El Papa y los Cursillos

AUDIENCIA PRIVADA

El 17 de abril de 1980 marcó un hito importante en la marcha del Movimiento de Cursillos.

Ese día el Santo Padre recibió en audiencia privada, en representación del Movimiento, a Monseñor Hugo Polanco, Arzobispo Consiliario de la Oficina Latinoamericana de Cursillos, a Monseñor José Capmany, Obispo Consiliario del Secretariado Nacional de España y del Grupo Europeo de Trabajo, a Andrés Dauajhre, Presidente del Secretariado Nacional de la República Dominicana y de la Oficina Latinoamericana, a Antonio Illana, Vicepresidente del Secretariado Nacional de España y del Grupo Europeo, y a el P. Diego Bona y Nestore Zuccari, Consiliario y Presidente, respectivamente, del Secretariado Diocesano de Roma.

La audiencia que duraría alrededor de treinta minutos, se desarrolló en un ambiente de insólita e inexpresable cordialidad.

- "Cursillos, Cursillos, curso pequeño, vivencia fuerte"... 

Con estas frases inició el encuentro Juan Pablo II, demostrando que el Movimiento no le era desconocido.

En unas palabras iniciales, Monseñor Capmany ofreció al Papa unos libros -"Cursillos de Cristiandad, instrumento de renovación cristiana", "Ideas Fundamentales", "Para caminar en Cursillos de Cristiandad",- y un álbum de fotografías, a través de las cuales se puede entretejer la historia de Cursillos. Juan Pablo II fue hojeando el álbum, comentando algunas de sus frases.

 Poco a poco el Papa se fue interesando por la marcha del Movimiento, dialogando con cada uno de los participantes. Preguntó por el grado y porcentaje de perseverancia, frente a lo cual Monseñor Polanco le indicó que, al no ser Cursillos una asociación, resultaba difícil dar cabal respuesta a la pregunta, si bien estimaba que, al menos en ciertos lugares, era alta la cota de los que permanecían fieles a sus compromisos.

En un momento de la audiencia, el Santo Padre, movido seguramente por la descripción que acababa de recibir, no sólo de América y Europa, sino también de los diez países asiáticos en los que el Movimiento va proclamando su función de evangelización, preguntó a boca de jarro: 

-"¿Qué puedo hacer por cursillos?".

Oportunidad que no dejó pasar el P. Bona, Consiliario del Movimiento en Roma, para invitarlo para que el 30 de abril de 1980, se dirigiera a los Cursillistas que, con motivo de la 1ª Ultreya Nacional de Italia, se reunirían en la Plaza de San Pedro, a la hora de la Audiencia General. Asimismo Andrés Dauajhre, Presidente de la Oficina Latinoamericana, se introdujo en el diálogo para informar al Vicario de Cristo que, en junio de ese año, Santo Domingo, República Dominicana serviría de marco para la celebración del Vº Encuentro Latinoamericano de Dirigentes de Cursillos. Juan Pablo iba tomando nota con un lápiz rojo y azul. Y, sin dudarlo, adquiría el compromiso de saludar a la Ultreya de Italia y de llegar, con un mensaje, hasta el Encuentro de Santo Domingo.

Al saber, en el decurso de la audiencia y por directas preguntas suyas, que los Cursillos no habían llegado todavía a ciertos países de Europa, Juan Pablo II formuló categóricamente este encargo:

 -"Llevad los Cursillos a Francia y a Polonia". 

La petición no cayó en saco roto y en aquellos mismos días se iniciaron en Roma las primeras gestiones y contactos, estudiándose la estrategia a seguir para lograr que Polonia y Francia puedan experimentar, en plazo rápido, la llamada de Dios que conlleva el Movimiento de Cursillos.

A los nervios propios del momento, sucedió, por obra y gracia de la cordialidad y de la sencillez del Papa, una corriente de familiaridad, que pronto hizo olvidar a los participantes en tan feliz encuentro, que estaban ante el Conductor y Maestro de toda la Iglesia, ante el líder seguramente más destacado de la actualidad mundial, ante el Padre que alienta, que anima, que se interesa por los problemas de todos.

Para ellos la figura del Santo Padre se ensanchó aún más, si ello es posible, al constatar que por encima de las estrecheces de su tiempo y de la multiplicidad de sus problemas, estaban con el hombre abierto, afable, tremendamente afectuoso, que hacía sentirse plenamente a gusto en su presencia.

Para el Movimiento de Cursillos estas, del 17 de abril de 1980, han sido una de sus horas más profundas y más esperanzadoras. El corazón del Padre había sintonizado con el nuestro, y los representantes de los distintos Continentes se dispersaron en un clima de profundo compromiso.

  

Grupo del Miércoles - MCC; Copyright © 2007, Secretariado Arquidiocesano de Arequipa (Perú). Revisado: domingo, 30 marzo 2008