n. º 038                                                                                                        Diciembre de 2005

“Ahora nos queda aguardar la feliz esperanza, la manifestación gloriosa de nuestro magnifico Dios y Salvador, Cristo Jesús, que se entregó por nosotros para rescatarnos de todo pecado y purificar a un pueblo que fuese suyo, dedicado a toda obra buena” (Ti  2, 13-14)

 

Queridos hermanos y hermanas cursillistas de todo el mundo:
¡Que la gracia, la paz y la salvación de nuestro Dios que va a nacer de nuevo entre nosotros, esta Navidad, este con todos ustedes!

Acabamos de iniciar el precioso tiempo de Adviento, tiempo en el que estamos invitados a profundizar las tres virtudes teologales – la Fe, la Esperanza, la Caridad, el  Amor- para que nos preparemos bien para la Navidad Santa. Por razones especiales, en esta Carta Mensual, hemos escogido reflexionar sobre la maravillosa virtud de la Esperanza

De hecho, ya se aproxima el momento en el que este Comité Ejecutivo traspasará sus funciones al Grupo Internacional – al Grupo  Norte América y Caribe el que  a su vez, ya designó al país sede, el cual también ya nombró a su Presidente, quién coordinará por los próximos cuatro años al Organismo Mundial del MCC. Nos alegramos por la coincidencia de algunas circunstancias: el reciente término de nuestro VI Encuentro Mundial; una de nuestras últimas Cartas Mensuales y la celebración ya muy próxima de la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo. Es por eso que hemos encabezado nuestra carta con las palabras del Apóstol San Pablo, cuyo tema es la esperanza. 

Esperanza en la “manifestación gloriosa de nuestro Dios”.  Una vez más, vamos a celebrar esta manifestación de Dios en la historia, por medio del nacimiento de su Hijo, nuestro Señor  y Salvador. Pues esta es la celebración de un Dios que se da a los hombres, para que “podamos participar de la divinidad de vuestro Hijo, que se dignó asumir nuestra humanidad”,  como rezamos en el ofertorio de la Santa Misa. Todo el tiempo de Adviento, dedicado a la preparación de las fiestas de Navidad, enfatiza esa esperanza que debe ser la virtud característica del cristiano, especialmente en los albores del Tercer Milenio. Para nosotros, los cursillistas de todo el mundo, Navidad deberá recordarnos, seguramente, los temas del VI EM, sobre los cuales reflexionamos y tomamos nuestras decisiones: “El MCC Casa y Escuela de Comunión”; “Fidelidad y Renovación en el MCC y “El MCC y la Nueva Evangelización”. Pues, ¿no es el mismo Señor Jesucristo, la “comunión”, la “fidelidad”; la “renovación” y la “evangelización” siempre nueva y renovada?

Esperanza en la puesta en práctica de las Conclusiones del VI EM. Las conclusiones del VI Encuentro Mundial del MCC fueron aprobadas por los responsables del MCC de todo el mundo presentes en la sesión de clausura del mismo Encuentro. Esas conclusiones se encuentran en el Documento Final del Encuentro, que ya debe estar en las manos de todos los Grupos Internacionales, de los Secretariados Nacionales de todo el mundo, que con certeza, ya lo habrán dado a conocer a los Secretariados Diocesanos y estos a sus responsables y a los demás cursillistas. No es posible a nosotros hacer aquí un análisis punto por punto, de aquel Documento. Pero es nuestro deber llamar la atención sobre la importancia, la oportunidad y la absoluta necesidad de que seamos todos fieles a lo que, solidariamente, hemos decidido. Aun que no veamos expresadas en el Documento nuestras opiniones personales, o que algo allí no nos guste, tenemos la obligación moral de aceptar, a la luz de la fe y por solidaridad fraterna, las decisiones de la comunidad reunida bajo la acción del Espíritu Santo. De otro modo, jamás llegaremos a la comunión y unidad deseadas por el Señor Jesús y que están expresadas en el lema de aquel nuestro inolvidable Encuentro Mundial: “Que todos sean uno para que el mundo crea”  (Jo 17,21)    

Esperanza de que el MCC camine con la Iglesia.  Para los que entendemos que el MCC fue, es y siempre será un Movimiento eclesial o de la Iglesia,  es grande la esperanza de que esté cada vez más en sintonía con el caminar de la propia Iglesia, manteniéndose, al mismo tiempo, coherente con su carisma y con su finalidad. Esa esperanza está fundamentada en la alegría y la responsabilidad con que todos aceptamos, en el VI Encuentro Mundial, el Estatuto canónico recientemente aprobado por la Santa Sede, a través del Consejo Pontificio para los Laicos. De hecho, así aparece expresado por todos en el Documento Final: “Hemos acogido, con ilusión y gozo, el reconocimiento canónico del OMCC y la promulgación de su Estatuto por el Consejo Pontificio para los Laicos el pasado 30 de Mayo de 2004. Dando al OMCC una personalidad jurídica eclesial, el reconocimiento canónico lleva al MCC a tener una presencia oficial como apostolado específico en el mundo” A los que aun mantienen alguna reserva a este o a aquel artículo del Estatuto, les recordamos que el MCC tiene un plazo de cinco años para proponer al Consejo Pontificio para los Laicos, por medio de un nuevo Encuentro Mundial, posibles o necesarios cambios. En este sentido, encarecemos la necesidad de acoger el Estatuto en la práctica, esperando la ocasión acertada y el canal adecuado para proponer cambios; tentativas de proposiciones aisladas hechas por cursillistas o Secretariados Nacionales o Diocesanos directamente al CPL, aunque oportunas en si mismas, no solo serán frustradas, sino que irán contra la unidad del Movimiento y van a demostrar desconocimiento del Estatuto.

Deseando que sea la esperanza la característica dominante del corazón de cada uno de nosotros en este Adviento y la próxima Navidad, nos despedimos con los habituales saludos fraternales de hermanos y servidores
             
              FRANCISCO ALBERTO COUTINHO                                          P. JOSÉ GILBERTO BERALDO
                                 Presidente                                                                               Asesor Eclesiástico

 
ANTONIO CARLOS SALOMÃO

Vice-presidente

 

 

 

 

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