados desde las diversas regiones de Italia para participar en la 4ª Ultreya Nacional de los Cursillos de Cristiandad. Saludo muy particularmente a los Venerables Hermanos en el Episcopado aquí presentes y dirijo mi pensamiento en estos momentos a los sacerdotes y laicos que integran las “estructuras de comunión” de vuestro Movimiento, al mismo tiempo que doy gracias a Dios por la abundancia de dones y de luces con que actúa mediante todos y cada uno de vosotros.

La celebración de esta Ultreya NacionalPapa Juan Pablo II está en consonancia con vuestro estilo de evangelizadores, que se refuerza con la experiencia de comunión con el sucesor de Pedro y con las diócesis, reafirmándose así la dimensión eclesial. Realmente, como nos recuerda la “Evangelii Nuntiandi”, “evangelizar no es nunca y para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial”. “Cada uno de los evangelizadores evangeliza en nombre de la Iglesia, la cual a su vez, lo hace en virtud de un mandato del Señor” (Enc.EN.Nº 60).

2.- Vuestro Movimiento os pide ser fermento evangélico en la “masa” del mundo. Es tarea no fácil que supone una gran humildad y una sólida fe en el Señor. Actuando en el mundo donde no faltan signos de esperanza y de energías positivas seriamente dedicadas al servicio del bien, descubrís, sin embargo, cada día las grandes heridas que lo debilitan, como son la secularización y la indiferencia religiosa, la violencia que de vez en cuando aplasta a hombres y mujeres indefensos, el desprecio, a veces solapado, de la vida humana.  Poneos, con vuestra discreta acción apostólica, de parte de esta humanidad herida, y disponedla para que acoja la Verdad del hombre: a Cristo. Después de haber preparado el terreno a la Gracia redentora, podréis ofrecer a muchos hermanos, mediante los Cursillos de Cristiandad, un encuentro intenso, liberalizador y gozoso con el Señor. Permaneced siendo siempre fermento vivo.  Pero ¿cómo conseguir mantener este fervor evangélico?

3.- Vuestro programa espiritual y apostólico utiliza la imagen del “trípode” para indicar que la piedad, el estudio y la acción son las condiciones que garantizan la fidelidad a vuestra vocación.

El evangelizador es ante todo aquel que, habiendo encontrado la piedra preciosa de que habla el Evangelio, siente la necesidad de comunicar su hallazgo a los demás. Precisamente, en la escucha orante se puede captar la buena noticia del amor de Dios. La oración sigue siendo la gran ocasión para experimentar la alegría de ser los hijos amados del Señor.  Así como también a la oración está ligada la necesidad que tiene el apóstol de vivir constantemente la Gracia divina. De hecho, no son sólo sus palabras sino, sobre todo, su identidad como templo del Dios vivo, y su configuración con Cristo, lo que suscita el deseo del encuentro con Dios en aquel que está alejado de Él.

“Adorad al Señor, a Cristo, siempre prontos para responder a los que os pregunten por la razón de vuestra esperanza” (1ªPe.3,13). Pedro sugiere otra dimensión irrenunciable del evangelizador: la necesidad de profundizar en el fundamento racional de la buena noticia mediante el estudio continuado de la Palabra de Dios y de la Tradición viva de la Iglesia. El principio guía del anuncio cristiano: la fidelidad a Dios y al hombre, requiere una atención constante a la cultura contemporánea.

Este estudio debe unir al rigor científico la dimensión sapiencial, que llevará a acoger el dato revelado como don y como gracia, estimulando a poder compartir con los demás la alegría de haberse encontrado con la Verdad.

Los primeros destinatarios de este compartir serán los mismos familiares: a este propósito os exhorto a vivir, a sostener y difundir la práctica recomendable de la lectura del Evangelio en familia, preciosa ocasión para un encuentro con el Señor.

Finalmente, la aproximación del tercer milenio cristiano, y la urgencia de la nueva evangelización, deberán encontramos particularmente dedicados, con renovado ardor y con métodos siempre decuados, a la acción misionera.

Ésta, como os lo propusisteis en la minimisión tenida por vuestro Movimiento en 1993, deberá ser siempre más minuciosa y estar más ramificada, para llevar a Jesús a todos los ambientes, testimoniando a los que están lejos el rostro misericordioso del Padre y una experiencia renovada de la Iglesia.

4.- Queridísimos hermanos y hermanas; Cristo os necesita, no os sustraigáis a su invitación.  Sed generosos y valientes en la respuesta.

Que la 4ª Ultreya Nacional sea el principio de un nuevo camino de Gracia para vuestro Movimiento y para tantos hermanos que están lejos. Que María, la Madre de la Iglesia, os acompañe en el empeño cotidiano por la evangelización.

De todo corazón quiero animaros y os bendigo.

     

Grupo del Miércoles - MCC; Copyright © 2007, Secretariado Arquidiocesano de Arequipa (Perú). Revisado: domingo, 30 marzo 2008