8º ENCUENTRO INTERAMERICANO DE DIRIGENTES

DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD
Buenos Aires, Argentina, 8 al 11 de Septiembre 1992

 

 

 

DOCUMENTO FINAL

 

EL MCC hacia la Nueva Evangelización de la Cultura

 

INTRODUCCIÓN

 

En Buenos aires se reunió el VIII encuentro Interamericano del MCC, en el contexto de la celebración del V Centenario. En consecuencia, y en cumplimiento del deseo del VII Encuentro realizado en Caracas, el tema fue el mismo que van a tratar nuestros Obispos en su reunión de santo Domingo: “Nueva Evangelización, promoción humana, cultura cristiana”. Como siempre lo ha hecho el MCC, queremos ponernos en línea con lo que piensa, siente proyecta la Iglesia de nuestro continente. Ante todo, sintetizamos loa nuevos desafíos que percibimos en nuestra realidad cultural.

 

I.- DESAFÍOS QUE PRESENTA LA REALIDAD DE LA CULTURA
EN AMÉRICA LATINA A LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

 

En América Latina se da la coexistencia de nuestras propias culturas y de una nueva cultura universal, con la consecuente interdependencia cultural.

 

La cultura adveniente, generada a partir del urbanismo y la industrialización, apoyada por la presencia de las sectas y transmitida por los medios de comunicación social, trae consigo profundos desvalores que contradicen los más vitales valores de la cultura latinoamericana.

 

La concurrencia de estas culturas, dad la imposibilidad de aislamiento de las dominantes, da como resultado una nueva cultura naciente en América Latina. Dicha cultura tiene como elementos característicos: el deseo de autonomía del hombre, la revalorización de la persona humana, el proceso de manifestación y despersonalización, el pluralismo cultural, ético y religioso, y otros. Esta nueva realidad cultural debe ser evangelizada a fin de enriquecerla con los valores humano-cristianos de nuestra cultura.

 

Dentro del contexto de nuestra realidad cultural, los puntos neurálgicos que deben ser evangelizados prioritariamente son los siguientes:

 

1) La concurrencia de culturas en América Latina ha generado, entre otros efectos, una serie de trastornos como la tendencia antinatalista, la distancia generacional entre padres e hijos, el divorcio, etc., cuya consecuencia ha sido un concepto y una vivencia de la familia en contraste con los valores fundamentales de la fe cristiana. Esta nueva realidad familiar con sus aspectos socioculturales y sus tendencias hacia el futuro deben ser encarnados en una nueva perspectiva evangelizadora.

 

2) una cultura en trasformación y cambio profundo afecta prioritariamente a la juventud y presenta un serio desafío para la educación de nuestras nuevas generaciones. Tanto los padres de familia como las instituciones y el mismo sistema educativo se ven desafiados en su creatividad y en su responsabilidad de preparar verdaderos agentes de cambio comprometidos en la construcción de una sociedad más humana y más justa.

 

3) América Latina, un continente que encontraba la explicación de la historia en verdades religiosas absolutas, se encuentran invadida por la racionalidad científica y su consecuente tecnología, acelerando procesos de secularización. El reto de evangelizar la cultura tecnológica significa conjugar el proceso técnico y científico inevitable y necesario con un concepto humanista y cristiano de progreso y bienestar social.

 

4) Los planteamientos económicos con que hoy día se encara el desarrollo y la condición económica de nuestros países se basan en los postulados del neoliberalismo que, aunque afirma querer escapar del capitalismo salvaje, subordina la persona humana a los intereses del sistema. De hecho, un materialismo cada vez más fuerte, con sus secuelas de consumismo y hedonismo, exaltan al tener más y más por encima del ser hombre y ser persona. Dicho afán de ganancia excesiva ha llevado en algunos casos a hacer del narcotráfico el apoyo financiero de crímenes en contra de la persona y de la sociedad humana.

 

5) Aunque marcado dolorosamente por inmensas masas de desempleados, nuestro continente esta en proceso de industrialización, lo que evidencia la importancia del mundo laboral y la cultura del trabajo. Esta debe ser evangelizada a fin de poner en su centro a la persona humana y su trabajo y darles prioridad sobre la técnica y el capital.

 

6) Muchas estructuras socio-políticas y económicas de nuestros países conspiran contra la justicia social, los derechos humanos y el bien común, produciendo enormes masas empobrecidas y diversos tipos de migración en el continente. La brecha creciente entre los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres desafía profundamente el alcance y la metodología con que se debe encarar la opción preferencial por los pobres.

 

7) El reto que presenta el proceso del paso de la cultura tradicional agraria de nuestros pueblos a la cultura urbanoindustrial, es cómo lograr la suficiente humanización que convierta a nuestras ciudades en espacios habitables para todos y cada uno. De lo contrario, continuarán elementos deshumanizadores y anticristianos como la soledad afectiva, la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, el desprecio por la vida humana y la inseguridad colectiva, entre otros.

 

8) E ejercicio de la política está frecuentemente marcado en nuestro continente por la corrupción, la impunidad, la carencia de participación política y búsqueda del poder personal, con desconocimiento de los valores éticos fundamentales. A su vez, y para superar tal situación, está naciendo una nueva cultura política que permitirá el paso de una democracia dirigida y formal a una democracia real y participativa, apoyada en movimientos de origen popular. Estos nuevos centros de decisión política retan a la Iglesia para una evangelización de lo político. En nuestros países se dan situaciones de violencia institucionalizada que provoca respuestas igualmente violentas, que no son evangélicas ni cristianas.

 

9. El avance tecnológico indiscriminado trae consigo una progresiva destrucción de la naturaleza, de depredación del medio ambiente y la pérdida de los recursos naturales, lo que constituye un verdadero atentado contra los derechos humanos. Esta situación requiere una atención preferente para evitar catástrofes y perseverar un espacio habitable para todos

 

La Nueva Evangelización nos compromete a corregir el desequilibrio ecológico a fin de responsabilizar al hombre con respecto a la naturaleza y solidarizarlo con las generaciones futuras.

 

10) En el campo religioso se ha acrecentado, sobre todo en vastos sectores de nuestra cultura urbana, el fenómeno de la increencia entendida ya sea como negación de la existencia de Dios o la distorsión de su imagen, ya sea sobre todo como indeferencia teórica o práctica. El sincretismo religioso, el secularismo creciente y la expansión de las sectas que provocan una continua erosión de la tradición católica desafían la Iglesia a una acción auténticamente evangelizadora y a superar una pastoral tradicionalmente de conservación.

 

La misma religiosidad popular, síntesis cultural de la primera evangelización, reclama también ser evangelizada a fin de que se logre la nueva síntesis entre la fe y la cultura naciente.

 

11) En este Quinto Centenario de la primera evangelización, la comunidad eclesial se ve desafiada también por la situación en que se encuentran tantos miles de indígenas diseminados por nuestra geografía continental. La Iglesia siente el reto de evangelizar integralmente estas culturas milenarias, con una evangelización nueva en sus métodos y en sus expresiones que respete los valores autóctonos y los enriquezca con la verdad del Evangelio.

 

Nuestra realidad cultural presenta también una serie de factores positivos que desafían igualmente a la Iglesia y a nuestro Movimiento en su compromiso con la nueva evangelización de las culturas. Entre ellos, consigamos los siguientes:

 

a) Nuestros pueblos se caracterizan por una real hambre de Dios y un modo característico de vivir señalado por una serie de valores humanos y cristianos. Entre ellos cabe destacar: la amistad, la hospitalidad, la solidaridad, el sentido de lo festivo, la sensibilidad ante el dolor ajeno, la vivencia familiar y otros. Estos rasgos de la cultura latinoamericana se ven desafiados por la cultura adveniente y corren el riego de ir perdiéndose en aras de la organización, la eficiencia y el supuesto desarrollo moderno.

 

b) Hoy día cabe destacar la presencia de un nuevo fenómeno cultural, la poderosa y casi irresistible aspiración de los pueblos a la liberación, fenómeno amplio, pero vivido bajo formas y en grados diferentes, según los pueblos. Junto con ello hay una profunda aspiración de los pueblos a la justicia y una tendencia humanizadora, llena de signos de esperanza (IFMCC, 44). En este mismo sentido, se debe destacar también el lento, pero creciente protagonismo que va adquiriendo la mujer en el contexto social y eclesial de nuestros países. Así mismo, el surgimiento de una juventud con deseos de autenticidad, que cuestiona la incoherencia de una buena parte de la sociedad y de la Iglesia actual.

 

c) Nuestra Iglesia, ciertamente santa y pecadora, ha sido y sigue siendo en gran medida instrumento de humanización, intrépida luchadora por la justicia y defensora de la dignidad y de los derechos de los hombres, especialmente de los pobres, marginados e injustamente tratados. Esta postura de la Iglesia ha sido marcada frecuentemente por el signo del martirio. La presencia de laicos comprometidos, sobre todo en los movimientos y en la acción intraeclesial, presenta a la Iglesia en esta nueva coyuntura el gran desafío de la Evangelización de los ambientes temporales. Gracias a Dios ha ido creciendo en los últimos tiempos la conciencia de la necesidad de la doctrina social de la Iglesia para ir logrando un verdadero y proficuo diálogo entre fe y cultura.

 

 

II.- ELEMENTOS DE JUICIO PARA EVALUAR LA ACCIÓN DEL MCC ANTE LOS DESAFÍOS DE LA REALIDAD CULTURAL DE AMÉRICA LATINA

 

Las luces y sombras, las angustias, esperanzas y desafíos que encierra nuestra realidad cultural, los percibimos con mirada de fe y corazón de cristianos, iluminados por el Evangelio, el magisterio de la Iglesia y las Ideas Fundamentales del MCC. Atentos a los signos de los tiempos, queremos realizar en nuestra historia contemporánea el designio salvífico del Señor. Para ello, explicitamos nuestras convicciones fundamentales.

 

1) Los Fundamental Cristiano “es el Reino de Dios con cuyo anuncio comienza Cristo su ministerio apostólico”  Por tanto, “nuestra adhesión a lo fundamental cristiano equivale a la adhesión al reino de Dios y su justicia” (IFMCC, 120, 58), al reino del amor, la verdad y la paz.

 

Ahora bien: el reino de dios tiene un rostro y un nombre propio, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, Profeta grande en obras y en palabras, que pasó por el mundo enseñando y haciendo el bien, que nos envía a nosotros, como sus primeros discípulos, a ir por el mundo a liberar al hombre de toda esclavitud.

 

2) La Iglesia es “el cuerpo de Cristo que vive en la historia”, es Cristo prolongado por los siglos. Ella es sacramento del reino, y como tal, servidora del hombre. Su más profunda identidad es la evangelización de la cultura y las culturas del hombre, evangelización entendida como el anuncio y construcción del único absoluto. El reino de Dios.

 

Para ser fiel a Cristo y al hombre que quiere salvar debe ser pobre, misionera y pascual, libre y liberadora: “desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida en la liberación de todo el hombre y de todos los hombres” (IFMCC, 62). Esta es la Iglesia que nosotros debemos y queremos construir ya que para nosotros ser y sentirnos Iglesia, comprometernos como Iglesia, es la razón válida que justifica nuestra existencia como Movimiento (IFMCC, 634).

 

3) La Iglesia, el MCC, cada uno de nosotros, debe “estar atento a la vida de los hombres y al dinamismo de su historia personal y colectiva, tratando de descubrir a la luz de la palabra y a través de los signos de los tiempos (IFMCC, 640) cómo servir a la persona humana en toda su dignidad, al hombre en todas sus dimensiones (IFMCC, 59). En efecto, el MCC debe ser fiel a la totalidad del hombre. “Somos humanos y nada de lo que es humano no es extraño”. Nuestro compromiso se deriva del compromiso con el Reino de Dios “con toda su dimensión salvífica, que abarca la transformación de toda la vida y de toda la realidad humana, de todo el hombre y de todos los hombres” (IFMCC, 58). Es la concreción del señorío universal de Jesucristo. Por eso “en el corazón de la nueva evangelización está la opción preferencial y solidaria por los pobres”. Ellos hacen a la Iglesia un profundo llamamiento: la Iglesia, es virtud de su compromiso evangélico, debe considerarlos tarea prioritaria (IFMCC, 659).

 

4) Por otra parte, sabemos que el hombre se realiza en su cultura.Por eso evangelizar la cultura es evangelizar al hombre. Por ello también, sólo “desde dentro y a través de la cultura la fe cristiana llega a hacerse histórica y creadora de historia, renovadora de sistemas y estructuras” (IFMCC, 657). “Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida” (Juan Pablo II a la Universidad Complutense, 3.11.82).

 

5) “El MCC, para cumplir su misión evangelizadora, optó por evangelizar preferentemente los ambientes decisivos, porque es en ellos donde simultáneamente se crea, se transmite y se transforma la cultura. Pero además, es allí donde se produce la ruptura entre el Evangelio y la cultura, entre la cultura y los valores, y allí también donde se recrea esa comunión” (IFMCC, 663).

 

Por ello también el Movimiento, solidario con la Iglesia, debe evangelizar el actual proceso de unificación cultural del continente, “teniendo en cuenta la diversidad de características, situaciones y problemas, en una acción pluralista, diversificada e inculturada; y al mismo tiempo, en una acción integrante y complementaria en la unidad de la Iglesia salvíficamente universal” (IFMCC, 658).

 

En síntesis, “ser y actuar como Iglesia, exige, pues, al MCC una comunión orgánica con la jerarquía, expresada en obediencia, diálogo, iniciativa y corresponsabilidad y la recíproca colaboración” (IFMCC, 646).

 

 

III.- LÍNEAS DE ACCIÓN CON LAS QUE QUIERE ENCARAR EL MCC LOS DESAFÍOS DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN DE LAS CULTURAS EN AMÉRICA LATINA

 

Al considerar los desafíos que nos presenta la realidad de la cultura en América Latina y reflexionarlos a la luz de nuestras ideas fundamentales, los dirigentes que participamos en el VIII Encuentro Interamericano del MCC, fieles a nuestra identidad y decididos a asumir plenamente los planes pastorales de nuestras Iglesias, nos comprometemos nosotros y el MCC con las siguientes líneas de acción, a fin de concretar nuestro papel en la nueva evangelización.

 

1) A fin de adherirnos plena, cordial y eficazmente a la Nueva Evangelización, el MCC debe reflexionar sobre sí mismo, profundizar y actualizar su propia identidad (ver IFMCC, 6) y el concepto mismo que tiene de evangelización (ver II Encuentro de asesores, III.1).

 

2) Para hacer frente a esos desafíos es necesario renovar nuestro ardor, realizando el ideal de santidad al que estamos llamados todos los fieles cristianos. “Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles en toda la historia de la Iglesia” (ChL, 16); por lo tanto, sólo los santos podrán llevar a cabo una real y eficaz nueva evangelización y transformar evangélicamente las culturas (IFMCC, 454).

 

3) este ideal de santidad debe estar sustentado por una espiritualidad laical que genere un tipo de cristianos: orante y contemplativo en la acción, coherente entre lo que cree y lo que vive, orientado hacia la solidaridad sobre todo con sus hermanos los pobres, con un estilo de vida austera y comprometida con la justicia, encarnado en las realidades temporales y encendido por una auténtica vocación misionera.

 

4) “Es punto de partida de la estrategia de la Escuela conformar una comunidad en la que todos sus integrantes se comprometan a ser inspiradores de grupos, núcleos o comunidades fermentadoras del Evangelio en los ambientes temporales” (IFMCC, 564).

 

Por consiguiente:

 

a) Del compromiso con la revitalización y actualización de nuestras Escuelas de Dirigentes depende en gran parte la calidad de la fermentación ambiental que nos exige la nueva evangelización.

 

b) Para ello, reconocemos la imperiosa necesidad de que los dirigentes consigan una adecuada formación integral (doctrinal, espiritual, humana, social y metodológica) a través de la Escuela de Dirigentes (IFMCC, 548-555). En ella deberán asimilar la mentalidad evangélica, conocer en  profundidad las Ideas Fundamentales del MCC, capacitarse para discernir evangélicamente su propia cultura y comprometerse con ella y así poder “acelerar la vivencia de los fundamental cristiano, en sí mismo, en el Movimiento y en los ambientes en donde se mueven” (IFMCC, 540).

 

5) “La enseñanza del pensamiento social de la Iglesia forma parte de la misión evangelizadora de la misma y tiene el valor de un instrumento de evangelización, porque ilumina la vivencia concreta de nuestra fe” (SRS, 41 y CA, 54). Consecuentemente, todos los cursillistas y en particular los dirigentes deben recibir una formación progresiva, sistemática y orgánica en la Doctrina Social de la Iglesia, asumirla, difundirla y sobre todo aplicarla en su propia realidad.

 

6) La cultura urbana, manifestada sobre todo en el individualismo, la manifestación y la despersonalización, deberá ser encarnada por el MCC con la creación de núcleos, grupos o comunidades ambientales. En ellos, cada cristiano podrá confrontar la vida con la fe, los determinantes culturales con el Evangelio, las experiencias penosas o gratificantes con el mensaje cristiano, de modo que tengan una comunidad de apoyo, un espacio para expresar su fe en un lenguaje que les sea más familiar, y un instrumento de fermentación evangélica.

 

7) “La Nueva Evangelización necesita nuevas comunidades en las cuales la fe consiga liberar y realizar todo su originario significado de adhesión a la persona de Cristo y su Evangelio, de encuentro y comunión sacramental con El, de existencia vivida en la caridad y en el servicio” (Juan Pablo II, a un grupo de obispo españoles). Estas palabras del Papa invitan al MCC a interrogarse sobre las estructuras del poscursillo, en particular las reuniones de grupo, teniendo en cuenta que ellas con un medio (no un fin) para lograr la santificación, el crecimiento en gracia y la maduración hacia el objetivo de llegar a ser grupos ambientales y/o verdaderas comunidades cristianas (ver II Encuentro Asesores, III, 4; IFMCC, 193, 437, 492, 497; VII Encuentro Interamericano, 4,3).

 

8) El insuficiente acompañamiento de los cursillistas es un hecho generalizado que resta eficacia a la acción transformadora del poscursillo. Ante la reiterada constatación de este fallo, hacemos nuestra la inquietud de nuestros asesores de que los secretariados nacionales se preocupen de que en su país se diseñe un procesos grupal de acompañamiento a los cursillistas que favorezca su formación integral hasta que logren formar una verdadera comunidad cristiana (ver II Encuentro Asesores IV, 1; IFMCC, 685-6; 597-2).

 

9) En consonancia con el magisterio de la Iglesia, el MCC debe sentirse comprometido con la promoción del hombre, ya que ésta no es un simple agregado, sino un elemento constitutivo de la misión evangelizadora de la Iglesia (ver EN, 29-30). Por consiguiente, el MCC como Movimiento de Iglesia debe ser corresponsable de la promoción de la promoción de la justicia social y de adoptar su carisma propio a favor de las masas empobrecidas y sufrientes de nuestros pueblos.

 

10) Para responder evangélicamente a la problemática social, política y científico-tecnológica, el MCC deberá dar prioridad a la fermentación cristiana de los “ambientes decisivos”, porque es en ellos donde simultáneamente se crea, se transmite y se transforma la cultura” (IFMCC, 663; ver EN, 19-20). En particular queremos destacar: la familia, la educación en todos sus niveles, los medios de comunicación social, las organizaciones intermedias y las estructuras económicas y políticas que condicionan la vida de nuestros pueblos.

 

11. Todo cuanto desafía la cultura del hombre, de la vida humana y de los derechos humanos debe encontrar un eco en la inquietud apostólica del MCC y de sus dirigentes. Por ello debe hacer suya la gran preocupación actual por la problemática ecológica, y en consecuencia, el MCC deberá promover la Teología de la creación y la Ética del uso de la tecnología.

 

CONCLUSIÓN

 

Los cursillistas del continente ponemos en las manos de María, Estrella de la Evangelización, estas líneas de acción que quiere dar el MCC a los desafíos de la Nueva Evangelización de las culturas en América Latina.

 

Somos conscientes de que el nacimiento de la nueva cultura latinoamericana, significa, también, un nuevo paso del Espíritu de Dios por nuestra historia. Con esta convicción asumimos nuestra responsabilidad en la Nueva Evangelización, llenos de esperanza y con la certeza que el Señor acompaña nuestro peregrinar.