CADA UNO EN SU SITIO Y DIOS SOBRE TODOS

22.10.17

 

Los fariseos de hoy han alejado a Dios de la sociedad.

Son tan creídos que se bastan ellos solos para hacer un mundo distinto.

Sacaron a Dios y sus mandamientos porque les estorbaban y han puesto sus propios mandamientos con los que oprimen a todos.

Podemos creer que estos hombres son todopoderosos. Sin embargo, a través de ellos, el único Señor de la historia llevará adelante su plan sobre la humanidad.

El orgullo humano se hundirá y Dios triunfará.

 

Isaías

Hoy nos habla el segundo Isaías que acompaña a Israel en el destierro. No olvidemos que hubo tres profetas con este único nombre, uno antes y el otro después del destierro.

Nabucodonosor llevó al destierro al pueblo de Dios. Humillados y fieles vivieron muchos en tierra extraña, con fe, y cumpliendo los mandatos del Señor.

Hoy Isaías nos presenta a Ciro y lo llama “el Ungido del Señor”.

¿Por qué ungido si era un pagano?

Este rey buscó la paz para todos los pueblos y dio libertad al pueblo de Israel para que rehiciera su cultura, su unidad y su fe en Dios.

Isaías glorifica al Señor y pone en sus labios:

“Yo soy el Señor y no hay otro. Fuera de mí no hay Dios”.

No hay otro porque Él sabe mover los corazones sanos para realizar sus obras.

¡Qué hermoso!

“Te pongo una insignia aunque no me conoces”.

Ciro, de hecho, no conoce a Dios porque es pagano, pero Dios sí lo conoce.

Amigo, Dios te conoce. Ojalá tú reconozcas de verdad a tu Señor.

No olvidemos que hay paganos que, por seguir su conciencia sencilla, glorificarán a Dios mejor que quienes nos llamamos católicos y casi no conocemos a Dios.

 

Salmo 95

Es un himno de alabanza muy bello.

Nos pide:

+ Cantar a Dios y contar sus maravillas.

+ Nos recuerda que Dios es más grande y digno de alabanza que todos.

+ Todos los pueblos, como una sola familia, llegaremos un día a cantar la gloria del Señor.

+ Adoremos a Dios y proclamemos su grandeza.

Podemos terminar con esta expresión del salmo que nos hace ver a Dios como dueño de la historia:

“El Señor es Rey, Él gobierna a los pueblos rectamente”.

 

San Pablo

Pablo admira la vida de los Tesalonicenses cuya carta comenzamos hoy:

“Ante Dios nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor”.

A continuación el apóstol justifica su alabanza haciendo ver que “cuando se proclamó (entre ellos) el Evangelio, no hubo solo palabras sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda”.

Amigos, así se evangeliza. Con el poder del Espíritu Santo y teniendo una convicción profunda en lo que predicamos.

Por suerte en este mundo difícil, como en todos los tiempos pasados y futuros, nunca le ha faltado al mundo a donde mirar, si tiene voluntad de buscar la verdad: son las comunidades de la Iglesia de Jesús donde se glorifica a Dios y se ama a los hombres de verdad.

 

Evangelio

¿Quién entiende el corazón del hombre?

Los fariseos odian a Roma y la humillación de tener que pagarle tributos.

Sin embargo ellos mismos gritaron a Pilato contra Jesús diciendo:

“No tenemos más rey que el César”.

Hoy para tener de qué acusar a Jesús le hacen una pregunta difícil porque si responde que hay que pagar tributo, el pueblo se irá contra Jesús y si dice que no, los romanos que expiaban por todas partes, podrían apresarlo.

La respuesta de Jesús los dejó desconcertados:

“Pagad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

El papel de la Iglesia en la sociedad de hoy está claro:

Dar a la sociedad lo que le pertenece. Sí.

Pero dar a Dios honor y gloria como se merece por ser el único Creador y Señor de la historia.

 

 

 

 

 

LLEGARÁ EL BANQUETE PARA TODOS

15.10.17

 

La liturgia de hoy nos invita a considerar el Reino de los cielos como un banquete.

Esto tiene mucha importancia para nosotros porque, cuando nos conocemos con alguien muy especial, con un amigo muy querido, celebramos el encuentro comiendo. Nos parece que al comer lo mismo nos identificamos unos con otros. Asimilar lo mismo nos hace felices.

En el fondo esta es la reflexión de hoy.

El cielo será un banquete sin comida ni bebida, pero con él nos alimentaremos todos del Amor infinito de Dios. Pero nunca nos saciaremos, nunca diremos basta.

Que las lecturas de la liturgia de hoy nos ayuden a vivir siempre con hambre de Dios.

 

Isaías

Isaías es el primero que nos está hablando de la comida como un gran regalo de Dios.

La liturgia quiere que nos traslademos de esta primera lectura al Evangelio y así entenderemos mejor qué es el Reino de Dios.

El profeta dice:

“Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera. Manjares enjundiosos, vinos generosos…” Pero no se fija solamente en el comer físico sino que además promete la felicidad interior:

“Aniquilará la muerte para siempre. El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros”.

Siempre es, ha sido y será ésta la necesidad del hombre y hasta pelea y mata a los otros por conseguir la paz, la felicidad.

 

Salmo 22

El salmo del Buen Pastor es muy conocido por todos nosotros, muy repetido por la Iglesia y muy bien colocado entre las lecturas de hoy.

Durante su reflexión nosotros repetiremos:

“Habitaré en la casa del Señor por años sin término”.

Viene a ser como la respuesta a la lectura anterior y a todo el ambiente de este domingo.

Sabemos que teniendo semejante Pastor, nunca habrá quien nos pueda arrebatar la felicidad.

Meditemos el salmo y no nos apartemos nunca del Buen Pastor.

Recuerda: habita siempre en la casa de Dios.

Suspira por el cielo.

No te pegues demasiado a la tierra, porque no te será fácil despegar cuando Dios te llame al banquete del cielo.

Tú siempre con tu Pastor.

 

Filipenses

Como el tiempo en este mundo es un paso hacia el banquete del cielo, Pablo nos enseña a vivir siempre felices como él:

“Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo; la hartura y el hambre, la abundancia y la privación”.

Esta vida tiene a Pablo feliz porque siente como una realidad en su vida la presencia, la seguridad de Dios:

“Todo lo puedo en Aquel que me conforta”.

La fuerza de Pable está en el Señor porque sabe que Dios le recompensará y proveerá de todo.

 

Verso aleluyático

“Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama”.

¿Qué entiende Pablo por los “ojos del corazón”?

Posiblemente lo podemos entender en el sentido de que la luz de Dios penetre en nuestro entendimiento y haga actuar al corazón.

 

Evangelio

Ahora es Jesús quien nos va a decir que el Reino de los cielos es un banquete muy grande. Una fiesta para todos.

La parábola nos refiere cómo un hombre quiere celebrar la boda de su hijo (podemos entender que el Padre Dios celebra el triunfo de Jesús resucitado), hace una gran fiesta, va invitando a todos los conocidos y todos se excusan (podemos leer que el pueblo de Israel no acepta al Señor).

Entonces, el rey manda llamar a toda clase de personas, no importa la limitación que tengan (son todos los pueblos).

Todos entran al banquete y al ingresar se les regala el traje de fiesta.

Cuando el rey va saludando a todos los invitados, se encuentra uno “sin vestido de fiesta”.

Podríamos pensar que si era muy pobre no tenía dinero para comprar el vestido pero todos los invitados eran muy pobres.

Pero Dios no actúa así: El primero nos da y luego nos pide.

Por eso el Evangelio dice que ese individuo “no abrió la boca” porque no tenía ninguna excusa y fue echado del banquete.

Recordemos siempre que Dios llama a todos sin distinción de razas, naciones, colores… ni poder.

Todos somos llamados al banquete del Reino.

Para que podamos entrar, el día del bautismo, Dios nos regaló el vestido de la gracia.

Anímate, amigo. Prepárate para el banquete del Reino donde eternamente seremos felices comiendo el Amor.

 

 

 

 

 

 

 

MI AMIGO TENÍA UNA VIÑA

08.10.17

 

La viña es una de las plantas más simbólicas, sobre todo para Israel, como podemos ver frecuentemente en la Biblia.

Jesús también nos hablará de ella en el capítulo 15 de San Juan.

Hoy vamos a gozar especialmente con Isaías, el profeta cariñoso y cercano que a todos nos cae bien, sobre todo a la liturgia.

 

Isaías

“Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado”.

A continuación cuenta los esfuerzos que hizo el dueño para que diera fruto “la entrecavó, la descantó y plantó buenas cepas, construyó en medio una atalaya y cavó un lagar y esperó…”

La ilusión del propietario se truncó y en vez de uvas dio agrazones.

El Señor pregunta: “¿qué más cabría hacer por mi viña que yo no he hecho?”.

Esta es la postura maravillosa de Dios descrita bajo la parábola y la clave de todo está en este versículo: “la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel”.

Conocemos su historia. Cuántas veces el pueblo de Dios lo negó…

Pero no te quedes ahí, medita que bajo esta comparación estamos también todos los hombres y especialmente todos los cristianos.

Recuerda lo que cantamos en la liturgia del viernes santo:

“¡Pueblo mío!, ¿qué te he hecho, en qué te he ofendido?

Yo te planté como viña mía, escogida y hermosa… ¡qué amarga te has vuelto conmigo!”.

Tú estás en la Iglesia santísima y bellísima en la que te plantó Dios el día del bautismo… ¿Das fruto?

Tú lo sabes.

 

Salmo 79

En el salmo repetiremos la misma imagen que la Iglesia pide que tengamos muy presente, invitándonos a la verdadera conversión.

Comenzaremos repitiendo: “La viña del Señor es la casa de Israel” (nosotros leemos la Iglesia del Señor…).

Allí encontrarás el complemento de lo que hemos leído en Isaías, hecho oración por el salmista.

 

Filipenses

San Pablo nos invita a la confianza.

Lógicamente si Dios nos ha creado y metido en la Iglesia con tanto cariño, nuestra confianza tiene que estar totalmente puesta en Dios.

Debemos recordarlo e invocarlo con frecuencia:

“Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios”.

Como respuesta a esta vida de fe y confianza en nuestro Creador tenemos la paz:

“Y la paz de Dios que sobrepasa todo juicio custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

 

Evangelio

Debemos reflexionar a quiénes dirige Jesús las parábolas.

En este caso y con relativa frecuencia Jesús habla a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo.

La parábola también se refiere a la viña de Isaías:

“Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje”.

Se ve aquí claramente la relación entre la parábola y el relato de Isaías.

El dueño fue enviando sus criados para recibir el fruto correspondiente. Se negaron a dárselo, los golpearon, maltrataron y hasta mataron.

Finalmente, el dueño envía a su hijo pensando “tendrán respeto a mi hijo”.

La actitud de los labradores no fue así sino que pensaron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”.

Y agarrándolo lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.

Aquellas palabras debieron caer como bomba en el orgulloso corazón de los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo. Por eso el evangelista terminará diciendo:

“Los sumos sacerdotes y los fariseos al oír sus palabras, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente que lo tenía por profeta”

La parábola de hoy es clara. Israel termina sacando de la ciudad a Jesús y lo victimó en el Calvario.

Era de verdad el Hijo de Dios y por eso el triunfo no fue de sus asesinos sino que fue la glorificación del Padre:

¡La resurrección de Jesús!

 

 

 

 

LA JUSTICIA DE DIOS

01.10.17

 

Nos gusta que siempre nos hablen de la bondad de Dios, de su misericordia… y nosotros también lo hemos hecho  tantas veces porque la Biblia dice que “Dios es amor”.

Pero si ese amor fuera injusto, es decir, si Dios no tuviera justicia, no podría ser el Dios verdadero. Por tanto, vamos a hablar un poco de esa justicia divina, según nos enseñan las lecturas de este domingo.

 

San Mateo

Parece un poco extraño lo que concluye el Evangelio de este día:

“Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios”.

Esas personas estuvieron alejadas de Dios por su vida de pecado pero se han convertido y van por delante de tantas personas que se tienen por perfectas por lo que dicen, e incluso enseñan, pero no hacen.

Era el caso precisamente de los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo a quienes se dirigía Jesús.

Para entender esto, Jesús nos ha dejado la parábola de hoy. En el fondo vemos en ella que ninguno de los dos hijos hizo plenamente la voluntad del padre.

En efecto, el padre pidió al primero que fuera a trabajar a la viña. Contestó descortésmente: “No quiero”. Pero pensó mejor las cosas y fue a la viña para cumplir la voluntad del padre.

El segundo, posiblemente para quedar bien y no molestar a su padre, le contestó: “voy Señor”, pero no fue.

La justicia de Dios es así. Precisamente es lo que nos dice Ezequiel: El que se arrepiente y persevera se salva.

 

El profeta Ezequiel

Habla del pueblo de Israel que se queja del Señor como si fuera injusto, pero Dios aclara su proceder:

Si uno comete la maldad durante su vida y muere en ella, recibirá el castigo; en cambio, el que vive mal, si se arrepiente, como el hijo de la parábola, vivirá para siempre.

 

San Pablo a los Filipenses

Nosotros en las procesiones, en los encuentros de fe, glorificamos siempre a Jesucristo y decimos que Él “es el Señor”:

El Señor de los Milagros, el Señor de Luren, el Señor Cautivo de Ayabaca …

¿Y todo esto por qué?

La verdad es que Jesucristo, aunque era verdadero Dios, pasó por uno de tantos, marginado, despreciado y crucificado.

Pero como tenía la divinidad, Dios le dio el “nombre sobre todo nombre”, el nombre de “SEÑOR”.

San Pablo les trae a los Filipenses este ejemplo de Jesús, porque quiere que vivan y tengan “los mismos sentimientos de Cristo Jesús”.

Precisamente para conseguir esto, presiona a los Filipenses, que pertenecen a una comunidad muy querida de Pablo, que por el amor grande que le tienen aprendan la caridad, a vivir acordes, en humildad, y teniendo a los otros como más importantes que uno.

De esta manera, por la humildad de Jesús, los Filipenses podrán realmente cumplir la voluntad del Padre que mandó: “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”.

También en esta lectura aparece clara la justicia de Dios que permitió la humillación de Jesús para salvarnos a todos, pero después lo glorificó por encima de todas las criaturas: ¡Jesús es el Señor!

 

Verso aleluyático

El aleluya nos recuerda las palabras del Buen Pastor, Jesucristo, que nos habla de esa comunión profunda que hay entre Él y sus verdaderos discípulos. Comparándolos con un rebaño explica Jesús: “mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen”.

Una bella invitación de Jesucristo para que conozcamos sus enseñanzas en las que resalta la misericordia de Dios sin olvidar su justicia. Esto también es un consuelo para quienes en la vida han recibido tantas humillaciones: “El que se humilla será enaltecido”.

 

Salmo responsorial (24)

Nos habla de esta justicia y rectitud de Dios y lo hace, precisamente, para que aprendamos cuál es el camino de los pecadores, del que debemos huir, y cómo nos invita a ser humildes y vivir con rectitud:

“El Señor es bueno y es recto y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud”.

El resto del salmo se fija más bien en la misericordia del Señor y reconoce que “su misericordia es eterna”. De esta manera en el mismo salmo tenemos la misericordia y la justicia de Dios.

Te invito a meditar de una manera profunda estas palabras:

“Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas”.

Y luego el salmo, aprovechando la misericordia de Dios, nos invita a orar pidiendo perdón apoyados en ella:

“No te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud: acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor”.

 

 

 

 

 

EL PROCEDER DE DIOS ES JUSTO

24.09.17

 

Dios es justo, aunque su manera de actuar a veces, nos parezca extraña a los hombres.

Por eso, cuando nos hemos alejado del Señor, la misericordia nos está esperando siempre.

 

El profeta Ezequiel

Por lo visto los Israelitas en el destierro se quejaban del proceder de Dios, teniéndolo por injusto. Ezequiel, en nombre del Señor, les aclara que Dios actúa siempre con justicia y que si el que era justo cambia y se obstina en el pecado, se pierde. En cambio el pecador, si se arrepiente “ciertamente vivirá y no morirá”.

 

Salmo responsorial (24)

“La misericordia del Señor es eterna”.

Actuemos con humildad, reconociendo nuestros pecados y recemos al Señor con fe juntamente con el salmista: “Enséñame tus caminos, instrúyeme en tus leyes: haz que camine con lealtad… Recuerda, Señor, que tu ternura y misericordia son eternas… El Señor es bueno y es recto”.

Esta es la idea central que nos enseña la liturgia en este domingo: Dios es recto y justo con todos.

 

San Pablo

Se trata de un párrafo muy querido para la liturgia que nos lo recuerda con frecuencia.

Podemos meditarlo en dos partes:

La primera es el mensaje que quiere dar Pablo a sus queridos Filipenses para que tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

Para eso les presiona con la fuerza moral de la amistad que le tienen y pide:

“Si queréis darme consuelo y aliviarme con vuestro amor”.

Lo que quiere Pablo de los Filipenses es que se mantengan siempre unidos “con un mismo amor y un mismo sentir”.

Era lo que enseñaba Lucas de los primeros cristianos: “el grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma”.

Quiere que eviten rivalidades y ostentación y que cada uno se ocupe del bien de los demás más que del suyo propio.

Finalmente les pide que tengan entre ellos los sentimientos propios de Cristo Jesús.

En la segunda parte les presenta cuáles son esos sentimientos de humildad que vivió Cristo:

Era Dios y se encarnó en un cuerpo y alma humanos manteniendo su divinidad y sin embargo pasando entre los hombres como si fuera un cualquiera.

Se dejó matar para redimirnos con toda suerte de sufrimientos… pero Dios que es justo y fiel lo glorificó.

Ahora Jesús, Dios y hombre, “es el Señor” al que todos debemos adorar:

“Que toda lengua proclame que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”.

 

Verso aleluyático

Nos recuerda las palabras de Jesús “mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”.

Qué bonito es que Dios conozca nuestra verdad porque solo así puede estar en paz nuestra alma.

 

El Evangelio

San Mateo nos cuenta hoy una parábola de Jesús dirigida a los sacerdotes y ancianos del pueblo.

La verdad es que es fácil decir ‘sí voy’ y no cumplir. Esto es muy frecuente en nuestra vida familiar, social y también religiosa.

Por ahí va la parábola de Jesús.

El padre de dos hijos llama a uno y le dice: “ve hoy a trabajar a la viña”.

Él contestó: “no quiero”. Pero se arrepintió y fue.

Luego llamó al segundo para que fuera también a trabajar y le respondió: “voy Señor, pero no fue”.

Jesús aclara juntamente con los que le escuchan, que el que hizo la voluntad del Padre fue el primero y no el que aparentó obedecer.

Después de la parábola Jesús hace una dura advertencia a los dirigentes espirituales de Israel:

Ustedes que parecen los santos y directores espirituales del pueblo de Israel tengan en cuenta que los publicanos y prostitutas les llevan la delantera en el camino del Reino de Dios.

Jesús justifica esta afirmación con un hecho que aconteció pocos años antes:

“Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio los publicanos y prostitutas le creyeron”.

Creo que entendemos mejor las palabras de Ezequiel que nos enseñan que puede ser que el justo caiga en la maldad y que el pecador arrepentido preceda a los demás.

Tengamos en cuenta que quienes nos creemos buenos, generosos, predicadores excelentes, etc, a lo mejor tenemos que esperar para entrar en el cielo porque van delante con su arrepentimiento el borracho, el adúltero, el drogadicto…

¡Nos ganaron en el amor!

 

 

 

 

 

 

 

PERDONA Y TE PERDONARÁN

17.09.17

 

Con las lecturas de hoy la liturgia nos da una enseñanza sencilla que nos cuesta practicar porque somos orgullosos.  No soportamos la humillación porque somos creídos y nos duele que “un cualquiera” se atreva a herir nuestra fama, nuestros intereses, nuestros gustos y planes e incluso nuestros caprichos.

Por algo insistía Jesús en que le imitemos porque Él es “manso y humilde de corazón”.

Veamos las enseñanzas de hoy.

 

El Eclesiástico

Nos da una serie de consejos para conseguir el perdón de Dios. Todos ellos, en realidad, se reducen al tema central del día:

“Perdona la ofensa a tu prójimo y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas”.

Hace además una reflexión que parece de sentido común:

¿Cómo pedir perdón a Dios si no se perdona al prójimo?

“No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?”

Y termina diciendo: “recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo, (recuerda) la alianza del Señor y perdona el error”.

 

El salmo 102

El salmo responsorial nos enseña que Dios es misericordioso y debemos aprender de Él teniendo misericordia con el prójimo:

“El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia”.

Meditemos que la actitud de Dios frente a los pecados de los hombres es perdonar, fruto de su bondad y compasión:

“Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; Él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura… No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo”.

El salmo resalta, a continuación, que Dios no es como nosotros y “no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas”.

 

San Pablo a los Romanos

No somos señores unos de otros.  Tampoco somos señores de nosotros mismos.

Solo hay un Señor, Dios que se hizo hombre para redimirnos del pecado y conseguir que todos los hombres seamos sus servidores para felicidad nuestra.

Nuestro Redentor es el dueño de todo. Él quiso redimirnos porque sabe mejor que nosotros que solo en Él encontramos la verdadera felicidad.

Por eso “en la vida y en la muerte somos del Señor”.

El único dueño del mundo es Dios. Él solo tiene la paz, la alegría y el gozo que buscamos.

¡Que Él sea también nuestro único Señor!

 

Versículo aleluyático

Este versículo nos lleva a la plenitud del amor para con el prójimo.

Antes de Jesús la ley mandaba “amar al prójimo como a ti mismo”.

Con Jesús el amor, que llama “mi mandamiento” es mucho más profundo: “que os améis unos a otros como yo os he amado”.

¿Por dónde andas amigo? ¿Por el Antiguo Testamento o por el Nuevo, el de Jesús?

 

El Evangelio

Pedro preguntó a Jesús:

“Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le he de perdonar? ¿Hasta siete veces?”

Jesús le responde:

“Setenta veces siete” que no es cuatrocientos noventa… sino “siempre”, por el simbolismo de los números ya que sabemos que el siete indica perfección y plenitud.

La caridad es esencial en el Reino de Jesús.

Gustemos la parábola de hoy.

Jesús exagera para que entendamos la diferencia entre el amor de Dios al hombre y el amor del hombre a otro hombre.

Te invito a fijarte en dos cosas concretas:

+ La frase “ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

+ La diferencia entre diez mil talentos (una millonada) y cien denarios (sueldo de cien días para un obrero).

El Señor tiene compasión de su primer servidor y le perdona todo. En cambio él frente a las mismas palabras que le dijo el consiervo, no fue capaz de perdonar unos centavos y lo mandó a la cárcel.

Jesús quiere que aprendamos de Dios cómo debemos tratar a los hombres.

La última frase de la parábola es muy importante:

“Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

Todo esto nos invita a recordar la oración de Jesús:

“Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

 

 

 

 

 

 

 

NO TENGAN MÁS DEUDAS QUE EL AMOR

10.09.17

 

En este domingo la liturgia nos invita, de distintas maneras, a tener verdadero amor al prójimo para agradar a Dios.

 

Ezequiel

El profeta empieza el capítulo 33 con una comparación:

Si el centinela, al ver al enemigo, no avisa al pueblo, él es responsable de las muertes que haya. Pero si toca la trompeta y nadie hace caso, habrá muertos pero el centinela no es responsable.

Después de esta comparación, la liturgia nos pone alerta explicando que, cuando el profeta escuche la Palabra de Dios la transmita a Israel, de lo contrario será responsable del pecado de su pueblo.

El Señor dice:

“Si yo digo al malvado: malvado, eres reo de muerte, y tú no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa pero a ti te pediré cuenta de su sangre”.

Por el contrario si tú lo pones en guardia y el malvado no cambia “él morirá por su culpa pero tú has salvado la vida”.

Creo que la conclusión para nosotros es clara: debemos evangelizar y dar a conocer la Palabra de Dios para alertar al prójimo de lo que tiene que hacer. Cuando hayamos obrado así, la responsabilidad es del pecador si acepta o no la Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial (94)

El salmo, siguiendo la misma línea de Ezequiel, nos pone alerta para que escuchemos la voz de Dios y cambiemos de conducta.

Invitar al prójimo a la conversión es un apostolado y es una gran obra de caridad.

Por eso vamos a repetir en el salmo responsorial: “ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón”.

La invitación que nos hace este salmo es para glorificar a Dios, esa oración que muchas veces olvidamos y que es la más importante:

Aclamar al Señor, dar “vítores a la Roca que nos salva”.

La “Roca” es uno de los nombres que se dan a Dios en el Antiguo Testamento indicando el poder y la fortaleza de Dios.

El salmo continúa invitándonos a postrarnos en tierra bendiciendo a nuestro Creador “porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo”.

 

San Pablo

Seguimos con la carta de San Pablo a los Romanos a quienes da un gran consejo que debemos tener siempre presente. No estamos en el mundo para pelearnos entre nosotros, sino para crear entre los hombres el amor que ayuda, consuela, anima, etc.

San Pablo enseña esto con una bella frase: “A nadie le debáis nada más que amor”.

Debemos fijarnos en esto porque, como dice el apóstol, lo más importante es el amor porque “el que ama a su prójimo ha cumplido toda la ley”.

Pablo añade, finalmente, que el resumen de los mandamientos es “amar al prójimo como a ti mismo”.

 

Evangelio de San Mateo

Nos habla, en primer lugar, de la corrección fraterna.

La caridad exige el respeto a la fama del prójimo. Por eso, cuando vemos a un hermano que peca, no tenemos que “ventilar” su pecado para que todos lo sepan y tampoco dejarle para que siga pecando, sino que Jesús quiere que haya reprensión pero manteniendo la discreción para bien del prójimo.

Jesús nos explica los pasos que hay que dar cuando corregimos:

Primero, hablar a solas con el que ha pecado.

Segundo, si no hace caso, llamar a una o dos personas discretas para corregirlo en su presencia.

Tercero, si tampoco hace caso, hay que decirlo a la comunidad. Si no hace caso a la comunidad se le considera excluido de ella.

A continuación Mateo habla del poder que Jesús confiere a sus apóstoles para perdonar al que ha pecado:
“Lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo”.

La tercera parte del Evangelio de hoy es relevante. Jesús conoce cómo somos y que difícilmente nos ponemos de acuerdo unos con otros. Por eso nos advierte que cuando pidamos a Dios lo hagamos con otros y así promete que “si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo”.

Y la última afirmación es significativa y hermosa, si pensamos que nos lo está diciendo nuestro mejor Amigo, Jesucristo, nuestro Redentor:

“Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Imaginemos la belleza de un matrimonio que está casado por la Iglesia:

¡¡En medio de ellos está Jesús!!

Jesús es la fortaleza de nuestras familias y también de los amigos que nos unimos en nombre de Dios.

 

 

 

 

 

CUANDO EL QUE SEDUCE ES DIOS

03.09.17

 

En la liturgia de hoy podemos meditar cada uno hasta qué punto tenemos verdadera intimidad con Dios y cuánto nos condiciona el amor que le tenemos.

 

El profeta Jeremías

Jeremías se presenta como un muchacho que ha pasado un tiempo y repiensa su apostolado como profeta:

“Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir”… Medimos las fuerzas y Dios pudo más que yo.

Se dio cuenta de que el resumen de sus predicaciones y predicciones era poco agradable al pueblo de Israel y todos se reían del profeta.

Jeremías lucha y saca una dolorosa conclusión que nunca podrá cumplir: ya no quiero nada con Dios. No me acordaré más de Él:

“No hablaré más en su nombre”.

Sin embargo la conclusión y la realidad son distintas. Venció la Palabra del Señor porque le quemaba por dentro. Era fuego en sus entrañas.

Te invito a meditar:

¿Te ha seducido el Señor? ¿Sientes que su amor está por encima de todo?

¿Te comprometiste de verdad con tu Creador alguna vez en tu vida?

Por otra parte, ¿te has peleado y quisiste dejar a Dios porque… no triunfas como querías… porque murió un ser querido…?

¿Has mandado a rodar alguna vez a Dios?

¿Quién es más fuerte en ti, Dios o tú mismo?

Un consejo:

Déjate seducir por Dios. Un día le darás la razón.

 

Pablo a los Romanos

Muchos juegan con el cuerpo (el suyo o el de otros) y aceptan todo tipo de placer porque… ¡me gusta!

El cuerpo es indispensable para la vida humana. Dentro de él habita el alma que nos hace seres humanos: alma y cuerpo.

Dios al darnos la vida divina en el bautismo entró en nuestro ser y por tanto nos pide que la limpieza del cuerpo acompañe la santidad del alma en la que Dios habita.

Por eso pide el apóstol:

“Os exhorto por la misericordia de Dios a presentar vuestros cuerpos como hostia agradable a Dios”.

Por eso el mismo San Pablo, escribiendo a los Corintios les dirá:

“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?… ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habita en vosotros y habéis recibido de Dios”.

Y todavía es más fuerte la enseñanza de Pablo:

“Ya no os pertenecéis”.

El motivo es grande.

Todos nosotros “hemos sido comprados a buen precio”, la sangre de Cristo, como dirá San Pedro.

Pablo enseña también un poco antes en la misma carta:

“¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”

Sigue leyendo en particular 1Co 3,17.

Por nuestra parte terminamos con las palabras de Pablo:

“Glorificad a Dios con vuestro cuerpo”.

 

Verso aleluyático

¿Tiene ojos el corazón?

Pablo entiende que sí, de una manera metafórica, y es lo que nos recuerda este versículo del aleluya:

“El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama”.

Esta esperanza, como puedes entender en este domingo, es para la liturgia, la entrega total a Dios.

 

El Evangelio

El Evangelio de hoy trata de diversos temas:

Después de escoger a Pedro como su representante entre los apóstoles, Jesús advierte a todos “que tiene que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos… y ser ejecutado”. Y añade que “al tercer día resucitará”. Evidentemente que esto, si lo entendieron, fue demasiado fuerte para todo el grupo y Pedro llevando a Jesús aparte, le dice:

“¡No lo permita Dios! Eso no puede pasarte”.

Pero Cristo, no aceptando ese aparte de Pedro dice, de modo que lo oigan todos:

“Quítate, satanás, que me haces tropezar; piensas como los hombres, no como Dios”.

Jesús añade:

 “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”.

Terminemos pensando que si una persona se ha dejado seducir por Dios y ha vivido según el Evangelio debe sentirse feliz porque un día Jesús “vendrá… con la gloria de su Padre y entonces pagará a cada uno según su conducta”.

 

 

 

 

 

 

LAS LLAVES DE PEDRO

27.08.17

 

La idea central de este domingo nos lleva al momento en que Jesús hizo público que iba a fundar “mi Iglesia” sobre Pedro.

En ella interviene la Santísima Trinidad a la que Pablo nos invita a glorificar por sus planes maravillosos.

Además, interviene directamente el Padre revelando a Pedro que Jesús es su Hijo.

 

Isaías

La lectura del profeta se refiere a Sobná, el mayordomo del palacio de Jerusalén, que actuaba como ambicioso funcionario. Dios lo saca de su oficio y pone a Eleaquín, hijo de Elcías. A este lo exalta el Señor y es fácil encontrar la razón por la cual la liturgia de hoy nos presenta este texto.  

Según la Biblia de Jerusalén: “Abrir y cerrar las puertas de la casa del rey era una misión del visir egipcio cuyo equivalente en Israel es el maestro del palacio”.

Esa será la función de Pedro en la Iglesia, Reino de Dios.

Este texto también nos invita a leer el Apocalipsis (3,7):

“Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, de forma que si Él abre, nadie cierra y si Él cierra, nadie abre”.

Completando la idea recordemos la antífona de adviento, aplicada a Jesús:

“Oh llave de David y cetro de la casa de Israel”.

Con esto entenderemos más fácilmente el Evangelio de hoy.

 

Salmo responsorial (137)

Nos invita a cantar las maravillas del Señor y nos hace ver cuáles son los motivos especiales de esta acción de gracias: Dios escucha nuestras peticiones.

“Cuando te invoqué me escuchaste”, y así aumentó mi confianza en ti…

Gracias por la misericordia del Señor. Porque la preferencia del Señor son los humildes.

 

San Pablo a los Romanos

En este domingo seguimos leyendo la carta a los Romanos.

Después de haber exaltado la fidelidad del Señor con Israel, según hemos meditado en los domingos anteriores, Pablo entona un precioso himno a la grandeza del Señor cuya maravilla, en las lecturas de hoy, se encuentra en la fundación de la Iglesia para salvación de todos.

Dios es infinitamente más que todo lo que nosotros podemos imaginar.

Meditemos, pues, con fe:

“Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios. Qué insondables sus decisiones… Él es el origen, guía y meta del universo. A Él la gloria por los siglos”.

 

Verso aleluyático

Nos recuerda la parte del Evangelio de hoy, en la que Jesús, empleando una hermosa comparación, dice a Pedro:

“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y los poderes del infierno no la derrotarán”.

 

El Evangelio

Empecemos recordando que la palabra “Iglesia” equivale a “asamblea” o “comunidad” que aparece varias veces en el Antiguo Testamento, refiriéndose al pueblo de Dios.

Por eso el nombre que Jesús da a su comunidad es la continuidad, en cierto sentido, del Antiguo Testamento.

La Iglesia es el nuevo Pueblo de Jesús, el Reino, la nueva alianza.

Al hablar de la “confesión de fe” de Pedro, es el mismo Jesús quien nos advierte que es el Padre Dios el que ha revelado a Pedro quien es Jesús.

Recordemos que Jesús dijo un día “nadie conoce al Hijo sino el Padre”.

Cuando fuimos a Roma para la visita ad limina me impresionó ver que delante del altar donde concelebrábamos los Obispos del Perú, y separado por unos cristales, estaba el sepulcro de San Pedro.

Quizá no era eso lo que Jesús quería decir… pero es maravilloso pensar que hasta materialmente “sobre Pedro” está construida la basílica de San Pedro en el Vaticano.

Cuando Jesús dice “mi Iglesia”, está claro que no venía de parte del Padre a fundar una comunidad con todos los medios de salvación para que luego los hombres hicieran un montón de iglesias diciendo que todas ellas valen igual para salvarse.

Dios llama a todos, pero dentro de esa maravilla que es la Iglesia que fundó Jesús sobre Pedro.

Es cierto que quienes estamos en la Iglesia podemos tener una serie de defectos y pecados de una forma similar a los otros hombres, pero buscamos a Jesús y somos testigos de que por más problemas que dentro y fuera podamos encontrar,  “las puertas del mal no prevalecerán contra ella”.

En cuanto a “las llaves para abrir y cerrar”… ya hemos visto en la primera lo que significa:

Jesús ha escogido a Pedro como su vicario, como su representante en la tierra.

Respecto a “atar y desatar”, también sabemos que en el lenguaje judicial significa “prohibir o permitir”, “declarar lícito o ilícito”, es decir, el poder que Jesucristo otorga a Pedro para perdonar.

Esto es lo que Pedro, como representante de Cristo, significa para nosotros.

Amigos, amemos a la Iglesia y que nuestra vida sea el espejo de nuestra fe. Aprovechemos este día para agradecer a Dios el habernos acogido en su Iglesia.

 

 

 

 

 

 

DIOS LLAMA A TODOS

20.08.17

 

En el libro de Isaías Dios pide a su pueblo: “guardad el derecho y practicad la justicia que mi salvación está para llegar y se va a revelar mi victoria”.

Después, el Señor les dice a los israelitas cómo Él acogerá  a todos los extranjeros que quieran pertenecer a su pueblo “guardando el sábado, perseverando en la alianza con Él…”.

Es la gran apertura de Dios a todos los pueblos que leemos como una profecía en tiempos de este gran profeta.

El Señor promete llevar al monte santo y alegrar en su casa, que es casa de oración, a todos los pueblos.

Ten presente que la casa de Dios, donde tú también vas a rezar, es casa de oración y fe. Demuéstralo en tu silencio, tus actitudes y hasta en tu vestido.

 

Salmo 66

Los Santos Padres ven en un detalle de este salmo (que precisamente no se lee hoy en la Santa Misa) algo muy especial y aplican a María estas palabras: “la tierra ha dado su fruto”.

Para ellos María ha sido como la tierra fecunda que ha dado el “ciento por uno” y su fruto bendito ha sido Jesús.

El mismo salmo canta la alegría de Israel que espera el día en “que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben”.

Y por nuestra parte, aprovechemos para pedir a Dios con el salmista:

“Que Dios tenga piedad y nos bendiga, que ilumine su rostro sobre nosotros, conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación”.

En este último versículo podemos advertir un eco del tema del día en el que nos encontramos a Dios ofreciendo la salvación a todos los pueblos de la tierra.

 

San Pablo a los Romanos

El apóstol resalta un párrafo interesante que es continuación de lo que leímos el domingo anterior.

El pueblo de Israel, al que perteneció Pablo, rechazó a Jesús. Entonces el Señor, por medio de los apóstoles llamó a todos los pueblos, para que aprovecharan la salvación que el Mesías prometido había realizado con su pasión, muerte y resurrección.

Pablo, sirviendo al Evangelio, hizo realidad este plan de Dios y por eso se reconoce como “apóstol de los gentiles”.

¿Qué pasará entonces con el pueblo judío predilecto de Dios en el Antiguo Testamento?

Pablo hace una consideración muy especial:

Ellos no aceptaron al Mesías tan esperado y al abandonarlo y separarse de Él, Jesús fue una bendición para todo el mundo.

Pablo afirma que volverán y su regreso será una bendición mucho mayor para todos.

En la Iglesia siempre hemos esperado “a nuestros hermanos mayores” y pedimos a Dios que se encuentren con Jesús.

 

Verso aleluyático

Como una confirmación del tema central de este domingo el versículo de Mateo (4,32) nos dice que Jesús proclamaba el Evangelio del Reino “curando las dolencias del pueblo”; es decir, estaba cumpliendo su misión de evangelizar por todas partes, incluso el Evangelio de hoy nos lo presenta fuera del territorio de Israel.

 

Evangelio de San Mateo

Jesús, según el Evangelio de hoy, salió del territorio de Israel, que era propiamente el lugar donde tenía que evangelizar, y llegó hasta Tiro y Sidón. La fama de Él había llegado hasta allí. y una mujer, saliendo “de aquellos lugares”, le gritó, y su grito era extraño porque no le dolía nada a ella sino que el hecho de ser madre le hacía sufrir por su hija:

“Ten compasión de mí, que mi hija tiene un demonio muy malo”.

Los discípulos, que no habían recibido el Espíritu Santo por cierto, le pedían a Jesús un milagro solamente porque les molestaban los gritos de aquella mujer.

En ese momento Jesús actúa, ciertamente, de una manera extraña:
“No está bien echar a los perros el pan de los hijos”.

Ante esta respuesta ofensiva, humanamente hablando, la mujer tenía muchos motivos para molestarse y mandar a todos a paseo; sin embargo, se postró delante de Jesús y le dio una respuesta maravillosa que san Agustín explica diciendo que mientras por una parte Jesús probaba su fe con el insulto, por otra parte la animaba para mantener su fe en el Señor.

La respuesta serena y dulce de la madre le arranca el milagro a Jesús:

“Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”.

Fue la gran lección que venció el amor de Jesús y seguro que quedó grabado en el corazón de los apóstoles. Jesús mismo afirmó: “mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.

Y se curó la hija y la madre se fue feliz.

Esta es la gran lección para nuestra fe: confiar siempre en el Señor y estar seguros de que, aunque se nos haga extraño tarde o pronto Él nos escucha.

 

 

 

 

 

 

LOCOS POR EL SEÑOR

13.08.17

 

El gran Elías es un modelo para todos nosotros. Fiel hasta la locura a la misión que Dios le había confiado, soportó todas las dificultades desde el inicio como profeta hasta que un carro de fuego lo arrebató.

Elías fue el representante de los profetas que se apareció en el Tabor, junto con Moisés, en la transfiguración de nuestro Señor Jesucristo.

Fue fiel. Acabó con los sacerdotes que daban culto idolátrico a Baal. Precisamente por esto Jezabel, la reina, amenazó a Elías con matarlo “antes de mañana”.

Tuvo que huir. En el desierto el Señor le envió un ángel que le dijo:

“Levántate y come”.

Rico pan y agua fresca.

Segunda vez lo despertó el ángel y le repitió:

“Levántate y come, que el camino es largo”.

En este alimento los Santos Padres ven un símbolo de la Eucaristía que todos necesitamos para caminar por el mundo, porque el camino hacia la Patria es largo.

“Cuarenta días y noches” caminó por el desierto Elías.

Esto nos recuerda los cuarenta días que Jesús estuvo en el desierto y cómo también los ángeles le servían.

Llega Elías al monte Horeb (el Sinaí). Dios se manifiesta en la brisa suave y no entre truenos o terremotos, como en otras ocasiones. El Señor le pregunta: “¿qué te trae por aquí?”.

Elías dice su verdad: “ardo en celo por el Señor”. Es como decir “me trae la pasión por mi Dios”.

En realidad ese era el resumen de la vida del profeta Elías: loco por Dios.

Amigo, ¿vives tú apasionado por Dios?

¿Es Dios el amor de tu vida?

Con esta explicación entenderás mejor la parte del libro primero de Reyes que leemos hoy.

 

Salmo responsorial (84)

Misericordia, fidelidad, justicia y paz.

Este es el canto del salmo responsorial que nos presenta a Dios y nos invita a escucharlo:

“Voy a escuchar lo que dice el Señor: Dios anuncia la paz a su pueblo… La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan… La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos”.

 

Lectura de la Carta a los Romanos

San Pablo enamorado de Cristo no dejó de amar a su pueblo Israel y nos da una prueba de su amor llegando a decir: “siento una gran pena y un dolor incesante en mi corazón pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo”, es decir, que estaba dispuesto a condenarse para salvar a los de su raza. Solo un loco de amor puede decir esto.

 

Evangelio

El Evangelio de San Mateo nos enseña cosas muy importantes de la vida de Jesús. Veamos brevemente:

+ Jesús ha dado de comer a la multitud y apura a los discípulos para que se vayan en la barca a la otra orilla.

+ Él despacha a la gente porque busca la soledad.

+ Él solo sube al monte y permanece toda la noche en comunicación con su Padre.

Tenemos que aprender de Jesús a buscar tiempos largos para la oración.

+ Los discípulos reman contra el viento y se hace larga la llegada a la otra orilla.

+ Jesús, quizá con un tanto de humor, se acerca a ellos caminando sobre el agua.

Ellos se asustan.

Jesús los anima: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”.

+ Pedro, impulsivo como siempre, le pide caminar sobre el agua. Jesús le dice: “Ven”.

Cuando Pedro se ve caminando entre la barca y Jesús, se le apaga la fe y empieza a hundirse.

Sin embargo de nuevo le brota la fe y le dice: “Señor, sálvame”.

Jesús le advierte: “Qué poca fe. ¿Por qué has dudado?”

+ El Evangelio de hoy termina con un acto de fe impresionante por parte de los apóstoles que al haber contemplado a Jesús y a Pedro, exclamaron:

“Realmente eres hijo de Dios”.

Amigos, ¿hasta dónde llega nuestra fe?

¿No seremos un poco como Pedro que cree… duda… vuelve a creer…?

Señor Jesús, aumenta nuestra fe.

 

 

 

 

 

 

LA VOZ DEL PADRE EN LA TRANSFIGURACIÓN: ESCÚCHENLO

06.08.17

 

El misterio de la transfiguración de Jesús del que hablamos hoy encierra maravillas que no solamente se refieren a Jesucristo, sino como dice el prefacio de este día, es para alentar “la esperanza de la Iglesia, al revelar en sí mismo la claridad que brillará un día en todo el Cuerpo que le reconoce como Cabeza suya”.

Entre los miembros de este Cuerpo estamos tú y yo, ¿no es cierto?

 

La visión de Daniel

En la visión de Daniel de la primera lectura, aparece “un anciano… su vestido era blanco como la nieve y su cabello era como lana limpísima”.

Sin duda quiere representar a Dios mismo con características que manifiestan su grandeza y eternidad.

Daniel durante la “visión nocturna vio venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre que se acercó al anciano y se presentó ante él”.

Seguramente has recordado las palabras de Jesús ante el sanedrín cuando solemnemente dijo:

“Desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo”.

Este es Jesús que se llamó a sí mismo Hijo del hombre y que hoy Daniel dice que “le dieron poder real y dominio. Todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno”.

Este es el Jesús que hoy nos presentará, aunque de manera muy breve, el Evangelio de la transfiguración.

 

El salmo 96

Nos habla del señorío de Dios y por tanto de Jesucristo que es Dios. Precisamente para resaltar la grandeza de Jesús se pone hoy este salmo:

“El Señor reina Altísimo sobre toda la tierra”.

Esta es la parte que repetiremos todos con fe, mientras el lector continúa resaltando la belleza de su reinado:

“El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables…

Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra”.

Glorifiquemos gozosos al Hijo de Dios como hoy nos pide nuestro Padre Dios.

 

San Pedro

En su segunda carta San Pedro, recordándonos que él estuvo allí presente, alude a la transfiguración con estas palabras:

Jesucristo, “Él recibió de Dios Padre honra y gloria cuando la sublime gloria le trajo aquella voz: ‘este es mi Hijo amado, mi predilecto’”.

Al recordar estas palabras del Padre Dios a Jesús, Pedro nos anima a fiarnos de las Escrituras porque han sido inspiradas por el Señor.

 

Versículo aleluyático

Nos recalca las palabras del Padre en la transfiguración. Es de advertir que en este momento el evangelista añade una palabra muy importante al mensaje del Padre en el bautismo de Jesús.

Esta palabra es un mandato: “¡Escúchenlo!”

Tenemos que meditar largamente este mandato del Padre, puesto que el Verbo de Dios encarnado es la Palabra engendrada en la eternidad por el Padre Dios y ahora nos la entrega para que en ella podamos conocer todo lo que Dios quiere de nosotros.

 

Evangelio

Examinemos la escena que nos presenta hoy San Mateo.

Los tres discípulos han subido con Jesús a un monte alto que es el Tabor.

En un momento de oración, sin duda, hay una manifestación trinitaria que resalta la grandeza de Jesucristo.

“La nube” que lo envuelve todo, como en otras manifestaciones, es el Espíritu Santo.

En ese momento se oye una voz que, por lo que dice, sabemos que es del Padre:

“Este es mi Hijo amado, escuchadle”.

La segunda Persona aparece resplandeciente con belleza más divina que humana.

Por otra parte, como en sumisión a la Palabra del Padre, aparecen los representantes de la ley y los profetas, Moisés y Elías, conversando con Jesús sobre su muerte.

Se ve a los discípulos derribados en el suelo, impresionados, ante la grandeza de tal manifestación.

Está claro que con esta Transfiguración Jesucristo quiere fortalecer la fe de sus apóstoles para el momento de la pasión y crucifixión.

Por eso se explica que cuando acaba todo, Jesucristo dice a sus apóstoles:

“No contéis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.

Amigo, meditemos cómo nos enseña la Iglesia que esta transfiguración de Jesús es para todos nosotros la esperanza cierta de que también un día nuestro cuerpo, unido al alma, será transfigurado en el cielo con Dios para siempre.

 

 

 

 

 

 

LAS EXIGENCIAS DEL REINO Y SU RECOMPENSA

30.07.17

 

En este domingo continuamos hablando del Reino.

Hoy vamos a descubrir otros detalles muy importantes para ir conociendo cómo tenemos que vivir los que pertenecemos al Reino de Dios.

Reflexionemos por orden las lecturas del día.

 

Primer libro de Reyes

Salomón tiene la gran oportunidad que ya quisiéramos tener cada uno de nosotros.

El Señor se le apareció en sueños y le dijo: “Pídeme lo que quieras”.

Será bueno que hagas una pausa y pienses qué le dirías tú a Dios si ahora te hiciera esta oferta.

Salomón en lugar de pedir cosas materiales le pide “un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien”.

Al Señor le encantó el pedido de Salomón y le ofreció todo:

“Te doy un corazón sabio e inteligente como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti”.

Y junto a esto Dios le dio todas las riquezas que ni podemos imaginar y un reinado de paz hasta que lamentablemente su corazón se apartó de Dios.

 

Salmo responsorial (118)

Con sus 176 versículos es el más largo de todos los salmos.

La liturgia escoge unos versículos que comienzan con una hermosa frase que nos viene muy bien para el Evangelio de hoy:

“Mi porción es el Señor”.

El Señor es la herencia más maravillosa. Precisamente hace unos días meditábamos en San Pablo que somos herederos de Dios y que esa herencia la compartimos con Cristo.

Estas son también las palabras que cantan los religiosos al consagrarse a Dios.

El resto del salmo busca alabar y bendecir la bondad de Dios que nos ha dado sus mandamientos.

Después de cada versículo repetiremos esta frase que encierra el secreto de la santidad:

“Cuánto amo tu voluntad, Señor”.

 

Romanos 8

Continuamos con este capítulo de San Pablo. Se trata de un pasaje hermoso que hemos ido meditando ya en varios domingos anteriores.

Hoy nos dice “que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien”.

Y es que el Señor triunfará siempre, y los suyos con Él, aun cuando se trate de los peores males de este mundo.

La Biblia de la CEE cita, para este versículo, las palabras de santa Catalina de Siena:

“Todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre. Dios no hace nada que no sea con este fin”.

 

Evangelio del Reino

Hoy nos cuenta Jesús tres parábolas. En ellas aparecen claramente las exigencias que encierra este “Reino de Dios” o “Reino de los cielos”.

+ La primera nos habla de un hombre que, trabajando el campo de otro, encuentra un tesoro, lo cubre y disimula y va a comprar el campo.

El dueño le exige una cantidad que le supone perder todo lo que tiene, pero como está seguro que el tesoro vale mucho más, pierde todo lo suyo pero se queda con el tesoro.

Jesús añade un pequeño detalle, el desprendimiento llenó de alegría al que se  lo jugó todo.

+ La segunda parábola es muy similar: un comprador de perlas queda fascinado por una mucho más preciosa y vende todo lo que tiene para comprar la apreciada joya.

Está claro que la perla y el tesoro personifican a Cristo el cual, por ser Dios, es el único que puede exigirnos todo y también nuestro corazón.

Antes de hablar de la tercera parábola será bueno meditar si nosotros al escoger vivir en el Reino de Dios y desprendernos de cosas, situaciones, personas, etc., nos hemos quedado tristes por la pérdida o alegres por poder pertenecer al Reino de Dios y tener a Jesús como nuestro tesoro.

+ La tercera parábola de hoy habla de la red.

Jesús dice que los ángeles, al final de los tiempos, harán como los pescadores a la orilla del mar:

“Separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego”.

Ahí tenemos la recompensa de Dios a quienes se exigen mucho para entrar y vivir en su Reino.

El Evangelio de hoy termina con unas palabras interesantes que nos enseñan que cuando se convierte uno al Reino de Dios, acepta la novedad del Reino que Jesús ofrece en el Nuevo Testamento, pero  no olvida las maravillas que encierra también el Antiguo Testamento:

“Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo”.

Creo que ahora tenemos la alegría de conocer mejor el Reino de Dios al que pertenecemos los que entramos en la Iglesia de Jesús.

¡Seamos valientes!

 

 

 

 

 

 

 

LAS PARÁBOLAS DEL REINO

30.07.17

 

Jesús habla mucho del Reino pero nunca lo define.

Quiere que “oyendo con los oídos” de la fe descubramos las maravillas del Reino y aprendamos cómo se actúa en él.

Sabemos incluso que los apóstoles llegaron a identificar tanto el Reino con Jesús que, a partir de su resurrección, generalmente no hablan del Reino sino de Jesús. No predican el Reino sino a Jesucristo.

Hoy Jesús nos muestra el Reino en tres parábolas de las cuales nosotros debemos sacar las características del Reino para nuestra santificación:

 

La cizaña

Dios siembra buena semilla pero con el trigo aparece la cizaña que el maligno, que no es otro que el demonio, enemigo de Dios y de los hombres, sembró.

Es preciso que luchen la santidad y el pecado hasta que al final, en la siega, la cizaña irá al fuego y el trigo a los graneros de Dios.

 

La mostaza

Esta parábola muestra la fuerza incontenible del Reino de Dios a donde vienen toda clase de personas buscando refugio.

 

La levadura

La parábola de la levadura nos enseña cómo los cristianos en el mundo tienen una fuerza interior que lleva a la humanidad del pecado a la gracia.

 

Por su parte el Catecismo Católico nos habla largamente del Reino. Recordemos unos detalles para interiorizarlos en este día:

El Reino es el corazón de la enseñanza de Jesús y nos enseña que al rezar pidamos siempre:

“venga a nosotros tu Reino”.

El Reino de Dios está cerca: fue el resumen de la predicación de Jesús como leemos en Marcos (1,15): “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca”.

Jesús explicó un día “el Reino está dentro de ustedes”.

La cercanía del Reino exige nuestra conversión y la acogida del Evangelio que anuncia Jesús:

“conviértanse y crean en el Evangelio”.

El Padre ha enviado a su Hijo para que reúna a todos los hombres. Esta reunión (la Iglesia) la hace Cristo que es el corazón de esta familia de Dios.

 

San Pablo a los Romanos

Les enseña que para ser fuertes contamos con el Espíritu Santo “que viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables”.

Lo que hemos de pedir es que todos los llamados por Dios a su Reino crezcamos unidos como la familia de Dios en el mundo.

El Espíritu Santo nos ayudará.

No olvidemos que si buscamos “el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás se nos dará por añadidura”.

 

El salmo 85

Es una bella oración a Dios que es bueno y clemente.

Meditemos con detención: “Señor, tú eres bueno y clemente, rico en misericordia… Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor… Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí”.

 

El libro de la Sabiduría

La primera lectura nos advierte que no hay más que un solo Dios que cuida de todo, sin competencia, porque Él es el único Dios y Creador.

Él juzga, gobierna y perdona.

Su poder es absoluto.

Esta lección es muy especial para nuestros días cuando los hombres han rechazado al Dios verdadero y pretenden exaltar y adorar los valores del maligno, y al maligno mismo, como si el pecado fuera su Dios, al que adoran.

Recordemos las primeras palabras de esta lectura:

“¡Fuera de ti no hay otro Dios!”

 

Verso aleluyático

Terminemos la reflexión de hoy con este versículo aleluyático:

“Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del Reino a la gente sencilla”.

 

 

 

 

 

 

LOS SENCILLOS SABEN MÁS QUE LOS SABIOS, ¡ESCÚCHALOS!

09.07.17

 

El orgullo de los sabios de este mundo no tiene límites, pero a la larga nos damos cuenta que los que ellos rechazan llamándolos ignorantes, necios, sencillos… son quienes tienen razón y sobre todo conocen las cosas de Dios.

Lo veremos en el Evangelio de hoy.

 

Zacarías el profeta

El párrafo de hoy es claramente mesiánico:

“Así dice el Señor: alégrate hija de Sión”.

El profeta habla de la hija de Sión, personificación de la ciudad de Jerusalén y la trata como a una gran reina.

Sabemos que la liturgia con frecuencia aplica a María este título y especialmente en el párrafo citado, que es el eco de las palabras del ángel Gabriel: “alégrate María”.

El motivo de la alegría que profetiza Zacarías es que “tu rey viene a ti justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna”.

Es la imagen que nos presentará Mateo (21) cuando narra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Mateo, después de citar a Zacarías, añade:

“Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó… y la gente… gritaba: ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”

En esta sencillez, montando un borrico, Jesús cumple esta profecía que llena de júbilo a Jerusalén, a la Iglesia y a cuantos creemos en el Señor.

 

Salmo responsorial (144)

El salmo reúne una serie de alabanzas a Dios y motivos para hacerlo.

Te invito a meditar cómo el Señor es “fiel a sus palabras y bondadoso en sus acciones”.

Esta grandeza de Dios, su clemencia, su misericordia, es una continua invitación para glorificar a nuestro Creador, Dios uno y trino:

“Te ensalzaré Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día te bendeciré y alabaré tu nombre”.

Por tu parte, añade otros motivos personales para glorificar siempre y bendecir el nombre del Señor.

 

San Pablo

En la carta a los Romanos, el apóstol nos presenta la lucha entre la carne y el Espíritu; o sea, entre el pecado y la gracia de Dios.

En medio de esa lucha “los que están en la carne”, es decir, los que escogen el pecado, no pueden agradar a Dios porque no tienen el Espíritu de Cristo.

Pablo sabe que los que le leen tienen, desde el bautismo, el Espíritu Santo. Este Espíritu Santo es el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos. Por eso añade:

“Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en vosotros”.

En estas palabras inspiradas por Dios, se basa nuestra esperanza de resucitar, no solamente el alma, que Dios ha hecho inmortal, sino también la resurrección del cuerpo.

 

El Evangelio

El Evangelio de hoy adquiere un valor muy especial.

Vemos que  muchos que tienen el poder en el mundo y algunos hombres de ciencia, niegan a Dios y su obra maravillosa de la creación. Dicen que unos hombres hipotéticos, que nunca existieron, crearon este mundo maravilloso, o que este mundo se hizo a sí mismo.

Ellos no saben la verdad.

No pueden saberla porque la ciencia hincha y el poder ciega.

Por eso Jesús en un momento de profunda oración nos aclara el plan de Dios para confundir a los soberbios e iluminar a los sencillos.

Se trata de una breve y bellísima oración de Jesús hablando al Padre:

“En aquel tiempo tomó la palabra Jesús y dijo”, leemos en Mateo.

Lucas hace una introducción muy especial para destacar la importancia de estas palabras que luego inspirarán a santa Teresa del Niño Jesús “el caminito” de la infancia espiritual.

 “En aquella hora se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo”.

Podemos pensar que se trata de una oración muy importante que hace Jesús para enseñar a los suyos. Es también interesante que estos dos sinópticos nos transmitan literalmente esta oración de Jesús al Padre.

Meditemos:

“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Es claro que la ciencia de Dios es regalo para los que le buscan y aman con sencillez.

Finalmente, el párrafo de nuestro Evangelio de hoy termina con una invitación de Jesús para que en las pruebas y trabajos de la vida contemos con Él.

 

 

 

 

 

JESÚS, EL PRIMER AMOR, ES EXIGENTE

02.07.17

 

Nos admiran las exigencias de Jesús. Son fuertes a veces. Pero lo hace por nuestro bien: siguiendo a Jesús con la cruz en esta vida, gozaremos de Él en el cielo y todo porque Jesús es Dios…

Jesús es nuestro primer amor.

Hoy meditaremos el ejemplo de Eliseo, sacrificado y hombre de oración.

Pablo nos predica una vida nueva para Dios en Cristo.

Y Jesús nos dará unos consejos para ser apóstoles suyos.

 

Eliseo

El libro de los Reyes nos cuenta que Eliseo pasaba por Sunam y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer y, siempre que pasaba por allí iba a comer a su casa.

La mujer viendo que se trataba de un hombre bueno le dijo a su marido:

“Este hombre es un santo, hay que hacerle una habitación en la casa para que se hospede cuando venga por aquí”.

De esta manera, en el piso superior, hizo una habitación pequeña “le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil”.

De esta pequeña habitación han tomado muchos monasterios el modelo de “celda” para los religiosos, sobre todo los de clausura.

Si quieres completar el relato has de saber que Eliseo fue generoso con ellos y un buen día le dijo a la mujer: “al año que viene, por estas fechas, abrazarás un hijo”.

Ese fue el regalo del gran taumaturgo para recompensar los servicios de esta familia que era estéril.

 

Salmo responsorial (88)

Glorificaremos a Dios con estas palabras:

“Cantaré eternamente las misericordias del Señor”.

El salmo nos pone unos motivos concretos para la alabanza:

“Su fidelidad por todas las edades… porque dije: tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad”.

Una bella comparación que presenta la misericordia como un edificio y la fidelidad como el mismo cielo.

El nombre del Señor es el gozo de su pueblo: el Señor es escudo, es rey.

Al hacer tu oración puedes recordar todos estos títulos para alabar al Señor y unir tus motivos para glorificarlo.

 

San Pablo a los romanos

A veces tomamos el sacramento del bautismo como algo superficial y nos fijamos en si llora el niño, en quién prende la vela y cómo va a ser el banquete después del bautismo.

Sin embargo, este sacramento es mucho más serio:

“Por el bautismo nos incorporamos a Cristo”.

Nada más con esto tendríamos para meditar largamente.

Esta incorporación (meternos en el Cuerpo de Cristo) la concreta Pablo diciendo que hemos sido incorporados en su muerte y en su resurrección.

Como consecuencia de esto nos pide el apóstol “que debemos andar en una vida nueva”.

Y profundiza: si hemos muerto con Cristo y resucitado con Él “creemos que también viviremos con Él” porque la muerte ya no tiene dominio sobre nosotros ya que “su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre y su vivir es un vivir para Dios”.

Por eso añade: “Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”.

En resumen, el bautismo nos incorporó a Cristo, muerto y resucitado, para que nosotros, muertos al pecado, “vivamos para Dios en Cristo”.

Maravilloso programa de todo cristiano: nuestra meta es Dios y el camino es Cristo.

 

Aleluya

El versículo aleluyático pertenece a San Pedro (1P):

Somos “raza escogida, sacerdocio real, nación consagrada”… y todos tenemos la misma misión: proclamar las maravillas que ha hecho Dios sacándonos de las tinieblas del pecado para entrar en su luz admirable.

 

El Evangelio

Es el último párrafo del famoso capítulo diez de San Mateo y en él leemos una serie de pensamientos sueltos:

*Jesús es el primer amor porque es Dios y solo porque es Dios puede exigir que una criatura le ame más que a sus padres y familiares.

Al ver esta exigencia de Jesús puedes preguntarte con sinceridad a quién amas más.

Ahí queda esa pregunta.

*También pide Jesús que carguemos con la cruz y le sigamos, porque el discípulo tiene que compartir la cruz con su Maestro.

*Los apóstoles deben ser recibidos por el servicio que hacen en nombre de Cristo. Ellos nos enseñan y nos alimentan con los sacramentos y nos gobiernan en nombre de Cristo para que sigamos al Buen Pastor.

*Finalmente, Jesús nos promete que Dios será generoso con nosotros si ayudamos a los demás, especialmente a los más pobres y sencillos y no dejará de recompensarnos:

“El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, solo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro”.

 

 

 

 

 

GRACIAS JESÚS: ¡TE ENTREGASTE POR MÍ!

25.06.17

 

Los profetas suelen desahogarse ante el Señor y piden ayuda en los momentos más duros.

El gran profeta Jeremías lo hace de una manera especial. Lo meditamos hoy:

 

Jeremías

La Biblia nos presenta estos momentos fuertes de la vida del profeta como “confesiones de Jeremías”. En ellas se queja ante Dios y se desahoga, pero se mantiene fiel por encima de todo.

La “confesión” de hoy es muy llamativa. Tiene una primera parte que no leemos este día, pero es la más bella y conocida:

“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”.

Después pasa a los sufrimientos que tiene que soportar por parte de la gente, pero sobresale su confianza en el Señor que expresa así:

“Pues te he encomendado mi causa”.

Luego Jeremías nos invita, a pesar de sus sufrimientos:

“Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de la mano de gente perversa”.

En los versículos siguientes sigue desahogándose Jeremías.

Esta actitud de desahogo, e incluso con sus mismas palabras, las podemos repetir posiblemente todos nosotros. Podemos decir que esta oración pudo hacerla Jeremías. Pero también el pueblo; Jesús en su vida y pasión. Y también nosotros en algunos momentos.

De una manera especial hagamos esta oración en nombre de los hermanos tan perseguidos en nuestro tiempo y a pesar de todo fieles a la fe.

Será bueno leer hoy el Catecismo Católico (2584) para entender a los profetas y sus oraciones:

“En el cara a cara con Dios, los profetas extraen luz y fuerza para su misión. Su oración no es una huida del mundo infiel, sino una escucha de la Palabra de Dios, es a veces un debatirse o una queja, y siempre, una intercesión que espera y prepara la intervención del Dios salvador, Señor de la historia”.

Hoy nos hemos entretenido un poco con el profeta Jeremías y sus desahogos.

Nos quedan las otras lecturas que nos  ofrecen buenas enseñanzas.

 

San Pablo

Nos recuerda cómo por un solo hombre, Adán, entró el pecado en el mundo, pero hubo un personaje mucho más maravilloso que vino a redimirnos para conseguirnos el perdón de Dios.

Su muerte fue nuestro rescate.

Como Jesús es Dios, Pablo nos advierte:

“Si por el delito de uno murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos”.

(Te invito a completar esta importante lección leyendo Rm 5,12-21).

 

Salmo responsorial

El salmo (68) recoge las angustias que sufrieron los profetas. Especialmente podemos aplicar este salmo a Jesús durante la pasión:

“Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí”.

 

Evangelio

San Mateo, en su famoso capítulo diez, el capítulo misionero, habla de las persecuciones que soportarán los suyos.

Los perseguirán como persiguieron a los profetas y al mismo Jesús.

Pero Jesús, en un párrafo hermoso, nos pide que a pesar de todo “no les tengáis miedo”... porque a la hora de la verdad “los que matan el cuerpo no pueden matar el alma”.

El Padre Dios es el dueño de todo. Por eso Jesús nos pide que confiemos en Él, cuya providencia cuida de los gorriones, ninguno de los cuales cae al suelo “sin que lo disponga vuestro Padre”.

Y este Padre Dios cuida a sus hijos con mucho más cariño que a los pajaritos, hasta el punto que “tenéis los cabellos de la cabeza contados” por Él.

Al final Jesús vuelve a insistir:

“No tengáis miedo”.

Buena lección para tenerla en cuenta en tantos ambientes difíciles de hoy.

Después de esto y de cuanto nos ha dicho Pablo ¿quién no confiará plenamente en Jesús que ha hecho tanto por nosotros?

De todas formas ahí quedan las últimas palabras del Evangelio de hoy:

“Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.

Gracias, Jesús, porque te entregaste por mí.

 

 

 

 

 

 

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

18.06.17

 

La fiesta de hoy nos recuerda a todos, el olor a incienso, las flores, el palio que llevan hombres serios, y el sacerdote reverente con los ojos clavados en la hostia que lleva metida en la custodia, que parece un sol con sus rayos de oro.

Es la gran fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.

La Iglesia en estos días que siguen a la Pascua, nos va entresacando los misterios más bellos que hemos vivido durante ella. Quiere que los adoremos y agradezcamos. Algunos de ellos son: la Santa Trinidad que nos ha dado todo, Cristo sumo y eterno Sacerdote, el Sagrado Corazón de Jesús y el Cuerpo y Sangre de Cristo que celebramos hoy:

Bajo las especies de pan y vino, granos molidos y uvas exprimidas, está Jesús después de la consagración. Así de simple:

Está Jesús con su Cuerpo glorioso, su Alma bendita y su Divinidad de Hijo de Dios:

¡Es nuestra fe!

 

El prefacio

Nos recuerda cómo el Señor, “al instituir el sacrifico de la eterna alianza, se ofreció a sí mismo como víctima de salvación”.

En el Antiguo Testamento hubo una alianza de Dios con Moisés. Se selló con sangre de animales y hubo una ley, el Decálogo, que todos conocemos.

Esta fue la primera alianza.

Ahora hay un sacerdote nuevo, una ley nueva (“mi mandamiento”)  y una víctima nueva que ya no es sangre de animales sino la Sangre santísima de Jesús, ofrecida en la cruz de una vez para siempre.

Con su sangre comienza una alianza nueva entre Dios y los hombres.

Es la alianza profetizada varias veces en el Antiguo Testamento. Una “alianza nueva y eterna”.

Para que se perpetuara, Jesús Sumo y Eterno Sacerdote pidió que los apóstoles y sus sucesores ofrecieran la misma víctima muchas veces:

“Hagan esto en memoria mía”.

Con ese sacrifico la Carne de Cristo se convierte en verdadera comida y su Sangre es la bebida que nos santifica. Su Cuerpo y su Sangre son la prenda segura de nuestra salvación.

Nos salvamos si comemos la Eucaristía:

“El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”.

 

La primera lectura

Hace alusión al maná que Dios regaló a los Padres en el desierto.

Y si bien algunos a veces se sintieron “hastiados por aquel pan sin cuerpo”, la Tradición nos enseña que el maná sabía a cada uno según aquello que deseaba comer.

Cuando hacemos la bendición del Santísimo Sacramento recordamos el don del maná al decir:

“Les diste pan del cielo que contiene en sí todo deleite”.

 

San Pablo

El apóstol recuerda a los Corintios que en la Santa Misa “el cáliz de bendición que bendecimos es la comunión con la Sangre de Cristo y el pan que partimos es comunión con el Cuerpo de Cristo”.

Según Pablo el fruto de la comunión que compartimos los cristianos tiene que ser la unidad y así, “aunque somos muchos formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan”.

 

Evangelio

El Evangelio nos lleva una vez más a la sinagoga de Cafarnaúm.

Allí Jesús hace la gran promesa que escandaliza a los fariseos y que, medio a ciegas, aceptan  los apóstoles.

Los primeros dicen “dura es esta doctrina”.

Y los segundos, con Pedro, dicen: “Tú tienes palabras de vida eterna”.

Meditemos nosotros la valiente promesa de Jesús (valiente porque le costó la vida):

“Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su Sangre, no tendréis vida en vosotros”.

Muchos cristianos no comulgan y la Iglesia ha tenido que ponernos una obligación: comulgar al menos una vez al año “por Pascua florida”.

¿Cómo es posible esto?

¿Hemos perdido la fe en el gran regalo de Jesús, la Eucaristía?

Amigos, comulguemos siempre que podamos y sigamos también las santas tradiciones de la Iglesia, como son: las procesiones del Santísimo Sacramento, la visita y adoración a Jesús Eucaristía.

Jesús en la Eucaristía es la luz que ilumina nuestro camino hacia el corazón de Dios.

 

 

 

 

 

NUESTRA FE EN LA TRINIDAD SANTA

11.06.17

 

Hoy es un día muy especial para la liturgia, es decir para la Iglesia y para nuestra vida personal.

La Iglesia nos habla de este misterio en el domingo siguiente a Pentecostés, pero todo el año y siempre nos está invitando a hacer cada una de nuestras obras en honor de la Santísima Trinidad. Por otra parte, en todas las oraciones que hace la Iglesia invoca a nuestro Dios uno y trino.

Qué santa sería una persona que cuando hace cualquiera de las cosas, aún más sencillas de la vida, repite con atención y amor:

Esto lo hago en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

De todas formas vamos a las lecturas del ciclo A donde encontraremos grandes enseñanzas para meditarlas y amarlas.

 

La primera lectura

Nos presenta la definición que Dios da de sí mismo a Moisés:

“Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”.

Te invito a que de esta lectura del Éxodo saques una conclusión muy importante para tu vida y para conocer el corazón humano que busca a Dios inconscientemente: es el hambre de Dios.

Moisés no se contenta con la visión mística que le ha regalado Dios, sino que le pide con todas sus fuerzas y en una actitud muy humilde, echado por tierra:

“Que mi Señor vaya con nosotros”.

A pesar de las infidelidades Moisés seguirá exigiendo a Dios que lo acompañe siempre y no solo a él sino al pueblo que Dios se ha escogido.

 

Un saludo especial

En la Santa Misa, con frecuencia oyes este saludo inicial, después de haber invocado a la Santísima Trinidad:

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con todos vosotros”.

¿Sabes de dónde viene este saludo especial?

De la carta de San Pablo a los corintios que leemos hoy.

En este saludo se pide la bendición del Dios uno y trino para toda la asamblea que participa en la Eucaristía.

Ahí tienes nombrada, de una manera concreta, a las tres Divinas Personas.

Después de meditar este saludo, te invito a reflexionar en las primeras palabras del parrafito de hoy. Son muy importantes:

- Es una invitación a la alegría, cosa que frecuentemente nos repite San Pablo.

- Viene después la invitación a la conversión.

- También pide que nos animemos unos a otros, porque muchas veces en la vida necesitamos unas palabras de aliento.

- Finalmente, el apóstol nos pide que vivamos en paz teniendo unos sentimientos comunes entre todos, como nos dirá San Lucas que los tenía la primera comunidad cristiana:

“Tenían un solo corazón y una sola alma”.

 

Verso aleluyático

Es una invitación a la alabanza.

La liturgia continuamente nos pide a glorificar a Dios con estas palabras:

“Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”.

Lo repetimos al comienzo de las Horas del Oficio Divino y al final de cada uno de los salmos.

Y es que lo más grande que puede hacer una criatura es glorificar a su Señor.

 

Evangelio

En cuanto al Evangelio, hoy nos encontramos con las palabras tan conocidas de Jn 3,16.

Si profundizas las primeras palabras, te das cuenta de que al hablar del “amor” habla del Espíritu Santo; al hablar de Dios habla del Padre y al hablar del Hijo unigénito se refiere a la segunda Persona de la Santísima Trinidad.

La obra de amor de la Santísima Trinidad ha sido, pues, entregarnos al Verbo, encarnándolo, para que podamos tener vida eterna.

En este párrafo del Evangelio encontramos también una respuesta muy clara para quienes preguntan por qué, si Dios es bueno, condena a los pecadores. Medita le respuesta:
“El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.

Está claro que cada uno se prepara la salvación o la condenación, según que acepte o rechace libremente al Verbo encarnado, Jesucristo.

 

Prefacio

Finalmente, en el Prefacio encontrarás, de una manera clara, lo fundamental que la Iglesia nos pide creer con respecto a nuestro Dios que es Trinidad:

 “Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor;  no una sola Persona sino tres Personas en una sola naturaleza”.

Esto lo creemos solo porque Dios nos lo ha revelado, como un signo de su bondad. Por eso, “al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”.

En este hermoso día te invito a que, en un momento libre, te encierres dentro de ti mismo y medites este gran misterio que llevas dentro de ti desde el día del bautismo:

¡Dios vive en mi corazón!

 

 

 

 

 

EL ESPÍRITU SANTO

04.06.17

 

Da la impresión de que los poderes del mundo están acabando con la Iglesia. Quizá piensan que con unos cuantos mártires más, como lo han hecho sus predecesores, desaparecerá del mundo la Iglesia de Jesucristo.

Por eso resulta interesante que la Iglesia, precisamente en medio de esta situación, nos ha escrito a todos un mensaje optimista que empieza así:

“La Iglesia rejuvenece por el poder del Evangelio, y el Espíritu continuamente la renueva, edificándola y guiándola con diversos dones jerárquicos y carismáticos”.

La obra de Dios es más fuerte que la de los hombres y pueden estar seguros de que en un futuro próximo todos los que han botado a Dios de la sociedad y se han burlado de sus mandamientos… no tendrán poder.

El Espíritu Santo sigue preparando a la Iglesia de Jesús.

¡Él es más fuerte que el maligno! Su obra es continua.

Cada nuevo cristiano recibe en el bautismo la gracia divina que lo hace hijo de Dios, hermano de Jesucristo y heredero del cielo. Al mismo tiempo recibe cuanto necesita para el crecimiento de su vida sobrenatural: virtudes teologales, virtudes cardinales, dones, etc.

Todo esto lo hace el Espíritu Santo. Por eso repetimos gozosamente:

En medio de esta sociedad, la Iglesia rejuvenece por obra del Espíritu Santo.

Vayamos ahora a las lecturas.

 

El prefacio

Nos enseña que el Padre “para llevar a plenitud el misterio pascual (envío) hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo. Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas”.

Solamente con estas palabras ya tendríamos para una meditación. Maravillosa obra la del Padre por medio de su Espíritu.

 

Los Hechos de los apóstoles

Sin duda hemos leído muchas veces lo que cuenta este libro sobre el día de Pentecostés. Leámoslo de nuevo pero tengamos en cuenta que no son tan importantes los signos externos, que eran solo una manera de llamar la atención y reunir la multitud. Fijémonos más bien en la realidad, es decir, que el Espíritu Santo llegó para santificar a la Iglesia de Jesús y la puso en movimiento irresistible a través de los siglos.

 

Salmo responsorial (103)

Nos invita a glorificar al Señor por su grandeza y las obras maravillosas que ha hecho y nos hace ver cómo el aliento de Dios crea las cosas y repuebla la faz de la tierra.

Por eso con la Iglesia repetiremos muchas veces en estos días:

“Envía tu Espíritu Señor”.

 

Carta de San Pablo a los Corintios

Nos habla de cómo toda la actividad de la Iglesia y de cada uno de los que formamos parte de ella, es fruto del impulso del Espíritu Santo y nos recuerda cómo la diversidad de dones y carismas los produce el mismo Espíritu para el bien común, es decir, para santificación del cuerpo de Cristo.

Pablo nos invita también a recordar siempre que el Espíritu Santo, como alma de la Iglesia, es un continuo impulso para vivir la unidad.

 

La secuencia

Se trata de un himno especial para este día en el que la Iglesia resalta la actividad del Espíritu Santo en las almas.

Al mismo tiempo es una ayuda para que recemos y pidamos el Espíritu Santo a quien llama con cariño: Luz, Padre amoroso, Don, Fuente de consuelo, Dulce huésped del alma…

Te invito a que, en un momento de oración en este día, personalices este hermoso poema haciéndolo oración tuya.

 

Verso aleluyático

La Iglesia hoy se hace petición. Quiere la presencia continua del Espíritu Santo de distintas formas. La más común de las cuales es tan simple como ésta: “¡Ven, Espíritu Santo!”

Pídelo tú también al Padre y al Hijo que, según la promesa de Jesús, llenen tu corazón con la luz del Espíritu que te llevará a la plenitud de la verdad.

 

Evangelio

El Evangelio de San Juan nos recuerda el momento de la Pascua en que Jesús, puesto en medio de los apóstoles, después de saludarlos con  la paz, “exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”.

Bendigamos a Jesucristo que con el Padre ha querido regalarnos su Espíritu para que, por muchos que sean nuestros pecados, estemos seguros de su misericordia.

 

 

 

 

 

 

 

SE FUE Y LOS LLENÓ DE ALEGRÍA

28.05.17

 

Hoy celebramos la Ascensión del Señor que, junto con la resurrección, constituye la glorificación que el Padre Dios da a su Hijo el predilecto: ¡Gloria a Dios!

 

La Ascensión

En los Hechos de los apóstoles San Lucas, al que tenemos que tomar muy en serio porque al principio del Evangelio nos advierte que:

“Yo he resuelto escribir por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio…”.

El evangelista nos cuenta la Ascensión del Señor a los cielos y lo que sucedió poco antes.

Un día que comían juntos, Jesús  les habló así:

“No os alejéis de Jerusalén… en pocos días seréis bautizados con el Espíritu Santo”.

De esta manera, una vez más, Jesús  prometía la compañía del Espíritu Santo a su Iglesia.

En ese momento tan solemne todavía algunos presentan sus dudas al margen de todos los acontecimientos y enseñanzas de Jesús:

“¿Ahora vas a restaurar el reino de Israel?”

Era la concepción que tenía el pueblo sobre el Mesías. Jesús entonces insiste sobre la venida del Espíritu Santo y cómo les dará fuerza “para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”.

En ese momento Jesús empieza a elevarse “hasta que una nube se lo quitó de la vista”.

Una vez más nos encontramos con la nube, símbolo de la presencia del Espíritu Santo.

Finalmente, cuenta San Lucas que se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:

“¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para ir al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse”.

Alusión clara a la Parusía o segunda venida del Señor que será su glorificación definitiva.

 

Salmo responsorial (46)

Sin duda que todos nosotros al leer este salmo, tantas veces en el Oficio divino, hemos visto una alusión directa a la Ascensión del Señor. Unámonos a este triunfo de Jesús:

“Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas… Dios es el Rey del mundo”.

Y por todo esto se repite la invitación: “aclamad a Dios con gritos de júbilo porque el Señor es sublime… Tocad para Dios, tocad. Tocad para nuestro Rey, tocad”.

Y como terminando esta Ascensión nos dice:

“Dios se sienta en su trono sagrado”.

 

San Pablo a los Efesios

Es un párrafo hermoso en el que les invito a fijar la atención en dos puntos:

*. Que el Señor “ilumine los ojos de vuestro corazón”.

Solo con el corazón iluminado por la fe entenderemos la esperanza a la que Dios nos llama.

*. El Padre “todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia como cabeza”.

Jesús, después de entregarse totalmente por nosotros ha sido glorificado por Dios.

 

Haced discípulos de todos los pueblos

El Evangelio de hoy pertenece a San Mateo.

El evangelista alude también a la duda suscitada en alguno de los apóstoles que pensaban en  la reconstrucción de Israel.

Prescindiendo de todo, Jesús da este mandamiento que, por cierto, es muy grave:

“Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos”.

Nunca en su vida Jesús había puesto tanta exigencia. Es como decir:

Como Dios que soy y tengo poder sobre cuanto existe, les doy un mandamiento. Y el mandamiento consiste en hacer discípulos de todos los pueblos, bautizarlos en nombre de la Santísima Trinidad y enseñarles “a guardar todo lo que les he mandado”.

Finalmente, Jesús aclara que se va y no se va, como dijo en la última cena:

“Me voy y vuelvo a vuestro lado” (Jn 14,28).

 

La alegría fruto de la Ascensión

Una de las cosas más llamativas de la Ascensión es que los discípulos no sienten pena por la ausencia del Maestro sino que por el contrario: “Se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”.

El Papa Benedicto nos ayuda a entenderlo mejor. Él comenta en su libro Jesús de Nazaret:

“Todo adiós deja tras sí un dolor. ¿Cómo entender entonces la alegría?”

Añade el Papa: “La alegría de los discípulos, después de la ascensión, corrige nuestra imagen de este acontecimiento… La ascensión no es marcharse a una zona lejana del cosmos, sino la permanente cercanía que los discípulos experimentan con tal fuerza que les produce una alegría duradera”.

Por eso el mismo Papa nos invita a meditar:
“El cristianismo es presencia: don y tarea; estar contentos por la cercanía interior de Dios y, fundándose en eso, contribuir activamente a dar testimonio en favor de Jesucristo”.

Termino con estas palabras del gran Pontífice:

“El Jesús que se despide no va a alguna parte en un astro lejano. Él entra en la comunión de vida y poder con el Dios viviente, en la situación de superioridad de Dios sobre todo espacio. Por eso ‘no se ha marchado’, sino que, en virtud del mismo poder de Dios, ahora está presente junto a nosotros y por nosotros”.

Así cumple Jesús “yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

 

 

 

 

 

 

EL AMOR VERDADERO ES LIBRE

21.05.17

 

“Con gritos de júbilo anunciadlo y proclamadlo: el Señor ha redimido a su pueblo”.

 

El diácono enseña y bautiza

Los Hechos de los apóstoles nos cuentan cómo fue expandiéndose la Iglesia en los primeros tiempos. Hoy es un ejemplo de ello: el diácono Felipe va a Samaría y predica a Cristo.

La multitud se alegra y se bautiza y son muchos los milagros que abren el camino al Evangelio.

Una vez más se constata cómo la fe trae la alegría: “la ciudad se llenó de alegría”.

Por otro lado “los apóstoles que estaban en Jerusalén”, al enterarse de la conversión de los samaritanos, enviaron a Pedro y a Juan para confirmarlos en la fe: “les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”.

De esta manera, ya desde el principio nos encontramos con la diferencia entre el diácono que enseña y bautiza y los obispos que confirman la fe con la imposición de manos.

 

Salmo responsorial 65

Tengamos en cuenta que estamos en plena liturgia pascual. Por eso la Iglesia nos invita de distintas formas a vivir el gozo de la resurrección:

“Aclamad al Señor tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria…

Alegrémonos con Dios que con su poder gobierna eternamente”.

 

Dar razón de la fe

Continuamos leyendo la carta de San Pedro y hoy nos invita a “glorificar en nuestros corazones a Cristo el Señor y estar siempre prontos a dar razón de nuestra esperanza”.

A continuación él mismo nos dice que, en nuestra evangelización, debemos actuar “con mansedumbre, respeto y buena conciencia”.

Pienso que todos los católicos debemos tener conciencia de este pedido de San Pedro y aprender bien el Catecismo de la Iglesia Católica e ir escrutando continuamente las Escrituras, primero para cimentar nuestra propia fe y segundo, para evangelizar con eficacia.

Finalmente Pedro, basándose en la misma actitud de Cristo, nos dice: “mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal”.

 

Dos momentos de la última cena

En el Evangelio de hoy nos acompaña San Juan.

*. El apóstol recoge dos enseñanzas muy importantes:

1. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.

A veces pretendemos que algunos cumplan los mandamientos poco menos que a la fuerza.

No es esto lo que pide el Señor. Obedecer, si no hay amor, no tiene sentido.

Solo el amor puede motivarnos para cumplir la voluntad de otro. Y como no hay amor sin libertad, debemos entender que solo desde la libertad amamos y desde el amor cumplimos. Solo así merecemos.

2. La promesa del Espíritu Santo.

Jesús sabe que Él es el primer consolador, amigo y protector, enviado por el Padre.

Él nos descubrió los planes de Dios para salvarnos y pronto se va a ir. ¿Dejará solos a los suyos?

Dentro de ese clima amoroso de la última cena Jesús les dice con cariño:

“Pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”.

Es la promesa del Espíritu Santo que se realizará después de la resurrección, el día de Pentecostés.

Esta es precisamente la diferencia que marca Jesús entre los suyos y el mundo. 

Este mundo no puede conocer al Espíritu Santo “vosotros en cambio lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros”.

Jesús no se conforma con esto: les advierte: “no os dejaré huérfanos, volveré”.

Esto es lo que había repetido en otro momento, cuando dijo: “yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Qué felices nos sentimos en la Iglesia de Jesús porque estamos seguros de la compañía diaria del Espíritu Santo y de Jesús mismo, que es Dios. Por esto tenemos la seguridad de que el Padre también camina con nosotros ya que las tres Personas son inseparables.

De ahí que nuestro párrafo de hoy termine diciendo:

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”.

Preciosa invitación que nos lleva a profundizar en el misterio trinitario.

 

Vendremos a Él

Quedémonos en este domingo con esta idea del verso aleluyático que nos habla, una vez más sobre la presencia o inhabitación de la Santísima Trinidad en nuestros corazones:

“El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él”.

 

 

 

 

 

 

 

 

EL QUE ME VE A MÍ, VE AL PADRE

14.05.17

 

Continuamos la lectura de los Hechos de los apóstoles.

Ten presente que este libro de la Biblia es la historia de los primeros años de la Iglesia de Jesús.

Recuerda también el origen trinitario de la “misión” de la Iglesia:

El Padre amó tanto al mundo que envío a su Hijo para salvarlo (a esto llamamos la primera misión trinitaria: Encarnación).

El Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo (segunda misión: Pentecostés).

Y el Espíritu Santo, el día de Pentecostés, envió a la Iglesia (tercera misión) con la promesa de que ella continuaría siempre la evangelización, contando con la presencia de Jesús misionero, “yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, y con el poder del Espíritu que “os llevará a la plenitud de la verdad”.

La lectura de los Hechos de los apóstoles nos ayudará a todos a ser fieles y transmitir el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo.

 

Problemas caseros

Todos somos muy humanos y la lectura de los Hechos nos lo recuerda en este día.

Ojalá solucionemos siempre los problemas humanos con la eficacia y fe con que lo hicieron los apóstoles:

A la hora de compartir el suministro diario, resulta que las viudas de los griegos no eran bien atendidas. ¿Solución?

Los apóstoles advierten que ellos no tienen tiempo para ocuparse de la administración:

“Nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra”.

Y para solucionar el problema con eficacia constituyeron siete hombres de buena conducta a quienes llamaron “diáconos”. Les impusieron las manos y volvió la paz.

Termina el párrafo advirtiendo cómo “crecía mucho el número de los discípulos. Incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe”.

Tengamos en cuenta que la caridad siempre es la mejor solución de nuestros problemas pequeños o grandes.

 

Salmo responsorial (32)

Nos invita a confiar en la misericordia de Dios:

“Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti”.

 

La piedra angular

Muchas veces encontramos en la Biblia ya en el Antiguo Testamento, sobre todo en el salmo 117, alusiones a la piedra angular. ¿Qué significa esto?

Es simplemente una hermosa comparación.

San Pedro hoy nos dice que la piedra viva desechada por los hombres fue escogida y preciosa ante Dios. Cuando se construye hay que poner los cimientos sobre roca viva.

La comparación es bonita: la Iglesia es como un templo, pero no construido con piedras muertas, sino como dice Pedro:

“Vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu”.

En esta comparación Jesucristo es la piedra angular sobre la que se cimenta toda la construcción del Reino en la tierra.

De aquí pasa San Pedro a dar distintos nombres a esta Iglesia que formamos Cristo y nosotros:

“Raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido por Dios…”

Pablo, además de hablarnos de la construcción, utiliza otra comparación más conocida, la del símil del Cuerpo en el que Cristo es la cabeza y nosotros los miembros.

¡Bendita Iglesia que tiene a Cristo como cimiento, cabeza y corazón!

 

Versículo aleluyático

Nos recuerda las palabras de Jesús que leeremos en el Evangelio:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”.

 

Muéstranos al Padre

El Evangelio nos lleva a un momento bellísimo de la intimidad entre Jesús y los suyos en el ambiente de la última cena. Te invito a profundizar porque hay mucha riqueza en cada uno de estos versículos.

Quizá uno de los que nos llama más la atención es la simplicidad con que Felipe le dice a Jesús:

Tanto nos hablas del Padre, “muéstranos al Padre y nos basta”.

La respuesta de Jesucristo no deja de encerrar su misterio. De hecho nadie puede ver al Padre en este mundo, pero el deseo de verlo es muy importante.

En el fondo, lo que enseña Jesucristo se aclara mejor con el capítulo cinco de San Juan, donde leemos cómo todo lo que hace el Padre lo hace el Hijo y por tanto ver las obras de Jesús es como ver actuar al Padre.

De ahí estas profundas palabras:

“Creedme, yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras”.

Y la conclusión del párrafo es realmente hermosísima y una invitación para que todos nosotros ahondemos en el misterio santo de la Trinidad:

“El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago y aún mayores. Porque yo me voy al Padre”.

Que en esta Pascua, amigos, nos unamos más cada día a Jesucristo, nuestro único Salvador y amigo verdadero.

 

 

 

 

 

YO SOY LA PUERTA

07.05.17

 

 

No es fácil que alguien diga que él es la puerta.

Se nos ocurren tantas palabras: señor, maestro, pastor, jefe, amo… ¿pero puerta?

Jesús  mismo se nos ha presentado, como Dios que es, de muchísimas formas:

Yo soy la luz, la verdad, el camino, la vida, el pan de vida, la vid…

Pero, ¿puerta?

Pues sí, amigo. Así se nos presenta en el domingo de hoy como la puerta del aprisco. Si uno no es ladrón, tiene que descubrir la puerta para entrar y eso es lo normal.

Jesús, que se definió como Buen Pastor, ha querido llamarse Puerta por una razón muy simple. Él mismo lo explicó: la salvación nos viene del Padre a través de Jesucristo resucitado. Por eso dice: “quien entre por mí se salvará”.

Nadie puede entrar en el reino del Padre si no es a través de Jesucristo. Lo seguiremos comentando en el Evangelio.

 

La conversión

La primera lectura es la continuación del libro de los Hechos de los apóstoles que leímos el domingo anterior.

San Pedro “con los once en pie a su lado” anuncia la resurrección.

Valientemente afirma:

“El mismo Jesús a quien vosotros matasteis, colgándolo de una cruz por manos de hombres inicuos, Dios lo resucitó”.

La fuerza que el Espíritu Santo puso en las palabras de Pedro movió el corazón de los oyentes que muy arrepentidos dijeron estas palabras:

“¿Qué tenemos que hacer, hermanos?”

Pedro, aprovechando el momento les gritó: convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús Mesías, para perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

El fruto del Espíritu fue la conversión y bautismo de unas tres mil personas.

Hoy también necesitamos evangelizar con valentía y decir “a esta generación perversa” la verdad:

Hay pecado. Hace falta conversión. Dios es misericordia para los que se arrepienten.

No es fácil porque el orgullo quiere romper toda relación con Dios y su ley. Que sea la fuerza del Espíritu la que nos ilumine.

 

San Pedro

Continúa invitándonos en su carta para padecer con Cristo y vivir la conversión. Por eso nos dice “si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios” y así imitamos a Cristo que padeció por nosotros para librarnos del pecado.

Confiando en nuestra conversión sincera para aprovechar la pasión y muerte del Resucitado, termina diciéndonos:

“Andabais descarriados como ovejas pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras vidas”.

 

Verso aleluyático

Hoy es el domingo del Buen Pastor y en los tres ciclos se habla de Jesús con este título. Sin embargo, nuestro Evangelio va a resaltar que Jesús es la Puerta.

Pero de todas formas este versículo nos enseña que “yo soy el Buen Pastor, conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí”.

 

El Evangelio

La lectura  de hoy contrapone a Jesús con los malos pastores. Estos “no entran por la puerta en el aprisco de las ovejas sino que saltan por otra parte… ese es ladrón y bandido”.

En cambio los buenos pastores entrar por la puerta.

Después de contar la actividad de un buen pastor que cuida sus ovejas Jesús, que también se llama Buen Pastor, afirma:

“Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas… quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos”.

La comparación es bellísima. Solo a través de Jesús, como por una puerta, podemos llegar a los brazos del Padre.

Podremos recibir todos los regalos de Dios que son comparados con buenos pastos y agua limpia.

Recordemos que por el bautismo entramos en la Iglesia de Jesús. Y esa Puerta es el mismo Cristo que en el amor del Espíritu Santo nos lleva a los brazos del Padre.

 

Domingo del Buen Pastor

A este domingo se le llama así. Por eso el salmo responsorial es el conocidísimo salmo 22 en el que ya, desde el Antiguo Testamento, Dios se nos presenta como el Buen Pastor al que invocan los fieles:

“El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce a fuentes tranquilas”.

Tengamos presentes también hoy, con la Iglesia universal, a los buenos pastores que nos ayudan a caminar hacia Dios, empezando por el Papa, siguiendo por nuestro obispo, los sacerdotes… Pidamos por todos ellos, para que sean fieles y no permitan que nadie les robe sus ovejuelas.

 

 

 

 

 

EL GOZO PASCUAL

30.04.17

 

La liturgia de hoy nos presenta toda la alegría de la Iglesia de Jesús con motivo de la resurrección de su Esposo amado.

 

Vamos a fijarnos primero en las frases que directamente nos hablan de este gozo:

*. “Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el Espíritu y que la alegría de haber recobrado la adopción filial…” (oración colecta).

*. “Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante de gozo, y pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo de tanta alegría, concédenos participar también del gozo eterno” (oración de ofrendas).

*. En los Hechos, Pedro cita el salmo 15 que será nuestro salmo responsorial:

“Tengo siempre presente al Señor… por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua y mi carne descansa esperanzada”.

*. En el Evangelio veremos cómo los dos de Emaús dicen “¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”

Era el gozo de descubrir la fidelidad de Jesús que había prometido resucitar.

*. En el salmo aleluyático, pedimos:

“Haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas”.

 

Vayamos ahora a las lecturas.

*. La primera es el gran discurso de “Pedro, de pie con los once”, que habla a la multitud reunida al percibir los signos externos de la presencia del Espíritu Santo en Pentecostés.

Valientemente proclama la resurrección de Jesucristo y les echa en cara a los judíos que ellos lo “mataron en una cruz”.

Pero apoyando su afirmación en el salmo de David, les hace ver cómo “Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte”.

Por otra parte el mismo apóstol explica lo que ha sucedido en este primer Pentecostés:

“Exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo”.

En la segunda lectura, de la carta de Pedro, leemos cómo hemos sido rescatados del pecado de nuestros padres: es algo muy profundo y digno de meditarlo porque este fue el medio que utilizó el Señor para darnos la salvación, la sangre de Cristo:

“No con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto”.

El mismo Pedro nos invita hoy a poner en Dios nuestra fe y nuestra confianza.

 

Ahora quiero resaltar algunos pensamientos del Evangelio de los discípulos de Emaús:

Este pasaje ha llenado de belleza la poesía, la pintura, la arquitectura, la música religiosa…

Para ayudarles a meditar con más profundidad este espléndido pasaje les ofrezco estos pensamientos:

*. Jesús en persona se acercó a los dos que iban a Emaús y se puso a caminar con ellos.

*. No lo conocieron. Así sucede muchas veces porque Jesús acostumbra ocultarse a los ojos de los hombres para que se enriquezcan caminando en fe.

*. Iban hablando de Jesús y de los grandes acontecimientos de aquellos días. Es interesante resaltar que eran dos, al estilo de los misioneros que pidió Jesús.

*. Una vez más cumplió Jesús su Palabra: “donde hay dos o más reunidos en mi nombre en medio de ellos estoy yo”.

*. Los discípulos cuentan hasta las apariciones del Resucitado, pero regresan sin fe y con una conclusión negativa después de contar cómo las mujeres habían encontrado vacío el sepulcro:

“Pero a Él no lo vieron”.

*. Jesús explica pacientemente las Escrituras, que tantas veces ellos habían leído, pero no habían creído que se estaban cumpliendo en el Maestro.

*. Al llegar al pueblo de Emaús, Jesús hace ademán de seguir adelante pero los discípulos le invitan: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya va de caída”.

De esta manera merecieron gozar de la promesa de Jesús: “fui peregrino y me hospedaste”.

*. Se sentaron a la mesa y llegó el momento cumbre del encuentro:

Jesús “tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio”.

De esta manera sencilla, Lucas nos da a entender que Jesús consagró el pan y al comerlo se les abrieron los ojos a los discípulos, pero el Señor había desaparecido.

Podemos decir, por tanto, que Jesús celebró como una gran Eucaristía con los de Emaús.

La primera parte de esa Eucaristía fue la Palabra de Dios comentada por el camino y la segunda, la consagración y comunión.

Transformados por la presencia eucarística de Jesús y llenos de fuego y prisa por su amor, regresaron a Jerusalén y se realizó el gran encuentro con los demás apóstoles y discípulos, afirmando ellos cómo lo habían reconocido al partir el pan.

¡El Señor resucitó, aleluya!

 

 

 

 

 

 

LA PAZ DE LA DIVINA MISERICORDIA

23.04.17

 

Hoy celebramos dos grandes acontecimientos que pueden llenar nuestras reflexiones de fe:

Por una parte, todo lo que incluye la octava de pascua y por otra la fiesta de la Divina Misericordia.

 

Octava de Pascua

*. Este domingo se llama “in albis” porque los bautizados en la noche pascual se quitaban hoy las “albas”, vestidos blancos que recibieron en el bautismo de esa noche luminosa.

*. Es también el día en que Jesús resucitado se aparece a los discípulos para enriquecerlos con dones muy especiales para extender el Reino.

*. La paz. Fue el saludo pascual del Señor, que no es la paz que da el mundo, sino la paz que trae el Resucitado para sus predilectos.

*. Les compartió su misión:

“Como el Padre me ha enviado así también os envío yo”.

No es, por tanto, cualquier misión que pueden ofrecer los hombres, sino la misión salvadora que viene de la Trinidad.

*. Les dio también el Espíritu Santo y con Él el poder de perdonar:

“Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”.

*. También en este día Jesús recoge su última oveja que se negaba a creer en la resurrección, el apóstol Tomás. Él había dicho:

“Si no veo en sus manos la señal de los clavos… no lo creo”.

Ahora Jesús lo llama y le dice:

“Trae tu dedo, aquí tienes mis manos… y no seas incrédulo sino creyente”.

En ese momento Tomás nos enseñó esta bella oración de adoración:

“Señor mío y Dios mío”.

*. El Evangelio termina animándonos a todos a vivir de la fe:

“¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto”.

Con esto Jesús nos animó a ti y a mí, mereciendo estas palabras de la carta de San Pedro que nos dice hoy:

“No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en Él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra salvación”.

 

La Divina Misericordia

El Papa san Juan Pablo II, como recogiendo toda la entrega de Jesús en su pasión, muerte y resurrección, nos invitó a celebrar hoy a Jesús resucitado como Divina Misericordia. Él con su sangre y agua en el Calvario firmó el perdón para todos y nos ofreció la salvación.

La verdad es que la liturgia de la octava de pascua que es muy antigua, habla directamente de la misericordia de Dios en distintos momentos:

*. La oración colecta comienza invocando al Señor y lo llama “Dios de misericordia infinita”. Como petición suplica a Dios que nos conceda:

- Crecer en los dones de su gracia.

- Comprender mejor el bautismo que nos purificó.

- Conocer el espíritu que nos ha hecho renacer.

- La sangre que nos ha redimido.

*. El salmo responsorial es precisamente el 117 que nos pide repetir:

“Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia”.

*. También San Pedro nos habla del “Padre de nuestro Señor Jesucristo que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva”.

 

Finalmente, en esta respuesta de amor a la Divina Misericordia, los Hechos de los apóstoles nos invitan a vivir como los primeros cristianos.

Examina este pasaje, una vez más, y lleva a tu casa, a tu comunidad o grupo, esa forma maravillosa de vida:

“Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”.

Tenemos que aprender de ellos a compartir el pan y la fe.

Les dejo como pensamiento especial en este día de la Divina Misericordia las palabras de santa Teresita del Niño Jesús al hermano redentorista Marcel Van:

“Nunca tengas miedo de Dios: no sabe más que amar”.

Y también este otro de san Hilario de Poitiers:

“Dios solo sabe ser amor y solo sabe ser Padre”.

Ten presente que Jesús resucitado es pura misericordia.

 

 

 

 

 

 

 

LAS PALMAS TIEMBLAN EN NUESTRAS MANOS

09.04.17

 

Hoy celebramos la glorificación pasajera de Jesús.

Tanto en el Evangelio de los ramos como en la pasión que leeremos en la Santa Misa, nos acompaña San Mateo como corresponde al ciclo A:

Un grupo de gente venía desde Galilea acompañando a Jesús. Entusiasmados al ver la preciosa ciudad, después de tanto tiempo de viaje, impresionados por la compañía de Jesús que había hecho tantos prodigios “la multitud extendió sus mantos por el camino mientras otros cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada” gritando:

“¡Hossana al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor!

“Toda la ciudad preguntaba alborotada: ¿quién es éste?

La gente que venía con Él decía:

Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea”.

¿Qué hicieron los de la ciudad con ese personaje tan maravilloso del cual el pueblo sencillo repetía: “todo lo ha hecho bien”?

Lo oiremos en la lectura de la pasión de hoy.

Tú camina junto al sacerdote, que representa a Jesús, en la procesión de ramos.

Lleva el tuyo y comprométete con Jesús gritando: “¡Hossana!”

Pero el viernes próximo no grites: “¡crucifícalo!”

Llevar ramos en las manos es un compromiso público con Jesús. Si te tiemblan las manos, que esté firme tu corazón.

El prefacio de hoy nos introduce en la Semana Santa con estas palabras:

“El cual siendo inocente se entregó a la muerte por los pecadores y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales. De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa y al resucitar fuimos resucitados”.

 

Isaías

La lectura del profeta nos presenta al siervo del Señor que viene a ser como la profecía de los sufrimientos de Jesucristo:

“Yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante los ultrajes ni salivazos…”

 

Salmo

El salmo 21 es el que Jesús, de una u otra forma, rezó desde la cruz:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Y al mismo tiempo describe las burlas que Jesús tuvo que soportar durante su pasión:

“Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos”.

El salmista llega hasta a profetizar el detalle de “se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica”.

 

Filipenses

El bellísimo párrafo de filipenses que la Iglesia reza semanalmente en vísperas por la importancia que tiene, nos presenta el misterio del Redentor que, siendo Dios, se humilla hasta hacerse esclavo y pasar por la muerte más infamante, la de cruz.

La Iglesia quiere que desde ahora nos fijemos en la resurrección y triunfo de Jesús y con San Pablo recordemos la glorificación del Padre que “le concedió el Nombre sobre todo nombre; de modo que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”.

Recuerda estas palabras impresionantes durante todos los días de la Semana Santa, para gozar de manera especial en la Vigilia pascual.

 

El Evangelio

El sacerdote, a veces, para no alargarse, acorta el Evangelio de la pasión del Señor. La liturgia se lo permite, sobre todo si celebra la Santa Misa más de una vez en este domingo.

Tú no te pases nada del relato. Debemos leer la pasión de Jesús con frecuencia. Solo así aprenderemos cómo se ama de verdad y hasta qué punto Jesús quiso demostrarnos su amor.

Por mi parte quiero recordarte cómo termina la pasión de Mateo:

“Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro”.

De esta manera actuaron los hombres y con este acto de burla Dios hará que sea más conocida la resurrección de Jesús.

 

 

 

 

 

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

02.04.17

 

Comencemos admirando esta idea del prefacio que se refiere al Evangelio del día, la resurrección de Lázaro:

Jesús, “hombre mortal como nosotros, que lloró a su amigo Lázaro, y Dios y Señor de la vida que lo levantó del sepulcro, hoy extiende su compasión a todos los hombres y por medio de sus sacramentos los restaura a una vida nueva”.

 

Ezequiel

Profetizó la resurrección de los muertos que hará el Espíritu Santo y así reunirá a los difuntos dispersos en su pueblo Israel… “y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago”.

En la tradición de la Iglesia católica siempre se ha entendido esta profecía en el sentido de que  los hombres resucitarán para ser glorificados o condenados, según sus obras.

De esta profecía sale garante el Señor que promete su Espíritu para realizar el milagro.

 

Salmo 129

Oración del alma consciente de sus pecados pero segura de la misericordia de Dios.

El salmista pone su confianza en Dios y anima a Israel a confiar en el mismo Señor.

Amigo, tú y yo tenemos también de qué arrepentirnos. Recemos con fe este salmo en el ambiente cuaresmal porque “del Señor viene la misericordia y la redención copiosa”.

 

Pablo

El apóstol nos advierte que los que están sujetos al pecado no tienen el Espíritu de Cristo y no pertenecen a Cristo ni pueden agradar a Dios. En cambio advierte a los romanos que ellos no están sujetos a la carne sino “al Espíritu que habita en vosotros”.

De ahí procede la certeza de que resucitarán para siempre, porque el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos está dentro de ellos.

Este es precisamente el mensaje que nos da hoy la liturgia: el Espíritu Santo que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también nuestros cuerpos mortales porque habita en nosotros.

Qué hermoso recordar que somos templos del Espíritu Santo:

¡Dios habita en mí!

 

Aclamación

El versículo de aclamación nos pide un gran acto de fe en Cristo que afirmó en la casa de las hermanas de Lázaro:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí no morirá para siempre”.

Hermanos, repitamos juntos con santa Marta:

“Sí, Señor, yo creo que tú eres el Hijo de Dios”. Tú eres la resurrección y la vida.

 

El Evangelio

Como los dos hermosos párrafos de los domingos anteriores, hoy tenemos un largo párrafo que meditar. Te invito a que lo hagas tú personalmente. Quizá te puedan ayudar estos pensamientos:

*Jesús está lejos huyendo de los judíos, porque aún no había llegado su hora.

Las hermanas de Lázaro le envían un mensaje que nos ayuda mucho para nuestra oración personal, sobre todo cuando se trate de pedir. Ellas tenían muchos motivos para exigir la presencia de Jesús en su casa y sin embargo dicen únicamente:

“Señor, el que tú amas está enfermo”.

Aprendamos a pedir con mucha confianza y sencillez.

*Jesús deja pasar el tiempo para realizar un milagro muy especial por aquella familia tan querida y al fin decide visitarlos.

Los apóstoles temían por la vida de Jesús, ya que los fariseos habían decidido matarlo.

Tomás en aquel momento se hace el valiente:

“Vamos también nosotros y muramos con Él”.

Lástima que a la hora de la verdad no lo cumplió.

¡Cuántas veces nos pasa a nosotros lo mismo!

*Bellísimo el acto de confianza de las dos hermanas que, como si se hubieran puesto de acuerdo, le dijeron a Jeús por separado:

“Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”.

*Examina de manera especial el gran acto de fe de Marta:

“Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo”.

*Es impresionante el versículo más breve de toda la Biblia: “Jesús se echó a llorar”. “Dominus flevit” es la capilla de Jerusalén que recuerda este momento. Jesucristo llorando por la muerte de su amigo Lázaro y el dolor de las hermanas.

*Jesucristo resucitó al tercer día, es decir, antes que empezara la corrupción, según la concepción de entonces. Por eso Marta advierte al Señor que ya es el cuarto día, es decir ya está en corrupción.

Jesús, sin embargo, manda al difunto: “¡Lázaro, sal fuera!” y el muerto salió resucitado.

Que la esperanza nos ayude a confiar en esta verdad de fe:

Jesucristo un día llamará nuestros cuerpos mortales a la vida, pero no a una vida temporal, como la de Lázaro, sino a la vida eterna.

Amigos, meditemos gozosos una vez más las palabras de Jesús:

“Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí aunque haya muerto vivirá”.

 

 

 

 

 

 

EL CIEGO QUE VIO LA LUZ

26.03.17

 

Avanza la cuaresma y hoy el Evangelio nos presenta a Jesucristo como la luz que alumbra este mundo con su dominio sobre la naturaleza y sobre todo con la luz de su divinidad.

 

Samuel

El profeta Samuel, a pedido de Dios, va a la casa de Jesé, en Belén, para ungir al futuro rey de Israel.

Cuando el profeta piensa que Dios quiere que unja al primero de los hijos, oye la voz del Señor que le ordenaba:

“No te fijes en la apariencia ni en la buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres que ven la apariencia. Él ve el corazón”.

Así pasaron los distintos hijos y quedaba David, el más pequeño, pero no el de menos valores, “era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo”.

Samuel lo mandó traer y lo ungió. En aquel momento el Espíritu del Señor invadió a David.

 

Salmo responsorial (22)

“El Señor es mi pastor”. Este salmo lo conocemos muy bien y hoy nos puede recordar tanto a Jesús el Buen Pastor, como a David, tan querido en el Antiguo Testamento y que también un día fue el pastorcito de Belén.

 

San Pablo

Nos enseña cómo Jesucristo nos pasó de las tinieblas en que vivíamos, a ser luz en el Señor,  buscando siempre lo que agrada a Dios.

Quiere que actuemos según la luz de la bondad, de la justicia y de la verdad que son precisamente fruto y características de la luz.

Termina el santo invitándonos a caminar con valentía en este nuevo camino del reino de Dios que Él ha predicado:

“Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.

 

Aclamación

Como no hay aleluya hoy tenemos la “aclamación” que nos recuerda estas palabras de Jesús: “Yo soy la luz del mundo”.

Esto confirma lo que decía San Pablo, que en Jesucristo encontramos la luz verdadera que precisamente será la que ilumine los ojos del ciego de nacimiento, de que hablaremos más adelante.

 

Evangelio

El Evangelio de hoy es también muy especial. Pertenece a los tres Evangelios largos y bellísimos que correspondían a las lecturas cuaresmales anteriores a la renovación del Misal del año 1970.

Hoy hablamos del ciego de nacimiento.

Se trata de un joven excepcional que defiende a Jesucristo valientemente ante los fariseos, llegando a jugárselo todo por Él.

Lee y medita este bello capítulo 9 de San Juan. Yo te acompaño con unas breves aplicaciones:

*Cuando los discípulos preguntan a Jesús si el joven está ciego por culpa de sus pecados o por los pecados de sus padres, Jesús advierte que es un caso especial en el que va a brillar la gloria de Dios, indicando así que nosotros no tenemos derecho a juzgar a nadie.

*Jesús hace un signo un tanto extraño para sanar al ciego de nacimiento. Toma un poco de saliva y polvo de la tierra. Con este poquito de barro unta los ojos del joven y lo manda a lavarse en la piscina de Siloé.

Estos signos que hace Jesús de una u otra forma llegan a su culmen en los sacramentos que se realizan mediante signos especiales.

Cosa muy distinta es ver cómo algunos (incluso que se dicen católicos) hacen ciertos signos (cosas extrañas) como las famosas cadenas que ahora aparecen también por las redes sociales, los ángeles que dicen que se aparecen y operan, el agua de rosas que sana, etc.

*Llama la atención la sagacidad de los padres del ciego que no quieren comprometerse y terminan diciendo: “pregúntenselo a él que ya tiene edad para responder”.

*Vemos la maldad de los fariseos que pretenden que el joven reniegue de Jesús y lo citan muchas veces hasta aburrirlo.

El joven valientemente llega a culpar de envidia a los fariseos y les dice con ironía que si preguntan tanto será porque quieren ser discípulos de Jesús.

*También llama la atención la bondad de Jesucristo que, cuando excomulgan al joven sale a buscarlo y le revela su divinidad:

“¿Crees tú en el Hijo del hombre?

Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?

Jesús le dijo: lo estás viendo. El que te está hablando, ése es.

Él dijo: creo, Señor. Y se postró ante Él”.

*Finalmente, Jesús nos hace reflexionar aclarando que no es lo mismo ser ciego por ignorancia que ser ciego por maldad, como era el caso de los fariseos.

Así Jesús devolvió la luz de los ojos e iluminó con la luz de la fe a este joven valiente que es para nosotros un ejemplo de cómo debemos vivir en la luz y defender siempre a Jesucristo.

 

 

 

 

SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS

19.03.17

 

Este domingo nos trae un recuerdo de la ternura de Dios bajo la bellísima comparación del agua viva. Oiremos a Jesús diciéndole a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios”.

Para nosotros el don de Dios es Cristo, y el Espíritu Santo el que llena nuestros corazones del agua viva que salta hasta la vida eterna.

 

El agua de la roca

El pueblo hebreo sediento murmura contra Moisés. Le faltaba algo fundamental para la vida:

Están en el desierto y no hay agua.

El pueblo desesperado grita pidiendo agua. La situación se torna muy grave.

Moisés acude a Dios diciendo: “¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen”.

Dios le dice que tome su bastón milagroso, el que utilizó en Egipto y abrió las aguas del mar Rojo,  y golpee con él la roca ante los ancianos de Israel.

Este debió ser un momento difícil para Moisés. Temió, dudó, y en lugar de una, golpeó dos veces a la roca.

La duda de Moisés le resultó cara ya que no pudo llevar a su pueblo hasta la tierra prometida. Por otra parte, este lugar quedó como un lugar de castigo donde el pueblo tentó a Dios.

La grave tentación consistió en dudar del Señor diciendo: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”

 

Salmo responsorial 94

Es un salmo que se refiere precisamente a este momento en que el pueblo oyó a Dios: “me pusieron a prueba y me tentaron aunque habían visto mis obras”.

Recordemos que Jesús dijo: “no tentarás al Señor tu Dios”.

Tentar a Dios es un pecado grave de desconfianza.

 

San Pablo

El apóstol nos habla de la justificación por la fe que nos pone en paz con Dios. También nos habla de la esperanza que no defrauda y, finalmente, del amor, diciendo:

“Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”.

Advierte San Pablo que la prueba más grande del amor que Dios nos ha tenido es que “cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, Cristo murió por los impíos”.

Meditemos bien estas palabras tan profundas: “la prueba más grande de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”.

 

El Evangelio de la samaritana

En este ambiente del agua como don de Dios, y del Espíritu en ella simbolizado, tenemos el bellísimo capítulo 4 de San Juan.

Meditaremos unos puntos concretos que nos ayuden a vivir más profundamente la escena:

*Jesús muy humano (estaba cansado) revela su divinidad (“Yo soy”) y convierte a una mujer y a su pueblo, Sicar.

*Cansado del camino, era la hora sexta, es decir el medio día, había caminado y hacía calor…

Jesús inició la conversación.

Un rabino nunca habla en público con una mujer, y menos samaritana, pero Jesús es el que empieza la conversación diciéndole: “dame de beber”.

En el prefacio de hoy leeremos:

El Señor “al pedir agua a la samaritana ya había infundido en ella la gracia de la fe, y si quiso estar sediento de la fe de esa mujer, fue para encender en ella el fuego del amor divino”.

*Admiramos a Dios pidiendo a una criatura agua, cuando Él mismo es la fuente de toda agua viva.

*Piensa que el agua viva del Espíritu Santo es la que tú recibiste en el bautismo, en la Eucaristía, en la Palabra de Dios…

*Jesús y la mujer hablan dos lenguajes distintos: ella habla del agua que la trae cada día al pozo y Jesús habla del agua viva que se convierte en un surtidor, la del Espíritu Santo.

*Interesante también es la discusión sobre dónde adorar.

Jesús advierte que en adelante los “verdaderos adoradores adorarán en Espíritu y en verdad”. Pero de todas maneras aclara que hasta ahora la adoración que pidió el Señor se debió hacer no en el  Garizim, sino en el templo de Jerusalén, porque de allí viene la verdad.

*Cuando la mujer habla del Mesías que va a venir pronto, Jesús le revela su divinidad: “Yo soy, el que habla contigo”:

De esta manera Jesús ha llevado a la mujer desde el agua del pozo hasta la riqueza del agua en el Reino. Y ella deja el cántaro, como quien deja todo lo que tiene, pues se ha convertido totalmente y siente la necesidad de irse a evangelizar a los suyos.

*Su testimonio humilde “me ha dicho todo lo que he hecho… ¿será Él el Mesías?”, llevó a los hombres de su pueblo hasta Jesús.

El fruto de todo este episodio es la conversión de los samaritanos de Sicar que le decían a la mujer “ya no creemos por lo que tú dices. Nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo”.

Amigos, estamos en tiempo de falta de agua, aunque ha llovido mucho.

Esto sucede con frecuencia: mucha agua en la tierra pero nos falta el torrente de agua viva, el Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

 

JESÚS SE TRANSFIGURÓ EN LUZ

12.03.17

 

Este domingo la liturgia centra nuestra reflexión en el Evangelio de la transfiguración.

Antes de hablar de este episodio comentemos algo sobre las otras lecturas.

 

Abraham

Casi como definición podemos decir que Abraham es el hombre que se fió de Dios. En  Abraham debemos descubrir un gran regalo de Dios para todos los tiempos.

Este hombre, antiguo y lejano de nosotros, un buen día fue llamado por Dios a desarraigarse de su tierra y de su parentela.

Dios le promete hacerlo una bendición pero no solamente para él y los suyos, sino que además, en Abraham “se bendecirán todas las familias del mundo”. Por esto, con razón, lo llamamos también nuestro “Padre en la fe”.

La obediencia de Abraham es un ejemplo para todos.

Salió sin saber a dónde iba. Simplemente Dios le dijo “sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que yo te mostraré”.

Y así salió sin saber cuándo ni cómo sería realidad ese “te mostraré”.

 

Salmo responsorial

Este salmo (32) nos enseña cómo la Palabra de Dios es sincera y nunca engaña.

Si buscamos la verdad la encontraremos en la Biblia. El salmo, bien meditado, nos explica los  motivos de la relación de Abraham con Dios.

 

San Pablo

Dios nos llama también a nosotros a tomar parte en los duros trabajos del Evangelio. No porque Él necesite de nosotros, no porque lo merezcamos: “Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia por medio de Jesucristo”.

Todo es regalo y todo lo debemos a Jesucristo que destruyó la muerte y nos ha abierto a todos “la luz de la vida inmortal por medio del Evangelio”.

 

Versículo

En él leemos las palabras del Padre que escucharemos en el Evangelio de la transfiguración.

Fijémonos en este detalle: dice “en el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre”.

Te invito a releer el versículo, después de pensar que esa nube representa al Espíritu Santo. Tenemos en esta pequeña frase la presencia clara de la Santísima Trinidad: el Padre que habla, el Hijo de quien habla y el Espíritu que resplandece en la nube y que recoge la escena.

 

Evangelio

San Mateo nos cuenta hoy la transfiguración del Señor. Se trata de una prueba que quiere dar Jesucristo a sus tres predilectos para que, cuando lo vean sudar sangre en el huerto, recuerden que Él, verdadero hombre, carga la divinidad, es decir, para que sepan pasar del dolor de Cristo triturado, a la gloria de su resurrección.

Por su parte San Lucas nos dice: “una vez que Jesús estaba orando…” se realizó la transfiguración. Por eso el Papa Benedicto nos decía que la transfiguración fue un fenómeno de oración. Además el Papa añade que el monte es buen lugar para orar porque “el monte es como un lugar de la máxima cercanía con Dios”.

Los siete montes a los que Jesús subió fueron: el de la tentación, el de la gran predicación, el de la oración, el de la transfiguración, el de la angustia, el de la cruz y el de la ascensión.

Mientras oraba Jesús se transfiguró su cuerpo. La luz le venía de dentro de su divinidad.

En cambio cuando Moisés bajó del Sinaí con su rostro radiante, la luz le venía de fuera, de Dios con quien se había comunicado.

Para nosotros la transfiguración de Jesús es una invitación para separarnos de las cosas y de la gente y dedicar tiempo nuestro a Dios.

Por otra parte alimenta nuestra esperanza en que la resurrección de Cristo es la promesa de la transfiguración del cuerpo y del alma para cada uno de nosotros.

Volvamos al relato de Mateo.

A mi modo de ver, lo que debió quedar más grabado en el corazón de los apóstoles fue oír la voz del Padre de quien tanto les hablaba Jesús y a quien Él tanto quería.

Precisamente las palabras del Padre demuestran ese amor de predilección por su Hijo.

Meditemos bien:

“Este es mi Hijo (no uno de mis hijos) el Amado, mi Predilecto”.

Y de una manera especial se les grabó el mensaje tan importante para todos: “¡escúchenlo!”

Con estas palabras entendemos, primero, cómo ama Dios Padre a su Hijo y cuánto le debió costar enviárnoslo, para que nos comunicara cuánto sufrimiento exigía nuestra redención.

Por otra parte nos aclara cuál es su voluntad para que podamos gozar del plan misericordioso de Dios: escuchar a Jesús.

 

 

 

 

LLEGÓ LA CUARESMA

05.03.17

 

Hoy es el inicio de la cuaresma propiamente hablando.

Es el primer domingo y durante la semana se dirá: primer lunes, primer martes, primer miércoles… de cuaresma (fíjense: el primer miércoles de cuaresma es ocho días después de la ceniza).

¿Qué nos enseña la liturgia en este domingo?

 

El Génesis

Después de releer una vez más el pecado de nuestros padres, Adán y Eva, nos queda una pregunta: ¿Por qué los primeros padres, con su pecado, nos llevaron a todos al destierro y a la condenación?

*Eva y, sobre todo Adán, pecaron como cabezas y responsables de la humanidad y nosotros heredamos el pecado original y la inclinación al mal.

Si los padres están en el destierro los hijos nacen allí aunque no tengan culpa.

El pecado de orgullo lo llevamos bien metido en el alma. Y no se debe al hecho de comer o no una fruta prohibida, sino al orgullo de querer ser como Dios.

Pues ese fue el pecado de los primeros padres: “serán como Dios”. Así les dijo la serpiente y así cayeron.

Ese es el pecado de nuestra sociedad que pretende marginar al Creador y poner al hombre como el único dios.

De todas formas la bondad de Dios aparece en todo momento, tanto antes del pecado como después, sobre todo al anunciarles el protoevangelio (primer anuncio de la redención).

 

San Pablo a los romanos

Su lectura es clara y nos explica el misterio del pecado y de la redención:

Por un solo hombre, Adán, responsable de la humanidad, entró el pecado en el mundo y a todos nos quedó como herencia el pecado y la muerte.

Por otro hombre, Jesucristo (que al mismo tiempo era Dios), entró en el mundo el perdón del pecado y la gracia:

“Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno, todos se convierten en justos”.

¿Por qué muchos se fijan más en el pecado de Adán que en la victoria de Cristo?

Es hora de agradecer y de recordar siempre que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. Y esto se lo debemos a Jesucristo.

 

Evangelio de San Mateo

Hoy nos presenta San Mateo las tentaciones de Jesús en el desierto.

Te invito a releerlas para aprovechar la gran lección de Jesucristo.

Ahora profundizaremos en algunos puntos:

*¿Por qué cuarenta días y cuarenta noches?

En la Biblia el número cuarenta es simbólico, no exactamente cronológico:

Cuarenta días del diluvio, cuarenta días estuvo Moisés en el Sinaí para recibir la ley del Señor, cuarenta años caminó el pueblo de Dios por el desierto, Elías caminó cuarenta días hasta el monte de Dios Horeb,  etc.

Ahora leemos que Jesús ayunó cuarenta días y cuarenta noches: un tiempo muy especial.

*El ayuno

“Es un medio de preparación espiritual, disciplina y penitencia que se practica sobre todo en tiempo de cuaresma”.

Los católicos estamos obligados al ayuno el miércoles de ceniza, el viernes santo y una hora antes de recibir la comunión.

A parte hay grupos y personas particulares que ayunan según su devoción.

El ayuno obliga desde los 18 hasta los 60 años.

Completando, diremos que la abstinencia que consiste en no comer carne ni caldo de carne, obliga los viernes y días de ayuno, a partir de los 14 años.

Recordemos que según hablaba Jesús sobre el ayuno, lo importante es que purifique nuestra alma y nuestro cuerpo al mismo tiempo.

*Hablemos de la tentación

La tentación en sí misma nunca es pecado.

En el padrenuestro no nos enseñó Jesús a pedir que el Padre nos quite las tentaciones sino que no nos deje caer en ellas.

Las tentaciones vencidas producen algo muy positivo: crecer en la fe y santidad.

Otra pregunta:

Si Jesús no podía pecar, ¿por qué fue tentado?

Posiblemente el diablo lo tentó, como hace siempre con las personas que son buenas.

Pero en el plan de Jesús aparece claro que quería dejarnos la lección de cómo hay que permanecer fuertes en la tentación y cómo vencerla. Es decir, orando, y no como Adán y Eva que en la tentación dialogaron con el diablo y cayeron.

También enseña Jesús que si la tentación viene con palabras de la Biblia mal interpretadas, debemos conocer bien la Palabra de Dios para responder con palabras bíblicas y no con las nuestras.

Te invito a buscar en la lectura del Evangelio de hoy los tres textos bíblicos bien precisos con los que Jesús respondió a la tentación del diablo.

Y ahora, amigos, entremos con ilusión en la penitencia  cuaresmal para llegar felices a la Pascua de Jesús.

 

 

 

 

 

 

LLEGÓ LA CUARESMA

26.02.17

 

Hoy es el inicio de la cuaresma propiamente hablando.

Es el primer domingo y durante la semana se dirá: primer lunes, primer martes, primer miércoles… de cuaresma (fíjense: el primer miércoles de cuaresma es ocho días después de la ceniza).

¿Qué nos enseña la liturgia en este domingo?

 

El Génesis

Después de releer una vez más el pecado de nuestros padres, Adán y Eva, nos queda una pregunta: ¿Por qué los primeros padres, con su pecado, nos llevaron a todos al destierro y a la condenación?

*Eva y, sobre todo Adán, pecaron como cabeza y responsables de la humanidad y nosotros heredamos el pecado original y la inclinación al mal.

Si los padres están en el destierro los hijos nacen allí aunque no tengan culpa.

El pecado de orgullo lo llevamos bien metido en el alma. Y no se debe al hecho de comer o no una fruta prohibida, sino al orgullo de querer ser como Dios.

Pues ese fue el pecado de los primeros padres: “serán como Dios”. Así les dijo la serpiente y así cayeron.

Ese es el pecado de nuestra sociedad que pretende marginar al Creador y ponerse el hombre como el único Dios.

De todas formas la bondad de Dios aparece en todo momento, tanto antes del pecado como después, sobre todo al anunciarles el protoevangelio (primer anuncio de la redención).

 

San Pablo a los romanos

Su lectura es clara y nos explica el misterio de la redención:

Por un solo hombre, Adán, responsable de la humanidad, entró el pecado en el mundo y a todos nos quedó como herencia el pecado y la muerte.

Por otro hombre, Jesucristo (que al mismo tiempo era Dios), entró en el mundo el perdón del pecado y la gracia:

“Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno, todos se convierten en justos”.

¿Por qué muchos se fijan más en Adán que en Cristo?

Es hora de agradecer y de recordar siempre que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. Y esto se lo debemos a Jesucristo.

 

Evangelio de San Mateo

Hoy nos presenta San Mateo las tentaciones de Jesús en el desierto.

Te invito a releerlas para aprovechar la gran lección del Maestro.

Ahora profundizaremos en algunos puntos:

*¿Por qué cuarenta días y cuarenta noches?

En la Biblia el número cuarenta es simbólico, no exactamente cronológico:

Cuarenta días del diluvio, cuarenta días estuvo Moisés en el Sinaí para recibir la ley del Señor, cuarenta años caminó el pueblo por el desierto, Elías caminó cuarenta días hasta el monte de Dios Horeb,  etc.

Ahora nos encontramos con que Jesús ayunó cuarenta días y cuarenta noches: un tiempo muy especial.

*El ayuno

“Es un medio de preparación espiritual, disciplina y penitencia que se practica sobre todo en tiempo de cuaresma”.

Los católicos estamos obligados al ayuno el miércoles de ceniza, el viernes santo y una hora antes de recibir la comunión.

Luego hay grupos y personas particulares que ayunan según su devoción.

El ayuno obliga entre 18 y 60 años.

Completando, diremos que la abstinencia, no comer carne ni caldo de carne, obliga los viernes y días de ayuno, a partir de los 14 años.

Recordemos que según hablaba Jesús sobre el ayuno, lo importante es que purifique nuestra alma y nuestro cuerpo al mismo tiempo.

*Hablemos de la tentación

La tentación en sí misma nunca es pecado.

Jesús no podía pecar y sin embargo quiso someterse a la tentación para darnos el ejemplo de cómo actuar cuando seamos tentados. Por tanto, no te asustes ante la tentación.

El pecado es aceptar y caer en la tentación.

Recuerda que en el padrenuestro, no nos enseñó Jesús a pedir que no seamos tentados sino que el Padre no nos deje caer en la tentación.

Las tentaciones vencidas consiguen algo muy positivo: crecer en la fe y santidad.

Entonces, si Jesús no podía pecar, ¿por qué fue tentado?

Posiblemente el diablo lo tentó, como hace siempre, sobre todo con las personas que ve que son buenas.

En el plan de Jesús aparece claro que quería dejarnos la lección de cómo hay que permanecer fuertes en la tentación y cómo vencerla. Es decir, orando, y no como Adán y Eva que en la tentación dialogaron con el diablo.

También enseña Jesús que si la tentación viene con palabras de la Biblia mal interpretadas, debemos conocer bien la Palabra de Dios para responder con palabras bíblicas y no con las nuestras.

Te invito a buscar en la lectura del Evangelio de hoy los tres textos bíblicos bien precisos con que Jesús respondió a la tentación del diablo.

Y ahora amigos, entremos con ilusión en la penitencia  cuaresmal para llegar felices a la Pascua de Jesús.

 

 

 

 

 

 

TÚ ERES TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO

19.02.17

Dios pide a su pueblo que sea santo para merecer de alguna forma que lo llamen pueblo de Dios. Muchas veces se presenta Dios en la Biblia como “el Santo”.

Por ejemplo el salmo 99 repite varias veces que Dios es santo:

“Reconozcan tu nombre grande y terrible: Él es santo… Postrados ante el estrado de sus pies: Él es santo”

El salmo termina con estas palabras: “Santo es el Señor nuestro Dios”.

 

Levítico

En esta lectura se nos cuenta que “el Señor habló a Moisés diciendo: serán santos porque yo el Señor, su Dios, soy santo”.

Esta puede ser la meditación central que nos pone la liturgia para este domingo.

Completemos este versículo con otros para enriquecer nuestra reflexión dominical:

*“Sean imitadores de Dios como hijos queridos”, nos dice San Pablo (Ef 5,1).

*San Pedro, en su primera carta, nos cita la lectura de hoy:

“Lo mismo que es santo el que los llamó, sean santos también ustedes en toda su conducta, porque está escrito: serán santos porque yo el Señor soy santo”.

*Esta misma idea nos la da la lectura del Evangelio de hoy que dice, como veremos después: “sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Evidentemente que esta imitación de Dios no significa que tenemos que hacer las obras que dependen de su poder infinito, como es crear de la nada, sino más bien imitar a Dios en las obras de caridad.

Precisamente esta primera lectura nos habla del amor al prójimo, como leemos en el Evangelio: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

¿Quieres ser santo, amigo?

Aprende de Jesús cómo se ama: hasta dar la vida.

¡Hay tantos cristianos que la han dado!

Recordemos el amor del joven salesiano Akash Bashir, pakistaní, que, para evitar que ingresaran al templo un par de terroristas, puso su cuerpo delante de uno de ellos (el que portaba las bombas), haciéndolas explotar para salvar a los fieles que estaban dentro de la parroquia.

Ese joven es un santo de la caridad y su pueblo ha pedido que lo canonicen como mártir.

 

Salmo

El salmo (102) viene muy bien después del año de la misericordia. En él leemos una de las características más importantes de Dios:

“El Señor es compasivo y misericordioso”.

Medítalo y fíjate en este detalle:

“Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles”.

 

San Pablo a los corintios

El apóstol nos habla de santidad al enseñar que el bautizado es un templo de Dios y que el Espíritu Santo moral en él.

Te invito a pensar: cuerpo y alma están consagrados a Dios desde el bautismo.

El alma no muere. El cuerpo queda como “un resto” (restos mortales, solemos decir) y precisamente porque el cuerpo fue ungido y santificado por los sacramentos, especialmente por el santo crisma y sobre todo por la Eucaristía, la Iglesia pide que sea enterrado en un cementerio, o si se incinera, se guarden las cenizas en los lugares sagrados para recordarlos y rezar por ellos.

La Iglesia no acepta que se guarden las cenizas de los seres queridos en la propia casa o se echen al campo o al mar.

De todas formas recuerda que la Iglesia legisla para los católicos y esto porque ella misma consagró sus cuerpos a Dios.

San Pablo nos habla también hoy de la sabiduría de Dios, muy distinta de la sabiduría de los hombres.

Y advierte que la sabiduría del mundo es necedad, pero la sabiduría de Dios nos salva y además nos enseña que todo es nuestro:

Los maestros en la fe, “el mundo, la vida, la muerte, lo presente y lo futuro: todo es de ustedes, ustedes de Cristo y Cristo de Dios”.

 

Verso aleluyático

Nos enseña una forma de crecer en santidad que consiste en “guardar la Palabra de Cristo”. Se guarda lo que se ama… y el amor verdadero es la plenitud de la perfección.

 

Evangelio

En el Evangelio descubrimos claramente dos partes.

La primera completa lo que leímos en la segunda parte de la lectura del Levítico que hemos hecho hoy. En ella se nos habla de cómo debemos tratar a quien nos ha ofendido, y no hacer caso a los criterios humanos, como son:

“Ojo por ojo, diente por diente”… “No hagas frente al que te agravia”.

En la segunda parte del Evangelio se nos habla de la santidad de Dios que debemos imitar:

“Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Aquí encontramos cómo debe ser nuestra imitación de Dios: no hacer distinción y querer a todos según el ejemplo del Padre Dios que envía la lluvia y el sol para justos y pecadores, buenos y malos.

Amigo, no te extrañes. Cuando uno ama de verdad a otro le exige mucho y eso ha hecho Dios con nosotros porque nos ama de verdad: “sean santos porque yo soy santo”.

 

 

 

 

 

DIOS NO QUITA LA LIBERTAD

12.02.17

 

En este domingo vamos a hablar, sobre todo, de las enseñanzas de Jesucristo que llevan la antigua ley a la perfección.

Pero antes tenemos que aprovechar una enseñanza importante que nos da el libro del Eclesiástico.

 

Libro del Eclesiástico   

Algunos creen que por ser libres pueden hacer lo que quieran y nadie tiene derecho a prohibírselo. Pero no es así. Fíjate, amigo, lo que la liturgia te recuerda hoy:

Dios nos ha hecho libres, es cierto, y nunca nos va a quitar la libertad. Quiere gente libre a su servicio.

Somos libres, pero no debemos olvidar que, precisamente por serlo, tenemos responsabilidad, es decir, tenemos que dar cuenta de lo que hagamos libremente:

“Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad”.

Es un consejo importante del Eclesiástico y lo concreta con algunos ejemplos:

“Ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras.

Delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja”.

Nos advierte a continuación cómo Dios nos ve siempre y conoce nuestras acciones.

De todas maneras porque somos libres tenemos que responder ya que “Dios no mandó pecar al hombre ni deja impunes a los mentirosos”:

Libres pero responsables.

 

Salmo 118

En el salmo responsorial repetiremos estas palabras que presentan al hombre íntegro:

“Dichoso el que camina en la voluntad del Señor”.

Es decir, el que cumple la voluntad de Dios a lo largo de toda su vida.

Este salmo es el más largo de todo el salterio (176 versículos) y la liturgia ha escogido unos pocos versículos que te invito a rezar con profundidad, porque en ellos encontrarás sabios consejos.

 

San Pablo

Hoy el apóstol nos habla del tema de predicación que Dios ha inspirado a su Iglesia.

Se trata de una sabiduría que no es la de este mundo. Afirma el apóstol que “los príncipes de este mundo no la han conocido. Si la hubieran conocido nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria”.

Si te fijas, te darás cuenta de que muchos gobernantes de hoy tampoco han conocido esta sabiduría que es la esencia del Evangelio.

Por eso no te extrañes cuando ves, que a través de toda la historia de la Iglesia, los gobiernos no se ensañan con los que tienen dinero, sino con los humildes y sencillos que ponen a Dios y su ley antes que las leyes humanas que son injustas.

Vivamos nuestra fe con profundidad y descubriremos esta sabiduría que nos hará valientes para vivirla y comunicarla a los demás.

 

Verso aleluyático

Pertenece también a San Mateo, nuestro compañero del ciclo A, y recuerda las palabras de Jesús en un momento de profunda oración ante su Padre.

Jesús da gracias al Padre: “porque has revelado los secretos del Reino a la gente sencilla”.

En el fondo es lo mismo que nos ha dicho Pablo: solo los humildes se encuentran a gusto con Dios.

 

Evangelio de San Mateo

El párrafo del Evangelio de hoy pertenece al sermón de la montaña.

Es un párrafo extenso que el sacerdote puede abreviar según su criterio.

En él Jesús advierte que no ha venido a abolir el decálogo, ni las enseñanzas de los antiguos profetas, sino que más bien quiere llevarlos a su perfección.

Es importante, por consiguiente, que tengamos claro que existen los mandamientos. Que son de Dios. Que tenemos que cumplirlos por encima de las leyes inicuas de los hombres.

Como resultaría muy extenso reflexionar sobre cada uno de estos preceptos, resalto únicamente algunas frases, invitándote a que tú personalmente leas y medites el párrafo de hoy (Mt 5,17-37).

*Jesús aclara al principio que su palabra es para todos y siempre.

*Advierte también que quien “se salte uno de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos”.

Sin embargo aclara el mismo Jesús: “Quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos”.

*También está claro que no son los que enseñan y no cumplen, los mejores maestros sino que heredarán el Reino los que cumplan y enseñen la ley.

*Sabemos que Jesús con frecuencia se refería a los fariseos, diciendo que eran personas que cumplían la ley pero no el espíritu de la misma. De ahí precisamente que fariseísmo ha llegado a ser sinónimo de hipocresía.

Las dos cosas son importantes: cumplir la ley y cumplirla por amor y por fidelidad al Señor que nos la dio.

A lo largo de su vida Jesús llevará a plenitud su enseñanza hasta presentar el amor como “su mandamiento”: Amar hasta dar la vida como Él la dio.

Ese amor es la plenitud de la ley en el nuevo testamento.

 

 

 

 

 

 

 

EL PODER DE LA LUZ

05.02.17

 

Son muchos los que a lo largo de la historia le han dicho a Dios “aquí estoy”.

Me imagino que tú mismo se lo has dicho muchas veces. Es la disponibilidad del corazón.

Tenemos los grandes ejemplos de Jesús mismo, de la Virgen, de Isaías, de Moisés, etc., que de una u otra forma le han dicho:

“Aquí estoy para hacer tu voluntad”, “hágase en mí”, “aquí estoy”.

Por eso resulta interesante que hoy nos diga Isaías estas palabras del Señor en la que Él se pone a nuestra disposición:

“Clamarás al Señor, y te responderá; gritarás  y te dirá: aquí estoy”.

¡Dios está disponible para ti!

Por eso mismo no deja de extrañar el que repitamos con frecuencia:

“Señor, date prisa en socorrerme”, cuando en realidad somos nosotros los que tendríamos que correr a buscar al Señor.

Veamos de qué habla la primera lectura:

 

Isaías

El profeta nos habla hoy de algunas obras de misericordia en las que tanto insiste el Papa Francisco:

“Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo”, etc.

¿Y qué sucederá entonces?

Precisamente hoy la liturgia resalta el tema de la luz. Fíjate cómo lo concreta Isaías:

“Cuando cumplas esas obras de misericordia ‘romperá tu luz como la aurora… dentro irá la gloria del Señor’”.

Después de esta reflexión Isaías vuelve a insistir en las obras de caridad para terminar con la misma idea:

“Brillará tu luz en las tinieblas”.

 

Salmo responsorial (111)

Hoy repetiremos estas palabras:

“El justo brillará en las tinieblas como una luz”.

Medita este hermoso salmo y verás cómo el justo es comparado tantas veces en la Biblia con la luz. Aquí nos dice que el que es justo, clemente y compasivo brilla como una luz.

El resto del salmo nos habla, una vez más, de las obras de misericordia que hace el justo.

 

San Pablo

Vayamos ahora a la carta de Pablo a los corintios que estamos leyendo los domingos últimamente.

Él mismo se presenta humilde, sin la sabiduría de los hombres pero con la sabiduría de Dios.

“Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana”.

Precisamente por eso, el fruto de la predicación de Pablo estuvo asegurado.

Debemos aprender nosotros también la riqueza de la sabiduría de Dios que resalta frente a nuestra pequeñez y pobreza.

 

Verso aleluyático

Este versículo nos ofrece una de las definiciones que Jesús dio de sí mismo, cuando dijo “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue tendrá la luz de la vida”.

Es la gran definición.

Así como Jesús nos dirá en el Evangelio de hoy que nosotros somos la luz del mundo, ahora se nos define Él mismo como la verdadera luz de la vida y la fuente donde se alimenta nuestra pequeña luz.

 

Evangelio

El Evangelio nos da dos definiciones que Jesús hace de los que le siguen. Muy interesante porque las dos suponen el desgaste y entrega de la vida por el Reino.

La primera definición es:

“Vosotros sois la sal de la tierra”.

Sabemos que para dar sabor la sal tiene que disolverse totalmente.

Lo mismo su definición “sois la luz del mundo”.

Sabemos también que para iluminar tiene que haber un consumo de una u otra clase de combustible.

Lo que Cristo pide a los suyos con estas definiciones es que tomen conciencia de que si Él, con la gracia divina, nos ha hecho sal o luz para el mundo, es para que demos sabor o iluminemos; de lo contrario no servimos para nada ni tiene sentido nuestra vida. Por eso completa:

“Si la sal no da sabor se tira al camino para que la pise la gente”.

Y cuando habla de la luz advierte que no se prende la luz para meterla debajo del celemín sino en un sitio oportuno para que alumbre a todos.

Muchas veces cuando vemos y oímos las continuas persecuciones que sufre la Iglesia nos sentimos pesimistas. Pero la realidad es muy distinta y, aunque haya errores y hasta pecados, la labor de la Iglesia es tan importante que siempre molesta a Satanás y a los suyos que por eso la persiguen y calumnian continuamente.

Tú, amigo, ten presente que Jesús, cuando te bautizó, prendió en ti la luz verdadera para que ilumines.

 

 

 

 

 

 

 

LOS HUMILDES SE ENTIENDEN MEJOR CON  DIOS

29.01.17

 

En este domingo la liturgia nos lleva a lo que podríamos llamar el corazón del Evangelio, es decir, a las bienaventuranzas, que nos descubren, al menos en algo, la vida maravillosa de Jesucristo.

 

El profeta Sofonías

Cuyo nombre significa “el Señor protege” nos habla de las preferencias de Dios y de las preferencias de los hombres de buena voluntad:

El Señor cuida de los humildes y acoge sobre todo al pequeño resto de Israel, que regresaron del destierro, humildes y pobres, pero hambrientos de Dios en quien confiaban.

El profeta invita a los que siguen con humildad al Señor a que cumplan los mandamientos, busquen la justicia, no cometan maldades ni mientan… Ellos serán como un rebaño pequeño, pero feliz, que pasta tranquilo porque sabe que lo cuida su buen Pastor. Evidentemente que aquí encontramos una alusión a Jesucristo el Buen Pastor.

 

Salmo responsorial (145)

Viene a mostrarnos una especie de letanía sobre los preferidos del Señor.

Siguiendo las bienaventuranzas de las que hoy vamos a tratar, el estribillo que repetiremos será: “Dichosos los pobres en el espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos”.

Este Dios fiel hace justicia a los oprimidos; da pan a los hambrientos, liberta a los cautivos, devuelve la vista a los ciegos, etc.

 

San Pablo a los corintios

Siguiendo la línea de los humildes de este día, el apóstol nos hace una invitación:

“Fijaos en vuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas: todo lo contrario”.

Dios ha escogido “lo necio del mundo” precisamente para humillar el poder humano. Y todavía insiste más San Pablo llegando a decir:

“Ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta”.

¿Y todo esto por qué?

El Señor ha querido que sus “escogidos” sigan el camino de humildad de Jesucristo.

De esta manera “nadie puede gloriarse en presencia del Señor”.

Lo que ponemos los hombres no puede producir fruto… no podemos enorgullecernos. Es Pablo quien saca la conclusión: “el que se gloríe que se gloríe en el Señor”.

 

El verso aleluyático

Nos prepara también para las lecturas del Evangelio.

Este versículo está tomado de la última bienaventuranza que recoge el gozo que produce el vivir como vivió Jesús:
“Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

 

El Evangelio

El Evangelio de hoy es el de las bienaventuranzas.

Se trata de un bellísimo párrafo en el que según muchos escrituristas, Jesús mismo nos está presentando su propia vida.

Es también un resumen del Evangelio, hecho por el mismo Jesús.

Quien cumple estas bienaventuranzas puede estar seguro de que está en camino de salvación.

Para proclamar las bienaventuranzas según San Mateo, Jesucristo subió a una pequeña montaña que recuerda al monte Sinaí desde donde Dios proclamó la primera ley, el decálogo, o los diez mandamientos.

Son muchos los que escriben explicando las bienaventuranzas. Te invito a meditarlas y si te es posible también a leer algunos de esos comentarios.

Puedes también contrastar estas bienaventuranzas de Mateo con las de Lucas (6,20-23) y, aunque verás grandes diferencias, entenderás que en el fondo el camino a la perfección es el mismo:

*Los pobres de espíritu según san Gregorio se refiere a la humildad; podemos pensar en el pequeño resto que volvió de Babilonia con muchas limitaciones, pero gran espíritu de fe y confianza en Dios.

Se trata de una manera de vivir desprendido de las cosas materiales, se tengan o no.

*Los mansos son los que imitan la mansedumbre y dulzura de Jesús que sufrió pacientemente tantos malos tratos.

*Los que lloran, se refiere a los que sufren por ver tantas limitaciones, aflicciones y pecados en la humanidad.

*Los que tienen hambre y sed de justicia, nos permiten recordar a Jesús que decía: “mi alimento es hacer la voluntad del Padre”.

*Los misericordiosos nos recuerdan las palabras de Jesús: “sean misericordiosos como el Padre celestial es misericordioso”.

*Los limpios de corazón son los que tienen intenciones puras en su actuar. También podemos entender la castidad por el Reino de los cielos, para tener más facilidad en el descubrimiento de Dios.

*A los pacíficos Jesús les ofrece un regalo especial al decir que “serán llamados hijos de Dios”, ya que Jesús mismo se manifiesta como el Dios de la paz.

*Finalmente los perseguidos, maltratados y calumniados son los que siguen de cerca la pasión de Cristo y será Jesús su recompensa.

Después de meditar los distintos textos litúrgicos de este día podemos entender mejor la realidad expresada en el título: “Los humildes se entienden mejor con Dios” y… Dios se entiende mejor con los humildes.

 

 

 

 

 

 

 

Y LA LUZ ERA JESUCRISTO

22.01.17

 

El Señor es mi luz. Bello el sembrar de luces este domingo tercero del tiempo ordinario:

La luz de Isaías y Jesús paseando por la orilla del lago llevando esperanza.

Qué bueno es unir la belleza y la fe.

El lago de Genesaret se presta para ello.

Te invito a pasear por la orilla para ver cómo se pasa de la noche al día, es decir, de estar sin Jesús a estar con Él, a verle pasear sanando y enseñando.

 

El profeta Isaías

Describe y profetiza cómo el pueblo humillado por Dios por sus pecados llegará un día a la felicidad.

Esta felicidad la profetiza así:

“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. Habitaban tierras de sombras y una luz les brilló”.

Pasar de las tinieblas a la luz. De la tristeza a la alegría. Como describe el mismo profeta la  alegría consiste en pasar de la siembra a la cosecha, de la guerra a repartir el botín, de la esclavitud a la libertad.

 

Salmo 26

El justo se goza en el Señor porque en Él lo encuentra todo:

La luz: cuánto amamos el don de la vista. ¡Ver!

Pues Dios es mucho más que esa luz que tanto necesitamos.

Es nuestro defensor frente a todos los enemigos, Él es el más poderoso y asegura nuestra victoria, “nuestra salvación”.

Y luego el salmo se hace petición, algo que tú y yo necesitamos:

“Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor”.

Amigo, también tú recibe este consejo del salmista:

“Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor”.

En los momentos difíciles y hasta de depresión, medita este salmo.

 

Jamás divididos

“Divide y vencerás”.

Es muy antiguo este dicho que tantos ponen en práctica para destruir al enemigo.

En nuestros días lo estamos viviendo.

No caigas en la trampa.

No propaguemos la división. Somos uno con Cristo. Somos una Iglesia.

Tenemos una cabeza visible, el Papa. Y tenemos al obispo como el padre en la fe, que Dios nos ha dado como una confirmación de su presencia.

Tenemos un Catecismo de la Iglesia católica.

En este momento, con frecuencia, la división brota desde dentro y también nos la quieren imponer desde fuera.

Recuerda:

“Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre”.

Te invito a meditar las palabras de Pablo a los corintios y verás cuánto dolor sienten los que ven romperse el cuerpo de Cristo.

Si a Jesús en la cruz no le quebraron los huesos, ahora pretenden quebrarlos en su Iglesia:

“Me he enterado… que hay discordias entre vosotros. Y por eso os hablo así, porque andáis divididos… ¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros?”

 

Verso aleluyático

Describe el paso de Jesús Redentor por la tierra de Palestina predicando y sanando:

“Jesús proclamaba el Evangelio del Reino curando las dolencias del pueblo”.

 

El Evangelio

Jesús sale de Judea, donde han martirizado al Bautista y se va a Galilea para cumplir su misión evangelizadora.

Empieza a llamar discípulos para formar la escuela donde seguirán enseñando el amor de Dios y la salvación de los hombres, cuando Él suba al cielo.

El párrafo de hoy nos habla primero del resumen de su predicación.

Jesús pide la conversión, la metanoia, es decir, un cambio radical de vida, dejando de lado el pecado, porque “está cerca el Reino de los cielos”.

Es aquí donde Mateo cita las palabras que leímos al comienzo en el profeta Isaías:

“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande”… Galilea vio a Jesús.

El párrafo, en segundo lugar, invita a los primeros apóstoles.

Hay que admirar lo escueta de la llamada y la rapidez de la respuesta que es inmediata y generosa:

“Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”.

Eran Andrés y Pedro.

Luego Jesús llama a Santiago y a Juan y la respuesta es la misma:

“Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”.

Jesús quiere que los evangelizadores le imitemos:

Predicar la conversión, evangelizar, enseñar y sanar.

¿Tú lo haces?

Ten presente que desde que te bautizaste tienes que ser misionero y santo

 

 

 

 

 

 

 

LLEGÓ EL CORDERO

15.01.17

 

Una vez más comenzamos el tiempo ordinario del año litúrgico.

En los primeros días del año hemos acompañado a Jesús en su nacimiento e infancia. Ahora lo encontramos ya mayor, iniciando su vida pública a orillas del Jordán.

Las lecturas de hoy son como presentaciones de personajes bíblicos importantes que nos acompañarán cada domingo.

El primero de ellos es “el siervo de Isaías”.

Hoy leemos un pequeño párrafo del segundo de los cuatro cantos del “siervo sufriente”. En realidad se trata de un personaje simbólico que puede ser Israel, Ciro, el mismo Isaías, etc.

De todas maneras para muchos autores cristianos este siervo sufriente es figura de Jesucristo cuyo sufrimiento describe el profeta Isaías de una manera muy viva.

 

El profeta Isaías

El mismo Dios define al siervo de esta forma:

“Tú eres mi siervo de quien estoy orgulloso”.

A continuación leemos la gran profecía de la extensión del Reino de Dios por todo el mundo:

“Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”.

La liturgia, que entresaca estos versículos del capítulo cuarenta y nueve, tiene la intención clara de aplicar estas palabras al Mesías que sale hoy de la oscuridad de Nazaret para presentarse como Salvador del mundo.

 

El salmo responsorial (39)

Recoge las palabras más importantes de disponibilidad que aparecen en labios de distintos personajes de la Biblia como son Moisés, el mismo Isaías, la Virgen María y Jesucristo.

Esto repetiremos en el versículo responsorial:

“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

Conviene que medites el salmo y lo hagas tuyo, procurando tener la misma actitud del profeta:

“Aquí estoy”, es decir, disponible para lo que tú quieras:

“Para hacer tu voluntad”.

Jesús nos invitó a repetir estas palabras en el padrenuestro. Lo que significa que el plan de vida para todos nosotros, en el tiempo ordinario que ahora empieza, debe ser precisamente este: disponibles para hacer en todo momento la voluntad de Dios.

 

Yo Pablo

También la liturgia nos presenta hoy a Pablo que inicia con estas palabras la carta a los Corintios:

“Yo Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús”.

A muchos les llama la atención que se nombre a Pablo entre los apóstoles. Si bien es cierto que no lo eligió Jesús entre los doce primeros, también es cierto que él mismo se da este nombre “por designio de Dios”.

Hay un punto interesante en este brevísimo párrafo y es que llama “santos” a todos los corintios recién convertidos. Es la maravillosa verdad que enseña que la gracia divina nos hace santos, tanto a los que vivimos en la tierra como a los que están en el purgatorio y en el cielo.

Este párrafo encierra también uno de los saludos cristianos que conocemos y repetimos:

“La gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo sea con vosotros”.

 

Verso aleluyático

Es como un eco de la Navidad que acabamos de vivir:

“La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”.

El acoger la Palabra de Dios en nuestro corazón es lo que nos hace hijos de Dios.

 

Evangelio

La presentación más importante de este domingo es la que hace Juan, anunciando a la multitud que entre todos ellos viene un personaje muy especial:

“Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Juan multiplica el testimonio.

Primero advierte que es el Cordero, es decir, el enviado de Dios en quien se cumplen todas las promesas de la liberación de Egipto y de la Pascua anual que celebran los judíos.

Advierte también, Juan, que ya les había hablado muchas veces del Mesías y enseña que aunque ha nacido después de él, existía ya antes.

Con esto enseña que Jesús, como hombre, nació unos meses más tarde que Juan, pero como Dios existió siempre.

A continuación Juan explica a la multitud que ha descubierto al Señor por una visión en la que contempló “al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre Él”.

Además Dios le había revelado anteriormente:

 “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre Él ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”.

Esta es la gran presentación que hace el Bautista que estuvo la última temporada preparando al pueblo judío para recibir al Mesías.

Y Juan concluye feliz:

“Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

Con estas lecturas la liturgia nos ha preparado para que cada domingo profundicemos en el conocimiento de Jesucristo, nuestro Salvador: su vida y milagros y su mensaje redentor.

 

 

 

 

 

¿CUÁNDO LLEGARÁ DIOS?

08.01.17

 

Lo sabían los de lejos y no los de cerca.

Los de lejos tienen preguntas a los de cerca para conocer los detalles y así en la providencia de Dios se enteran todos. Unos para bien y otros para mal.

Veamos.

 

Isaías

La belleza de este párrafo es indescriptible.

Isaías, como lo hace con frecuencia, personifica con una imaginación exuberante la ciudad de Jerusalén y la trata como un gran personaje.

Hoy nos describe la llegada del Mesías como una luz deslumbrante que no solo ilumina la ciudad sino que llena de luz los caminos hasta atraer a los más lejanos al encuentro con el Redentor.

Disfruta amigo:

“¡Levántate, brilla, Jerusalén que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

Mira: la tiniebla cubre la tierra y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti”.

Este párrafo nos profetiza la gran epifanía de todos los pueblos hacia Dios, comenzando por los Magos de oriente.

 

Salmo 97

La historia de Israel nos enseña que los reyes eran quienes hacían justicia al pueblo.

Con el destierro se acabó la monarquía, la población mermó y no era fácil hallar justicia, por lo cual el pueblo se fue espiritualizando y volviendo a las promesas del Mesías de Dios.

Ahora solo le queda esperar la justicia que hará el Mesías.

Algo de esto ofrece el salmo:

“Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes para que rija a tu pueblo con justicia, a los humildes con rectitud”.

Pidamos también para nuestros tiempos la justicia verdadera que tantas veces nos falta y mientras tanto hay que rezar muchos salmos.

 

Pablo y la Epifanía

A Pablo le impresiona cómo todo aquello que estuvo secreto durante el Antiguo Testamento ahora ha sido revelado.

La revelación no ha sido solo para el pueblo de Dios, como antes, sino también para los gentiles. Estos ahora son coherederos y miembros del mismo cuerpo de Cristo y partícipes del Evangelio.

¡Esto impresionó a Pablo!

Sin embargo lo ha recibido como revelación:

El Redentor ha llegado para toda la humanidad.

Esta es la Epifanía que hoy celebramos.

 

Verso aleluyático

“Hemos visto su estrella y venimos a adorar al Señor”.

Este versículo pertenece al Evangelio de hoy, en el que Mateo nos relata la llegada de los Magos a Belén.

 

Evangelio de la Epifanía

Es evidente que el relato de Mateo nos presenta el corazón de la fiesta de hoy.

Se trata de la manifestación (o Epifanía) de Dios a los gentiles representados por los Magos de oriente.

La historia solemos conocerla muy bien.

Lo importante es descubrir cómo Dios, a través de los siglos, ha ido manifestándose o haciéndose presente.

Unos Magos vienen de oriente. Han descubierto señales especiales en el cielo y se han puesto en camino.

A ellos se les ha revelado que el Mesías prometido ha venido a la tierra. Saben que es en Palestina y van a la capital.

Preguntan dónde está el rey de los judíos que ha nacido. Cuando el corazón está sucio la noticia trae temor.

El mismo Herodes tiembla y cuando descubre que, según las Escrituras, tiene que nacer en Belén, lo explica a los Magos. Pero dentro de su rabia interior les pide detalles no para ir a adorarlo, como dice falazmente, sino para acabar con Él.

Cuántas traiciones como ésta hemos encontrado a través de la historia.

Los Magos, felices de conocer el lugar, se van a Belén iluminados por la estrella que los llena de alegría.

Es el pueblo pagano que vivía en las tinieblas que ha descubierto la luz:

“Entraron en la casa (que ya no era la cueva de Belén), vieron al Niño con María, su Madre, y cayendo de rodillas lo adoraron. Después abriendo sus cofres le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”.

Dones significativos en los que la Tradición reconoce símbolos de la grandeza divina y humana de Jesucristo. Oro como a rey, incienso como a Dios y mirra como a Redentor.

Amigo, Dios también a ti se te ha manifestado distintas veces y bajo formas diferentes en tu vida.

¿Qué le traes a Dios oculto en tu corazón?

 

 

 

 

MARÍA CONSERVABA… EN EL CORAZÓN

01.01.17

 

Si Jesús es el Corazón del año litúrgico, María es su Madre, la Madre del Corazón de Jesús.

¿Cómo lo consiguió?

María prefirió mantenerse virgen. Por eso cuando el ángel le habló de un hijo, le contestó: “no conozco varón”. Y esto no por no conocer varones, ya que había muchos en Nazaret como en todos los pueblos. Tampoco porque no pensara casarse porque ya estaba desposada y pronto se casaría con José.

Había algo más que ella quiso ofrecer a Dios: quería tener un corazón intacto y consagrado únicamente para Él.

Precisamente por eso Dios la eligió y la predestinó. Le ofreció la Maternidad divina, pero al mismo tiempo no le quitó la virginidad.

María es Madre y Virgen.

María es Virgen antes, durante y después del parto. Así lo ha enseñado siempre la Iglesia. No porque sea malo ser madre y tener hijos, sino porque Dios quiso privilegiar a María de una manera especial. Esto lo puedes leer en el Catecismo de la Iglesia Católica (496):

“La Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido "absque semine ex Spiritu Sancto" (Cc Letrán), esto es, sin elemento humano, por obra del Espíritu Santo”.

Añade el mismo Catecismo (499):

“La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo "lejos de disminuir, consagró la integridad virginal" de su Madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la "Aeiparthenos", la "siempre-virgen".

El Catecismo de Ripalda, aclara bellamente cómo habría sido el parto:

“Jesús salió del vientre de la Virgen como el rayo del sol por el cristal sin romperlo ni mancharlo” (85).

Es de fe, pues, que la virginidad de María fue un regalo que Dios quiso hacerle.

Insistimos nuevamente en que María es verdadera Madre de Jesús, porque le dio a Él lo que toda madre da a su hijo: el cuerpo.

Creemos que en el momento de la concepción de todo hombre, Dios pone el alma. En el caso de la concepción de Jesús, a ese cuerpo y alma humana se unió la Segunda persona de la Santísima Trinidad. Y así Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios.

Esta Maternidad divina de María es lo que hoy celebramos en la liturgia.

 

Por su parte el Evangelio nos ha recordado la escena de los pastores visitando a María y a José y contando todas las maravillas que habían visto y oído.

Lucas nos recuerda la actitud de María:

“María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”.

Finalmente el Evangelio de hoy añade que a los ocho días lo circuncidaron y le “pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción”.

Esta solemnidad que celebramos el primer día del año corresponde a la octava de Navidad que la Iglesia, después de haber contemplado en estos días el nacimiento de Jesús, ha querido dedicar a su Madre Santísima.

 

En este día también quiero compartir con ustedes otros pensamientos:

Se nos acaba el año 2016 y será bueno que agradezcamos a Dios día por día, por sus misericordias con nosotros, y especialmente habernos conservado la vida.

También es bueno que con sencillez y humildad recordemos los pecados cometidos, nos arrepintamos sinceramente y emprendamos con optimismo el camino hacia el futuro.

Esto nos lleva a agradecer también a Dios el comienzo del nuevo año. Por supuesto que es una manera humana el dividir el tiempo en años, meses, días, horas, etc.

Pero es una forma de responsabilizarnos mejor del tiempo que Dios nos regala. Y organizándonos podamos aprovecharlo mejor.

Contemplando el año que Dios nos ofrece, será bueno recordar las palabras de san Agustín:

“Canta y camina”.

Es decir, pon alegría, ilusiones, amor y esperanza y compártelos con los tuyos, sobre todo en el año que empieza. Así tú mismo te prepararás un feliz año nuevo que yo también te deseo.

 

Por otra parte la humanidad entera llegó a un acuerdo de celebrar, el 1 de enero, como el día de la paz.

De hecho vivimos sin paz.

La mayor parte de la humanidad ha roto la paz con Dios. También entre los hombres la hemos roto, incluso la hemos roto dentro de nosotros mismos.

Pidamos al buen Dios que nos permita a todos construir la paz porque es una de las bienaventuranzas de Jesús: “bienaventurados los que construyen la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

Finalmente, en este tiempo de tantos ataques a la familia, a la vida y a la persona, miremos a la Sagrada Familia de Nazaret que en estos días la liturgia nos propone como el modelo que Dios quiere para todos sus hijos.

En Jesús, María y José encontraremos el verdadero ejemplo de hijos, madres y padres que todos añoramos.

Feliz Año 2017.

 

 

 

 

 

 

 

HOY NOS HA NACIDO EL SALVADOR

25.12.16

 

Este año la Navidad cae en domingo.

En esta gran fiesta la Iglesia nos presenta tres esquemas diferentes para la celebración en las distintas horas.

El primero está orientado para la celebración de media noche (la Misa de Gallo).

El segundo es para el amanecer y el tercero para el día.

Vamos a comenzar comentando el prefacio que como sabes suele orientar el mensaje central  del día.

 

Prefacio

En el misterio de hoy celebramos que Cristo, sin dejar la Gloria de Dios, se hace presente entre nosotros.

Si como Dios era invisible, al hacerse hombre es visible.

El Eterno, entrando en el tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir todo lo creado y reconstruir lo que había destruido el pecado. De esta manera nos abrió las puertas del Reino de los cielos.

Esto es lo esencial del misterio.

Completemos. ¿Qué sucedió en el nacimiento del Verbo encarnado?

Jesús, como Dios, tiene la misma naturaleza del Padre y del Espíritu Santo. Cada una de las tres Personas posee toda la grandeza de Dios.

Toda su naturaleza, toda su Divinidad.

Al hacerse hombre, por un milagro del Espíritu Santo, el Verbo se encarnó en la Virgen María sin intervención de ningún hombre.

María Virgen le da el cuerpo, como toda madre, a su Hijo. Y Dios, como Él hace con toda criatura humana, le infunde un alma. De esta manera Jesús es hombre perfecto. A esta humanidad se une la Segunda Persona de la Trinidad.

Por eso Jesucristo tiene dos naturalezas: una humana y otra divina.

Y tiene una sola Persona Divina: la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Admira esta maravilla:

Jesucristo sufre como hombre y merece como Dios.

Precisamente para eso se encarnó, ya que era la única manera de redimirnos del pecado.

Medita pues: ¡Jesucristo sufre como hombre y merece como Dios!

 

El Evangelio

Se centra en la encarnación.

El primer esquema es el de San Lucas y el segundo es de San Juan.

Evidentemente que lo esencial es lo mismo, pero Lucas habla a la imaginación y Juan nos presenta la más alta teología.

*Evangelio de Lucas

Cada detalle del relato es hermoso y profundo.

Hay un censo decretado por el emperador Augusto.

José, y María que está encinta, tienen que ir a Belén. Llegando a Belén María siente que ha llegado su hora y da a luz a su primogénito.

Recordemos que el primogénito es el primer hijo aunque no haya otros después.

Con el cariño de Madre, María había preparado los pañales y sobre ellos colocó al Niño.

Lucas advierte que no encontraron sitio en la posada sea por la multitud que acudió por el censo o porque no encontraron un lugar apropiado.

La soledad de María y de José en una cueva fue interrumpida de pronto por unos pastores que, mientras velaban en la noche, oyeron a los ángeles cantando y anunciándoles una gran noticia, “alegría para todo el pueblo”:

“Hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.

Recuerda que en esa pequeña ciudad había nacido David, el gran precursor del Mesías.

Los ángeles cantaron: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.

Estos hombres sencillos no discutieron, sino que se fueron felices a la cueva a contar todo lo que habían visto y oído.

Imagina la alegría de María y de José cuando, a pesar de la vivienda tan humilde, les llegó el mensaje de Dios a través de los pastores.

*Evangelio de Juan

Lo escucharemos en el tercer esquema de Navidad. Te invito a tomar el Evangelio en tus  manos.

Es muy profundo pero no temas.

“Al principio existía el Verbo…”

Ese Verbo es la Segunda Persona que lo creó todo y “sin Él no se hizo nada de cuanto fue hecho”.

Después de la descripción maravillosa de la Divinidad de Jesús, termina el párrafo con esas palabras que repetimos diariamente:

“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

Un misterio grandioso para que lo medites no solo en el nacimiento (o Belén) de tu parroquia sino también en el de tu casa.

 

Verso aleluyático

El tercer esquema de hoy nos felicita y anima:

“Nos ha amanecido un día sagrado, venid naciones, adorad al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra”:

¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!

Unidos en familia glorifiquemos a Jesús Verbo encarnado y agradezcamos al Padre la ternura que derramó sobre nosotros por el Espíritu Santo: ¡lo encontramos en los brazos de María!

 

 

 

 

 

VA A ENTRAR EL SEÑOR

18.12.16

 

Este domingo es como la puerta a la Navidad.

Todo se vuelve admiración ante el nacimiento de un hombre que ha sido llamado, siglos antes,  “Emmanuel”, es decir, el “Dios con nosotros”.

Revivamos con fe y amor, en estos días, lo que ya pasó: el misterio del Verbo encarnado.

Esta invitación nos la hace de una manera particular el salmo responsorial (23).

 

Va a entrar el Señor, Él es el Rey de la gloria

Todo cuanto existe lo ha hecho Él. Por eso la tierra y cuanto la llena y sus habitantes y los ríos y los mares, todo le pertenece. De ahí que toda la creación debe aclamar al que entra en el mundo por la cueva de Belén.

 

El profeta Isaías

Nos cuenta el libro de este profeta que el rey Acaz se negó a pedir a Dios una señal de su victoria. El mismo Señor le hace la gran promesa que ahora recordamos:

“Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa Dios con nosotros”.

Esta señal que no quiso pedir el rey Acaz es ahora la alegría de la humanidad:

¡Dios cumplió su palabra!

 

San Pablo a los romanos

-El párrafo citado es el inicio de la carta. En él se presenta como el apóstol del Evangelio.

Según Pablo Jesucristo lo nombró apóstol. De ahí que tantas veces al citarlo se le llame “el Apóstol”, e incluso, sin ser de los doce, se le incluye en la lista de los apóstoles junto a Pedro.

-Este Evangelio es el mismo que ya fue anunciado al pueblo de Israel por los profetas en el Antiguo Testamento.

-Jesucristo es descendiente de David (hijo del hombre) y es también hijo de Dios consagrado por el Espíritu Santo y manifestado en la resurrección.

-Jesucristo, personificación del Evangelio, no solamente es para los judíos sino también para los gentiles.

-A quienes acogen el Evangelio Pablo los llama “santos” en varias oportunidades porque ellos responden al llamado de Dios en la obediencia de la fe.

-Nosotros, como aquellos primeros gentiles de Roma, hemos sido llamados para vivir el Evangelio y pertenecer al pueblo de Dios.

 

Verso aleluyático

Nos recuerda de una manera concisa las palabras de Mateo que recogen las de Isaías:

“La virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros”.

Como podemos darnos cuenta este es el texto fundamental de hoy y, como nunca sucede en la liturgia, lo encontramos citado tres veces en la liturgia de la Palabra.

 

Evangelio

En el Evangelio San Mateo nos narra que “la concepción de Jesús fue de esta manera…”.

Son muchos los detalles que podemos meditar en este importante párrafo. Nos fijamos en algunos para nuestra meditación.

-María es verdadera Madre de Jesús.

Ella estaba ya desposada con José aunque no habían celebrado el matrimonio y por tanto no vivían juntos formando familia.

-Antes de vivir juntos María quedó encinta por obra del Espíritu Santo.

-José, esposo verdadero, no podía entender lo que pasaba, porque María guardaba un secreto absoluto.

-José quería mucho a María y tenía todos los motivos para ello. Como no entendía nada decidió dejarla en secreto para evitar la difamación:

¡Cuánta delicadeza en todas estas actitudes de José y de María!

-El ángel del Señor aclara en sueños todo a José:

“No tengas reparo en llevarte a María a tu casa porque la criatura que tiene viene del Espíritu Santo”.

El ángel pide a José que sea el padre de este niño con estas palabras:

“Le pondrás por nombre Jesús”.

-De nuevo encontramos el mismo texto que es el de Isaías:

“La virgen concebirá y dará a luz…”.

Cuando se despierta José realiza todo lo que el Señor le había mandado por el ángel.

No se trataba de un simple sueño sino de una manifestación clara de la voluntad de Dios que José, con el don de discernimiento que poseía, pudo interpretar.

Este fue el medio normal de los mensajes de Dios a José: el anuncio del ángel mientras dormía. Finalmente José, el bueno, “se llevó a casa a su mujer”.

Amigos, tomemos este texto de Isaías como una luz para caminar en este tiempo que nos queda de adviento.

 

 

 

 

 

 

¡ALEGRÍA!: SE ACABÓ EL DESTIERRO

11.12.16

 

Hoy es el domingo de la alegría y de la esperanza.

Los que tienen dentro de la corona de Adviento las velas moradas, hoy cambian la tercera velita por una de color rosado que indica la alegría y la seguridad que nos trae a todos el Mesías prometido por Dios que nos viene a redimir.

A nosotros ya nos redimió Jesús pero recordamos con amor la felicidad de su presencia y aprovechamos su sangre redentora que colmó nuestra esperanza.

Esta alegría es la que quiere traernos de una manera especial el tercer domingo de Adviento, domingo de alegría y cercanía con Jesús que vino, viene y vendrá.

 

El Evangelio

Nos presenta a Juan el Bautista que no era precisamente una “caña sacudida por el viento”. Tampoco vestía lujosamente, pero era más que un profeta.

Jesús dijo de él que ningún nacido de mujer era más grande que el Bautista.

A este gran predicador lo metieron en la cárcel y un buen día envió a discípulos suyos para que preguntaran a Jesús:

“¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?”

No sabemos si el Bautista dudaba de Jesús o si lo que pretendía era confirmar a sus discípulos en la fe, porque ya sabemos cómo varias veces Juan dio testimonio público sobre Jesucristo.

La respuesta de Jesús es indirecta porque lo hace citando al profeta Isaías: “aquel día oirán los sordos las palabras del Libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrase en el Señor y los pobres se llenarán de júbilo”. Para concluir que se están cumpliendo en Él las profecías sobre el Mesías.

La lección de este día de Adviento que debemos aprovechar es por un lado la verdadera conversión del corazón y por otro la fidelidad hasta la muerte.

Ese es el ejemplo del gran Juan Bautista que selló su apostolado al servicio de Cristo con el martirio.

 

Santiago

Nos invita a tener paciencia, esa virtud que nos suele faltar a todos, especialmente cuando hay un insulto, una cola larga, un “vuelva mañana” o frente a la injusticia.

Paciencia es la ciencia de la paz en el alboroto.

Imitemos al campesino que expone la semilla a la sequía y a la lluvia o a las plagas: ¡cuánta paciencia! Y al final, una granizada se lleva todo… o el trigo alegra los graneros.

También nos pide Santiago que imitemos a los profetas que hablaban del lejano Mesías y tantas veces por ese motivo eran perseguidos.

El Señor es quien nos juzgará. Mientras tanto mantengamos serenidad y paz porque Dios no falla y el fruto de la encarnación es para todos.

 

Aleluya

El Señor está sobre ti desde el bautismo y te ha enviado… ¿a dónde?

Todos tenemos una misión y durante ella tenemos que evangelizar.

 

Salmo responsorial

Es una invitación a poner nuestra confianza únicamente en el Señor y alabarlo toda nuestra vida.

Los seres humanos, aunque sean príncipes y tengan poder, “no nos pueden salvar, exhalan el espíritu y vuelven al polvo”… pero el Señor sí. Él es el todopoderoso que “hace justicia… liberta… da pan… devuelve la vista a los ciegos”. Él permanece siempre, “es Dios y reina eternamente”.

Trabaja por el bien y recuerda que la única recompensa que vale la pena, te la dará Dios.

 

Primera lectura

Es de Isaías y canta la alegría del regreso de Babilonia:

Todo son bendiciones del Señor y felicidad de los desterrados que vuelven a Jerusalén.

Este capítulo (15) que pretende recoger la alegría de los que vuelven felices a su patria… y hasta la naturaleza se hace eco de esa felicidad.

Hoy recoge la liturgia estos momentos para invitarnos a una alegría profunda a nosotros, “los desterrados hijos de Eva” para que lleguemos a la patria del cielo donde todo será gozo, himnos, salmos y felicidad.

Qué bella descripción hace de esto Isaías.

“Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límites en sus rostros. Los dominan el gozo y la alegría. Quedan atrás las penas y la aflicción”.

Por aquí quiere la liturgia que camine la verdadera alegría de los hijos de Dios redimidos por el Mesías, Jesucristo.

 

 

 

 

 

 

 

CANTA Y CAMINA

04.12.16

 

Se me han ocurrido estas palabras de San Agustín para que las tomes en serio durante este tiempo especial de Adviento en el que la Iglesia nos pide preparar los caminos del Señor: “¡Canta y camina!”

El camino es Cristo. Con Él caminamos y con Él vamos caminando y alabando al Padre en el amor del Espíritu Santo:

¡Ánimo! Canta y camina hacia la Navidad.

Y ahora ahondemos en las enseñanzas y sentimientos de la liturgia en este segundo domingo de Adviento en el que estamos en espera e imitamos a Israel según le pedía Isaías:

“Mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír la majestad de su voz y os alegraréis de todo corazón”.

Es lo que queremos hacer con ilusión durante este tiempo que precede a la Navidad. Por eso le pedimos a Dios con la oración colecta:

“Señor, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo no permitas que lo impidan los afanes de este mundo. Guíanos hasta Él con sabiduría divina”.

 

Isaías

Profetiza la llegada del Mesías con estas palabras:

“Brotará un renuevo del tronco de Jesé y de su raíz brotará un vástago”.

Recordemos que Jesé era el padre de David que ya reinó. Por tanto se está refiriendo al Mesías: “sobre Él se posará el Espíritu del Señor” y  derramará sus dones que son los mismos que tú recibiste el día de la confirmación, aunque aquel día añadieron el espíritu de piedad que completa los siete dones.

Las características del Reino del Mesías son fundamentalmente la justicia y la paz, como repetiremos en el salmo responsorial.

Nos presenta también esos tiempos como la plenitud de alegría y paz de una naturaleza hermanada y que representa de una manera tan bella, como tú puedes leer en el párrafo de hoy.

 

Salmo responsorial

Presenta precisamente el Reino mesiánico con un tiempo de paz, justicia y misericordia que tanto reclamamos todos los seres humanos.

Hay que recordar que cuando se escribió el salmo los israelitas ya no tenían la monarquía y eran “un pequeño resto” porque muchos se quedaron lejos de su patria. Ellos volvieron más espiritualizados y con una firme esperanza en el Mesías prometido que había de traer “la justicia y la paz abundante”. Su Reino se extenderá por toda la tierra.

En el resto del salmo podemos ver las ilusiones hechas oración por parte del salmista.

 

Pablo a los romanos

Empieza diciéndonos que todas las “antiguas Escrituras” están escritas para nuestra enseñanza y consuelo.

Luego nos recomienda que estemos de acuerdo entre nosotros: “Dios fuente de paciencia  y consuelo os conceda estar de acuerdo entre vosotros según Jesucristo”.

Esta caridad fraterna es la que nos permitirá “alabar al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” acordes y unánimes.

Finalmente nos enseña que Jesucristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios a su pueblo, pero además acoge a todos los pueblos para que, unidos todos los hombres, alabemos la misericordia infinita de Dios.

 

Verso aleluyático

Repite unas palabras de Isaías que recordaremos muchas veces durante el Adviento.

Se trata de preparar el camino del Señor para que todos los hombres puedan ver esa salvación que Él mismo quiere para todos.

 

Evangelio

En el Evangelio aparece por primera vez el precursor.

Cada evangelista presenta a Juan Bautista de distinta manera. Hoy es Mateo, nuestro compañero del ciclo A, quien nos lo presenta fuerte, duro y hasta tosco, muy exigente consigo mismo y fiel a la misión que Dios le ha confiado. En medio de su dureza, por ejemplo, exhorta  a los fariseos y saduceos a “dar el fruto que pide la conversión”.

De todas maneras es muy hermoso constatar la sintonía que hay entre el mensaje de Jesús en Marcos (1,15: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”) y en Mateo que nos presenta a Juan predicando estas palabras:

“Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.

Conversión es el gran tema de adviento.

El mensaje de Juan va arropado por una vida penitente: “vestido de piel de camello, con una correa de cuero en la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”.

Hoy podemos descubrir también la profunda humildad del precursor:

“Yo os bautizo con agua para que os convirtáis. Pero el que viene detrás de mí puede más que yo y no merezco ni llevarle las sandalias”.

Para completar las enseñanzas de hoy te invito a meditar el prefacio del día.

Termino proponiéndote unas pequeñas oraciones litúrgicas:

* “Hijo unigénito de Dios que has de venir al mundo como mensajero de alianza…”

*“Tú que engendrado en el seno del Padre quisiste hacerte hombre en el seno de María…”

*“Tú que siendo la vida quisiste experimentar la muerte…”

*“Tú que en el día del juicio traerás contigo la recompensa”.

Haz oración de cada una de estas frases y pídele a Jesús que venga a ti y venga para la humanidad entera a fin de que podamos vivir ese mundo de paz y justicia que Él quiere para todos.

Por eso… “canta y camina” glorificando a tu Señor que viene.

 

 

 

 

 

 

 

EL ADVIENTO

27.11.16

 

El adviento trae aires de esperanza.

Hablamos bastante de la fe y sobre todo del amor. Está bien. Son dos grandes virtudes teologales que nos permiten comunicarnos con Dios, nuestro Creador.

Pero hay otra virtud, teologal también, que necesita nuestra sociedad y nosotros los cristianos de una manera urgente.

En efecto. ¿Cómo superar estos problemas?:

*Muchos no creen ni en la resurrección ni en la vida eterna.

*No aceptan a un Dios bueno que nos creó y nos espera.

*Los gobiernos y los que manejan el mundo no dan soluciones a los problemas más urgentes del alimento, el trabajo, la seguridad ciudadana.

*Nos desesperamos en las colas para oír al final “le falta un documento” o “vuelva mañana”.

Sí. Necesitamos esperanza y motivos para esperar.

No solo esperar en los hombres sino también esperar en Dios, en medio de este mundo difícil.

El adviento es un tiempo especial para ejercitarnos en esta gran virtud.

Debemos admirar el ejemplo que nos dan los grandes santos del Antiguo Testamento que mantuvieron la esperanza hasta el fin de la vida.

Ellos estaban seguros de que Dios cumpliría sus promesas y morían con los ojos y el corazón puestos en el Mesías prometido.

Durante el tiempo del adviento la liturgia nos recordará también las invitaciones de Jesús para vivir en esperanza.

Recordaremos la parusía, es decir, la segunda venida del Señor. (Sabemos que la primera es la Navidad que celebraremos gozosamente también en este tiempo).

Durante el adviento aprendamos a vivir la esperanza en un más allá seguro y mejor.

Aprovechemos, amigos, desde este primer domingo para aprender a esperar y pidamos esa virtud al Señor.

Será bueno que recordemos también estas venidas o cercanías del Señor para ejercitar la esperanza:

*La venida cuando nos reunimos en su nombre.

*La venida en la Eucaristía trayéndonos todos los tesoros de Dios.

*La venida en cada pobre que se nos acerca.

*La venida al final de los tiempos.

*Y finalmente la ternura de la venida de Cristo como niño pequeño en Belén, que ya pasó, pero la recordamos con mucho amor cada año porque su venida es certeza de que se cumplirán nuestras esperanza de salvación.

Hoy iniciamos el ciclo A.

Nos acompañará en la mayor parte de los domingos San Mateo, apóstol y evangelista, el publicano que decidió dejar los negocios y seguir a Jesús.

 

La visión de Isaías

El gran profeta nos presenta el triunfo de Dios sobre Jerusalén hacia donde concurrirán todos los pueblos invitándose unos a otros: “venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob”.

Serán tiempos de paz en los que “de las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas”.

Finalmente se acabarán todas las guerras y el mundo seguirá esta hermosa invitación: “Vengan, caminemos a la luz del Señor”.

 

El gozo del salmo 121 (“salmo de las subidas”)

Este salmo de las subidas nos recuerda la llegada de los peregrinos a Jerusalén y su gozo indecible después de tantos sacrificios por caminos difíciles: “Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén”.

Por fin llegaron a la casa del Señor.

Por allí vamos también “los desterrados hijos de Eva hacia el Señor”.

 

La invitación de Pablo

Hoy Pablo nos invita a “revestirnos de Cristo”. En efecto, nos presenta este mundo como una peregrinación hacia la luz de un nuevo día y nos invita a caminar “con dignidad, nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias… pertrechémonos de las armas de la luz”.

Y todo ello porque “la salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”.

 

El versículo aleluyático es una súplica llena de esperanza.

“Muéstranos tu misericordia y danos tu salvación” es otra invitación a emprender el camino hacia la felicidad verdadera, confiando en la misericordia de Dios que nos acompañará siempre y al fin nos regalará la salvación que no podemos merecer.

 

El Evangelio de la vigilancia

Finalmente el Evangelio de hoy nos invita a estar siempre preparados. Son muchas las veces que Jesús repite esta idea, advirtiéndonos que la llegada de Dios será por sorpresa.

Recuerdo una religiosa cuyo papá estuvo siete años en coma y cuando murió decía ella: “nos cogió de sorpresa. Nadie lo esperaba”.

Jesús nos advierte hoy que su llegada será como en tiempo de Noé.

Cada uno andaba a lo suyo y ninguno aceptaba las invitaciones a la conversión.

Llegó el diluvio y acabó con todo.

Jesús repite una vez más:

“Por tanto estad en vela porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Bendito tiempo este de adviento que viene lleno de promesas y nos invita a la esperanza.

 

 

  Movimiento de Cursillos de Cristiandad; Copyright © 2007, Grupo del Miércoles MCC-Arequipa (Perú). - Revisado: viernes, 20 octubre 2017