VI ENCUENTRO MUNDIAL DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS

 Sao Paulo, Brasil, 26 a 30 de octubre de 2005

 

DOCUMENTO FINAL

 

1.  Los responsables del MCC, representantes de veinte nueve países de todo el mundo, nos hemos reunido en el VI Encuentro Mundial, para, desde la vivencia de la fe y de la amistad, compartir nuestras experiencias e inquietudes, reflexionar sobre nuestro carisma y finalidad, renovando desde la comunión nuestro compromiso evangelizador en esta hora de la Iglesia y del mundo.  

2.  Hemos vivido, conscientes y agradecidos, este Encuentro Mundial como un tiempo de gracia de Dios en el que se da una ocasión de esperanza ilusionada que nos renueve en el “primer amor” como responsables del MCC, en la respuesta que la Iglesia y el mundo espera de nuestro Movimiento.

3.  Hemos acogido, con ilusión y gozo, el reconocimiento canónico del OMCC y la promulgación de su Estatuto por el Pontificio Consejo para los Laicos el pasado 30 de mayo de 2004. Dando al OMCC una personalidad jurídica eclesial, el reconocimiento canónico lleva el MCC a tener una presencia oficial como apostolado específico en el mundo.

4.  Hemos constatado que nuestro Movimiento posee una riqueza invalorable en sus diversas expresiones de culturas, la cual ha sido un logro debido a su expansión por todo el mundo. Sin embargo, reconocemos que, a veces, esta universalidad – al igual que sucedió en la Iglesia naciente – podría producir ciertas dificultades en la comprensión de algunos aspectos de nuestro Movimiento y, en consecuencia, en la concreción de la vivencia de la comunión entre nosotros.  

5.  En orden a buscar respuestas a esta situación nos hemos ocupado en reflexionar sobre (a) la realidad de la comunión y su vivencia concreta en el MCC; (b) la fidelidad al carisma original y la necesidad de renovación del Movimiento a la luz del mismo y de las urgencias de la Iglesia y del mundo hoy; (c) la mejor manera de responder a la tarea de la evangelización a la que nos convoca Dios y su Iglesia para dar a conocer a Jesús y su Reino a los hombres y mujeres por medio del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.

 

EL MCC, CASA Y ESCUELA DE COMUNIÓN

6.  Desde el Concilio Vaticano II la comprensión de la Iglesia pasa por contemplarla como misterio de comunión. “Por esto la comunión eclesial no puede ser captada adecuadamente cuando se la entiende como una simple realidad sociológica y psicológica. La Iglesia comunión es el pueblo “nuevo”, el pueblo “mesiánico”, el pueblo que “tiene a Cristo por Cabeza (...), como condición la dignidad y la libertad de los hijos de Dios (...), por ley el nuevo precepto de amar como el mismo Cristo nos ha amado (...), por fin el Reino de Dios (...) (y es) constituido por Cristo en comunión de vida, de caridad y de verdad” (LG 9; Cf. ChL 19).

7.  La comunión de la Iglesia, lejos de empobrecerse con la diversidad se enriquece con ella, pues en esa diversidad estriba la posibilidad de que cada miembro de la Iglesia la enriquezca con su aporte para lograr la unidad.

8.  El Papa Juan Pablo II llamó a todos los miembros de la Iglesia a un gran desafío en el tercer milenio: “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo”(Cf.. NMI 43)

9.  Los hombres y las mujeres del siglo XXI no podemos ser indiferentes a esta invitación. Por eso es necesario promover una “espiritualidad de comunión que “significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad” y mirar al hermano como « uno que me pertenece », para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. (...) ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un  «don para mí », (...) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias” (Cf.. NMI 43), y aceptando el que sea diferente e incluso que piense y actúe diferente de mí.

10. El MCC, como movimiento eclesial, debe vivir este espíritu de comunión de la Iglesia. Y debe, además, enseñar a vivirlo, no sólo entre los propios responsables del movimiento, sino también entre todos los hombres y mujeres que vivan la experiencia del Cursillo.

11. El MCC, que procura la conversión del hombre y de la mujer para que vivan la reconciliación y la comunión con Dios, consigo mismo y con los demás y el mundo en que viven, y que tiene como finalidad última la fermentación evangélica de los ambientes por el testimonio vital de la persona convertida, sólo lo logrará si procura vivir esta comunión hacia dentro de sí mismo, en sus dirigentes y en sus estructuras: “Que todos sean uno para que el mundo crea” (Jn 17,23).

 12. Por eso, el MCC debe ser, también él, “casa y escuela de comunión”. Para recorrer este camino nos proponemos en sus diferentes niveles de estructuras: diocesano, nacional, internacional y mundial, desarrollar entre nosotros estas actitudes prioritarias:  

a) Apertura interior al don de la comunión y a la llamada a crearla entre nosotros como tarea urgente.

b) Aceptación mutua con actitud humilde y fraterna entre todos nosotros.

c) Dialogo y participación de todos los dirigentes en el quehacer del Movimiento.

d) Relaciones que favorezcan el amor que reconcilia, perdona, acepta, acoge y respeta.

e) Disposición que posibilite la amistad, la convivencia y la alegría en nuestros espacios comunitarios: reuniones de grupos, ultreyas, escuelas, secretariados y grupos internacionales.

f)  Estudio para formación sobre los diversos aspectos del movimiento que favorezcan la unidad de criterios y actuaciones, por ejemplo la Historia del MCC, carisma original, Estatuto del OMCC, etc.

g) Presencia y colaboración en la pastoral parroquial y diocesana.

h) Testimonio coherente que sea señal y signo de comunión en la familia, trabajo y ambientes.

 

FIDELIDAD Y RENOVACIÓN

13. Tenemos la gozosa convicción de que en el MCC estamos viviendo un kairós excepcional: una hora llena de gracia para el discernimiento. Creemos firmemente que estamos llegando a la madurez eclesial.

14. Pero estamos conscientes, además, de que esta madurez depende del equilibrio entre la fidelidad al carisma original y la fidelidad a la necesaria renovación que inspira el Espíritu de Dios según las necesidades de los hombres y las mujeres de nuestro mundo.

15. Agradecemos a Dios el magisterio de Juan Pablo II, que ha proclamado la síntesis de fe que arroja luz definitiva en la búsqueda de la comunión entre carisma e institución: “Los aspectos institucional y carismático son casi co-esenciales en la constitución de la Iglesia y concurren, aunque de modo diverso, a su vida, a su renovación y a la santificación del pueblo de Dios.” (Discurso de Juan Pablo II en el Encuentro de Movimientos Eclesiales, Pentecostés de 1998)

16. El MCC es cada día más universal, encarnado en culturas, etnias y pueblos diferentes. Se ve, pues, simultáneamente, enriquecido y desafiado por la diversidad. Para mantener su originalidad se levantan permanentemente reclamos a la fidelidad, al mismo tiempo que se oyen voces que invitan a la necesaria renovación y actualización, pues el carisma inicial es retado por nuevas posibilidades y situaciones que no habían sido sospechadas al inicio.

17. El reto, pues, se plantea a los dirigentes del MCC del siglo XXI: ser fieles al carisma que el Espíritu inspiró en los inicios y seguir respondiendo, según el mismo Espíritu, a las necesidades del hombre y de la mujer de hoy y al mundo en que cada uno de ellos vive y trabaja.

18. A este desafío es absolutamente necesario e insoslayable responder. Y los dirigentes del MCC hemos comprendido que no se trata de escoger entre dos opuestos, sino de la integración de ambos (fidelidad y renovación): fidelidad al carisma y renovación del Movimiento para seguir respondiendo a las demandas del mundo actual.

 

19. Consideramos, en estos momentos de madurez institucional, que se impone, a la luz del Magisterio de la Iglesia y de la aprobación del Estatuto del OMCC, una revisión y actualización de nuestras Ideas Fundamentales, ellibro base en el que se especifican nuestra Mentalidad, Esencia, Finalidad y Método, como expresiones concretas de nuestro carisma, para responder a la exigencia de renovación a la que es llamado el MCC.

20. Para dar respuesta a esta necesidad, consideramos estos aspectos:

a)  Reconocimiento de Ideas Fundamentales como el libro indispensable, en orden a la comunión, como guía y dirección del MCC.

b)  Consenso en la necesidad de revisar y actualizar Ideas Fundamentales con lenguaje sencillo y la incorporación de un capítulo sobre el carisma y la historia del MCC.

c)  Adecuación de Ideas Fundamentales al Estatuto aprobado para el OMCC.

d)  La participación y consulta previa de todos los Secretariados diocesanos, nacionales y grupos internacionales al trabajo de la Comisión que se encargará de la revisión y actualización de lo que sería la tercera redacción de Ideas Fundamentales.

e)  Dicha Comisión deberá estar conformada por tres miembros de cada grupo internacional (laico, laica y sacerdote) y deberá ser coordinada por el país que sea designado por el Comité Ejecutivo del OMCC. La Comisión estará presidida por el Presidente del Comité Ejecutivo del OMCC. Una vez constituida la Comisión, ésta elaborará el íter a seguir en la elaboración de los trabajos.

 

EL MCC Y LA NUEVA EVANGELIZACION

21. El Papa Juan Pablo II, en su alocución al CELAM, el 9 de marzo de 1983, pidió a los Obispos: “Un compromiso vuestro como Obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de reevangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión.

22. En el MCC entendemos la novedad del ardor como la necesaria renovación en una santidad de vida fruto del encuentro personal con Cristo en la oración y en la Eucaristía, de la vivencia de una espiritualidad que promueve la comunión que desemboca en un entusiasmo misionero.

23. Entendemos la novedad en el método y en la expresión como la actualización y renovación continua de los medios de servicio que harán posible un anuncio de la persona, el mensaje y la obra de Jesús más comprensible para el hombre y la mujer de hoy, logrando así una mejor labor del MCC en la Iglesia y en el mundo.

24. El mismo Juan Pablo II, en su Carta Encíclica Redemptoris Missio, nos recalcó la urgencia con que se nos reclama a todos los miembros del pueblo de Dios nuestra incorporación para realizar esta nueva evangelización: “Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos” (RMi 3)

25. El MCC, movimiento eclesial, que tiene como finalidad el anuncio del kerigma en orden a la fermentación evangélica de los ambientes, ha querido reflexionar durante este Encuentro Mundial acerca de la urgencia del compromiso de realizar la nueva evangelización.

26. El MCC reconoce la necesidad de colocarse en la línea de convocatoria a la Nueva Evangelización a la que ha sido llamada toda la Iglesia. Por ello, nos comprometemos a lo siguiente:

27. Para renovar el ardor:

a)  Iniciar un proceso de discernimiento sobre la espiritualidad propia del MCC, siendo fieles a nuestro carisma.

b)  Promover un espíritu de conversión continua, mediante un encuentro personal e íntimo con Cristo, que apunte a la vida en santidad.

c)  Dar lugar prioritario a la experiencia de la oración y a la vida sacramental, con especial énfasis en la Penitencia y la Eucaristía.

d)  Animar a una formación personal y comunitaria en los valores humanos, las virtudes cristianas y en la vivencia de los dones del Espíritu.

28. Para renovar el método:

a)  Ya que la novedad del método se fundamenta en el testimonio cristiano, es indispensable la coherencia entre fe y vida de los cursillistas.

b)  Renovar el MCC mediante la incorporación y formación de una nueva generación de jóvenes dirigentes, integrándolos en sus diversas estructuras.

c)  Mantener una actitud de revisión y actualización conforme a las exigencias del mundo de hoy.

d)  Insistir en la necesidad de que la proclamación del mensaje en el MCC sea cristocéntrico, kerigmático y vivencial.

29. Para renovar la expresión:

a)  Cuidar que el mensaje proclamado sea hecho de una manera real, viva y directa y fácil de entender a todo nivel.

b)  Anunciar a un Cristo total, verdaderamente vivo y actual, respondiendo a las esperanzas de los hombres y mujeres de hoy.
 

30. De acuerdo al carisma original y respetando lo esencial del MCC, sugerimos las siguientes líneas de acción en los tres tiempos del método, para mejor responder a los retos que nos plantea la nueva evangelización:

31. En el Precursillo:

a)  En la línea de la Pastoral Ambiental, insistir a los Secretariados Diocesanos en la necesidad del estudio y selección de los ambientes prioritarios.

b)  Asegurar la inclusión y presencia de jóvenes entre los candidatos al Cursillo.

c)  Seleccionar a los verdaderos líderes de los ambientes prioritarios
 

32. En el Cursillo:

a)  Enfatizar la necesidad de rollos verdaderamente vivenciales.

b)  Insistir en la necesidad de testimonios preferentemente de presencia laical en las realidades del mundo, y no sólo intraeclesiales.

c)  Potenciar el acompañamiento personal durante la realización del Cursillo, principalmente en la labor de pasillo.

d)  Asegurar que los componentes del Equipo sean miembros activos de la Escuela.

e)  Exigir que los miembros del Equipo tengan una verdadera vida apostólica y un correcto conocimiento del MCC.
 

33. En el Poscursillo:

a)  Asegurar el seguimiento personal de los nuevos cursillistas en los Grupos y en las Ultreyas.

b)  Promover que la Escuela sea un sitio de estudio, reflexión y discernimiento sobre el MCC y las realidades del mundo, para el fomento del compromiso apostólico de los dirigentes ante esas realidades.

c)  Que los Secretariados Diocesanos disciernan con creatividad otras actividades en el Poscursillo para fomentar la espiritualidad y el compromiso apostólico.

d)  Fomentar la comunión con otros movimientos eclesiales y con las diversas pastorales diocesanas y parroquiales.

 

CONCLUSIÓN

34. Al finalizar nuestro Encuentro Mundial, los dirigentes del MCC nos comprometemos a seguir trabajando en favor de la unidad para la vivencia comunión, en orden a dar un testimonio eficaz ante el mundo (Cf.. Jn 17,20)  Reconocemos la actualidad de nuestro Movimiento hoy, particularmente en el contexto de la Nueva Evangelización, en el inicio del Tercer Milenio.

35. Encomendamos nuestro futuro a la intercesión de nuestro Patrono, San Pablo, y de nuestra Madre María, Nuestra Señora Aparecida, Patrona del país que nos ha acogido en este Encuentro, y confiamos en que su mano maternal y amorosa nos conducirá por los caminos que llevan a Jesús.

    

Mariápolis, Sao Paulo, 30 de octubre de 2005.

 

      

  Movimiento de Cursillos de Cristiandad; Copyright © 2007, Secretariado Arquidiocesano de Arequipa (Perú). Revisado: Jueves, 27 Septiembre 2007