n.º 011                                                                             Setiembre 2003

 

“Que todos sean uno para
que el mundo crea”
( Jn 17,21a)

 

Queridísimos hermanos y hermanas de todo el mundo:

 Primeramente quiero agradecer las respuestas que nos llegan en relación a nuestras Cartas mensuales, trayendo comentarios, sugerencias y críticas. Esto es altamente positivo y enriquecedor, en la medida en que vamos madurando nuestras reflexiones sobre el MCC e intensificando nuestros lazos de comunicación que, a su vez, podrán fortalecer la unidad y la comunicación entre nosotros. Por ser oportuno, vuelvo a recordarles que, aunque sean sólo escritas por mi, estas cartas reflejan el pensar del todo el OMCC, no en el sentido de una imposición de opiniones o de un modo personal de análisis delos diferentes asuntos abordados, sino que, más bien, en el sentido de provocar una reflexión madura.

En esta carta y en algunas de las próximas, me parece oportuno hacer algunos comentarios sobre el lema y los temas del próximo Encuentro Mundial del MCC decidido en la Primera Reunión Ordinaria de los Grupos Internacionales en Barranquilla, Colombia, los días 23 y 24 de Junio. Este Encuentro deberá realizarse en Brasil, actual sede del OMCC hasta el 2006, en el mes de Junio de 2005 en una fecha aun no definida.

El lema escogido para el Encuentro es el que encabeza esta carta – “Que todos sean uno para que el mundo crea” ( Jn 17,21a) – y los temas son:

a) El MCC Casa y Escuela de Comunión

b) El MCC y la Nueva Evangelización.

c) Fidelidad y Renovación en el MCC.

El lema: “Que todos sean uno para que el mundo crea”  deberá ser como divisa o paño de fondo de todo el Encuentro y su motivación fundamental y última. La preparación remota, los viajes, la diversidad de climas, de costumbres, de culturas, de hospedaje, de temas, de discusiones, de trabajos en las mesas, de intercambio de experiencias, las oraciones, las reflexiones, los contactos, en fin, todo lo que ocurra antes, durante y después del Encuentro deberá girar en torno a este lema. Por eso mismo, para que tenga más fuerza y para que proporcione una mayor motivación para todos, es que este lema fue buscado y, con mucha felicidad, encontrado en el contexto de la Palabra de Dios. En ella y con ella no podrá haber discordancias, aunque haya opiniones diferentes y modos diferentes de interpretarlas.

El objetivo, el foco, será la UNIDAD. Unidad que no será buscada ni fundamentada en argumentos humanos o en personas, no importando quienes sean, o incluso, en ideales personales en los que, por la vía de la regla habitan los celos, la envidia, la lucha por hacer prevalecer su propia opinión, las divisiones, la pelea inútil, la discordia, la discusión estéril sobre cuestiones accidentales y periféricas. La UNIDAD que buscamos se escribe con mayúscula y se busca en los secretos del corazón del Padre manifestados por su Hijo Jesús, la víspera de su pasión y muerte. ¡Es como el testamento del Maestro y hermano mayor al despedirse de sus discípulos y amigos!  Para entender y ejecutar un testamento no es necesaria una reflexión de alto vuelo de las ciencias teológicas. Un testamento se abre y se cumple. Un testamento no se discute. Un testamento no se interpreta. Un testamento es claro, objetivo y viene con la interpretación de quien lo deja para los que van a abrirlo. Pues la UNIDAD es el deseo más ardiente que Jesús expresa al Padre en aquellos momentos supremos de su vida. Y aun más, Jesús coloca la unidad entre los que van a continuar su obra como el único motivo de credibilidad para el mundo, de su mensaje: “Que ellos estén en nosotros, a fin de que el mundo crea que tu me enviaste” (Jn 17,21b). La unidad entre nosotros los cristianos, es el sello de garantía de la fe de aquellos que irán a creer en la persona y en el mensaje de Jesús.

Nuestro deseo más profundo y más sincero es que  nuestro próximo Encuentro Mundial sea iluminado como por un sol divino, por este lema brotado de las profundidades del corazón de Cristo y siempre actualizado por su Espíritu: “Cuando el venga, el Espíritu de la Verdad, los conducirá a la verdad plena” (Jn  16,13).

Mas, para que eso ocurra, es necesario que nosotros, los dirigentes, demostremos una inmensa capacidad de renuncia generosa, de integración total en torno  a los mismos objetivos, de comprensión e intensa caridad fraterna y de un profundo respeto mutuo. Y, además son condiciones irrenunciables la comunión y firmeza en torno a lo esencial, a la constante búsqueda del consenso en lo importante y una absoluta libertad en lo accidental.

Exhorto, por lo tanto a todos los Secretariados Nacionales y a los Grupos Internacionales que serán los que participen del Encuentro, como también a todos los cursillistas del mundo, que desde aquí al Encuentro Mundial en el 2005, intensifiquen sus Palancas y su cálida oración y comiencen  a disponer su propio corazón, su propia mente y sus propias energías para que no frustren al Espíritu del Señor que a todos reunirá, y con toda seguridad irá a ser, entre todos, el   más fuerte eslabón de UNIDAD!

En la próxima Carta pretendo iniciar una reflexión sobre los temas escogidos para el Encuentro Mundial.

Reciban un saludo y un fraternal abrazo de  vuestro hermano y servidor, en el corazón de Jesús y bajo la protección de María, la Madre de la Iglesia y Madre de los Cursillos de Cristiandad,

 

Pe. José Gilberto BERALDO
Asesor Eclesiástico del OMCC


 

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