n.º 003                                                                                                                    Enero 2003

“Levántate y brilla, Jerusalén, que
ha llegado tu luz y la Gloria del
Señor sobre ti resplandece…
Los pueblos caminarán a tu luz y
Los reyes al resplandor de tu aurora.
(Is.60, 1.3)


Queridos hermanos y hermanas:

En esa mi primera Carta Mensual del 2003, me permito interrumpir la serie de reflexiones que venia haciendo respeto a las características, carisma y objetivos del MCC a fin de redireccionar nuestra meditación alrededor de un tema bíblico y litúrgico. En la próxima carta retomaremos el hilo del asunto anteriormente propuesto.

Se inicia un nuevo año, 2003º de la encarnación de Cristo Jesús, cuando aún estamos saboreando como una nueva experiencia, el mensaje de su nacimiento, Mensaje-Palabra, como enseña S. Juan (cf. Jn 1,1-18) cuajado de luz, de alegrías y de esperanzas. Mientras Jesús, el Verbo de Dios continua haciendo la experiencia de un nuevo nacimiento en la historia, nosotros, sus seguidores y discípulos, continuamos haciendo una experiencia de Jesús que es, como frecuentemente cantamos: “amar como Él amó, sentir como Él sintió, vivir como Él vivió…” Esta nueva experiencia, es bueno recordar, nosotros la vivimos en un nuevo tiempo, marcado por múltiples desafíos y contradicciones; en una nueva cultura en donde lo económico prevalece sobre lo político, lo social y lo religioso; experiencia cuyos valores determinantes no siempre son, exactamente aquellos del Reino de Dios. Una experiencia, en fin, con nuevas perspectivas, tanto positivas como negativas, para toda la humanidad. Al final, para bien o para mal, vivimos envueltos por la globalización o mundialización.

Pues bien, es en ese mundo y envueltos por esta cultura, como lo fue la Jerusalén de Isaías, que también nosotros, Movimiento de Cursillos de Cristiandad, somos invitados a que nos “levantemos” saliendo de la inercia y de la comodidad, para sentirnos enviados a “encender las luces” testimoniando al mundo “la llegada de la Gloria del Señor”.  Para comprender mejor nuestra misión, tenemos como telón de fondo, para todo el nuevo año, la celebración de la Epifanía y su texto más candente y arriba mencionado.

La Epifanía es la manifestación luminosa de Dios a la humanidad. Nacido entre los pobres y pobre como los pobres, fue ansiosamente buscado por algunos poderosos de la tierra, venidos desde lejos. Para ellos Jesús se reveló en una estrella, como una luz resplandeciente. Iluminados por ella, “regresaron a su tierra, pasando por otro camino” (Mt. 2,12), huyendo así de las tinieblas que eran las criminales intenciones de Herodes. Aún hoy, de mil maneras, el Dios de Jesús de Nazaret, luz de luz, continúa presente en la historia, manifestándose a su Pueblo e iluminándoles los caminos.

Queridos hermanos y compañeros de jornada en el MCC: vamos a hacer de 2003 un “año de la luz de Jesús”? Mas ¿qué y como debemos hacer para caminar en la luz y, al mismo tiempo, ser luz, como lo fue Cristo? Permítanme sugerirles un iter muy sencillo de cinco pasos. Su iluminada creatividad podrá descubrir o acrecentar más algunos de ellos.

Primer paso: cada mañana de 2003, reafirma tu fe en Jesucristo-Luz: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en las tinieblas, sino que tendrá luz y vida.” (Jn. 8,12). Así, identificado con Él, llegarás a ser una fuente de luz: “Ustedes son la luz del mundo” (Mt. 5,14) y, por eso mismo iluminar. Tú puede ser un “signo de Dios”, siendo, con tu vida un testimonio de la luz: “Así también, que vuestra luz brille delante de los hombres para que vean las buenas obras que ustedes hacen.” (Mt. 5,16). En algún momento podrá ocurrirles uno que otro apagón. No te desanimes: vuelve a la fuente de Luz-Energía-Gracia y recarga tus baterías. Interioriza profundamente la palabra del profeta:¡ Levántate y brilla, Jerusalén, que ha llegado tu luz”!. Nunca te olvides que el cristiano fue hecho para brillar. En especial el cursillista en su própio ambiente.

Segundo paso: aprende a mirar el mundo como lo mira Dios. Mirada de luz, de ternura, de justicia, de misericordia, de comprensión. Ese mirar va a exigir de nuestra parte, renuncia, desinstalación, dedicación, humildad, generosidad, comprensión, perdón, reconciliación…

Tercer paso: procura descubrir y valorizar, como lo hicieron los magos, los focos de luz encendidos por Dios, aquí y allí. Son estrellas que, muchas veces, las percibes mal: personas a tu lado, instituciones, ONGS que apuntan a la promoción humana, proyectos de la Iglesia, del MCC o de la sociedad civíl. Independiente de tus preferencias político-partidistas, acuérdate del antiguo, pero siempre actual proverbio: “no maldigas la oscuridad, encienda una vela” . El hambre, la miseria o la discriminación no tienen partido, e incluso muchas veces no tienen voz ni voto…

Cuarto paso: involúcrate en alguno de esos proyectos. Participa activamente. Conviértete en un voluntario junto con millares de todas las edades y creencias, presentes en la tarea de “iluminar”. Engánchate y comprométete decididamente en ser más un foco de luz que, unido a otros focos harán surgir una inmensa claridad. Y, por favor, no alegues la manida disculpa de que no tengo tiempo. Tú sabes que en el Movimiento de Cursillos, especialmente en los tres dias, hemos repetido constantemente: “el tiempo es cuestión de preferencia”.

Quinto paso: en este inicio, toma algunas decisiones prácticas para todo el año. Comienza contigo mismo y con pequeños gestos. Por ejemplo, no basta ser generoso en Navidad o durante las campañas organizadas. Un poco de austeridad, que signifique alguna privación; evitar el desperdicio, o un derroche o cualquiera ostentación podrá ser un paso en el  camino concreto de la solidaridad.

¡Hermanos y hermanas, de los Grupos Internacionales, de los Secretariados Nacionales y Diocesanos y cursillistas de todo el mundo, les deseo una feliz caminata en un luminoso 2003! ¡Así, en este año, “de la luz de Jesús”, también por la acción de fermento del MCC, de nuevo despuntará “la claridad de la aurora” de fraternidad, de amor, de solidaridad! Mi fraternal abrazo en Cristo-Luz. Vuestro servidor y hermano,

Pbo. José Gilberto Beraldo
Asesor Eclesiástico del Comité Ejecutivo del OMCC
 

 

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