nº 025                                                                                                              Noviembre 2004

“… con toda humildad y mansedumbre, con paciencia,
 soportándonos unos a otros con caridad,
 les solícito conservar la unidad del espíritu
con el vínculo de la paz, siendo un sólo cuerpo y un sólo espíritu,
 así como fuiste llamados a una misma esperanza de vuestra vocación.
 Uno es el Señor, una la fe, uno el bautismo;
 uno el Dios* y el Padre de todos, el cual es sobre todos, y
 gobierna todas las cosas, y habita en todos nosotros.
(Ef 4,2-6)

 

Queridos hermanos y hermanas cursillistas de todo el mundo:

La cita paulina del inicio, nos lleva a reflexionar sobre un tema que siempre ha sido fundamental para el MCC, especialmente hoy. En el contexto de la Palabra de Dios y en este momento histórico en el cual la Iglesia reconoce el Estatuto del OMCC, llamamos la atención, sobretodo de los Grupos Internacionales y de los Secretariados Nacionales, acerca de algunos puntos esenciales para que la búsqueda de la unidad no quede sólo en palabras.

1) En la carta mensual de Octubre, analizamos el papel insustituible del texto de “Ideas Fundamentales del MCC” en la orientación del Movimiento. Afirmamos también, que IFMCC, por ser una obra humana, tiene sus limitaciones y sus equívocos y que, por lo tanto deberá ser revisado y adaptado por un Encuentro Mundial. Hasta aquí, no obstante continúa siendo un referente para todo lo relacionado con el MCC.

2) El Artículo 3º del Estatuto continúa insistiendo en que la fidelidad a IFMCC tiene como consecuencia la preservación de la identidad y la unidad del Movimiento. Y coloca en primer lugar la responsabilidad del OMCC de sustentar el Movimiento de Cursillos dentro de la fidelidad a la Iglesia y a su Magisterio. Esta es una cuestión hasta de identidad católica. En la Exhortación Apostólica “Christifideles Laici”, al anunciar los cinco criterios de eclesialidad para cualquier Movimiento que se diga de Iglesia, Juan Pablo II nos recuerda en el tercer criterio “la responsabilidad en profesar la fe católica, acogiendo y proclamando la verdad sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el hombre, en obediencia al Magisterio de la Iglesia, que auténticamente la interpreta” (ChL, 30). El criterio siguiente es tan enfático como el anterior: “el testimonio de una comunión sólida y convencida, en una relación filial con el Papa… y con el Obispo… La comunión con el Papa y con el Obispo está llamada a expresarse en la disponibilidad leal de aceptar sus enseñanzas y orientaciones pastorales”.

3) Un ejemplo práctico y actual de estos criterios se encuentra en la disposición del MCC de recibir de la Iglesia el reconocimiento canónico del Estatuto del Organismo Mundial, como expresión de obediencia y de comunión. A pesar de eso, parece haber aún, Grupos Internacionales y algunos Secretariados Nacionales que en la práctica no lo aceptan; otros que rechazan algunos de sus artículos; otros que no lo han enviado para el conocimiento de sus Secretariados Diocesanos. Nos preguntamos: ¿tales actitudes constituyen un “testimonio de comunión sólida y convencida con el Papa… o con el Obispo? ¿o al final con la Iglesia? ¿o tenemos aún mucho que caminar para llegar a una comunión eclesial de hecho, no quedándonos sólo en afirmaciones inocuas e inconsecuentes?

4) Además de sus funciones más amplias para preservar la identidad y la unidad del Movimiento, el Estatuto entrega una referencia especial a la obligación del OMCC de “promover la unidad y la cooperación entre los Grupos Internacionales”. Este es un punto que exige un compromiso más efectivo. Desde el momento que asumimos la responsabilidad por el OMCC, hemos verificado que, a pesar de los más de cincuenta años de presencia del Movimiento en la Iglesia, aún no conseguimos ni la unidad, ni la cooperación entre los Grupos Internacionales. De hecho, es solamente posible una coordinación cuando existe por lo menos:

a)     Disposición para la búsqueda constante de la unidad, que no significa uniformidad, respetando las naturales diferencias culturales, de países, de mentalidad, de idioma, etc. Lo que deberá unir no será ni el español, ni el inglés, ni el portugués, ni el chino: será, el idioma del amor encarnado y testimoniado por Jesucristo.

b)     Apertura sincera al diálogo, respetando lo diferente y las diversas opiniones que, por ventura, no coincidan con las nuestras. Jamás alcanzaremos la tan soñada unidad dejada por el Señor Jesús a sus seguidores mientras no haya respeto por la persona de este o de aquel hermano.

c)     Respuesta a las comunicaciones y propuestas.

d)     Búsqueda constante de la Verdad, considerando que todas las verdades son relativas. Para nosotros, los cristianos, una sola es la Verdad absoluta: Jesucristo.

e)     Renuncia a los protagonismos exclusivos por amor al carisma concedido por el Espíritu para el bien de toda la comunidad.

Pidiéndole al Señor que nos conceda esas disposiciones, me despido fraternalmente.

P. JOSÉ GILBERTO BERALDO
Asesor Eclesiástico

 

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