El Papa y los Cursillos

40 ANIVERSARIO DE LOS CURSILLOS EN ITALIA 

ALOCUCIÓN

DE S.S. EL PAPA JUAN PABLO II
ROMA, 4 DE MAYO DEL 2002

El Sábado 4 de Mayo de 2002, Juan Pablo II recibió en la sala Clementina del Vaticano, a unPapa Juan Pablo II grupo de responsables nacionales, territoriales y diocesanos del Movimiento Cursillos de Cristiandad, en el marco de la celebración del 40° aniversario de la presencia de los Cursillos en Italia y de la reciente aprobación de sus estatutos por la Conferencia Episcopal Italiana.

Al inicio del encuentro dos representantes del grupo saludaron al Santo Padre en nombre de la asamblea, y el Vicario de Cristo les dirigió el  siguiente discurso:
 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1.- Es para mi motivo de alegría encontrarme hoy con vosotros: ¡gracias por esta visita! Vuestra presencia, tan numerosa y alegre, testimonia cuanto dije a los cursillistas de todo el mundo que acudieron a Roma con ocasión del gran jubileo del año 2000: en verdad, “la pequeña semilla sembrada en España hace mas de cincuenta años se ha con­vertido en un gran árbol lleno de frutos del Espíritu”.  (Discurso a los participantes en la III Ultreya, 29 de julio de 2000, n.1: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 4 de agosto de 2000, p.3).

Doy a todos mi más cordial bienvenida. Saludo, en particular, a vuestros dos representantes, que se han hecho interpretes de los sentimientos comunes, así como a los animadores espirituales y a los diversos responsables del Movimiento. 

Los Cursillos de Cristiandad están presentes actualmente en más de sesenta países de todos los continentes y en ochocientas diócesis. Aquella semilla ha germinado y ha crecido durante estos años también en tierra italiana, dando  abundantes frutos de conversión y santidad de vida, en profunda sintonía con las orientaciones pastorales de la Conferencia Episcopal Italiana.

2.- En este momento deseo volver con el pensamiento, juntamente con vosotros, a dos citas que tuvieron gran significado y alcance. Me refiero, ante todo, al encuentro con los miembros de los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, en la plaza de San Pedro, durante la inolvidable vigilia de Pentecostés, el 30 de mayo de 1998. 

En aquella ocasión reconocí en estas nuevas realidades eclesiales una respuesta providencial, suscitada por el Espíritu Santo para la formación cristiana y para la evangelización. Pero, al mismo tiempo, exhorté a crecer en la conciencia y en la identidad eclesial: “Hoy ante vosotros se abre una etapa nueva: la de la madurez eclesial. (...) La Iglesia espera de vosotros frutos "maduros" de comunión y de compromiso” (Discurso en el Encuentro Mundial de los Movimientos, 30 de mayo de 1998, n.6: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de junio de 1998, p.14). 

Esa invitación conserva plenamente su actualidad y urgencia, y constituye un auténtico desafió que es preciso afrontar con valentía y determinación. En la línea de este compromiso para alcanzar una madurez eclesial cada vez mas sólida se sitúa la solicitud que el organismo mundial de los Cursillos ha hecho al dicasterio competente de la Curia Romana, a fin de obtener el reconocimiento canónico y la aprobación de sus estatutos.

3.- El segundo acontecimiento importante que quisiera recordar es la IIIª Ultreya Mundial, que culminó con el encuentro jubilar de vuestros miembros en la plaza de San Pedro, al que acabo de referirme. A este propósito, deseo renovaros la exhortación que os dirigí en aquella ocasión a ser testigos audaces de la “diaconía de la verdad”, trabajando incansablemente con la “fuerza de la comunión”. 

En efecto, esa consigna es cada día más necesaria y comprometedora. Vosotros daréis ciertamente la valiosa contribución que brota de vuestro carisma particular. En efecto, el anuncio kerigmatico que constituye el corazón de vuestro movimiento consiste únicamente en “fijar la mirada en el rostro de Cristo”, a lo cual invite en la "Novo Millennio Ineunte" (cf. n.16 ss). Esa mirada conlleva respetar “la primacía de la gracia”, para emprender un camino de catequesis y oración, de conversión y santidad de vida. Los frutos que produce son un sentido más fuerte de pertenencia a la Iglesia y un nuevo impulso de evangelización en los ambientes de vida y de actividad diaria. 

4.- Amadísimos cursillistas, proseguid con confianza el camino de formación y vida cristiana que habéis emprendido con tanta generosidad. !Duc in altum! Os encomiendo a la protección materna de Maria Santísima, ejemplo admirable de obediencia a la voluntad del Padre y discípula fiel de su Hijo. 

Asegurándoos un recuerdo especial en la oración, con afecto os imparto la bendición apostólica a vosotros, aquí presentes, y a vuestros seres queridos

(L'Osservatore Romano,
edición en lengua española,
10 de Mayo de 2002, p.6)
. 

 

ADDRESS OF JOHN PAUL II
TO THE MEMBERS OF THE INTERNATIONAL MOVEMENT
CURSILLOS DE CRISTIANDAD

Saturday, 4 May 2002

Papa Juan Pablo IIDear Brothers and Sisters,

1. I am glad to meet you today: thank you for this visit! Your numerous and joyful presence attests to what I said to the Cursillistas from around the world, meeting in Rome for the Great Jubilee of the Year 2000: "The tiny seed planted in Spain more than 50 years ago has become a great tree laden with fruits of the Spirit" (Audience, Saturday, 29 July 2000, n. 1; ORE, 9/16 August 2000, p. 3). My most cordial welcome to you. I thank the two representatives who spoke on your behalf, and the spiritual directors and the leaders of the movement.

Today the Cursillos de Cristiandad are present in more than 60 countries on all continents, and in 800 dioceses. In recent years, that seed sprang up and grew in Italy, bearing abundant fruit of conversion and holiness of life, in accord with the pastoral orientations of the Italian Bishops' Conference.

2. I would now like to think back with you to two dates that were important and far-reaching. I refer first of all to the meeting with the members of the ecclesial movements and new communities in St Peter's Square, on the Vigil of Pentecost of 30 May 1998.

On that occasion, I recognized in these new ecclesial realities a providential response, raised up by the Holy Spirit for Christian formation and evangelization. At the same time, however, I urged people to grow in ecclesial consciousness and identity: "Today a new stage is unfolding before you: that of ecclesial maturity.... The Church expects from you the "mature' fruits of communion and commitment" (Prayer Vigil on the Eve of Pentecost, 30 May 1998, n. 6; ORE, 3 June 1998, p. 2).

The invitation is still valid and urgent, it is an authentic challenge that you should face with courage and determination. With this mandate to attain a more solid ecclesial maturity, I mention the request of the world Organism of the Cursillos de Cristiandad to the competent office of the Roman Curia for canonical recognition and the approval of its Statutes.

3. The second important event I would like to recall here is the Third World Ultreya, that was crowned by the Jubilee meeting of your members in St Peter's Square, which I have just mentioned. In this regard, I would like to repeat the exhortation that I made then to be courageous witnesses of the "diakonia (service) of truth", working tirelessly with the "force of communion" (
nn. 3-4).

In fact, every day this engagement becomes more necessary and demanding. On your part, you will certainly not fail to make the precious contribution that derives from your own charism. Indeed, what else would the kerygmatic proclamation that is the heart of your movement mean than that we "firmly set our gaze on the face of the Christ", as I asked in Novo Millennio ineunte (cf. nn. 16ff.)? What does this contemplation involve if not entrusting oneself to the "primacy of grace" in order to start out on a journey of catechesis and prayer, of conversion and of holiness of life? What fruit does it produce, if not a stronger sense of belonging to the Church and a renewed zeal for evangelizing the places where you live and work?

4. Dear Cursillistas! Continue confidently on your journey of formation and Christian life undertaken with great generosity. "Duc in altum"! "Put out into the deep"! I entrust you to the motherly protection of the Blessed Virgin Mary, a wonderful example of obedience to the Father's will and a faithful disciple of her Son.

As I assure you of my special remembrance in prayer, I impart my Apostolic Blessing to you here, and to all your loved ones.

     

  Grupo del Miércoles - MCC; Copyright © 2007, Secretariado Arquidiocesano de Arequipa (Perú). Revisado: domingo, 30 marzo 2008