Año II - N° 16
Arequipa agosto 2006

 

 

"CINCO PANES y DOS PESCADOS"

Entre el 28 de julio, en el que nos dijeron muchas cosas tan bonitas que nos cuesta creerlas aunque nos abran a la esperanza y el 15 de agosto, en que serenatas, fuegos artificiales, corzo y tragos no nos dirán nada, leímos un pasaje evangélico (del domingo 17 del T. O., Jn.6, 1-15) que nos invita a reflexionar.

Jesús rodeado de una multitud a quien hay que alimentar.

Felipe, que parece un técnico en la materia, calcula que doscientos denarios (el salario de un año) no podrían satisfacer el hambre de aquella gente.

Andrés, que encuentra un niño con cinco panes y unos pescados, es consciente que eso y nada es lo mismo.

El niño que ofrece  su pobreza.

Los asistentes, que después de haberse hartado de pan y ver doce canastas sobrantes, quieren proclamar rey a Jesús.

Un conjunto de imposibles que dejan de serlo  cuando Jesús manda que todos se sienten en el pasto, cuando el niño comparte lo poco que tiene, cuando el Señor toma en sus manos el pan, lo bendice y lo reparte en gesto típicamente eucarístico.

 

Lo imposible se convierte en milagro  porque interviene Dios con su poder y colabora el hombre con su débil compartir.

Nos rodean multitudes hambrientas.

Tienen hambre de Dios y hambre de pan.

Como Felipe, podemos echar cálculos y descubrir que nuestros denarios no llegan a dar de comer a tantos.

Como Andrés, podemos buscar quién tiene algo de Dios (sacerdotes, religiosas...) o algo de pan (el gobierno, los ricos...) para dar.

Podemos, como el niño, ofrecer nuestros pocos panes y pescados para que Jesús con su oración y bendición haga el milagro.

Es verdad que "ofrecernos" así nos exige sacrificios; nos exige renunciar a caprichos, dejarnos partir para que nos puedan repartir y podamos compartirnos.

No es fácil, pero nos llenará de satisfacción porque sentiremos que nuestra vida es una Eucaristía diariamente celebrada: ofrecimiento, consagración, comunión de unos con otros y presencia amorosa de Dios Padre.

Viviendo la Eucaristía, al estilo de francotiradores, no vamos a conseguir nada; entramos en el mundo de los imposibles.

Vivir la Eucaristía, pero en comunidad, como movimiento, lograremos el milagro con Jesús.

No nos excusemos con pobrezas y humildades falsas.

Reconozcamos con agradecimiento y fe que tenemos mucho de Dios para dar, mucho más de lo que creemos; y todos tenemos algo de nosotros mismos y de nuestras cosas para repartir.

Ser generosos, como Jesús, para convertir nuestro 28 de julio y nuestro 15 de agosto en verdaderas fiestas de gozo y solidaridad.

No nos contentemos con fuegos artificiales y discursos exaltados de regionalismos vacíos y absurdos.

Manolo s.j.


 

966 “Finalmente, la Virgen inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la Tierra, fue llevada a la Gloria del Cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del Universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte” (LG 59; cf. La proclamación del dogma de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María por el Papa Pio XII en 1950: DS 3903). La asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos.

En tu parto haz conservado la virginidad, en tu dormición no haz abandonado el mundo, Oh Madre de Dios: tú te haz reunido con la fuente de la Vida, tú que concebiste al Dios vivo y que, con tus oraciones, librarás nuestras almas de la muerte (Liturgia bizantina, Tropario de la fiesta de la Dormición, 15 de agosto).

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

 

Los primeros pasos... 

Apenas hace unos pocos días, el 28 de julio para ser más exactos, asumió el gobierno de nuestra patria el Dr. Alan García Pérez, quien ganó ajustadamente al comandante retirado del ejercito peruano, Ollanta Humala Tasso. Muchos respiramos hondo para recuperar el equilibrio emocional después de las tensiones provocadas por una larga campaña en la que primaron los insultos y las amenazas, las imprecisiones y las promesas.

Hoy, dejando de lado los graves problemas que afectan nuestra estabilidad social y económica, los políticos, vuelven a las andadas, cobran sumas que prometieron no cobrar, y tratan de justificar su actitud por todos los medios, considerándonos prácticamente de disminuidos mentales por haber creído en sus promesas y ser capaces de entender sus absurdos intentos de justificar lo injustificable. Se trae a discusión temas que afectan la sensibilidad social, como la pena de muerte para los violadores de niños, y hacen pisar el palito hasta a algunos miembros prominentes de la jerarquía de la Iglesia. Maniobras distractivas, hay que darle circo al pueblo porque no hay pan.

Los insultos, descrédito, separaciones, abandono de bancadas, “traiciones”, parece que será una características de este parlamento.

Panorama sombrío, podríamos caer en la tentación de deprimirnos y sumarnos a los que piensan que tenemos más de lo mismo, y que esto no tiene arreglo.

No, precisamente éste es el momento, en que nosotros, los que creemos en nuestro Señor Jesucristo y su Iglesia, debemos aportar la cuota de fe y esperanza que necesita nuestro país, y practicar la caridad, que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Si queremos un Perú grande y hermoso, lo tenemos que construir nosotros, y no esperar a que los políticos lo hagan.

Es tarea nuestra, de los católicos, de los cristianos, de nosotros, los miembros del MCC, construir el Perú que Dios quiere para nosotros.

Si los primeros pasos de este gobierno son inseguros, nosotros caminamos seguros porque Cristo es el Camino. 

 

Carlos E. Gómez de la Torre. R.

VARIOS

INTENDENCIAS:

Amigos y hermanos de la casa de cursillos les pedimos sus oraciones y sacrificios por los siguientes cursillos:

1.        Cursillo de mujeres Nº 58 la Diócesis de Arequipa, Perú, del 10 al 13 de agosto     cavr@unsa.edu.pe

2.       Cursillo de mujeres Nº 125 de la Diócesis del Callao, Perú, del 10 al 13 de agosto   mcccallao_peru@yahoo.com

3.       Cursillo de mujeres Nº 271 de la Diócesis de León, México del 9 al 12 de agosto    celinadelgado@prodigy.net.mx

4.       Cursillo varones de la Diócesis de Huancayo, Perú, del 10 al 13 de agosto    jose_franco48@hotmail.com

5.       Cursillo de varones Nº 130 de la Diócesis de Betania Laja, Chile, del 10 al 13 de agosto    lilisolis29@hotmail.com

6.   Cursillo de varones Nº 346 de la Diócesis de Mendoza, Argentina del 11 al 13 de agosto   palamcasmccmendoza@yahoo.com

7.   Cursillo de varones Nº 4 de la Diócesis de Montevideo, Uruguay,  del 10 al 13 de agosto   cursillomontevideo@gmail.com         

8.   Cursillo de varones Nº 110 de la Diócesis de Toluca, México, del 10 al 13 de agosto    mcctolmex@hotmail.com      

9.  Cursillo de Cursillos de la Diócesis de San José, México del 10 al 13 de agosto     toty80@hotmail.com

Cursillo 58 de mujeres, MCC de Arequipa, del 10 al 13 de Agosto.

Nuestras oraciones por todos los cursillos que se realizan en esta primera quincena de Agosto en Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile, Estados Unidos de Norteamérica, España y Perú, que nos han hecho llegar su pedidos de intendencias.

Ayuda al mantenimiento de  nuestra casa:
aporta S/.1.00.

Claro que una mayor colaboración nos permitirá un mejor y más oportuno cumplimiento de nuestras obligaciones: luz, agua, teléfono, arbitrios municipales, impuesto al patrimonio predial, mantenimiento de la casa etc…

 

HORARIO DE MISAS:

LUNES Y MIÉRCOLES 7:30 pm.

VIERNES 7:00 pm.

 

Varios:

 

Gracias a las coordinaciones de nuestra hermana Lilia Herrera de Ojeda, pudimos iniciar nuestra labor social de atención médica a los más necesitados, con el apoyo del Ministerio Médico Internacional, y el día 27 de julio fueron atendidos más de doscientas personas, a quienes incluso se les brindó consejería y medicinas.

El reto está lanzado, ahora nos toca a nosotros hacer posible que el MCC de Arequipa, continúe con esta labor social, que es una de las tantas formas que el Señor nos ofrece para servir a los más necesitados. Gracias a todos los que colaboraron con esta actividad.

 

IFMCC:

  

3. El MCC es un Movimiento de Iglesia

86 En la década de los 40 surgió un nuevo movimiento de Iglesia; el MCC. Unos cristianos -sacerdotes y laicos­ en íntima comunión con su obispo, llegaron a compartir una misma mentalidad y a convivir una misma inquietud apostólica; y empezaron a trabajar con una misma finali­dad: hacer un mundo más cristiano, haciendo más cristia­nos a los hombres. Y, con un mínimo de organización, comenzaron su trabajo, ensayando un método para conse­guir la finalidad intentada.[1]

87 Aquel grupo inicial fue creciendo y hoy son ya muchos los grupos o núcleos de cristianos, que, mediante un método propio, encarnan en sus vidas esos principios y llevan el Evangelio a sus ambientes.

88 De aquí nace una consecuencia fundamental: el MCC no es algo, sino alguien; no es una cosa, sino una realidad organizada, viva y actuante; una realidad humana constituida por el conjunto de hombres y mujeres que, después de haber hecho el Cursillo de tres días, han adoptado la mentalidad y los principios fundamentales y, siguiendo un método propio, se unen para ayudarse a vivir de un modo más auténtico la vida cristiana, realizando de un modo nuevo su relación con Dios, consigo mismos, con los hombres y con el mundo, y para esforzarse en impregnar de Evangelio sus ambientes, con el fin de que otras personas también respondan al llamado de Dios.

89 De otro modo: el MCC son los hombres y mujeres que, después de haber vivido un Cursillo, se unen para intensificar su respuesta a Dios en estas cuatro direcciones: un acercamiento (encuentro) a Dios, que vive y ama; una profundización (encuentro) en la propia realidad personal, que se conoce mejor; una nueva relación (encuentro) con los hombres, a quienes descubren como hermanos; y una nueva visión (encuentro) del mundo, en el que viven y en el que trabajan.

90 La participación en el MCC es libre y abierta a todas las personas que han hecho el Cursillo: lo único que une a esas personas con el MCC es su deseo personal de permanecer tomando parte activa en él.

91 Fue Pablo VI quien definió la eclesialidad del MCC cuando dijo: "Sabemos que en vuestra palestra de espiri­tualidad y apostolado, en el Movimiento de Cursillos, el 'sensus ecclesiae' es norte que orienta, palanca que mueve, luz y manantial que inspira y vitaliza. Llevaos de esta visita a Roma, Iglesia reina que preside en la caridad, un amor hacia la Iglesia mayor aún, si pudiera ser, del que os devora, un propósito decidido de hacer Iglesia"[2].

92 Siguiendo la línea de la eclesiología de comunión, el Vaticano II había señalado cuatro notas que, juntas, manifestaban el carácter de eclesialidad de algunas formas de acción apostólica organizada, que tenían y tienen el fin apostólico de la Iglesia. A los veintitrés años de aprobado el Decreto Conciliar Apostolicam Actuositatem (18-11-65),

Juan Pablo II, siguiendo la misma línea de la comunión eclesial, abrió mayores horizontes y reformuló estas notas, fijando los cinco criterios de eclesialidad[3].

    Veamos, uno por uno, esos cinco criterios de la eclesialidad señalados en ChL y su realización en el MCC.

93 La primacía que se da a la vocación de cada cristiano a la santidad. El MCC siempre ha tenido, como una de sus metas fundamentales, el proclamar y el cultivar la vocación de los laicos a la santidad. Por eso ha fomenta­do la conversión constante y progresiva estructurando un método para que los cursillistas alcancen la santidad, viviendo la gracia de un modo consciente, creciente y compartido. Uno de los slogans que se ha venido repitien­do desde el primer Cursillo hasta hoy dice: "No queremos ser buenas personas, queremos ser santos, y que por nuestra ilusión, por nuestra entrega y por nuestro espíritu de caridad, lo sean también los demás".

94 La responsabilidad de confesar la fe católica. El MCC siempre ha tenido conciencia clara de que no debe proclamar una verdad humana, sino la verdad que viene de Dios y que ofrece al hombre la auténtica libertad (Cf. Jn 8, 32). La razón es la siguiente: Cristo Salvador instituye la Iglesia como sacramento de salvación y la envía a predicar a todo el mundo el Evangelio. "El que creyere y fuere bautizado se salvará" (Mc 16, 16). "No ruego sólo por ellos, sino por cuantos crean en mí por su palabra" (Jn 17, 20).

95 El MCC no sólo se ha preocupado por ajustarse en todo momento a proclamar el mensaje del Evangelio en coherencia con el Magisterio de la Iglesia, sino que también se ha esforzado por educar a los cursillistas para que no se contenten solamente con oírlo, sino que lo practiquen en la normalidad de su vida.[4]

96 El testimonio de una comunión firme y convencida en filial relación con el Papa y con el Obispo respectivo.

Hoy la Iglesia se comprende desde la comunión, es decir, desde esa realidad orgánica que surge por la acción de Dios y por la propia decisión de cada cristiano de unirse con Dios y con los otros cristianos, con una unión similar a la que se vive en el seno de la Trinidad Santa (Cf. Jn 21,22).

97. Así quiso Cristo la Iglesia: quiso a todos sus miembros unidos, no según la carne, sino según el Espíri­tu, unidos en y con la misma vida de Dios, aceptándose, amándose y entregándose, cada uno con sus propios dones, a los demás miembros de la Iglesia, hasta llegar a hacer de todos una sola alma y un solo corazón (Cf. Hech 4, 32).

En esta comunión está comprometido todo el Pueblo de Dios: Jerarquía y Laicado. Esta comunión se anuda en la Iglesia, haciendo, afectivamente, del Papa y de los Obispos lo que ellos son efectivamente: principio, fundamento y centro perpetuo y visible de unidad (Cf. LG, 22).

98 De esta realidad brotan dos consecuencias lógicas para el MCC: Primera: la relación con la Jerarquía, Papa y Obispos, debe ser una relación filial, firme, convencida y testimoniada, fruto, no de una circunstancia más o menos propicia, sino expresión gozosa del propio ser movimiento eclesial, que integra en su ser y en su actuar a sacerdotes, religiosos y laicos. De ahí la apertura permanente y normal para acoger, asimilar y adherirse al Magisterio de la Iglesia y a sus orientaciones pastorales. "Mientras los Cursillos de Cristiandad se mantengan en línea con la Iglesia viva, al compás de sus mejores inquie­tudes y a las órdenes de quienes la rigen, nada tememos de ellos y mucho esperamos de sus frutos"[5].

99 La relación con otros movimientos y formas asocia­das de apostolado laical debe ser, también de comunión y participación; por ser cada uno reflejo de la espléndida riqueza de la Iglesia y ser, entre sí, complementarios. Por eso, la apertura servicial y humilde a los otros movimien­tos; y la realización, en comunión con ellos, de la misión de la Iglesia.

100 La conformidad y la participación en el fin apostó­lico de la Iglesia.  El Vaticano II definió el apostolado como el "propagar el Reino de Cristo en toda la tierra, para gloria de Dios Padre; y hacer, así a todos los hom­bres partícipes de la redención salvadora; y, por medio de ellos, ordenar realmente todo el universo hacia Cristo"[6]. Desde el principio, el MCC se ha esforzado en participar en el fin apostólico de la Iglesia en estos cuatro aspectos: a) evangelizar o proclamar la Buena Nueva; b) santificar a los hombres; c) formar cristianamente sus conciencias; d) impregnar de espíritu evangélico las diversas comunidades y los diversos ambientes[7].

101 Porque esto ha sido así, y sigue siendo así, es por lo que el espíritu misionero -de conquista se dijo al principio- es una de las características del MCC. Este se ha extendido, por la fuerza de contagio de hombres y mujeres, que han querido, y quieren, llevar el mensaje de salvación a todos los hombres, empezando por razones de eficacia, por los que más influyen en otras personas; por hombres y mujeres, que han comprendido, y lo quieren realizar, que es todo un mundo lo que hay que rehacer desde sus cimientos[8].

102 El compromiso de una presencia en una sociedad humana que se ponga al servicio de la dignidad integral del hombre. Los laicos son Iglesia. Y lo propio del laico es su carácter secular (Cf. LG, 31; ChL, 15). Su vida está como entretejida con el mundo, es decir, con "la entera familia humana y con el conjunto universal de las realida­des en las que ésta vive". Dios los llama para que allí, desempeñando su profesión y guiados por el Evangelio, contribuyan desde dentro, a modo de fermento, a la santificación del mundo[9].

103 En el MCC siempre se ha insistido en la presencia cristiana del laico en su propio ambiente; allí es donde debe dar fruto permanente, creciendo él en Cristo y donde debe trabajar para que los hombres sean más cristianos[10]. A fin de realizar esta presencia cristiana en el mundo, el MCC siempre ha dado un trato preferencial a cada persona, plasmando una técnica individual que aún tiene valor hoy[11].
 

4. Mediante un método propio

104 Método es la disposición adecuada y el empleo de ciertos medios, claramente conocidos, para alcanzar una meta propuesta, con la mayor probabilidad de éxito, con la mayor rapidez y con la mayor perfección.

105 El método en el MCC no es otra cosa que la aplicación práctica de su esencia; pero, no una aplicación cualquiera, dejada a merced del gusto personal y de la improvisación del momento, sino una aplicación dirigida hacia la mayor eficacia y que no sólo no desfigure o mutile su Esencia, sino que le ofrezca un campo de acción adecuado, eficaz y fecundo.


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[1] Cf. CCIRC, 37-39; C. Gil, Los Cursillos de Cristiandad son un movimiento eclesial, en Testimonio, 5 (1989) 105-127

[2] CCSNE, 34 (1966) 7.

[3] ChL, 30.

[4] CCIRC, 120; EN, 14, 15,16.

[5] Vertebración, 276.

[6] AA, 2

[7] Cf. AA, 20

[8] Cf. C. Gil, Los Cursillos y la Evangelización. Caracas 1976, 143; CCSNE, 34 (1966) 6; Juan Pablo II, A los Cursillistas de Italia, en L’OsRom., EDic. Lengua Española, 19-5-1985, 17; CCIRC, 110-111; Vertebración, 102.

[9] GS, 2; LG, 31.

[10] II Enc. Mund. III.

[11] Cr. CPSNE, 79-80.

 

 

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