Año III - N° 21

Arequipa, Enero 2007

 

AÑO 2007

Mirando el  año  nuevo, brota en nosotros un sentimiento de esperanza y optimismo. "Tiene que ser mejor que el anterior".

Cuando se acabaron los cohetes, los fuegos artificiales, el último sorbo del champagne, las doce uvas; cuando vamos avanzando en la primera semana del año y luego en el mes de enero; cuando volvemos a la vida diaria, (aunque, en esta época huelan a brisas de mar, playa y  sol...) nuestro optimismo esperanzador se va paulatinamente borrando como lastre en el azul de las olas blancas.

Nosotros, hombres y mujeres de hoy, empezamos a sentirnos amenazados, como los años anteriores, por los constantes  problemas personales y  familiares, por la

pobreza ("escándalo inaceptable en un mundo que dispone de bienes, de conocimientos y de medios para subsanarla" Benedicto XVI), de injusticias y violencias a todo nivel...

Nosotros volvemos a sentir los duros golpes que nos da una visión puramente utilitarista, hedonista, materialista y relativista, muy en boga en la sociedad de hoy, de la persona humana...

Nosotros presentimos con fuerza que el cambio de autoridades, que ayer quizá aplaudimos,  no sirven para cambiar las mañas, los abusos, las trampas, los libertinajes, la corrupción...

¡Todo esto nos aturde y desanima!

Levantemos la mirada al Creador, que nos hizo a su imagen y semejanza, 
que no dudó en ofrecernos la salvación y la felicidad por medio de su Hijo. 

Estamos llamados a acabar con todo lo que lleve huellas de pecado dentro de nosotros, en nuestras familias, en nuestros centros de trabajo...

No permitamos que tanta belleza soñada el primer día, se destruya por tanto odio, tanta violencia y tanta injusticia durante el año.

Evitemos, con nuestro trabajo y compromiso, que Señor del Cielo se "arrepienta" de habernos dado un día las llaves de la Tierra.

Ojala que este año sea para cada uno de nosotros, un año de respeto, de crecimiento,  liberación y amor de la PERSONA HUMANA, como nos la ha pedido Benedicto XVI en su discurso del 1º de enero.  

Manolo S.J.

Mi Paz les dejo…

Todavía no salgo del asombro que me produjo el observar las imágenes de la televisión en las que aparece un joven fanático de un equipo deportivo siendo agredido por más de veinte “hinchas” del equipo contrario,  que en el colmo de su “bravura” le daban de puntapiés y otros golpes, en la cabeza, la espalda, y otras partes sensibles de su humanidad.

El motivo: era hincha del otro equipo.

La causa remota: un supuesto “deportista” agredía arteramente a otro en la cancha y se ganaba la pena máxima.

Me pregunto ¿Qué es lo que nos está pasando? ¿Es acaso la contienda deportiva un enfrentamiento en el que todo vale? Pareciera que sí. Sino escuchemos lo que dicen los comentaristas deportivos (léase los entendidos, los “sabios”) cuando un jugador evita que el contrario llegue a su área con posibilidades de gol, cometiéndole una falta: “era necesaria la actitud del agresor, ya que de otra manera el contrario hubiera logrado un gol” ¿?.

¿No existe acaso, una ética deportiva? ¿Es acaso la derrota deportiva una ignominia que rebaja la dignidad del derrotado? ¿No se nos ha enseñado que en toda confrontación deportiva debe haber y habrá siempre un ganador y uno o más perdedores? ¿No sabemos que un simple razonamiento lógico nos demostrará que no siempre gana el mismo, que la victoria depende de muchas circunstancias e incluso del azar? ….  

Pareciera que estamos volviendo al circo romano, sino veamos los nuevos “deportes” que se promocionan en la televisión mundial, kid boxin, full contac, … hombres encerrados en cuadriláteros o hexágonos, hechos de malla metálica, verdaderas jaulas para animales, dándose de golpes, con los puños, la cabeza, los codos, las rodillas, los pies, y con cualquier y a cualquier parte del cuerpo de uno y de otro, con el único afán de inutilizarlo, demostrando lo muy bruto que puede ser el hombre.

Grotescos combates de lucha libre, en los que cualquiera de los luchadores coge una silla y se la lanza por la espalda o la cabeza del otro luchador, o le mete los dedos a los ojos, o ingresa al ring para colaborar cobardemente con su “socio” en la agresión al enemigo de turno. Todo en medio de los aplausos y gritos de aliento de cientos de niños, acompañados de sus padres…

Y nos quejamos de que nuestros tiempos son violentos, que nuestra ciudad es violenta, que nuestro país e violento.

En aras a una falsa libertad de prensa nuestras autoridades permiten que se envenene a nuestros niños y jóvenes con esos mensajes; y a quienes protestamos se nos califica de intolerantes y fundamentalistas, no falta quien dice si no quieres ver esos programas cambia de canal, etc., etc. y más etcéteras.

Violencia familiar,  esposos que maltratan a sus esposas, padres que maltratan a sus hijos, hijos que agraden a sus padres, hermanos que se enfrentan entre sí por una propiedad, una herencia, o simplemente por odios irracionales…

¡Alto por favor! Paremos un momento en el camino y pensemos en las consecuencias que deberemos confrontar a corto, a mediano y a largo plazo, si conseguimos un cambio radical de actitudes, si no promovemos una cultura de paz, si no exigimos que quien tiene la autoridad la ejerza con firmeza así como con prudencia.

El Santo Padre el Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el 1ro, de enero de este año, nos dice que está convencido “de que respetando a la persona se promueve la paz, y que construyendo la paz se ponen las bases para un auténtico humanismo integral. Así es como se prepara un futuro sereno para las nuevas generaciones”.

Si bien es cierto que la verdadera paz es un don de Dios, que se manifiesta  como dice el Papa, “tanto en la creación de un universo ordenado y armonioso como en la redención de la humanidad, que necesita ser rescatada del desorden del pecado” también es una tarea “que a cada uno exige una respuesta personal y coherente con el  plan divino. El criterio en el que debe inspirarse dicha respuesta no puede ser otro que el respeto de la “gramática” escrita en el corazón del hombre por su divino Creador”.

Si no retomamos el camino hacia un humanismo integral, que tenga como centro a la persona, como imagen y semejanza de Dios, que descosifique el concepto de persona, para humanizarlo, no esperemos resolver el problema de la violencia en base a leyes o respuestas igualmente violentas de quien debe preservar el orden y garantizar la paz social.

Solo si nos acercamos al Señor Jesús, que es el camino, la verdad y la vida, podremos encontrar esa paz que él nos ha dejado como don y tarea.

Carlos E. Gómez de la Torre. R.

 
 

2304 El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. La paz no es solo ausencia de guerra, y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La Paz no puede alcanzarse en la Tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es la “tranquilidad del orden” (San Agustín, civ. 19,13). Es obra de la justicia (cf. Is 32,17) y efecto de la caridad (cf. GS 78, 1-2).

2305 La paz terrenal es imagen y fruto de la paz de Cristo, el “Príncipe de la paz” mesiánica (Is 9,5). Por la sangre de su cruz, “dio muerte al odio en su carne” (Ef 2 16; cf. Col 1, 20-22), reconcilió con Dios a los hombres e hizo de su Iglesia el sacramento de la unidad del género humano y de su unión con Dios. “Él es nuestra paz” (Ef 2, 14). Declara “bienaventurados a los que construyen la paz” (Mt 5,9).

 

Catecismo de la Iglesia Católica.

 

INTENDENCIAS:

Oremos por los cursillos que se estarán realizando en el mes de Enero del 2007 y que nos piden oraciones e intendencias.

1.   Cursillo de Mujeres Nº 284, de la Arquidiócesis de León, México, del 25 al 28 de enero    celinadelgado@prodigy.net.mx  

2.   Cursillo de Varones Nº 142, de la Diócesis de Aguascalientes, México, del 25 al 28 de enero  comunicacionlachona@yahoo.com.mx                  

 

Varios:

ESCUELA TEOLÓGICA

A partir de este lunes 29, se inicia la primera escuela teológica a cargo de nuestro asesor el P. Manolo Cavanna SJ.

El tema central será: “La Paz: don y tarea”

El costo de inscripción es de S/.5.00 y se dará material de trabajo.

Se llevará a cabo en la casa de cursillos, San Agustín 205, los días 29 de enero, 12, 19 y 26 de febrero de 7,30 p.m. a 8,15 p.m. (inmediatamente después de la eucaristía).

Se entregará certificados.

 

Ayuda al mantenimiento de  nuestra casa:
aporta S/.1.00

Claro que una mayor colaboración nos permitirá un mejor y más oportuno cumplimiento de nuestras obligaciones: luz, agua, teléfono, arbitrios municipales, impuesto al patrimonio predial, mantenimiento de la casa etc…

 

 

HORARIO DE MISAS:

LUNES, MIÉRCOLES  Y VIERNES 7:00 pm.

 

Hora santa:

Lunes 5 de febrero  7 p.m.

Lunes 5 de marzo    7 p.m.

 

En la Casa
de Cursillos

El miércoles 28 de febrero se llevará a cabo la liturgia del miércoles de ceniza.

IFMCC:

 

3
EL METODO DEL MCC

1. DEFINICIÓN

154 Método es la disposición y el empleo adecuado de ciertos medios, claramente conocidos, para alcanzar, con la mayor probabilidad de éxito, con la mayor rapidez y con la mayor perfección, una meta propuesta.

155 El Método del MCC es la aplicación de su mentali­dad y de su esencia, para "Conseguir las metas exigidas por esa esencia y esa mentalidad.

156 El Método del MCC se aplica en sus tres tiempos, Precursillo, Cursillo y Poscursillo (de ellos se habla con más detalles en los capítulos 5, 6 y 7).

Por tanto, el Método del MCC comprende:

a) una manera organizada de seleccionar los ambientes necesitados de evangelización (Precursillo);

b) una manera efectiva de motivar personas, para que se decidan a vivir lo fundamental cristiano (Cursillo);

c) una manera natural de enfrentar valientemente las realidades de la vida de hoy y de fermentar de Evangelio los ambientes (poscursillo).
 

2. EL METODO y LA  MENTALIDAD

157 Dentro del MCC, el Método no es otra cosa que la mentalidad y la esencia hechas vida, hechas realidad. No se trata de una aplicación espontánea, caprichosa y acríti­ca, dejada a merced del gusto personal o de la improvisa­ción del momento; se trata de una aplicación pensada, planificada y realizada con vistas a una mayor eficacia.

158 El Método encuentra su razón de ser en procurar­ y acrecentar la vida que engendra el Movimiento. Está en función de vida. Está para que no se desfigure la identidad del Movimiento y no se desvíen o mutilen su esencia, su finalidad y su mentalidad; está para ofrecer al Movimiento una acción adecuada, fructífera y eficaz. No está el Movimiento para el Método, sino éste para aquél.

159 Sólo la evolución de la mentalidad exigirá el planteamiento de cambio en el Método, a fin de que la mentalidad no pierda su identidad. Cuando la aplicación de la mentalidad no resulta eficaz, habrá que pensar en la necesidad de reajustar el Método que la aplica. Algo falla en éste, cuando la mentalidad se estanca. La mentalidad no es rígida, sino que deja en libertad a las personas para hacer cosas diferentes en los diversos espacios culturales, siempre que las opciones que se tienen respeten lo esencial del Movimiento.
 

3. LA IMPORTANCIA DEL METODO

160 A pesar de la dependencia y subordinación del Método a la mentalidad, a la esencia y a la finalidad del Movimiento, es tanta la importancia del Método que éste viene como a imprimirle "carácter" al Movimiento. El Método del MCC responde, de un modo concreto, a la necesidad de buscar caminos que aseguren la autenticidad de nuestro propio ser cristiano, que resalte en cada persona la grandeza y dignidad de ese ser cristiano, de forma que, por la acción de los que han renovado su vida en un Cursillo, el Evangelio irrumpa, impregne y configure todo el hacer del hombre en las circunstancias concretas en que cada uno se halla inserto.

161 y como las circunstancias son tan distintas y variantes, el Método, en lo que tiene de no sustancial, deberá adaptarse a las contingencias de lugar y tiempo, si no quiere esterilizar su función. Esta necesaria adaptación -renovarse o morir- habrá de hacerse en un clima de oración, de reflexión, de respeto, de discreción, de diálogo abierto y dasapasionado; no sea que las ansias de originali­dad, a veces inconscientes, vengan a desvirtuar el valor de aquello sobre cuya validez existen experiencias múltiples, largas y fecundas.

162 Dentro de la acción pastoral, el MCC se ofrece a la Iglesia, a través de su Método, como un servicio, en esta hora trascendental de la "nueva evangelización".
 

4. LAS CARACTERÍSTICAS DEL MÉTODO

163 El Método del MCC tiene estas características:

a) Es kerygmático. Todo el Método debe ser fiel a la opción escogida por el Movimiento dentro del campo del kerygma. El Método agrupa a personas que como testigos, y no como maestros, proclaman a Cristo. "El hombre contemporáneo escucha más gustosamente a los testigos que a los maestros; y, si escucha a los maestros, es porque éstos son testigos" (EN, 41).

164 Lo kerygmático es, con todas sus consecuencias, clave esencial en el Método del MCC. Bajo esa luz habremos de enfocar y enjuiciar no sólo los tres días del Cursillo, sino también los requisitos y condicionamientos del Precursillo y la realización comunitaria y las estructu­ras del Poscursillo. El Método del MCC no es, por lo mismo, ni apologético ni catequético.

Dentro del campo del kerygma debemos discernir, esquemáticamente tres notas que afectan a su esencia: -la proclamación jubilosa del mensaje;

- hecha por testigos; y

- con vistas a la conversión.

Si el Método del MCC no tuviera siempre presente estas connotaciones del kerygma, se deformaría la mentalidad y finalidad del Movimiento.

165 b) Es cristocéntrico. Dado el frecuente desconocimiento de Dios y de Aquél a quien el Padre ha enviado (Jn 1, 10), conviene poner el énfasis sobre un cristocentrismo en el que Cristo sea el núcleo de su mensaje, proclamado por unos hombres que han vivido el gozo de la experiencia de la fe. Si éstos han hecho de Cristo el centro de sus vidas, son capaces de anunciar la grandeza de la realidad de un Dios que "tanto amó al mundo, que le dio a su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en El, no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn 3, 16). Nuestro mundo es un mundo rescatado "no con plata y oro corrup­tibles, sino con la sangre preciosa de Cristo" (1 Pe 1, 19).

166 c) Es testimonial. Como no son pocos los bautiza­dos que niegan, con sus comportamientos diarios, la Gracia que un día les hizo partícipes de la misma naturale­za divina (2 Pe 1, 4), el mensaje debe ser proclamado por cristianos -por grupos de cristianos- "que irradien de manera sencilla y espontánea, su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes" (EN, 21), de forma que su sola presencia testimonial sea "un gesto inicial de evangelización" (EN, 21).

167 d) Es personal. El carácter kerygmático exige que se profundice en un conocimiento más exacto del hombre de hoy, con su problemática concreta, con la fuerza de las presiones y las manipulaciones de las ideologías Circundan­tes, con sus angustias vitales y sus miedos, con sus alegrías y sus esperanzas. En la proclamación hecha a una comuni­dad, cada uno percibe que el mensaje se ha dirigido personalmente a él, pues lo recibe mediante el trato personal y el testimonio personal (EN. 45).

168 e) Es camino para la conversión. Cuando el hombre se siente aceptado en su circunstancia, es cuando el hombre se puede abrir a Cristo que se proclama -y es­ camino, verdad y vida. En la Gracia se realiza toda conversión, todo encuentro con Dios, toda comunidad cristiana. En el Cursillo no se proclama un sistema de vida o de valores, sino que se señala el camino por el cual Cristo puede llegar a ser centro, dueño y salvador de todo hombre, que permita que Dios tome posesión de él (Cf. Ap 3, 20). El Método del MCC, ayudando al hombre a encontrarse con Cristo y consigo mismo, le facilita el inicio y progreso de su conversión, poniéndolo en contacto con Cristo y con los hermanos.

169 f) Es comunitario. Es decir, es un Método que no deja al hombre solo en la búsqueda de la verdad. El hombre puede y debe sentir a su lado, más aún, en su interior, la presencia de Cristo, que llega a hacerse comunión: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20), y la amistad con los hermanos.

170 g) Es inductivo. El MCC nace y aprende a caminar en la vida, sacando de la experiencia de cada día, ilumina­da por el Evangelio, los criterios y los medios para orientar la vida cristianamente y construir la comunión con Dios y con los hombres.
 

5. EL USO DEL METODO

171 El Precursillo, el Cursillo y el Poscursillo constitu­yen un todo indivisible. Para que exista el Movimiento auténtico y para que pueda conseguirse su finalidad, debe aplicarse la totalidad del Método, en coherencia con la finalidad concreta de cada uno de sus tiempos. Alguna o algunas partes del Método no son el Método. Por eso, éste:

172 a) en el Precursillo

- selecciona y estudia los grupos humanos que integran una comunidad o ambiente;

- selecciona las personas-clave de esos ambientes;

- prepara a estas personas para que acepten -o pidan espontáneamente vivir la experiencia de un Cursillo;

173 b) en el Cursillo

- proclama kerygmáticamente lo fundamental cristiano, mediante el testimonio y el anuncio explícito del Señor Jesús;

- emplea los recursos humanos y técnicos, poniéndolos al servicio de la Gracia, y respetando la libertad y el ritmo de crecimiento de cada destinatario del mensaje;

174 c) en el Poscursillo

- apoya a quienes han vivido la gozosa experiencia del Cursillo, en la" realización de su vocación dentro de sus ambientes;

- mediante la reunión de grupo y mediante la ultreya, promueve la amistad humana, cristiana y apostólica que ayuda a cada cursillista a crecer, a madurar y a dar siempre más fruto (Cf. ChL, 57);

- impulsa a cada cursillista hacia la fermentación cristiana de los ambientes.

San Agustín Nº 205 Arequipa. Teléfono 51.54-218878 Arequipa-Perú
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