El Papa y los Cursillos

LA ULTREYA DEL 2000

Una nueva intervención de Juan Pablo II en relación a Cursillos, se registró con motivo de la 3ª ULTREYA MUNDIAL programada en Roma, en el marco del Jubileo de los 2000 años del nacimiento de Cristo. Esta Ultreya del gran jubileo tuvo como tema: "Evangelizar los ambientes en el tercer milenio cristiano: un desafío para los Cursillos de Cristiandad”. 

Luego de recibir, al inicio del encuentro, las palabras de saludo de la Presidenta Mundial del Movimiento de Cursillos, Frances Ruppert, y ante la presencia de casi cuarenta mil miembros del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, procedentes de todo el mundo, el Papa pronunc en italiano, francés, inglés, castellano, portugués y polaco, el siguiente discurso, cuyo texto completo fue publicado por la edición castellana de L'Osservatore Romano.


3ª ULTREYA MUNDIAL 

ALOCUCIÓN
DE S.S.
EL PAPA JUAN PABLO II
ROMA, 29 DE JULIO DE 2000

 

1.- Amadísimos hermanos y hermanas: 

Papa Juan Pablo IIMe alegra dirigiros mi afectuoso saludo a todos vosotros, que habéis venido aquí desde los cinco continentes para la tercera Ultreya Mundial de los Cursillos de Cristiandad, la Ultreya del gran jubileo.  Gracias por vuestra visita v sed todos bienvenidos.

Saludo a los cursillistas de lengua española, venidos desde América y desde España, recordando que fue en Palma de Mallorca donde nació esta experiencia apostólica iniciada por monseñor Juan Hervás, celoso pastor de aquella comunidad eclesial.

Os doy la bienvenida a cada uno, y os aliento a hacer de esta Ultreya del gran jubileo un tiempo de renovado compromiso de santidad de vida y de apostolado.

Dirijo un cordial saludo de bienvenida a todos los participantes de lengua francesa.

Saludo, en particular, a todos los que han venido de países de lengua alemana.  Quiera Dios que esta celebración fortalezca vuestra fe.

Saludo a la presidenta del Organismo Mundial de los Cursillos de Cristiandad y le agradezco las cordiales palabras que me ha dirigido en vuestro nombre, presentando el compromiso apostólico de vuestro movimiento y el bien que el Señor realiza a través de vosotros.  Saludo a los fundadores y a los animadores espirituales, así corno a los diversos responsables del Movimiento. 

Vuestra presencia, tan variada y alegre, testimonia que la pequeña semilla sembrada en España hace más de cincuenta años se ha convertido en un gran árbol lleno de frutos del Espíritu.  Más aún, sigue constituyendo una feliz respuesta a la pregunta formulada por mí venerado predecesor, el Papa Pablo VI, en la primera Ultreya Mundial de Roma: “El Evangelio ¿puede aún conquistar al hombre maduro, (...) tanto en la civilización urbana como en la agrícola?”

Por tanto, me uno con alegría a vuestra acción de gracias al Señor por cuanto ha realizado y sigue realizando en la Iglesia mediante los Cursillos de Cristiandad.

El tema de esta Ultreya Mundial “Evangelizar los ambientes en el tercer milenio cristiano: un "desafío" para los Cursillos de Cristiandad”, atestigua el esfuerzo de volver a proponer con medios y entusiasmo renovados la experiencia de Cristo a los hombres y a las mujeres del Siglo XXI.  Esto es más urgente aún dado que "enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes v capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operante, están ahora sometidos a dura prueba por la continua difusión del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo” (Christifideles Laici, 34)
 

2.- Levadura profética.-

Ante esa situación, que desafía a los creyentes a “rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana” (ibid.), el método del Cursillo quiere contribuir a cambiar en sentido cristiano los ambientes donde las personas viven v actúan, mediante la inserción de “hombres nuevos”, que han llegado a serlo gracias a su encuentro con Cristo. A este objetivo tienden los tres días  del Cursillo de Cristiandad, durante los cuales un equipo de sacerdotes y laicos, sostenidos por la oración y el ofrecimiento de sacrificios por parte de los demás miembros del movimiento, comunica las verdades fundamentales de la fe cristiana, especialmente de modo “vivencial”. 

El anuncio de Cristo, propuesto de este modo, abre casi siempre a los participantes en el cursillo al don de la conversión y a una conciencia más viva del bautismo recibido y de la propia misión en la Iglesia.  Se sienten llamados a ser “levadura” profética, que se mezcla con la harina para fermentar todo (cf. Mt.13,33), “sal de la tierra” y “luz del mundo (Mt.5, 13-14) para anunciar a cuantos encuentran que únicamente en Jesucristo está la salvación (cf.Hch 4,12) y que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (Gaudium et Spes, Nº22).

 

 3.- La diaconía de la verdad.-

Queridos hermanos y hermanas, sed testigos intrépidos del “servicio a la verdad” y trabajad sin descanso con la “fuerza de la comunión”.  Apoyándoos en vuestras “ricas experiencias espirituales, que son un tesoro, aceptad él “desafío” que nuestro tiempo plantea a la nueva evangelización, y dadle sin miedo vuestra respuesta.

Frente a una cultura que, con mucha frecuencia, niega la existencia misma de una verdad objetiva de valor universal y que a menudo se pierde en las “arenas movedizas” del nihilismo (cf.Fides et Ratio,Nº5), los fieles deben saber indicar claramente que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Jn.14,6).

A vosotros, que le habéis abierto generosamente vuestro corazón, Jesús os pide que anunciéis incansablemente su nombre a quienes aún no lo conocen. Os llama a su servicio, al servicio de Su verdad, la verdad que nos hace libres.

Cuanto más transparente sea esta “diaconía de la verdad” en vuestra vida diaria, tanto más convincente será. Como os recuerda una oración que se reza mucho en el Movimiento de los Cursillos, “Cristo no tiene manos; sólo tiene nuestras manos para cambiar el mundo actual. Cristo no tiene pies; sólo tiene nuestros pies para llevar al mundo hacia él. Cristo no tiene labios; sólo tiene nuestros labios para hablar a los hombres”.
 

4.- Fidelidad al Magisterio y comunión eclesial.-

Este es vuestro apostolado. Llevadlo a cabo en constante sintonía eclesial, para que así se manifieste la “fuerza de la comunión” que es a la vez el estilo Y el contenido mismo de la misión del pueblo de Dios. 

Frente a las diversas formas de individualismo, que fragmenta y dispersa la capacidad y los recursos evangelizadores, aunad vuestros esfuerzos misioneros a los de las múltiples agrupaciones eclesiales suscitadas por el Espíritu en la Iglesia de nuestro tiempo.  Esforzaos para que resalte de nuevo la belleza de las primeras comunidades cristianas, que hacían decir con admiración a los paganos: “¡Mirad cómo se aman!”. Y sed siempre dóciles a las indicaciones del Magisterio.  En efecto, ningún carisma dispensa de la referencia y de la sumisión a los Pastores de la Iglesia, cuyo discernimiento es garantía de fidelidad al carisma mismo. Que la actual celebración jubilar suscite en todos vosotros una renovada fidelidad a vuestra inspiración original y una más firme comunión eclesial.
 

5.- La verdadera felicidad en el seguimiento del Señor.-

 De colores, de colores se visten los campos en la primavera.  De colores, de colores son los pajaritos que vienen de fuera.  De colores, de colores es el arco iris que vemos lucir...”.

Durante los días del Cursillo, las palabras de esta canción popular española ayudan a los participantes a reflexionar sobre la belleza multiforme de la creación. Encontrándoos con Cristo, habéis aprendido a mirar con ojos nuevos a las personas y a la naturaleza, a los acontecimientos cotidianos y a la vida en general. Habéis experimentado que la verdadera felicidad se logra en el seguimiento del Señor. Esta experiencia personal y comunitaria debe ser transmitida a los otros.  Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo, que por desgracia se alejan de Dios, esperan de vosotros la luz de la fe que les ayude a redescubrir los colores de la existencia y de la alegría de sentirse amados de Dios.

“¡Ánimo! ¡Ultreya! Adelante, os repite hoy el Sucesor de Pedro. Contemplad a María, ejemplo de fidelidad indefectible a Dios, y, como ella, en todas las circunstancias poned vuestra confianza en Dios, Padre de misericordia, que mantiene vuestros pasos por el camino de la verdad y del amor.

Mi saludo se extiende, con la misma cordialidad, a todos los demás peregrinos que se han dado cita aquí.  En particular, a los de la diócesis de Leiría, Fátima, encabezados por su obispo, el querido Monseñor Serafim.

Queridos hermanos y hermanas, han pasado dos meses desde que tuve la alegría de encontrarme entre vosotros, gozando de vuestra cordial hospitalidad y testimoniando vuestra radiante alegría por la confirmación de la santidad de dos paisanos vuestros: los beatos Francisco y Jacinta Marto.  Hoy  vosotros, representación elegida de esa Iglesia particular, me devolvéis la visita.  Habéis venido a la tumba del Príncipe de los Apóstoles, con espíritu de oración v penitencia, para implorar perdón e indulgencia y renovar vuestra entrega a la obra de divinización de la humanidad que comenzó hace dos mil años con el nacimiento de Dios encarnado. 

Saludo de corazón a toda la diócesis de Leiría, Fátima, deseando que este gran jubileo de la Encarnación sea para todos vosotros el “año de Gracia del Señor” que se hizo realidad con Jesús  y en Jesús (cf. Lc. 4,19-21), a fin de que esperéis confiadamente en la fuerza de su mensaje y de su obra de salvación, améis a todos con amor de donación y también de reparación por la ingratitud de tantas personas con respecto a Dios, y testimoniéis la fe con valentía y coherencia en la sociedad actual. 

Que la Virgen Santísima, presente místicamente en vuestros santuarios marianos, entre los que sobresale, por elección de ella, el de Fátima, os acompañe maternalmente en vuestro camino de penitencia y conversión, y os sostenga en la realización de vuestros propósitos para bien de vuestra diócesis y para la salvación del mundo.

Os saludo cordialmente a vosotros, peregrinos de Polonia, que habéis venido a este encuentro.  Os agradezco vuestro compromiso por la nueva evangelización y la construcción de la civilización del amor y la solidaridad en el mundo.  La Iglesia os necesita.  Necesita vuestra actitud cristiana y vuestra santidad, para que se realice en el mundo la gran obra de la salvación.

Con afecto, os aseguro un constante recuerdo en la oración y os imparto a todos la bendición apostólica, propiciadora de abundantes gracias divinas.

 

ADDRESS OF THE HOLY FATHER
JOHN PAUL II 
TO THE "CURSILLOS DE CRISTIANDAD" MOVEMENT

Saturday, 29 July 2000

 

Dear Brothers and Sisters!

Papa Juan Pablo II1. I am pleased to extend my affectionate greeting to all of you who have come here from the five continents for the Third World Ultreya of the Cursillos de Cristiandad, the Ultreya of the Great Jubilee. Thank you for your visit and welcome to all.

I greet the Spanish-speaking cursillistas who have come from America and from Spain, recalling that this apostolic experience was founded in Palma de Mallorca by Bishop Juan Hervás, the zealous Pastor of that ecclesial community.

I welcome each one of you and encourage you to make this Ultreya of the Great Jubilee a time of renewed commitment to holiness of life and to the apostolate.

I extend a cordial welcome to all the French-speaking participants.

I very cordially greet all who are with us from German-speaking countries. May this celebration strengthen your faith.

I greet the President of the World Organization of the Cursillos de Cristiandad and thank him for his cordial words to me in your name, and for presenting your movement's apostolic commitment and the good which the Lord works through you. I greet the movement's founders, spiritual leaders and various officers. Your presence here, so varied and festive, shows that the tiny seed planted in Spain more than 50 years ago has become a great tree laden with fruits of the Spirit. Indeed, it continues to be a successful response to the question asked by my venerable Predecessor Pope Paul VI at the first world Ultreya in Rome:  "Can the Gospel still win over the mature person ... in urban and rural cultures?" (AAS, 58, 1966, 503).

I am therefore delighted to join in your thanksgiving to the Lord for all he has done and never ceases to do in the Church through the Cursillos de Cristiandad.

The theme of this world Ultreya - "Evangelizing the Milieus of the Third Millennium:  A "Challenge' for the Cursillos de Cristiandad" - demonstrates your effort to repropose the experience of Christ to the men and women of the 21st century with new means and enthusiasm. This has become even more urgent, since "whole countries and nations, where religion and the Christian life were formerly flourishing and capable of fostering a viable and working community of faith, are now put to a hard test ... as a result of the constant spread of indifference to religion, of secularism and atheism" (Christifideles laici, n. 34).

2. In view of this situation which challenges believers to "remake the Christian fabric of the ecclesial community" (ibid.), the Cursillo method aims at helping to transform in a Christian way the milieus where people live and work through the involvement of "new men and women" who have become such from their encounter with Christ. This is the goal of the three-day "little course" on Christianity, in which a team of priests and lay people, supported by the prayer and sacrifices of the movement's other members, communicate the fundamental truths of the Christian faith in an especially "living" way. When presented in this way, the message of Christ almost always opens participants in a cursillo to the gift of conversion and to a deeper awareness of the Baptism they have received and of their own mission in the Church. They feel called to be the prophetic "leaven" which is kneaded into the dough so that the whole mass will rise (Mt 13: 33), to be the "salt of the earth" and the "light of the world" (Mt 5: 13-14), to proclaim to everyone they meet that only in Jesus Christ is there salvation (Acts 4: 12), and that it is "only in the mystery of the Word made flesh that the mystery of man truly becomes clear" (Gaudium et spes, n. 22).

3. Dear brothers and sisters, be the courageous witnesses of the "service of the Truth" and work ceaselessly with the "strength of communion". In relying on your rich spiritual experiences, which are a treasure, take up the "challenge" that our time raises to the new evangelization and fearlessly give it your own response.

Faced with a culture that often denies the very existence of an objective Truth of universal value and frequently loses its way in the "shifting sands" of nihilism (cf. Fides et ratio, n. 5), the faithful must know how to show clearly that Christ is the Way, the Truth and the Life (cf. Jn 14: 6).

You who have generously opened your hearts to Jesus are being asked by him to proclaim his name untiringly to those who do not yet know him. He is calling you to his service, to the service of his Truth, the truth which makes us free.

The more transparent this "diakonia of the truth" becomes in your daily lives, the more convincing it will be. As you are reminded in a prayer often used in the Cursillo Movement, "Christ has no hands, he has only our hands to change the world today. Christ has no feet, he has only our feet to lead this world to himself. Christ has no lips, he has only our lips to speak to the people".

4. This is your apostolate, carried out in constant harmony with the Church, to show the "strength of communion" which is at once the style and the very essence of the People of God. As you face the various forms of individualism which fragment and divide your evangelizing ability and resources, join your missionary forces with those of the various ecclesial groups raised up by the Spirit in the Church of our time. Endeavour to restore the beauty of the first Christian communities which prompted pagans to say with admiration:  "See how they love one another!". And always be docile to the directives of the Magisterium. No charism, in fact, dispenses you from referring and submitting to the Pastors of the Church, whose discernment is a guarantee of fidelity for the charism itself. May the Jubilee celebration instil in all of you a renewed fidelity to your original inspiration and a firmer ecclesial communion.

5. "Bright colours deck the fields in springtime.
Bright colours clothe the little birds outside.
Bright colours paint the rainbow we see shining..
.".

During the days of a cursillo, the words of this popular Spanish song help the participants to reflect on the multifaceted beauty of creation. In encountering Christ, you have learned to look with new eyes at others and at nature, at everyday events and at life in general. You have experienced that true happiness is found in following the Lord. This personal and community experience must be passed on to others. Many men and women of our time, who unfortunately turn away from God, expect from you the light of faith that will help them rediscover the colours of life and the happiness of feeling loved by God.

"Courage! Ultreya! Go forth!", the Successor of Peter repeats to you today. Look to Mary, an example of unfailing fidelity to God, and, like her, put your trust in every circumstance in God, the Father of Mercy, who guards your steps on the way of truth and love.

I extend the same cordial greetings to all the other pilgrims who have gathered here. In particular, to those of the Diocese of Leiria-Fátima, led by their Pastor, dear Bishop Serafim: 

Dear brothers and sisters!

Two months have passed since I had the pleasure of being among you, enjoying your warm hospitality and witnessing your radiant joy at seeing the holiness of two of your compatriots confirmed:  Blessed Francisco and Jacinta Marto. In seeing you here today - as the chosen representatives of this local Church - I see my visit repaid:  you have come to the tomb of the Prince of the Apostles in a spirit of prayer and penance to implore pardon and forgiveness, and to renew your dedicated commitment to that work of divinizing humanity which began 2,000 years ago with the birth of the God made man.

I cordially greet the whole Diocese of Leiria-Fátima, with my wish that this Great Jubilee of the Incarnation will be for you all that "year of the Lord's favour" which became a reality with Jesus and in Jesus (cf. Lk 4: 19-21), so that you can hope confidently in the power of his message and saving work, love everyone with self-giving love and reparation for the ingratitude to God of so many, and witness to faith courageously and consistently in today's society.

May the Virgin Most Holy, mystically present in your Marian shrines, the most distinguished of which, by her choice, is the Shrine of Fátima, grant you her motherly guidance on your journey of penance and conversion, and support you in the fulfilment of your good intentions for your Diocese and for the world's salvation.

I cordially greet the pilgrims from Poland who have come to this meeting. I thank you for your commitment to the new evangelization and to building the civilization of love and solidarity in the world. The Church needs you! She needs your Christian attitude and your holiness, so that she can carry out the great work of salvation in the world.

I affectionately assure you of a constant remembrance in my prayer and impart my Apostolic Blessing to you all, as a pledge of abundant divine graces.

     

  Grupo del Miércoles - MCC; Copyright © 2007, Secretariado Arquidiocesano de Arequipa (Perú). Revisado: domingo, 30 marzo 2008