n. º 039                                                                                                       Enero de 2006

“He combatido el buen combate, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe.” 2 Tim 4,7

 

Queridos hermanos y hermanas cursillistas del todo el mundo:
¡Que la gracia, la paz y la comunión en Nuestro Señor Jesucristo estén con todos ustedes!

Durante tres años, todos los meses, este Comité Ejecutivo del Organismo Mundial del MCC, cumpliendo con su deber tanto estatutario, como sobretodo, fraterno y solidario, buscó estar presente en la vida del MCC mundial, por medio de estas, nuestras Cartas Mensuales. Estuvimos y continuamos convencidos de que este sería el medio más práctico y frecuente para nuestra imprescindible comunicación. De hecho, con esta, estamos completando treinta y nueve cartas enviadas (las iniciamos después de ocho meses de gestión) a los Grupos Internacionales y Secretariados Nacionales de cuyas direcciones disponíamos y que fueron aumentando en la medida de que insistíamos en conocerlos a todos.

Como tema principal de esta carta hemos escogido esa frase del Apóstol Pablo, nuestro Patrono, que ya, en los últimos momentos de su vida radicalmente dedicada al Reino de Dios, abre su corazón a su discípulo e hijo Timoteo. Es indescriptible la ternura con que Pablo lo hace, como presintiendo, de forma dramática, el final de su vida y entrega definitiva de sus luchas, de sus trabajos, de su donación absoluta al Reino de Dios. Sintetizando todo esto con los términos “combate” y “carrera”, Pablo afirma su certeza de “haber conservado la fe”, esto es, de jamás haberse desanimado y haber luchado por otras razones que no fueran la adhesión a Cristo Jesús, su amor apasionado por Él y su consagración radical a la causa del Reino.

Sería mucha osadía y presunción de este Comité Ejecutivo querer asumir para si las palabras de San Pablo. Pero, sin duda, podemos afirmar que, en esta hora, estamos invadidos por los mismos sentimientos de Pablo; ternura, solidaridad, comunión y, sobretodo, el mantener nuestra fe. Fe en Cristo, fe en su mensaje salvador, fe en el Reino de Dios, fe en la Iglesia, fe en los hombres y mujeres destinatarios de una Nueva Evangelización, fe en el Movimiento de Cursillos, razón de ser de nuestras funciones y de nuestras actividades apostólicas. Por eso, tenemos la conciencia tranquila de haber cumplido la misión que nos fue confiada por la comunidad del MCC mundial, hace cuatro años atrás.

Por otra parte, no podríamos dejar de reconocer todo aquello que no hicimos – o porque no nos fue posible hacer o porque talvez hayamos omitido. Queremos reconocer también el hecho de que no siempre conseguimos agradar a todos, exteriorizando algo que, para algunos – la mayoría de las veces, por interpretaciones equivocadas – talvez se convirtió en objeto de división o de ruptura de la unidad que tan ardientemente hemos buscado durante estos cuatro años. Por todo eso, hacemos nuestro acto penitencial, pidiendo el perdón de Dios y de todos los miembros del MCC de todo el mundo.

Queremos aquí, otra vez, declarar nuestra confianza y nuestra esperanza en aquellos hermanos y hermanas que, el próximo 1 de Febrero de 2006, van a asumir el futuro Comité Ejecutivo del Organismo Mundial. Si Dios quiere, estaremos volviendo sobre este tema, en una próxima y última carta de nuestra gestión.

¡Que todos tengan un nuevo año bendecido por el Señor! ¡Que el MCC a nivel mundial, más concretamente, que todos los cursillistas del mundo, puedan incesantemente, como el Apóstol, “combatir el buen combate”, alcanzando su meta, sus objetivos pastorales y evangelizadores! ¡Que podamos todos “terminar la carrera”, entregando después a los que nos siguen, el bastón de peregrinos siempre fieles al Reino de Dios, en la caminata en dirección a la patria definitiva! ¡Que podamos todos, en fin, tener las fuerzas para “conservar la fe”, razón y motivación fundamental de nuestros compromisos de luchar por la implantación del Reino de Dios! De hecho, especialmente en estos días, cuando la propia cultura conspira contra los valores y criterios del mensaje evangélico, se hace urgente clamar al Señor como lo hicieron, cierto día, los discípulos: “Aumenta nuestra fe” (Lc 17,5)

Por último, y casi como una consecuencia necesaria de perseverancia en la fe, queremos recordar su más precioso fruto. Es en la Primera Carta de Pedro, como si fuera un testamento personal de él, en que vamos a encontrarlo: “Felices ustedes si incluso tienen que sufrir por haber actuado bien. No compartan sus temores ni se asusten, sino bendigan en sus corazones al Señor, a Cristo; estén siempre dispuestos para dar una respuesta a quien pida cuenta de su esperanza, pero háganlo con sencillez y deferencia, sabiendo que tienen la conciencia limpia” (1Pe 3, 14-16).

Con tales sentimientos y tales expresiones de nuestra gratitud a Dios, a nuestros Grupos Internacionales, a nuestros Secretariados Nacionales y Diocesanos y a todos los que colaboraran directa o indirectamente con nosotros del Comité Ejecutivo del OMCC, queremos despedirnos, recordando a aquella Madre que nos acompañó con su intercesión, con su ternura, con su maternal protección, María, la primera evangelizada y la primera evangelizadora.

             
              FRANCISCO ALBERTO COUTINHO                                          P. JOSÉ GILBERTO BERALDO
                                 Presidente                                                                               Asesor Eclesiástico

 
ANTONIO CARLOS SALOMÃO

Vice-presidente

 

 

 

 

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