n.º 013                                                                                                           Noviembre 2003

 

“Pilato le preguntó a Jesús: ‘Entonces, ¿tú eres rey?’
Jesús respondió: ‘Tú lo has dicho: Yo soy Rey.
Para esto vine al mundo, para ser testigo de
la verdad. Todo aquel que está de parte de la verdad
escucha mi voz’ ”
(Jn 18, 37)

 

Queridísimos hermanos y hermanas cursillistas de todo el mundo:

“Reine entre ustedes la misericordia, la paz y el amor” (Jud 1,2)

En mis últimas dos cartas (Sept. y Oct/2003) traté de explicar el lema del próximo Encuentro Mundial (2005) del MCC: “Que todos sean uno para que el mundo crea” (Jn 17,21ª).

Sabemos todos que la construcción de la unidad tan querida y soñada por Jesús, pasa en primer lugar, por la búsqueda da la verdad. Solamente al encontrarnos en el corazón de la verdad – el propio Cristo - es que se puede llegar a la unidad. Por eso, antes que pasemos a reflexionar sobre los temas proyectados para el mismo Encuentro Mundial y por razones que luego podrán percibir, les propongo que nos ocupemos, en este mes, de un asunto central de nuestra fe, la VERDAD. Y que nos parece oportuno por la celebración, el último domingo, de la fiesta de Cristo Rey. La luz y la inspiración de nuestra reflexión vienen desde el magnífico texto que encabeza esta página.

De acuerdo a mi costumbre, invito a los queridos hermanos, a recorrer conmigo un itinerario, como peregrinos que estamos marcados por la espiritualidad del MCC. Una espiritualidad peregrinante que nos despoja de las cosas inútiles, nos alivia del peso excesivo y, por boca de Jesús nos invita a “no lleven ni oro, ni plata, ni dinero, ni provisiones para el viaje. No tomen más ropa que la que llevan puesta, ni bastón ni sandalias …” ( Mt 10,9-10) ¡La VERDAD es desnuda y transparente! Iniciemos nuestra jornada…

Primer paso – ante el poder representado por Pilato, Cristo se declara a sí mismo REY. ¿Cómo entender esta afirmación de Jesús en los tiempos modernos, globalizados, supuestamente también en cuanto a la democracia, cuando el concepto de “rey” parece ya absolutamente superado y anacrónico? La respuesta la da el propio Jesús a continuación. En Cristo, la connotación del término sugiere la presencia del único redentor de la humanidad a través del amor, del servicio, de la proclamación y testimonio de vida. La presencia de Jesús no es una presencia de dominación, sino una presencia de servicio a la verdad. Presencia de enviado a anunciar la verdad a un mundo gobernado por la mentira y por la hipocresía. Y que, a veces, acaba contaminando también el corazón de los hijos de Dios e incluso a la Iglesia misma. Jesús, el Cristo, es el rey servidor. Es el rey que se despoja del manto real para lavar los pies de sus amados. Se deja desnudar de sus vestiduras; recorre el camino del Calvario dejando un rastro de sangre como un tapete rojo de entrada triunfal en su Reino, asentándose en el trono de la cruz para que, a partir de ella, brille la VERDAD. ¿Percibe, querido lector (a), que el primer gesto de quién desea seguir a Jesús es crear coraje y desnudarse del manto de orgullo, de “dueño de la verdad”, de la intransigencia, de la prepotencia y de la hipocresía para, que, a imitación del Rey del universo, nos pongamos al servicio de la verdad en todo momento y en cualquier circunstancia?

Segundo paso – el servicio prestado por Jesús es el testimonio de la verdad. Es el comportamiento hipócrita de los fariseos de su tiempo el que provoca la ira de Jesús y la censura a lo que ellos hacían. Imagínense cómo reaccionaría El hoy, cuando vivimos inmersos en una cultura de apariencias, de mentiras y de hipocresía institucionalizadas. No pasaba día en que le presentaran al Maestro “casos” verídicos o inventados para sorprenderlo en contradicción y condenarlo. Jesús no se deja engañar. Sabía cómo y qué responder. Y lo hacía “como quien tiene autoridad” (Mt 7,29; Mc 1,22) y en muchas otras ocasiones). Autoridad que le fuera conferida por el Padre y que Él, sin miedo y con determinación, testimoniaba con su vida. Es enfática y valiente la afirmación de Jesús en los últimos momentos de su vida, delante del poder representado por Pilato: ¡“Yo nací y vine al mundo para esto: para dar testimonio de la verdad”! (Jn 18,37)

Y usted, hermano, hermana, ¿se ha esforzado para dar testimonio de la verdad? ¿La Verdad que es Jesús y las verdades que nacen de Jesús en el Evangelio? ¿Hasta qué punto usted concuerda con un mundo y una cultura de mentiras, de apariencias, de hipocresía, de personalismos nefastos y de protagonismos inconcebibles en los caminos y en la historia del Reino? “En cuanto a vosotros no se dejen llamar Maestro”, pues un sólo Maestro tienen ustedes y todos ustedes son hermanos” ( Mt 23,8). En esta óptica, los invito a remirar sus vidas de seguidores de Jesús, de cristianos y de cursillistas.

Tercer paso – si somos de la verdad escucharemos la voz de Cristo. Quién sabe si como Pilato, continuamos preguntándonos si efectivamente Jesús es Rey, ¡tantos son los “reyezuelos” que se nos presentan durante la jornada! Y la respuesta de Jesús es desconcertante, pues El no es un rey cualquiera. El es un rey que da testimonio de la verdad, que es la verdad. Y al final ¿qué es ‘estar de parte de la verdad’? Haríamos bien todos nosotros, queridos hermanos, si pensásemos seriamente en asumir algunas actitudes prácticas que podrían ser dolorosas, pero que un auténtico discípulo de Jesús sabrá concretar con valentía:

a) buscar incesantemente la VERDAD y comprometerse con ella. El propio Señor Jesús lo dice: “Yo soy el Camino, la VERDAD y la vida” (Jn 14.6) . ¡Sumergirse en la VERDAD, esto es, sumergirse en Cristo y hacer que toda su vida, su persona, su pensar y actuar transpiren la verdad! “En cambio, el que camina en la verdad busca la luz, para ver claramente que sus obras son hechas según Dios” (Jn 3,21)

b) renunciar a toda especie de mentira o falsedad, sabiendo identificarlas cuando se presenten camufladas bajo una capa de verdad. Esto significa no esconderse detrás de suposiciones que acaban por mostrarse ridículas en cristianos responsables; esconderse detrás de argumentos dudosos e infundados nacidos, generalmente, en lecturas apresuradas y fruto de una mentalidad preconcebida, llevando todo esto a falsas interpretaciones. La mentira es la peor de las esclavitudes, al paso que la verdad es la liberación plena “conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Jn 8,32). Para saber discernir, cuándo la mentira se presenta como verdad y cuando la verdad es mostrada como mentira, se necesita de mucha iluminación del Espíritu de Dios. Pidámosla siempre, insistentemente, pues “Cuando venga el Espíritu de la Verdad, los introducirá en la verdad total”. (Jn 16,13)

c) al manifestar sus opiniones no hay que sentirse tentado a hacer prevalecer lo que nos conviene, sino los principios y hechos comprobados y de los cuales usted esté convencido y que, por lo tanto, delante de Dios y del tribunal de su conciencia, usted podrá proclamar sin riesgo de engañar, distorsionar o de mentir a su prójimo. No se olvide nunca de que algunos: “han cambiado al Dios de verdad por la mentira; han adorado y honrado a seres creados, prefiriéndolos al Creador” (Rom.1,25) ¡No admita la mentira nunca en ninguna circunstancia! Por el contrario: ¡brille en usted la VERDAD! “Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los cielos.” (Mt.5,16)

En el amor del Padre y bajo la luz de Cristo Rey, “Verdad que ilumina a los pueblos” un abrazo fraterno a todos y a todas las que peregrinan con la Iglesia, Pueblo de Dios y con el MCC, conscientes de que, “ no tenemos aquí la ciudad definitiva, sino que estamos en espera de la que habrá de venir” (Hb 13,14)

De un hermano servidor y compañero de peregrinación,

 

Pe. José Gilberto Beraldo
Asesor Eclesiástico del OMCC

 

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