9º ENCUENTRO INTERAMERICANO DE DIRIGENTES

DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD 

Ypacarai, Paraguay 4 al 7 de Septiembre 1996

 

 

ACUERDOS

 

La Inculturación del Evangelio desafío para el MCC

 

INTRODUCCIÓN

 

Los Dirigentes del MCC, reunidos en el IX Encuentro Interamericano, conscientes de la necesidad de la inculturación del Evangelio en nuestro continente, nos hemos dejado interpelar por nuestra realidad y hemos querido dar una respuesta inculturada a ella.

 

La Iglesia de nuestros días está comprometida con la inculturación. Dijo Juan Pablo II: Al desarrollar su actividad misionera entre las gentes, la Iglesia encuentra diversas culturas y se ve comprometida en el proceso de inculturación (RM, 52), pues lo que importa es evangelizar – no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de una manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces – la cultura y las culturas del hombre en el sentido rico y amplio que tienen estos términos en la Gaudium et spes, tomando siempre como punto de partida la persona y teniendo presentes las relaciones de las personas entre sí y con Dios (EN, 19-20)

 

La Iglesia en Latinoamérica ha escuchado la invitación del Papa Juan Pablo II a una evangelización inculturada, exigencia particularmente aguda y urgente (cf. RM, 52), para el anuncio de la salvación en nuestros tiempos. Y los dirigentes del MCC, Movimiento de Iglesia (cf. CL, 30) en el cual servimos laicos y sacerdotes íntimamente unidos, queremos también integrarnos en esta dinámica actual de nuestra Iglesia.

 

El modelo de la inculturación del Evangelio es la encarnación del Hijo de Dios. El Verbo de Dios, sin dejar de ser Dios, se unió a la naturaleza humana de un modo inconfuso, inmutable, indiviso e inseparable, y tiene las naturalezas divina y humana, sin que la divinidad pueda jamás separarse de la humanidad, ni la humanidad de la divinidad. El Verbo asumió, transformó y elevó los auténticos valores del ser hombre, integrándolos en la unidad de su persona – fue y es hombre perfecto, el único perfecto – y se radicó tan hondamente en la humanidad, que jamás dejará de ser hombre. El Verbo asumió las condiciones sociales y culturales de los pueblos y se hizo “verdaderamente uno de nosotros” (SD, 243)

 

La inculturación significa una íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante su integración en el cristianismo y la radiación del cristianismo en las diversas culturas humanas (Sínodo Obispos 1985, Doc. Final, II, D4)  Por ello, los Dirigentes del MCC, siguiendo el ejemplo del Hijo de Dios y fieles a la identidad de nuestro Movimiento, deseamos aportar lo nuestro a esta labor de la Iglesia.

 

 

I.- DESAFÍOS QUE PRESENTA LA REALIDAD LATINOAMERICANA A LA INCULTURACIÓN DEL EVANGELIO

 

La inculturación del Evangelio es un proceso que supone reconocimiento de los valores evangélicos que se han mantenido más o menos puros en la actual cultura, así como la incorporación de valores evangélicos que están ausentes de la cultura o porque se han oscurecido o porque han llegado a desaparecer (cf. SD, 230) Por ello debemos analizar aquellos aspectos de la realidad que nos interpelan y que constituyen desafíos a dicha inculturación.

 

Entre el gran número de situaciones que se pueden observar, destacamos las siguientes:

 

a) En el campo religioso

Vemos con preocupación que existe una marcada incoherencia en muchos cristianos entre la fe que profesan y su vida. en líneas generales, el laico carece de una auténtica formación religiosa, lo que contribuye a que se dé esa dualidad. Esa misma ignorancia religiosa ha hecho que el fundamentalismo proselitista de las sectas los nuevos grupos cristianos y otros, como la Nueva Era, encuentren muchos adeptos entre nuestros fieles católicos. Entre los cristianos comprometidos se encuentran quienes le dan mayor importancia a la acción apostólica intraeclesial que a la acción propia del laico en su realidad secular. Así mismo, el secularismo y el indiferentismo religioso han producido el alejamiento de Dios de muchos de nuestros hombres y mujeres latinoamericanos.

 

Reconocemos que existe hoy un despertar hacia lo trascendente, una mayor hambre de Dios. Aumenta el número de laicos que viven su pertenencia a la Iglesia. hay también una mayor inquietud en los fieles por ser sujetos y protagonistas en la Iglesia y en el mundo.

 

b) En el campo de la familia y la juventud.

El cambio histórico cultural ha causado gran impacto en la imagen tradicional de la familia. Cada vez son más frecuentes las relaciones prematrimoniales, las uniones libres, los divorcios y los abortos. Se abandona cada vez más a los ancianos. Se desconoce con demasiada frecuencia el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia y se subestima el sacramento del matrimonio. Nos desafía la cultura de la muerte y la mentalidad anti-vida. A esto se suma la manipulación genética y la fertilización en laboratorio.

 

Nos encontramos con una juventud que, en líneas generales, se caracteriza por una superficialidad y una ausencia de modelos válidos. Son víctimas de la drogadicción, del liberalismo sexual, del materialismo y de la manipulación.

 

No obstante, reconocemos también la existencia de auténticas familias cristianas donde se vive la unidad y la indisolubilidad. Familias que cumplen su misión de ser “como el Santuario de la vida”, “célula primera y vital de la sociedad” e “Iglesia doméstica”. Nos encontramos con jóvenes que quieren abrir su corazón a Cristo y que son testimonio de una sed de autenticidad.

 

c) En el campo de la educación.

El progreso y desarrollo de nuestros pueblos sufre serios retrasos por las definiciones de nuestros sistemas educativos. No hemos logrado una educación integral y encarnada en nuestras realidades, creando como consecuencia una deficiente conciencia crítica. La cultura sensorial desvía el interés por la lectura y el estudio. Por la deficiente formación, muchos creen y aceptan lo que les dicen, sin mayor cuestionamiento. Falta formación para lo solidaridad concreta y puntual, llegando a ser algo impersonal y ocasional. No hay igualdad de oportunidades para recibir educación.

 

Reconocemos que hay un despertar en el deseo de superación de algunos para poder responder a las exigencias de nuestra sociedad. En algunos países se han hecho importantes esfuerzos para universalizar la educación primaria y para capacitar a los trabajadores. Se han dado avances en la orientación del educando a favor de la vida, la participación cívica y cultural y hacia el designio de la autorrealización personal.

 

d) En el campo social.

La corrupción se ha convertido en el cáncer de nuestros países, amparada a su vez por la impunidad, que se sustenta en una falta de valores éticos y morales. El sistema neo-liberal se fija exclusivamente en las cifras macro-económicas, sin tomar en cuenta la calidad de vida de nuestras gentes, que, en definitiva, deben ser el centro de toda la vida económica. La aplicación de estas medidas neo-liberales no está conduciendo a un sistema neocolonialista. La brecha entre ricos y pobres, en vez de disminuir cada vez se hace más extensa, ocasionando que muchas personas vivan niveles alarmantes de pobreza crítica. Un fenómeno es el descontrolado crecimiento de las grandes ciudades con todas las carencias de infraestructura que esto acarrea. Se observa un excesivo consumismo donde el tener se ha convertido en el valor central, lo que lleva a que la persona se mida sólo por lo que tiene y produce y no por lo que ella es. En general, adolecemos de una gran falta de solidaridad. La violencia se ha enseñado en algunos países de nuestra región, creando situaciones de gran angustia y de inseguridad.

Sin embargo, también observamos aspectos positivos, como el hecho de una mayor conciencia democrática que genera más apertura, la integración económica de nuestras subregiones y un mayor compromiso en ciertos empresarios católicos por la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia. Existe también un mayor intercambio de experiencias tecnológicas y culturales. Se está pasando, aunque aún lentamente, de un desarrollo basado en la explotación de los recursos naturales al desarrollo sustentable.  constatamos que ha habido una efectiva promoción de la mujer en nuestra sociedad.

 

e) En el campo de los medios de comunicación social.

Los medios de comunicación social están fluyendo muy negativamente en las gentes de nuestros pueblos, sobre todo en nuestros niños y jóvenes. Ellos promueven una moral permisiva y presentan modelos de vidas inmorales. Exaltan la pornografía, el erotismo, la violencia y el adulterio. El hedonismo y el consumismo son impuestos por medio de ellos. La utilización inadecuada de la tecnología introduce la inmoralidad a través de la informática (p. ej.: Internet)  Por la masificación que ellos promueven se está ocasionando una situación de despersonalización.

 

No obstante, debemos reconocer que, gracias a los medios de comunicación social, la intercomunicación mundial es un logro. Se renueva y promueve, gracias a ellos, la libertad de expresión. Existen también algunas experiencias donde la Iglesia ha aprovechado estos medios para hacerse presente en forma divulgativa, orientadora y evangelizadora.

 

f) En el campo de la ecología.

Encontramos que, en líneas generales, las leyes ecológicas son violadas, aumenta la contaminación ambiental, siguen creciendo las grandes poblaciones y se destruyen reservas naturales.

 

El tema ecológico ha tomado un gran impulso gracias a la toma de conciencia sobre su importancia, a los cual ha ayudado la posición de Juan Pablo II sobre dicho tema. En ciertos países se ha reglamentado la tala de árboles y ha disminuido la contaminación de las aguas. Se realizan campañas de concientización del valor del medio ambiente.

 

Repasar esta situación general de nuestra América Latina, y constatar que en ella hay aspectos positivos de los cuales podemos valernos para nuestra acción en orden a erradicar las sombras y oscuridades que allí se presentan, nos confirman en una realidad: es al hombre al que debemos transformar. En lo más profundo de estas situaciones existe un misterio de pecado, cuando la persona humana, llamada a dominar el mundo, impregna los mecanismos de la sociedad de valores materialistas (P, 70), que se agrava por una falta de conciencia de ese misterio de pecado. La situación mejorará sólo en la medida en que el hombre se convierta. No hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos (EN, 18)  En el corazón del hombre reside toda su bondad. De él, como lo hizo el mismo Jesús al encarnarse en nuestra humanidad, debemos extraer todo lo bueno para lograr un futuro de armonía y solidaridad fraterna entre los hombres (cf. SD, 131)

 

 

II.- RESPUESTAS DE LA IGLESIA A ESTOS DESAFÍOS.

 

El magisterio de la Iglesia constantemente no está dando luces y orientaciones para que nuestro actuar cristiano responda, a la luz del Evangelio, a las situaciones que nos interpelan. Entre muchas, encontramos las siguientes respuestas como prioritarias para el reto de la inculturación del Evangelio:

 

a) La santidad.

 La vocación a la santidad es nuestra primera y fundamental vocación. Debemos buscar y amar la santidad. Para poder transmitir un estilo de vida, unos valores, unos criterios, unas líneas de pensamiento, en una palabra, una cultura, hay que estar plenamente radicado en ella; y, tratándose de una cultura cristiana, esto lo hacen los santos y quienes buscan a diario la santidad. Sólo los santos, los que viven sus vidas centrados en Cristo, los que hacen de la santidad su norte, son capaces de inculturar eficazmente el Evangelio entre los hombres. Por eso, los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de toda la historia de la Iglesia (CL, 16)

 

b) La formación.

Si en cristiano de hoy tiene la misión de conformar el mundo según el corazón de Dios, se hace imprescindible que tenga una adecuada formación.

Ella no puede quedarse en un conocimiento de verdades, sino que debe propiciar siempre una conversión integral y ayudar al desarrollo de una conciencia crítica que permita realizar siempre un discernimiento, a la luz del Evangelio, de los acontecimientos y situaciones de la vida. Los laicos deben tener presentes lo que señalaba el Concilio Vaticano II: De los sacerdotes, los laicos pueden esperar orientaciones e impulso espiritual. Pero no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es ésta su misión. Cumplan más bien los laicos su propia función con la luz de la sabiduría cristiana y con observancia atenta a la doctrina del Magisterio (GS, 43) 

 

Todo esto supone que para inculturar el Evangelio no es suficiente el conocimiento de las verdades fundamentales del cristianismo, sino que se hacen necesaria una formación integral, gradual y permanente (SD, 99)

 

c) El protagonismo laical.

El protagonismo de las laicos resulta una pieza fundamental en la labora de la inculturación del Evangelio. El mundo es el campo propio del apostolado de los laicos.

 

Para encarnar el Evangelio en las culturas es imprescindible que los centros decisorios de nuestra sociedad se impregnen del espíritu evangélico. La escasa presencia de criterios cristianos en dichos centros explica su actual deterioro moral. Es necesario, por tanto, que en ellos haya una presencia activa y efectiva de los laicos cristianos, en ejercicio de su protagonismo, que encarnen el Evangelio en el mundo de la política, de lo social, de la economía, de los medios de comunicación social, de la cultura, de la ciencia y de las artes (cf. EN, 70)  Especial énfasis debe hacerse en recordar a los fieles laicos que de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política (cf. CL, 42)

 

d) Mentalidad eclesial y vivencia comunitaria de la fe.

La Iglesia recibió de Cristo la misión de anunciar el Evangelio a todas las gentes. Los miembros de la Iglesia, en fidelidad a su misión, no podemos evangelizar sin ella, al margen de ella, o contra ella. Debemos evangelizar nuestras culturas con una profunda mentalidad eclesial.

 

Nuestra fe, por otro lado, nos exige una vivencia comunitaria para hacerla creíble (cf. Hch 2, 42ss)  Por ello, la Iglesia nos invita a vivir una verdadera comunidad de fe, con el compromiso de encarnar el Evangelio en la cultura. Las comunidades cristianas son un medio eficaz para lograr este objetivo (cf. SD, 54)  Una fe que no se convive, difícilmente se vive.

 

e) La familia y la juventud.

La familia juega un papel de primer orden en la Iglesia y en la sociedad. Para que éste sea positivo, la Iglesia nos invita a formar a las familias en los valores que sustentan la cultura de la vida, en un ética conyugal y familiar y en criterios cristianos, de modo que se conviertan en verdaderas comunidades de amor, santuarios de vida e iglesias domésticas (cf. P, 94; SD, 214)  

 

Los jóvenes, que conforman la mayoría de nuestro pueblo (cf. P, 71), necesitan ser acompañados para dar sentido y criterios a su existencia, de modo que descubran en su vocación humana y cristiana un medio de realización. Es necesario crearles espacios que sirvan para promover y apoyar sus altos ideales. Constatando la importancia de su presencia en la vida y la misión de la Iglesia, ésta los convoca para que sean fuerza renovada de la Iglesia y esperanza del mundo (SD, 293)

 

f) La promoción integral del hombre y la mujer.

La Iglesia nos invita a promover una solidaridad humana y cristiana que permita al hombre y a la mujer pasar de condiciones menos humanas a condiciones cada vez más humanas (SD, 162)  Es necesario apoyar este esfuerzo con un testimonio auténtico de pobreza evangélica en la propia vida y en las estructuras eclesiales (cf. SD, 178), acentuando la vivencia del espíritu del amor cristiano. Esto tendrá como consecuencia el respeto a la dignidad humana, a fin de que Cristo se convierta en el eje de la vida de los hombres, pues en El la humanidad tiene la medida de su dignidad (SD, 8)

 

g) Ayudar a descubrir las “semillas del Verbo” en las realidades actuales.

En la primera evangelización, las “semillas del Verbo” facilitaron la entrada del Evangelio (cf. SD, 17)  Por ello, la Iglesia hoy nos anima a seguir en esta línea de descubrimiento de las “semillas del Verbo” presentes en nuestra cultura para continuar la obra de evangelización (cf. SD, 138)

 

La evangelización inculturada exige, entre otras cosas, asumir la presencia de estas “semillas del Verbo”, principalmente en las culturas autóctonas (cf. SD, 248) y en la cultura adveniente (cf,SD, 254, 256)  

 

La Iglesia en América Latina, fiel a su misión de evangelización, y queriendo dar respuestas al desafío urgente de la inculturación, nos anima e impulsa a los cristianos a evangelizar en cada cultura, también desde la vivencia de la religiosidad popular, discerniendo sus calores y antivalores, captando su lenguaje y sus símbolos (Sd, 256), es decir, asumiendo las “semillas del Verbo” que estén presentes en ellas.

 

 

III.- EL ROL DEL MCC EN EL PROCESO DE INCULTURACIÓN.

 

La Iglesia ha sentido hoy la urgente necesidad de inculturar el Evangelio y ha dado respuestas que están a su alcance. El MCC, por ser movimiento de Iglesia, tiene que responder, desde su identidad, también a esta exigencia actual de inculturación del Evangelio.

 

El MCC, desde sus inicios, optó por una transformación ambiental que alcance a todos y a todo. IFMCC, al comentar la mentalidad original, dice: La finalidad era clara: transformar en cristiano una sociedad que había dejado de serlo (IFMCC, 18)  Este aspecto de la finalidad del MCC se expresaba con la frase “vertebrar cristiandad”. Con el tiempo, se prefirió cambiarla por la de “fermentar de Evangelio los ambientes”, por tener ésta un sentido más bíblico, más conciliar una mayor profundidad de contenido (cf. IFMCC, 138)

 

Teniendo en cuenta que el MCC busca esta renovación cristiana de nuestra sociedad, su rol en el procesos de inculturación debe ser, prioritariamente, el de seguir trabajando por lograr esta fermentación. Con esto aportará siempre una contribución importante al proceso de inculturación del Evangelio.

 

Sin embargo, un análisis histórico desde el inicio del MCC a nuestros días, a la luz de la llamada a la inculturación, nos lleva a reconocer humildemente deficiencias en el logro de ese objetivo.

 

Entre otras, señalamos las siguientes:

 

- Reducción de la labor apostólica hacia lo intraeclesial, en desmedro de una acción intramundana, debido, entre otras causas, al temor del cursillista a enfrentarse a su propia realidad o al estilo clerical que han impreso a la labor apostólica de los laicos algunos sacerdotes.

- Desconocimiento o indiferencia ante los problemas que se presentan en el propio ambiente.

- Falta de compromiso a trabajar por la transformación de la propia realidad.

- Poca implicación en la solución de los problemas sociales del entorno.

- Escasa presencia de líderes en los ambientes decisorios de la sociedad.

- Fallas en la creación de núcleos de cristianos en los ambientes prioritarios.

- Deficiencia en la formación de una conciencia crítica en nuestros líderes.

 

Así mismo, reconocemos que en el proceso de transformación hemos tenido, entre otros, los siguientes logros:

 

- Se ha iniciado un proceso de conversión en la mayoría de los hombres y mujeres que han pasado por la experiencia del Cursillo.

- Se ha creado una conciencia de pertenencia a la Iglesia en muchos laicos cristianos.

- Se ha logrado el fortalecimiento de la vivencia cristiana del matrimonio y de la familia en muchos hombres y mujeres.

- Se ha contribuido a la disminución de la ignorancia religiosa mediante la formación que hemos ofrecido.

- Se ha motivado la organización de grupos cristianos de influencia en ambientes específicos.

- Se ha logrado alguna presencia evangelizadora en los medios de comunicación social.

- Se ha impulsado a laicos a ser agentes de cambio en ciertos ambientes decisorios.

 

Ante esta realidad, y con el propósito de hacer más efectiva esta transformación de nuestra sociedad, debemos potenciar los logros obtenidos y trabajar por corregir las deficiencias. Para esto, los Dirigentes presentes en el IX Encuentro Interamericano comprometemos al MCC en estas líneas de acción:

 

 

IV.- COMPROMISOS DEL MCC EN EL PROCESO DE INCULTURACIÓN.

 

a) Concientizar con mayor urgencia de que sólo con una vivencia profunda de la santidad lograremos la transformación del mundo, pues estamos conscientes de que sólo los santos son capaces de llevarla a cabo.

 

b) Que los Secretariados motiven para dar prioridad al estudio y selección de ambientes decisorios y a la búsqueda, selección y preparación de sus líderes.

 

c) Revisar la expresión del mensaje de los rollos del Cursillo, a fin de que estén de acuerdo con la idiosincrasia de cada país o región, siempre teniendo en cuenta la orientación kerigmática propia del MCC.

 

d) Promover líderes cristianos que sean protagonistas de la Nueva Evangelización en el mundo de la política, de la economía, de los medios de comunicación social y de la cultura.

 

e) Concientizar en la responsabilidad personal o colectiva en orden a un trabajo comprometido a favor de la promoción humana y la justicia social.

 

f) Reiterar el compromiso contraído de priorizar los grupos o núcleos ambientales, dada la finalidad última del MCC y la importancia que tiene para nosotros la pastoral ambiental.

 

g) Animar a los Secretariados a secundar en cada país y/o diócesis las acciones pastorales a favor de la vida, la familia y la mujer.

 

h) Promover en nuestras estructuras de Poscursillo la formación integral, gradual y permanente de nuestros dirigentes, con el fin de lograr en ellos una conciencia crítica para el discernimiento evangélico de la realidad.

 

i) Formar en nuestras Escuelas dirigentes con actitud pensante y no pasiva dentro del MCC, para lograr que sean agentes de iniciativa y creatividad dentro del mismo Movimiento.

 

j) Animar a una exigencia continua de crecimiento personal, evitando la mediocridad, la tibieza y la rutina, que desembocan en acomodamiento y aburguesamiento.

 

k) Promover una mayor presencia de la juventud en todos los niveles participativos del MCC.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Nosotros, miembros de la Iglesia, somos conscientes de la necesidad de cumplir con la misión que nos encomendó Jesús de anunciar y extender el Reino de Dios a los hombres. Nos encontramos en un mundo que ha sufrido profundas transformaciones y que exige de la Iglesia respuestas actualizadas. Sabemos que para responder a ese compromiso hoy, debemos hacerlo con una evangelización inculturada que tenga en cuenta las circunstancias de ese mundo.

 

Por ello, los Dirigentes del MCC hemos considerado esencial revisar la vida de nuestro Movimiento a la luz de la necesidad de la inculturación del Evangelio y hemos comprometido al MCC en el cumplimiento de esa exigencia de la Iglesia y del mundo.

 

Por otro lado, hemos sido convocados por el Papa Juan Pablo II para prepararnos con gozo a la llegada del año dos mil, en el cual celebraremos el Jubileo de nuestra redención.

 

El MCC, Movimiento de Iglesia, hace suya esta convocatoria y asumo los compromisos señalados en este documento, como parte de esa preparación. Así mismo, comprometemos a nuestros Secretariados a realizar una planificación de trabajo que se integre en el Plan cuatrienal que ha propuesto el Papa para toda la Iglesia (TMA)

 

Finalmente, ponemos todo nuestro trabajo en las manos amorosas de María, “estrella de la Nueva Evangelización”. Ella, al acoger en su seno virginal al Hijo de Dios, se dejó invadir de la divinidad, y, al recibir a Juan como hijo suyo, acogió en cierto modo a toda la humanidad. Para nosotros, en América Latina, Santa María de Guadalupe nos ofrece un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada (Juan Pablo II, Disc. Inaug. SD, 24)

 

En su corazón de Madre evangelizadora de América (cf. P, 282), ponemos nuestra ilusión, nuestra entrega y nuestro espíritu de caridad para esforzarnos por integrar los valores de nuestra culturas americanas en nuestro Movimiento y por enraizar el Evangelio en el corazón de ellas, con nuestra labor de fermentación evangélica de los ambientes.