2º ENCUENTRO MUNDIAL DE DIRIGENTES

DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD

 Tlaxcala, México 17 al 21 de Mayo 1970

 

 

 

 

DECLARACIONES

 

IGLESIA.-

 

El Padre Eterno creó el mundo universo por el libérrimo y misterioso designio de su sabiduría y de su bondad, y decretó elevar a los hombres a la participación de su vida divina. (L G, 2)

Caída la humanidad por el pecado, no fue abandonada de Dios. Vino el Hijo, enviado por el Padre, que nos eligió en El antes de la creación del mundo, y nos predestinó a la adopción de hijos, porque en El se complació restaurar todas las cosas” (L G, 3) “Consumada la obra que el Padre confió al hijo en la tierra, fue enviado al Espíritu Santo en el día de Pentecostés, para que indefinidamente santificara la Iglesia... Así, toda la Iglesia se manifiesta como una muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu santo” (L G, 4).

“Es característico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada en la acción y dotada de elementos invisibles, entregada en la acción y dada a la contemplación presente en el mundo y, sin embargo, peregrina, y todo esto, de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos” (S, C, 2)

La Iglesia es, además, Cuerpo Místico de Cristo, sacramento universal de salvación y pueblo de Dios en marcha, a partir de la vocación de Israel hasta la Iglesia en dimensión mundial: Iglesia peregrinante hasta la consumación de su estado final.

Por tanto, en el plan de Dios, está claro que no basta una realidad interior e invisible. Es necesaria la realización externa, concreta y total de nuestra comunión. Vale decir: de nuestra comunidad. La Iglesia es consciente de que el plan de Dios coincide con las exigencias que El mismo ha puesto en el hombre.

Como realización externa “la Iglesia que, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la Verdad Divina y continuará esta búsqueda hasta que en ella se cumplan los designios divinos” (DV, 8), sabe también que debe buscar la palabra de Verdad que le viene en la vida y en la historia para ser recibida y encarnada. La Iglesia sabe que ella debe vivir abierta a esta historia, es decir a algo que se realiza en el filo del tiempo.


PASTORAL.-

Por eso, nosotros, miembros de la Iglesia, amamos al mundo que es el objeto del amor y del interés de Dios. No podemos olvidar que la Iglesia es inseparable del mundo, mundo físico y humano. Esta afirmación lleva dentro de sí una carga insospechada de consecuencias y compromisos para todo cristiano. Precisamente, para que la Iglesia pueda ofrecer a todos el misterio de la Salvación y la Vida traída por Dios, debe insertarse en todo los grupos humanos con el mismo afecto con que Cristo se unió por su Encarnación a las condiciones sociales y culturales de los hombres con quien convive.

Esta misión la realiza la Iglesia mediante la Pastoral.

La acción pastoral de la comunidad eclesial está destinada a llevar a todos los hombres a la plena comunión de vida, con Dios y en la comunidad visible de la misma Iglesia.

Esta acción pastoral debe abarcar, por lo tanto, todo los ambientes y estructuras en donde se desarrolla la vida del hombre, llevando su influjo a todo el orden temporal e impregnándolo con el espíritu del Evangelio, en un actitud de servicio y caridad.

Según eso, toda la Iglesia, como Pueblo de Dios, queda comprometida en esta acción, como un todo orgánico.


PASTORAL Y CURSILLO

Los Cursillos de Cristiandad, como movimiento de Iglesia, no pueden ser considerados como una cosa aparte de la Pastoral de la Comunidad Eclesial. Son un elemento y un instrumento de esa Pastoral en uno de sus aspectos, la PASTORAL PROFÉTICA; y dentro de la PASTORAL PROFÉTICA, de la PASTORAL KERIGMÁTICA. Fieles a su esencia, finalidad y método, deben estar al servicio de la pastoral orgánica de la diócesis.

En consecuencia, ponen al servicio de la comunidad los medios de su propio método, en permanente actitud de adaptación, para que el cristiano llegue a ser fermento del Evangelio en su comunidad y para que los grupos, que del Movimiento se originan, se inserten en las realidades humanas, como fermento comunitario.

Cuanto mayor sea la mentalidad de los responsables del Movimiento hacia las fuerzas vivas de la Iglesia y hacia las realidades concretas ambientales y socioeconómicas, más eficaz será esta inserción.

La apertura deberá realizarse en dos líneas simultáneas: hacia fuera, informando a dichas fuerzas vivas de las posibilidades del Movimiento de Cursillos, para que se le pida ni más ni menos que lo que puede y debe realizar. Y hacia adentro trasmitiendo al Secretariado este conocimiento de las realidades para que pueda hacer la planificación del Movimiento, de acuerdo con las realidades concretas de Iglesia y Mundo donde se desenvuelve. Esta apertura supone una profunda conversión y renovación, personal e institucional.

Para alcanzar esa apertura es necesario que, bajo la responsabilidad del secretariado, se concientice a los cursillistas y especialmente a los dirigentes, sacerdotes y laicos, de que estudien en grupos de reflexión específica todo lo relacionado con la Iglesia y con pastoral ambiental y la posición de los Cursillos de Cristiandad dentro de ellas, para conseguir así su proyección dentro de la Pastoral de Conjunto, en postura siempre humilde, abierta e insatisfecha.

Esta línea de pensamiento nos lleva a formular las siguientes observaciones para cada una de las tres fases del Cursillo.


Precursillo:

Reafirmamos necesarias las cualidades que siempre se han exigido de los candidatos al Cursillo: pero creemos necesario insistir en que los candidatos sean personas con madurez, al menos en potencia y que puedan ser fermentos de cristiandad, con inquietud social.

El Precursillo será preferentemente una actividad apostólica de una comunidad cristiana, porque los hombres que se pretende llevar a Cursillos deben ser buscados y preparados en un acción comunitaria (trabajo de grupos, comunidades de base) y en orden a una futura integración en un grupo para vertebración de la cristiandad.


Cursillo:

Puesto que esta visión comunitaria ha sido siempre algo peculiar al Movimiento de Cursillos de Cristiandad, éste tienen derecho a esperar del Cursillo como método:

El Post-cursillo debe propiciar el pleno desarrollo de esta mentalidad y asegurar lo logrado en el Cursillo, sobre todo a través de la Escuela de Dirigentes y la Ultreya.

Es necesario que la figura de Cristo “Encarnado” en el mundo y solidario del destino de todos los hombres, sea presentada con carácter de Liberador. Por esto juzgamos que se debe hacer hincapié en el aspecto de la Iglesia como Pueblo de Dios, realización histórica de ese Cristo Liberador, insistiendo en su dimensión solidaria humana.

Por eso afirmamos que el Movimiento de Cursillos pretende realizar una conversión personal evangélica del Cursillista. Esto es, reestructurar toda su vida sobre el verdadero eje, que debe ser Jesucristo Resucitado en su Misterio Pascual, y, de esa manera, integrarlo consciente y responsablemente en la historia de la salvación y proyectarlo como “Hombre Cristiano en la construcción del mundo nuevo, que sea auténtica comunidad de amor”.

Con relación a esta comunidad de amor es necesario insistir sobre la urgencia de vivir una escala de valores real y cristiana, ya que, de no producirse eso, correríamos el peligro de desarrollar el individualismo. En el desenvolvimiento de nuestra escala de valores haremos posible captar más fácilmente los signos de los tiempos y, al interpretarlos y vivirlos, desarrollaremos una comunidad solidaria y cristiana.

El Movimiento de Cursillos tendrá que buscar el equilibrio entre la persona y la comunidad.


Post-Cursillo:

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad siempre ha buscado colaborar con la acción de toda la Iglesia en la promoción de la comunidad cristiana; no obstante, su colaboración se ha visto limitada por algunas deficiencias, como por ejemplo el caer en grupos cerrados, en situación de ghetto, en Reuniones de Grupo y Ultreyas exclusivamente como medios de perseverancia, sin proyección comunitaria, etc.

Para evitar todo esto, sin comprometer la esencia, finalidad y método del Movimiento, se debe mejorar la actitud de solidaridad, mentalizado y conscientizando a los cursillistas, y, especialmente, a los dirigentes, acerca de la promoción del hombre, la consolidación y espiritualidad de su propia familia y la de los otros y del compromiso con los hermanos en todos los planos, así como también acerca de la colaboración y servicio de las campañas de caridad y apostolado, inclusive al nivel internacional.

Sin embargo, el compromiso social del cursillista no deberá ser tanto fruto de una motivación exterior, como de una toma de conciencia de su compromiso y unión con Cristo. La proyección social no es un objetivo, es una consecuencia del compromiso bautismal. No es propiamente el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, como institución, sino el cristiano el que debe tomar el compromiso dentro de lo temporal.

Reconocemos que muchas de las deficiencias que se notan el Post-Cursillo se deben principalmente a la mentalidad de algunos dirigentes, como consecuencia de una defectuosa visión de la Pastoral de la Iglesia y de las realidades y problemas de su mundo.

Por eso la Escuela cuidará de su formación cristiana integral al mismo tiempo que de la formación específica como dirigentes del Movimiento, ya que éste será lo que sean aquellos.

Los dirigentes deben responsabilizarse de la perseverancia de los que asistieron a un Cursillo, durante un tiempo prudencial, mientras se incorporan plenamente a su comunidad cristiana.

La perseverancia específica dentro de las estructuras del Movimiento, no agota la auténtica vida comunitaria del cristiano que participó de un Cursillo, ni tampoco las responsabilidades del propio movimiento: por lo que tenemos que aceptar que la Ultreya es una comunidad de educación en la fe y de transición, para vivir en intima colaboración CON LAS ESTRUCTURAS ECLESIALES, en una acción pastoral de conjunto. En esta línea de pensamiento creemos que la dinámica comunitaria de la reunión de grupo y Ultreya (salvadas las diferencias) permite la posible participación de cristianos que no hayan hecho un Cursillo, pero que comparten la vivencia del cristianismo y su compromiso, sobre la base de la amistad.

En el Post-Cursillo, igual que en el Cursillo, se debe motivar para fomentar Comunidad Eucarística, teniendo como línea central la sacramentalidad de la comunidad.

El Pueblo de Dios no solamente es conducido e invisiblemente sostenido por el espíritu de Cristo, sino que además, según la voluntad de su Fundador, tiene que formar una verdadera familia visible. Debe hacer patente lo que todos veían en la primera comunidad cristiana: que eran un solo corazón y una sola alma. Esto exige que en la Cristiandad Católica, pequeñas cristiandades se reúnan alrededor de la Mesa Eucarística, para vivir la unidad y para comunicar esa unidad de amor.


Recomendaciones:

Suscítese una renovación progresiva de esquemas y rollos a la luz del Vaticano II, de las Conferencias Episcopales, Encuentro Mundiales de Cursillos, teniendo en cuenta los ambientes, circunstancias y necesidades de la Iglesia en cada país. Para acertar en esta adaptación habrá que conocer a fondo lo fundamental, lo importante y lo accidental. Es esto un cometido de los Secretariado Nacionales, que pueda aquilatarse en encuentro internacionales en encuentro internacionales, procurando suscitar el desarrollo en la identidad de la esencia, finalidad y método.

Téngase más en cuenta en el Precursillo a los obreros, campesinos y jóvenes, que, al convivir y compartir las vivencias del Cursillo, pueden contagiar con eficacia las inquietudes que ellos viven en carne propia.

Promociónense, dentro del Movimiento, donde no se haga, con especial atención, a la mujer, reconociendo su papel en la Iglesia y en el mundo y su lugar en las estructuras del mismo movimiento.

Insístase en mantener, frente a la tendencia desacralizadora, las formas externas de espiritualidad en todas las manifestaciones y actos del Movimiento.

Impúlsense las comunidades de base territoriales o ambientales a través de las Reuniones de Grupo y Ultreya.

Hágase en las Escuelas un serio y profundo estudio del contenido de los rollos y de su concatenación, a fin de lograr un mejor y más clara conciencia de la dimensión comunitaria de la Salvación. Así podrían los dirigentes transmitir esta actitud a nivel de vivencia en Ultreyas, Reuniones de Grupo y contactos personales.

Capacítese a los dirigentes para que sepan interpretar los signos de los tiempos poniendo una atención especial en la reflexión sobre el tema de la Gracia en relación con las realidades terrestres (cultura, trabajo, economía, etc.).

Procúrese, para obtener mejores frutos, facilitar todo lo que lleve al Movimiento a una mayor comunicación con su medio ambiente y evítese todo lo que tienda a aislarlo o encerrarlo en sí mismo.

Los frutos del Encuentro requieren de todos:

-           Una progresiva conversión personal y estructural.

-           Una renovación de mentalidades, actitudes y conductas.

 

Un mayor espíritu de apertura y compromiso, características todas de las Iglesia de hoy.

 

 Tlaxcala, México

21 de mayo de 1970

 

 

     

  Movimiento de Cursillos de Cristiandad; Copyright © 2007, Secretariado Arquidiocesano de Arequipa (Perú). Revisado: Jueves, 27 Septiembre 2007