EL SECRETO DE LA FELICIDAD: AMAR COMO DIOS

06.05.18

 

Dios no hace distinciones sino que acoge a todo el que tiene buena voluntad.

Pidamos que los equivocados de hoy, tengan buena voluntad y Dios les permitirá descubrir la luz.

 

Hechos de los apóstoles

Se trata de una familia pagana de buena voluntad que en oración recibe una luz:

Dios les invita a acoger la revelación de Jesús y para ello les pide que busquen a San Pedro que está en Jafa.

Cornelio, el padre de familia, envía por Pedro para que les instruya.

Este viene.

Apenas empieza a hablar el apóstol, el Espíritu Santo toma posesión de la familia y se manifiesta con el don de lenguas y de alabanza.

A veces nos creemos que por estar bautizados tenemos derecho a todo y… ¡los otros no!

Dios actúa de un modo diverso:

No hace acepción de personas.

Acoge a todo el que le busca con corazón sincero, incluso antes de conocerlo.

Cuando Pedro instruye a la familia de Cornelio y todos se bautizan, descubre que quien se encuentra con Dios quiere saber más de Él y por eso se quedó unos días con ellos para instruirlos.

Tú amigo, ¿tienes hambre de Dios y de conocerlo cada vez más o te aburre hablar de Él y de sus cosas? ¿Piensas que ya lo sabes todo?

 

Salmo responsorial 97

Este salmo es un canto al Señor, muy oportuno para este día, porque Cornelio y los suyos, cuando recibieron el Espíritu Santo, ciertamente empezaron a cantar con Pedro y los que venían con él, las maravillas de Dios:

“Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas, su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo”.

 

Carta de San Juan

El que ama, conoce a Dios… o, lo que es lo mismo, el que conoce a Dios ama.

Nosotros no sabemos lo que el prójimo lleva en su alma pero podemos descubrir en él a Dios que lo posee.

El gran secreto es que el amor de Dios va por delante del nuestro.

Tú no amas a Dios y Él te agradece que lo ames… ¡No! Él va por delante.

“Él nos amó primero” y no de cualquier manera.

Nos amó de la manera más generosa, dándonos “a su Hijo único para que vivamos por medio de Él”.

Su muerte nos ha purificado del pecado y nos permite esperar la vida eterna, poseerlo eternamente.

¿Eres pecador?

¡Somos pecadores!

Pero podemos vivir del amor, y esto por toda la eternidad, porque Jesús nos amó primero como regalo del Padre.

 

Verso aleluyático

Hoy es el domingo del amor.

Medita bien cada texto bíblico.

Este verso aleluyático nos da la clave para poseer el amor:

“El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él”.

Guardar el mensaje, la Palabra, los mandamientos, es la prueba de que queremos a Dios y su respuesta es venir a nuestro corazón y permanecer en él.

Recuerda: si acoges la Palabra de Dios, tu corazón será el nido de su amor, que es el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo: tú, ¡templo de la Santísima Trinidad!

 

Evangelio

¿Tú quieres ser feliz?

Jesús te explica el secreto.

Él no te ofrece un poco de alegría ni cualquier clase de alegría.

Goza y profundiza:

“Os he hablado de esto para que mi alegría” (¡la alegría de Dios porque Jesús es Dios!).

“Esté en vosotros” (¡Dios en ti!).

Y (lógicamente) “vuestra alegría llegue a plenitud”.

¿Cómo conseguir esa felicidad?

¡Amando!

Pero amando a lo divino, es decir, como Dios (recuerda una vez más que Jesús es Dios):

“Os améis unos a otros como yo os he amado”.

Jesús se nos revela para que podamos amar como Él, es decir, hasta dar la vida humana en la cruz y la vida divina, dándonos a conocer todo lo que Él sabe de Dios:

Por Cristo tú conoces a Dios:

“A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito que está en el seno del Padre es quien lo ha dado a conocer”.

Ya pues, si quieres ser feliz, AMA COMO JESÚS y tú alegría será completa.

 

 

 

 

PERMANECER EN LA VID

29.04.18

 

La viña, la vid, la uva, el vino… todo esto tiene una gran tradición en el pueblo de Israel, por eso Jesús la tomará también repetidas veces en el Evangelio para dar a entender al pueblo lo que es el Reino de Dios y cómo se entra y permanece en él.

Es lógico en este momento citar al profeta Isaías en su delicioso capítulo cinco, que empieza así:

“Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña:

Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.

La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar.

Esperaba que diese uvas pero dio agrazones”.

Sabemos que el cantor es Isaías, su amigo es el Señor y la viña representa a Israel.

Así se resume toda la historia del pueblo de Dios.

Podremos encontrar citas bíblicas sobre la viña en Jeremías, Ezequiel y también en el salmo 80,9-19 y sobre todo en el evangelio de Jesús que presenta varias parábolas sobre la viña y de manera especial la alegoría que encontraremos hoy en el evangelio de Juan.

Aparte del encanto poético de la comparación aparece la profundidad de las relaciones de la comunidad (Israel, la Iglesia) y cada uno de nosotros que conocemos nuestra personal respuesta a tantas delicadezas como Dios ha tenido con cada uno a lo largo de la vida.

Pero vayamos a las lecturas de este día.

 

Hechos

Los Hechos de los apóstoles nos presentan los primeros días de Pablo, convertido en predicador y “al que todos tenían miedo porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo”, ya que había perseguido tanto a la Iglesia.

Como siempre el Señor vela y Bernabé salió fiador de Pablo quien pudo explicar su conversión. Finalmente San Lucas en este párrafo nos explica cómo se iba estableciendo la Iglesia en la fidelidad al Señor y se iba multiplicando animada por el Espíritu Santo.

Esto mismo tenemos que hacer hoy, cuando parece que la Iglesia se va desintegrando a los ojos de muchas personas.

La fidelidad a Dios y la confianza en el Espíritu de Jesús tienen que mantenernos en la paz y crecimiento del Reino. Que esta es la voluntad de Dios.

 

Salmo responsorial

El salmo propuesto en este domingo es un fragmento del 21 que nos habla de la fidelidad a Dios y de cómo la Iglesia debe ir creciendo y hablando de Dios de una a otra generación para que todos lo conozcan y sirvan.

 

San Juan

El apóstol nos habla de cómo el guardar los mandamientos es una de las pruebas del amor que tenemos a nuestro Dios.

Dicho de otra forma: los mandamientos hay que guardarlos (no cumplir por cumplir). Y se “guarda” lo que se ama.

Cuando guardamos los mandamientos se da este dulce intercambio: nosotros permaneceremos en Dios y Dios en nosotros.

Este amor supone la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida:

“En esto conocemos que permanece Dios en nosotros: por el Espíritu que nos dio”.

 

Verso aleluyático

Nos repite un verbo muy querido por San Juan, sobre todo al tratar la vid y los sarmientos, como veremos en el Evangelio.

Precisamente de allí está tomado este versículo:

“Permaneced en mí y yo en vosotros.

El que permanece en mí da un fruto abundante”.

 

Evangelio

Comienza con la gran afirmación con que Jesús define, de otra forma asequible a nosotros, el “yo soy”.

En la parábola tenemos también una aplicación muy concreta y más profunda que la que nos daba Isaías:

En ella el dueño de la viña es el Padre, Jesús es la viña misma y podríamos decir que el Espíritu Santo es la savia, la vida que va desde el tronco a cada una de las ramas que somos nosotros.

En el plan de Dios todos estamos llamados a formar parte de esta vid, que es la humanidad participando de la divinidad. De ahí que Jesús recalque de muchas maneras que hay que “permanecer” unidos en la vid.

Quien permanece, da fruto y fruto abundante para la vida eterna.

Quien no permanece se seca, lejos de Dios, y se queda fuera de la salvación.

Amigos, tengamos en cuenta la conclusión del parrafito de hoy:

Nuestra vida es para glorificar a nuestro Dios y Creador y Jesús nos advierte que la forma que tenemos de glorificar al Padre es dar fruto abundante, cosa que solo es posible si estamos unidos al Hijo y dentro de nosotros abunda la savia del Espíritu Santo: el amor.

 

 

 

 

 

 

V Domingo de Pascua – Ciclo B (Juan 15, 1-8) – 29 de abril de 2018

“Yo soy la vid y ustedes son las ramas”

 

Desde el origen de los tiempos, los seres humanos hemos aprendido que unidos podemos sobrevivir más tiempo y tener una mejor calidad de vida. Estar separados y enfrentados, es el primer síntoma de la desaparición de una organización humana. Por eso los pueblos se han ido organizado de distintas formas y han creado estructuras, cada vez más amplias, de convivencia humana: tribus, pueblos, naciones, países, Estados...

 

Incluso, recientemente, los pueblos y las naciones, que lucharon en otras épocas con tanta convicción por su independencia, han ido caminando hacia estructuras de unión supranacional, dejando atrás diferencias que antiguamente parecían insalvables. Estas formas nuevas de organización social han tratado de respetar las identidades particulares de cada pueblo, es verdad, pero buscan la supervivencia particular en la posibilidad de la supervivencia común. “O vivimos todos, o aquí no vivirá nadie”, parecen decirse entre ellos. Claro que todavía hay demasiados pueblos y naciones, es decir, seres humanos de carne y hueso, pero sobretodo de hueso, que quedan por fuera de estos planes de unión de los poderosos de este mundo, y se ven, cada vez más, condenados a la desaparición.

 

En las Reducciones jesuíticas que se crearon en el siglo XVII al sur del continente americano, entre los indígenas que habitaban esas tierras, el mayor castigo que recibía una persona, era ser apartado de la comunidad, es decir, eclesialmente hablando, ser excomulgado. Ellos sabían, perfectamente, que, en esas selvas inhóspitas, era imposible vivir estando separados de la comunidad. El que recibía este castigo, prácticamente, estaba condenado a morir. Lo mismo sucedía en comunidades de la cuenca amazónica.

 

Este mismo principio de la supervivencia social, funciona en el ámbito de la vida en todas sus expresiones: los microorganismos, las plantas, los animales, la vida misma, se sostiene y crece, gracias a una dinámica de sinergias y alianzas. Sin el apoyo de unos a otros, ningún organismo vivo, puede seguir siendo tal. Esto es lo que quiere señalar la comparación que nos presenta Jesús en el Evangelio de hoy. No hay que ser un agricultor muy experto para saber que una rama, desprendida del tronco, no puede dar frutos. Todos sabemos, incluso, que si la rama se separa del tronco, se muere... Jesús señala así la cualidad que debe caracterizar a sus seguidores, si quieren participar de su vida, como Él participa de la vida de Dios: O nos mantenemos unidos a Jesús, o no podremos dar fruto, porque la vida de Dios se muere en nosotros.

Permanecer unido es estar con otro allí donde él está; participar con él de lo bueno y de lo malo; acompañarlo en todo momento y disfrutar de su cercanía. Jesús nos invita no sólo a estar unidos a él en los ratos de oración, más o menos generosos, o en las celebraciones en las que participamos con alguna regularidad. Nos invita a estar unidos a él en todo lo que hacemos; a buscar y hallar su presencia a cada instante, en cada paso que damos, en cada acción que emprendemos, en cada decisión que tomamos. Permanecer unidos a Él en la vida toda, en los momentos de pasión y en los tiempos de resurrección. Sólo así, como los pueblos, podremos seguir viviendo y no desaparecer...

 

 

 

 

 

 

DAR LA VIDA LIBREMENTE: EL GRAN SECRETO

22.04.18

 

Desde hace años la Iglesia recuerda en este día, de una u otra forma, al Buen Pastor y con este motivo ha declarado “Jornada Mundial de oración por las vocaciones”.

Tengamos presente por una parte que la llave de las vocaciones la tiene Dios Padre por lo que decía Jesús: “rueguen al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.

Por otra parte recordemos esta hermosa enseñanza de San Pedro que nos dice:

“Pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, mirad por él, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia sino con entrega generosa; no como déspotas con quienes os ha tocado en suerte, sino convirtiéndoos en modelo del rebaño”.

A estos pastores les invita San Pedro a esperar gozosamente la corona que les dará el Pastor supremo.

Las lecturas de hoy nos hablarán de la importancia de Jesús en el plan de Dios bajo la imagen de la piedra angular y del Buen pastor.

 

Los Hechos de los Apóstoles

Nos hablan de cómo “Jesús es la piedra que desecharon los arquitectos” de este mundo, que vive de espaldas a Dios y a Cristo.

Sin embargo, Jesús será siempre la piedra angular de todo el que edifique para Dios, es decir, no hay otro salvador que pueda acercar a los hombres a Dios.

No tenemos que esperar a nadie más.

 

Salmo 117

Este salmo es el que trae precisamente esa comparación a la que pertenece la cita de San Pedro ante el Sanedrín que hemos leído en la primera lectura.

Jesús es y será siempre el enviado de Dios y por eso cada día en la Santa Misa y muchas veces en los salmos repetimos estas palabras:

“Bendito el que viene en nombre del Señor”.

 

Juan

El apóstol Juan, en su carta, nos anima a pensar en el amor que nos ha tenido el Padre Dios hasta el punto de llamarnos “hijos de Dios”.

Y el mismo Juan añade enseguida:

“¡Pues lo somos!”

Sabemos que “el mundo no nos conoce porque no le conoció a Él” porque, aunque en nuestra alma llevamos el gran tesoro de la divinidad por la gracia santificante, no se ha manifestado aun lo que seremos.

¿Y cuál es nuestro futuro?

Te invito a pensarlo:

“Seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es”.

Ese es nuestro futuro aunque ahora llevamos todos, la apariencia externa tan pobre y limitada.

 

Verso aleluyático

El aleluya nos recuerda las palabras de Jesús que son centrales en este día:

“Yo soy el Buen Pastor, conozco mis ovejas y las mías me conocen”.

De que Jesús nos conozca no podemos dudarlo porque Él es Dios. Pero ¿tú conoces bien a tu Pastor?

 

Evangelio

Aunque breve, es muy profundo el párrafo de hoy.

Lo primero con que nos encontramos es la afirmación que Jesús hace sobre su divinidad:

“¡Yo soy!”

Y aquí define una de sus facetas, la de Buen Pastor.

En el fondo se está identificando con el pastor del que habla Isaías:

“Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían”.

De este pastor nos habla también Jeremías (23,1-4); Ezequiel (34,16), etc., y sobre todo el salmo 23, tan querido por todos.

Este será el gran Pastor de las ovejas como lo llamará Hebreos 13,20.

¿Y cuáles son las características de este pastor?

Según el evangelio de Juan:

+ Da la vida.

+ Conoce a sus ovejas.

+ Es conocido por sus ovejas.

+ Quiere la unidad:

“Y habrá un solo rebaño y un solo pastor” (“Padre, que sean uno”).

+ El mandato del Padre constituye la misión del Buen Pastor.

Ese mandato es dar la vida y recuperarla.

Hay que tener en cuenta que el valor de la muerte de Cristo es que da la vida porque quiere:

“Nadie me la quita sino que yo la doy libremente”.

Este es el mérito de la vida de Cristo y de la tuya. Si das la vida a Dios dásela libremente y con alegría. Como hace calladamente la mamá que se desvive por sus hijos y el papá que trabaja para que abunde el pan en casa.

El encanto del Buen Pastor que presenta Jesús es una foto muy extraña:

El Pastor dando la vida por las ovejas. Lo contrario de lo que sucede en la vida normal, donde las ovejas son sacrificadas para que viva bien el pastor.

La Biblia nos presente a Jesús como Cordero, además de pastor, en concreto, el Apocalipsis nos habla del Cordero degollado y puesto en pie: Cristo muerto y resucitado.

 

 

 

 

 

NO OLVIDES A JESÚS, AUNQUE PEQUES

15.04.18

 

Hay unas cosas tan graves que parece imposible, no solo perdonarlas, sino también encontrar alguna excusa para continuar en amistad.

Es claro que para nosotros una de las cosas más difíciles es perdonar, pero Jesús perdona y nos da ejemplo de ello para que sus discípulos también perdonemos.

 

Hechos de los Apóstoles

San Pedro habla a la multitud y les explica cómo Dios “ha glorificado a su siervo Jesús al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato”.

Valientemente les recuerda cómo prefirieron a Barrabás y pidieron la muerte de Jesús inocente.

Sin embargo, Pedro busca una excusa, la única posible, y que coincide con las palabras de Jesús en la cruz:

“Lo hicisteis por ignorancia y vuestras autoridades lo mismo”.

Jesús dijo: “perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”.

Dios cumplió de esta manera las profecías que se habían escrito sobre el Mesías, y lo que Pedro les pidió a los judíos entonces, y a nosotros hoy, es:
“Arrepentíos y convertíos para que se borren vuestros pecados”.

 

Salmo 4

“Dios ha hecho milagros en mi favor”,  dice el salmista.

También yo lo digo porque así ha sido mi vida.

¿Y no pasó también en tu vida esto mismo que dice el salmo?

Te invito a buscar las maravillas que Dios ha hecho en tu vida desde la infancia hasta hoy.

Y después, agradece.

Ten la seguridad de que el Señor te escuchará cuando lo invoques y encontrarás la paz.

Esa paz que sirve hasta para dormir cada noche:

“En paz me acuesto y enseguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo”.

 

San Juan

No peques, es lo que te pide el santo apóstol y evangelista.

Pero si pecas, dice, recuerda “que tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo el Justo”.

Nunca imites a Judas que se arrepintió y hasta devolvió la plata…

Pero desesperado se ahorcó.

No conocía hasta dónde llega el amor de Jesús y su perdón.

Lo que suele sucedernos es que no conocemos a Dios, aunque rezamos y hablamos de Él:

A Dios lo conoce solamente el que guarda sus mandamientos por amor.

Medita esta hermosa conclusión de San Juan:

“Quien guarda su Palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en Él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en Él”.

Te invito a repensar:

Estoy en Dios y quiero guardar su Palabra por amor.

 

Verso aleluyático

Este versículo recuerda el texto de San Lucas que cuenta cómo los dos de Emaús, al desaparecer Jesús, después de partir el pan, se dijeron:

“¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”

También nos invita a pedir a Jesús algo muy importante para nuestra vida de fe:

“Señor Jesús, explícanos las Escrituras; haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas”.

Ese fue el regalo de Jesús a los apóstoles reunidos en el cenáculo el día de la Pascua:

“Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”, como leeremos en el Evangelio de este día.

 

Evangelio

Narra el momento más emocionante para la mayor parte de los Apóstoles:

Todos comentaban que el Señor había resucitado y se había aparecido a Pedro.

En ese momento llegaron los de Emaús comentando con emoción que lo habían visto y lo habían reconocido al partir el pan…

Pero el grupo no acababa de aceptar la resurrección, como cuenta San Marcos.

Es entonces cuando el mismo Jesús “se presenta en medio de ellos y les dice a todos: paz a vosotros”.

Los apóstoles, que tenían todo cerrado por miedo a los judíos, al comienzo creyeron ver un fantasma y se asustaron.

Por fin le vieron comer y se convencieron de que el Maestro había resucitado.

De todas formas el evangelista nos advierte que Jesús tuvo que darles un don especial para comprender las Escrituras y que entendieran todo:

+ El sufrimiento del Mesías.

+ Su resurrección al tercer día.

+ Que su misión había sido proclamar la conversión y perdonar los pecados con que la humanidad se había revelado contra el Creador.

+ Que tomaran conciencia de que cada uno de los Apóstoles debía ser testigo de la resurrección de Jesús.

La conclusión de hoy es que el amor de Jesús es tan maravilloso que no ha venido a buscar a los santos sino a los pecadores. Por eso, por mucho que hayamos pecado, su misericordia (y su acogida) es mayor y siempre nos espera.

 

 

 

 

 

EL RESUCITADO ES LA DIVINA MISERICORDIA

08.04.18

En el mundo entero se celebra este domingo al Señor de la Divina Misericordia.

Las oraciones del día se prestaban a ello desde hace cientos de años. Pero fue Juan Pablo II quien, viendo la providencia de Dios en los mensajes de santa Faustina, pidió que toda la Iglesia celebrara esta fiesta en la octava de Pascua.

Empecemos rezando esta oración que nos invita a agradecer al “Dios de infinita misericordia” el agua y la sangre que Jesús nuestro Redentor derramó en la cruz:

“Dios de misericordia infinita que reanimas la fe de tu pueblo con el retorno anual de las fiestas pascuales, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia para que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del Espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido”.

 

Hechos de los apóstoles

La primera lectura nos recuerda cómo vivieron los primeros cristianos el “mandamiento nuevo” que nos dejó Jesús el primer Jueves Santo:

“El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.”

Ninguno pasaba necesidad y lo más hermoso era que los miraban todos con mucho agrado, lo cual era fuente de conversiones.

Buena lección para todos los tiempos y en concreto para el nuestro.

Necesitamos ayudarnos y confiar unos en otros.

Necesitamos respetarnos y querernos.

Necesitamos acercarnos… porque vivimos en un mundo tan frío que muchos hermanos nuestros mueren de frío… en el alma, a pesar del calentamiento global.

 

Salmo 117

Este salmo nos invita a vivir en acción de gracias porque la Divina Misericordia es eterna.

Hoy como ayer, familia por familia y corazón por corazón, debemos repetir “eterna es su misericordia… Es un milagro patente: lo ha hecho el Señor”.

Es Él quien actúa en este día:

“Sea nuestra alegría y nuestro gozo”.

Sí. Ese gran día del desborde de la misericordia es la Pascua: Resucitó el Señor.

 

San Juan

El apóstol del amor nos recuerda el misterio del corazón abierto de Jesús y su Divina Misericordia:

“Este es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No solo con agua, sino con agua y con sangre”.

Todo esto es una maravillosa realidad, no es invento humano:

“El Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad”.

Aprovechemos la sangre de Cristo que significa la Eucaristía y el agua que es el símbolo del bautismo que nos trajo la vida de Dios.

 

Verso aleluyático

Dichoso tú, amigo, porque crees, sin haber visto al Resucitado.

Lo dijo el mismo Jesús a Tomás:

“Porque me has visto has creído: dichosos los que crean sin haber visto”.

Es decir, ¡tú y yo!

 

Evangelio

Podríamos decir que el Evangelio de hoy es el de los regalos.

Examina bien y mira cómo se derrama hoy la Misericordia Divina sobre la Iglesia primitiva como fruto de la resurrección de Jesucristo.

Y esa misma Misericordia se sigue derramando día a día hasta nosotros:

 

+ ¡La paz!

Esta paz es la del Resucitado, muy distinta de la que da el mundo y que fácilmente termina en guerra.

 

+ El envío

No es cualquier envío ni cualquier misión. Se trata de “como el Padre me ha enviado así también los envío yo”: a proclamar el amor y la misericordia.

 

+ El Espíritu Santo

Este Espíritu es el de la misericordia y el perdón para los que se arrepientan de sus pecados.

Jesús transmite su poder divino de perdonar a los apóstoles  y sucesores.

La segunda parte del párrafo evangélico de hoy pertenece a ocho días más tarde, cuando el Mellizo, Tomás, habla con gran exigencia diciendo que no creerá si no ve la señal de los clavos y mete el dedo en los agujeros de los mismos.

Y aún más: “si no meto la mano en su costado”.

Tomás ha sido una gran ayuda para nuestra fe:

 

+ Porque no fue crédulo aceptando sin más lo que decían sus compañeros.

 

+ Porque nos enseñó a rezar, y lo hacemos frecuentemente, con estas hermosas palabras:

“Señor mío y Dios mío”.

 

+ Porque nos consiguió a nosotros esta alabanza de Jesús que nos recordaba el verso aleluyático:

“Dichosos los que crean sin haber visto”.

Recemos unos por otros a la Divina Misericordia a fin de conseguir la paz que necesita nuestro mundo.

 

José Ignacio Alemany Grau

 

 

 

 

 

 

NO ESTÁ AQUÍ… ¡ESTÁ EN TI!

01.04.18

 

“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? Resucitó. No está aquí: ¡miren!”

El secreto de la fe está en mirar con fe.

A Jesús nunca lo vamos a encontrar, ni haremos que lo encuentren otros, si buscamos entre las cosas muertas que atraen al mundo de hoy y de siempre.

Recordemos:

“Mi Reino no es de este mundo”.

Ni en el sepulcro, ni entre vendas o bien entre lienzos de muertos… el Señor no está vivo entre muertos. Está vivo dentro de nosotros.

¿Qué pasó, pues, al tercer día, después de sepultarlo?

¡Un terremoto!

Los soldados huyeron despavoridos para contar lo sucedido a los que los habían puesto a vigilar el sepulcro.

Asustados y con miedo cuentan a los fariseos el movimiento de piedras y el sepulcro vacío.

Su miedo se acaba porque les dan “una fuerte suma” para que callen lo del sepulcro vacío y digan que: “mientras dormían ellos, vinieron los discípulos de Jesús y se llevaron el cuerpo del Señor”.

La mentira tiene las patas muy cortas, pero el dinero las tiene muy largas y los guardias se fueron felices.

¿Qué pasó en realidad?

Meditemos con la liturgia de la Vigilia Pascual.

 

Historia de la salvación

La primera parte de la liturgia pascual nos ha contado la historia de la salvación en sus etapas más importantes:

+ La creación

Por puro amor de Dios.

+ El sacrificio de Abraham

Para ser escogido como padre del pueblo de Dios.

+ El paso del mar Rojo

Que hace libre al pueblo de Israel, que había vivido esclavizado en Egipto.

+ Isaías

Nos da a conocer la misericordia eterna de Dios.

Medita:

“Con amor eterno te he amado”, te dice Dios a ti, amigo.

+ Isaías

Nos da a conocer que Dios sella con su pueblo  una “alianza eterna”:

¡Eres de Dios para siempre!

+ Baruc

“Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor”.

¿Lo has pensado, amigo? Pues cúmplelo y serás feliz para siempre.

+ Ezequiel

Nos habla de la pureza que nos ofrece el Señor con la abundante agua de su Espíritu.

 

San Pablo a los Romanos

Si hemos muerto con Cristo al pecado, también hemos resucitado con Él para una vida eterna.

La muerte al pecado fue en el bautismo y entonces recibimos la vida eterna.

¡Hay que conservarla!

 

El Evangelio de la Vigilia

Nos habla de la fidelidad de las buenas mujeres que acompañaron a Jesús en su vida y no quisieron dejarlo después de muerto.

Temprano, “el primer día de la semana”, fueron a embalsamar el cuerpo de su Señor, a quien habían entregado su corazón.

Jesús les regaló:

1º Con la presencia de los ángeles que les dan la gran noticia:

“¡Resucitó! ¡No está aquí!”

2º Luego Jesús mismo les sale al encuentro en el camino de regreso a Jerusalén:

“¡Alégrense!”… “No tengan miedo: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán”.

Qué bueno, Jesús. Todo pasó.

De tu muerte brotó vida nueva para todos.

Y como amigo fiel, reúnes a tu “rebaño disperso”,  empezando por los apóstoles que te habían abandonado.

Tú y yo, amigo, seamos fieles porque Jesús nunca nos dejará.

¡Feliz Pascua de resurrección para todos ustedes, amigos lectores!

 

 

 

 

 

UN RAMO Y EL CORAZÓN SINCERO

25.03.18

Jesús subió por el camino de las peregrinaciones desde Jericó hasta Jerusalén.

Según San Lucas, una multitud venía con Jesús.

Habían visto prodigios y últimamente el ciego Bartimeo había recuperado la vista y se había unido al grupo alabando a Dios.

Acercarse a la capital de la fe de Israel era siempre conmovedor y escuchar el salmo “que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor... Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén”.

Pero esta vez era distinto.

En la caravana iba un grupo muy numeroso y venía arropando a aquel que hablaba como ninguno y que todo lo había hecho bien.

Espontáneamente crean un ambiente festivo.

Por su parte Jesús debe pensar que el pueblo tiene que conocerlo antes de crucificarlo.

¡Qué misterios los de Dios!

Jesús humilde pide que le traigan un pollino y se monta en él al estilo de los reyes.

La gente toma palmas y ramos en sus manos y comienza a cantar:

“¡Hosanna!”

“Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Los vecinos de Jerusalén se asoman a puertas y ventanas preguntando:

“¿Quién es éste?”.

“La gente que venía con Él le responde:

Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea”.

Fiesta espontánea que Jesús permite en esta oportunidad.

Tú, amigo, acompaña este domingo a Jesús con el ramo, símbolo de tu fe en las manos.

Y canta:
Ese desterrado por la sociedad de hoy… sigue siendo Jesús el Nazareno, el Señor.

No hay otro.

Hoy es preciso, más que nunca, mantener la fe en el Salvador.

 

El prefacio

Nos habla de Jesús “el cual siendo  inocente, se entregó a la muerte por los pecadores, y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales.

De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa, y, al resucitar, fuimos justificados”.

Es el amor de Cristo.

Él carga lo malo y nos regala la salvación.

 

Isaías

Nos habla del siervo de Dios que es una imagen del Mesías.

Muchas de las cosas que refiere el profeta se cumplieron realmente en Jesús y en esta Semana Santa las meditaremos:

“Y yo no me resistí ni me eché atrás:

Ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos”.

 

Salmo 27

Este salmo era el que según los evangelistas Jesús rezaba en la cruz.

Una de las lecciones que nos da Jesucristo en su pasión es el rezo de los salmos.

San Agustín nos enseña que es Jesús quien reza los salmos cuando los rezamos con la Iglesia, “unas veces reza como Cabeza (es la Cabeza del Cuerpo místico) y otras veces como Cuerpo” (es decir, reza con todos nosotros).

Medítalo en esta semana:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué…?”

 

San Pablo a los Filipenses

Hoy recordamos la breve pero profunda presentación de Cristo que hace San Pablo a los filipenses.

Jesús, verdadero Dios encarnado y hecho un hombre de tantos (sin dejar de ser Dios), humillado, muerto, crucificado y triunfador.

Es el Padre quien lo ha glorificado:

“Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre”.

 

La Pasión

Los cuatro evangelistas narran la Pasión de Jesús.

La liturgia nos invita a leerla de esta manera:

Cada año leemos la Pasión en un evangelista sinóptico, según los ciclos A, B y C.

Y el Evangelio de San Juan, que es el más detallado y más íntimo, lo leemos cada Viernes Santo.

Hoy nos toca San Marcos.

Te invito a leerlo en particular y, quiera Dios, con tu familia.

Mientras lees recuerda y aplícate las palabras que Pascal oyó de labios de Jesús en el Huerto de Getsemaní, según cuenta el Papa Benedicto:

“Aquellas gotas de sangre las he derramado por ti”.

Toda la vida la entregó Jesús por ti.

 

 

 

 

 

EN VÍSPERAS DE GETSEMANÍ

18.03.18

 

Antiguamente a este domingo se le llamaba primer domingo de pasión y tenía su propio prefacio en el que se leía:

“Porque en la pasión salvadora de tu Hijo el universo aprende a proclamar tu grandeza y por la fuerza de la cruz el mundo es juzgado como reo y el Crucificado exaltado como rey poderoso.

Las lecturas del ciclo B nos llevan, todas ellas, al tema de la pasión de Jesús y en concreto a Getsemaní.

 

Jeremías

El profeta anuncia que un día Dios hará una “alianza nueva” con Israel.

La característica de dicha alianza será una ley metida en el pecho y escrita en los corazones.

Jesús lo dirá con estas palabras: “en espíritu y en verdad”.

Por otra parte, dice Jeremías que todos conocerán al Señor “cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados”.

Esa alianza nueva la recordamos todos los días en la Eucaristía: “Mi sangre de la nueva y eterna alianza” y además “derramada para el perdón de los pecados”.

 

Carta a los Hebreos

Esta carta nos trae hoy el recuerdo de la pasión de Jesucristo.

Benedicto XVI nos dice que el autor (que no es conocido) debió tomar estos datos de una “tradición” distinta de las que tomaron los cuatro evangelistas.

En realidad los evangelistas hablan del grito que dio Jesús al morir, poniéndose en manos del Padre y hablan de sus lágrimas sobre Jerusalén y a la muerte de Lázaro.

Pero el autor de la carta, en el párrafo de hoy, nos da a entender que las palabras que leemos se refieren a todo el tiempo de la pasión, hasta la muerte de Jesús.

Hay algo muy interesante en el libro “Jesús de Nazaret” con lo que Benedicto nos explica por qué el terror de Jesús en Getsemaní y general en su pasión.

Les invito a meditarlo:

“Se trata siempre del encuentro de Jesús con el poder de la muerte, cuyo abismo, como el Santo de Dios, percibe en toda su profundidad y terror.

La Carta a los Hebreos ve así toda la pasión de Jesús desde el Monte de los Olivos hasta el último grito en la cruz, impregnada de la oración, como una única súplica ardiente a Dios por la vida, en contra del poder de la muerte”.

En efecto. Se trata de la lucha brutal entre las tinieblas del pecado y la luz del Santo de los santos, Jesús.

¿Quién podrá entender esto?

En ese “gritar, llorar y orar” de que habla la carta, Jesús realiza su sacerdocio que nos redime a todos.

 

Evangelio

Juan narra lo que solemos entender como la Oración del Huerto, tratada por el cuarto evangelista.

Jesús es el grano de trigo que tiene que morir para resucitar, multiplicado en espiga.

Luego dice el Señor:

“Ahora mi alma está agitada y ¿qué diré?

¡Padre, líbrame de esta hora!”

Es evidente que estas palabras nos hacen pensar en la angustia de Jesús en el huerto cuando pide al Padre que le quite el cáliz.

Pero luego (también como en Getsemaní) Jesús añadió:

“¡Pero para esto he venido!”

Y pide al Padre que lo glorifique.

“Entonces vino una voz del cielo:

Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”.

Lucas nos dirá en su Evangelio que “se le apareció un ángel del cielo y lo confortaba”.

Así era Jesús, hombre verdadero y sufrido:

“Mi alma está triste hasta la muerte”.

Recuerda que Jesús tiene verdaderamente cuerpo y alma humanos, pero solo una Persona, que es divina.

Jesús adelanta el fruto de su muerte diciendo:

“Cuando yo sea levantado de la tierra atraeré a todos hacia mí”.

¿Estás seguro que Jesús se ganó tu corazón?

Será bueno que terminemos con el salmo 50, de hoy, diciendo:

“Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

Lava del todo mi delito, limpia mi pecado”.

 

 

 

 

 

DIOS NOS SALVÓ EN CRISTO

11.03.18

 

Quizá nunca has pensado qué pasa por la noche en la ciudad.

Te levantas feliz y saludable. Te preguntan:

- ¿Cómo amaneciste?

Y contestas como en mi sierra:

- Biencito.

Pero, ¿qué pasó en la noche?

Jesús, en el Evangelio de hoy, te lo explicará.

Comencemos por el comentario del Evangelio que es de San Juan.

 

San Juan

Empieza recordándonos un signo del Antiguo Testamento:

Cuenta el libro de Números que el pueblo se quejó de Dios y de Moisés y que el Señor los castigó con serpientes venenosas.

Se arrepintieron y Dios pidió a Moisés que hiciera una serpiente de bronce colocada sobre un estandarte. Los que la miraban “salvaban la vida”.

Jesús, hablando en la noche a Nicodemo (porque éste temía que le vieran sus compadres fariseos), hizo esta aplicación:

“Como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”.

Hablaba claramente de la redención:

Todo el que quiera salvarse, encontrará la salvación en Cristo.

Jesús no ha venido a condenar a nadie, sino a salvar a todos.

Solo pide creer en Él. Confiar en Él.

Jesús no condena, Jesús salva.

El que no quiere a Jesús no quiere la salvación, él responde de su propia condena.

No vale, pues, decir como se oye a veces:

- Dios es malo porque condena.

¡No!, Dios salva.

Pero “los hombres prefirieron la tiniebla a la luz porque sus obras eran malas”.

Eso explica que mientras tú duermes tan rico, el pecado celebra la noche y la ciudad sea tan distinta de noche y de día.

“En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz para que vean que sus obras están hechas según Dios”.

Y… benditas vigilias y adoraciones al Santísimo que ponen un poco de luz en las tinieblas nocturnas del pecado.

 

Libro de las Crónicas

Dios conduce la historia.

Cuando llegó el tiempo previsto por Él, suscita en el corazón del rey Ciro el deseo de construir un templo en Jerusalén:

“El Señor… me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén. Quien de vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con Él y suba!”

De esta manera Israel recupera la libertad y regresa del destierro a su patria.

 

Salmo 136

Es el canto lleno de nostalgia que cantaban los israelitas en el destierro de Babilonia.

La imagen de Jerusalén no se apartaba de los ojos ni del corazón del pueblo:

“¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extraña!

¡Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha!”

 

San Pablo

Tú te salvarás por pura misericordia de Dios.

Esta misericordia, Dios te la da por su Hijo, Jesús.

Con Él hemos muerto al pecado y resucitado a la gracia.

No nos debemos la salvación a nosotros mismos. ¡Ojo! Ni a nuestras obras “para que nadie pueda presumir”.

(Una frase que da mucho que meditar).

Por pura misericordia y amor de Dios podemos esperar vivir con Cristo para siempre en el seno del Padre.

“Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho vivir con Cristo (por pura gracia estáis salvados) nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con Él”.

 

 

 

 

 

 

EL CRUCIFICADO, FUERZA DE DIOS

04.03.18

 

En este mundo hay muchos crucificados.

¿Serán más que nunca?

¡Solo Dios lo sabe!

Enfermos con toda clase de dolores, accidentados de formas diversas… angustiados con sufrimientos físicos y morales… familias rotas…

 

Éxodo

Quizá la mayor parte de las cruces de hoy son el resultado de no cumplir los mandamientos.

Unas veces porque no los cumplimos nosotros y otras porque, quienes no los cumplen, nos hacen muy difícil la vida.

Hoy la liturgia nos recuerda el Decálogo, los diez mandamientos de la ley de Dios.

Empieza con una afirmación importantísima:

“Yo soy el Señor tu Dios”.

Aceptemos y demos gracias porque hay un Dios maravilloso que nos quiere a todos y busca nuestro bien.

Recordemos que los mandamientos son diez, todos ellos son indispensables para ser felices.

Los tres primeros nos recuerdan nuestras relaciones con Dios.

Son fundamentales para que, personal y socialmente, seamos felices.

Si no hubiera un Señor de verdad que nos protege, caeríamos en la tiranía de los hombres, porque la verdad es que no sabemos cuidarnos ni querernos unos a otros.

Amigo, da culto a Dios como Él te pide y serás feliz tú y los tuyos porque Él “actúa con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos”.

Los otros siete mandamientos son para que podamos vivir felices y en paz.

Ya conoces qué mal se vive cuando no se cumplen.

Leamos el decálogo al revés para pensar, y descubriremos porqué vivimos sin paz ni sosiego en medio de esta corrupción que hemos creado:

No se quieran ni ayuden en la familia.

Mátense por cualquier cosa, hasta por un celular.

Adulteren para destruir hogares y violen a placer.

Todo lo que tiene el prójimo puede ser tuyo si se lo quitas.

Miente, que la mentira gobierna el mundo de la política y en general de toda la sociedad.

¿Nos iría así mejor?

¿No es cierto que Dios quiere a los hombres infinitamente más de lo que nos queremos unos a otros?

 

San Pablo

El apóstol nos hace ver que cada uno quiere vivir a su gusto y hacer lo que le parece mejor, pero cuando Dios se reveló a la humanidad, nos hizo ver que la salvación para todos está en Cristo Jesús.

¿Cómo es posible?

Leamos el Evangelio y entenderemos cómo nuestra vida de pecado solo tiene la solución y salvación en Jesucristo.

En estos días vamos a recordar a un Jesús marginado, perseguido, burlado, abofeteado, flagelado y crucificado.

Un hombre (que era al mismo tiempo Dios verdadero)  despreciado y considerado “necio”.

Sin embargo San Pablo nos dice que “lo débil de Dios es más fuerte que los hombres”.

Por eso en la debilidad de Cristo Jesús crucificado está la salvación de toda la humanidad.

¡Gracias Cristo! Porque pasaste por necio, blasfemo, y comilón y amigo de pecadores.

Tú eres nuestro salvador.

 

Versículo de meditación

Para conocer el amor de ese Dios y Señor que nos dio los mandamientos, miremos la cruz:

Esa es la medida del amor de Dios que para poder perdonarnos “nos entregó a su Hijo único”.

Creamos de verdad en Él y tendremos vida eterna.

 

Evangelio

(Es de advertir que la liturgia permite leer hoy el Evangelio del ciclo A: Jesús con la samaritana).

Juan nos cuenta hoy cómo Jesús llega a Jerusalén cuando se acercaba la Pascua de los judíos.

Esa Pascua que para nosotros será en adelante la Pascua de Jesús, muerto y resucitado.

Va al templo y se encuentra con un mercado, un poco como a veces estamos nosotros en el templo, donde la fe nos dice que Jesús está vivo en el sagrario.

Jesús, “haciendo un azote de cordeles limpió el templo”.

Se justificó diciendo:

“No convirtáis en un mercado la casa de mi padre”.

Los “judíos” le piden cuentas, y Jesús, que está próximo a la crucifixión, les adelanta:

“Destruyan este templo y en tres días lo levantaré”.

Qué pena que cuando uno se ciega no puede entender.

 

 

 

 

 

 

 

ESCUCHEN A MI HIJO

25.02.18

 

Estamos en el segundo domingo de cuaresma y la liturgia nos centra en la espiritualidad que debemos vivir en este tiempo especial de purificación:

Nos anuncia la divinidad de Jesucristo con la transfiguración y presencia de la Santísima Trinidad y al mismo tiempo nos habla del camino hacia el Calvario y la muerte.

Pero eso sí, con la resurrección.

Sin ella la divinidad de Jesús hubiera sido falsa.

 

Génesis

Tenemos que admirar la actitud fundamental del gran patriarca Abraham, nuestro “Padre en la fe”.

Abraham tiene una disponibilidad increíble. Si no fuera él tan grande y santo, nos parecería un tanto despistado y fuera de sí. Le habla Dios y contesta:

“¡Aquí estoy!”

Le habla su hijo y le contesta: “¡Aquí estoy!”

Finalmente le habla el ángel para que no mate al pequeño y le dice también: “¡Aquí estoy!”

Qué disponibilidad la de este hombre que un día salió de Ur de Caldea porque Dios le invitó y allá quedó todo su pasado.

Pero hoy la cosa es más seria e impresionante, porque Dios al pedirle a su hijo, que es su futuro y la realización de las promesas de Dios… no duda y lo lleva al monte Moria para sacrificarlo.

La espiritualidad de Abraham ha madurado mucho y ahora para él, Dios es lo primero. Dios es todo para Abraham.

El resto ya no le importa. Todo depende de Dios.

Al final del párrafo de hoy nos llaman la atención unas palabras que dice el Señor:

“Juro por mí mismo”.

Cuando juramos los hombres de fe, nos apoyamos en Dios y juramos por Él. Pero cuando Dios jura, como comentará la carta a los Hebreos, tiene que jurar por sí mismo porque no hay nadie más grande.

 

Salmo responsorial (115)

Nos invita a caminar como lo hizo Abraham:

“Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida”.

En el salmo nos reconocemos como siervos de Dios, “hijos de su esclava”, a los que Dios liberó para siempre rompiendo las cadenas del pecado y de la muerte.

 

San Pablo

Hace una comparación implícita entre Abraham y el Padre Dios.

La grandeza de Abraham estuvo en que no dudó en inmolar a su Hijo, su único, como Dios le pedía. Sin embargo, quien lo hizo de hecho fue el Padre Dios, que nos entregó a su Hijo único.

Por eso san Pablo nos invita a confiar en el Padre del cielo porque dice:

“El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él?

Amigos, confiemos en Dios que, siendo tan grande, nos demostró su cariño entregando a su Hijo para salvación de todos.

 

Versículo aleluyático

Recoge unas palabras del Evangelio en las que el Padre Dios nos pide que escuchemos a su Hijo amado:

“Este es mi Hijo, el amado. Escuchadlo.”

 

Evangelio

Para entender el mensaje del Evangelio de este día será bueno leer el párrafo que lo precede.

En efecto, San Marcos nos habla de la transfiguración de Jesús entre dos grandes anuncios de su pasión y muerte.

Tras la confesión que Pedro hace de la divinidad de Jesús, Él “empezó a instruirlos” y les dio a conocer el primer anuncio de su muerte y resurrección.

A continuación viene el relato de la transfiguración que es como un lenguaje especial de la liturgia en este segundo domingo invitándonos a poner en el camino cuaresmal una nota de alegría y esperanza.

Acompañemos a Jesús hacia el Calvario pero seguros de que por ser Dios vencerá a la muerte y resucitará glorioso.

Jesús aparece ante los tres predilectos glorioso y transfigurado.

Dos grandes personajes del Antiguo Testamento, Elías que representa a los profetas, y Moisés la ley, aparecen conversando con Jesús.

En un momento los envolvió una nube, signo del Espíritu Santo, y la voz del Padre exclamó:

“Este es mi Hijo amado, escúchenlo”.

Pero, después de este momento de glorificación y gozo, Jesús bajando del monte, les recuerda a los tres predilectos la predicción de la muerte y resurrección:

“No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.

Que este domingo nos traiga a todos la alegría del triunfo de Jesús sobre la muerte y el pecado y caminemos durante la cuaresma “unidos por la esperanza”.

 

 

 

 

CONVIÉRTANSE Y CREAN

18.02.18

 

El pasado miércoles recibimos con humildad la ceniza mientras el sacerdote repetía “conviértanse y crean”.

Hoy es el primer domingo de cuaresma y muchas veces en el hemisferio sur nos preguntamos: ¿En pleno calor para nosotros, se puede hacer penitencia y convertirse?

¿Es que puedo hacer penitencia en verano?

Mientras tus ojos admiran la belleza y profundidad del mar azul y tu rostro siente la brisa que te relaja, sí puedes hacer penitencia:

Primero en tu corazón contrito pidiendo a Dios tu purificación.

Después en las cosas sencillas de la vida diaria:

¿Zancudos?, ¿calor?, ¿una persona que te molesta o te cae mal?

¿Los niños que no te dejan tranquilo?, ¿la Santa Misa que no es a  la hora que te gusta?

¿El gas que se acabó?, ¿con dolor de cabeza?, ¿aburrido?

En vez de renegar ofrécelo a Dios.

Busca tus tiempos de oración.

Medita el Evangelio del domingo o del día.

Pasa con paz en el atardecer, las cuentas del rosario.

Haz un servicio a alguna persona que te necesita.

¡Bendita cuaresma en la playa!

Y ahora vamos a las lecturas.

 

Génesis

Nos habla del pacto que hace Dios con la humanidad después del diluvio:

“Hago un pacto con vosotros y vuestros descendientes… Esta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades:

Pondré mi arco en el cielo como señal de mi pacto con la tierra”.

Dios ofrece su alianza a todos y promete su misericordia para siempre.

Pero será bueno que reflexionemos si quien destruye la tierra, y aún la misma humanidad, no es el hombre de hoy.

 

Salmo 24

Nos presenta esta misericordia del Señor:

“Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza… Enséñame tus caminos… Recuerda que tu ternura y tu misericordia son eternas… El Señor es bueno y recto, enseña el camino a los pecadores”.

 

San Pedro

El apóstol nos habla del bautismo simbolizado en la salvación del diluvio universal.

“Aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente os salva: que no consiste en limpiar una suciedad corporal sino el impetrar de Dios una conciencia pura por la resurrección de Jesucristo”.

Hemos de pensar que el bautismo es cosa seria. Por él empieza la vida y con ella nos unimos a Dios para siempre.

Por eso decimos que imprime carácter porque es vida y vida divina. Dios nos la da para siempre.

 

Verso aleluyático

Nos habla del pan: para el cuerpo el pan de cada día, para el alma la Palabra de Dios y la Eucaristía.

¿Qué tal te alimentas?

¿O tu alma está siempre en dieta rigurosa?

¿Lees la Biblia?

¿Vas a la Santa Misa y comulgas?

 

Evangelio

Marcos es muy breve al anunciarnos el ayuno de Jesús en el desierto.

“Cuarenta días” indica que se trata de un tiempo suficiente para empezar la vida pública de Jesús en la intimidad con el Padre.

El diablo andaba alrededor “como león buscando a quien devorar” pero ciego y sin olfato. No sabía que tentaba a quien no podía pecar.

Más aún, aquel hombre venía a destruir su imperio de tinieblas.

Por otra parte, aunque tan breve, San Marcos nos deja en este primer domingo de cuaresma el lema que nos invita a vivir siempre, pero de una manera especial en estos cuarenta días que preceden a la Pascua de resurrección:

“Conviértanse y crean”. ¿Por qué?

Porque ha llegado Jesucristo que es la personificación del Reino.

Amigos, aprovechemos este tiempo para crecer y prepararnos a gozar el tiempo de Jesús que será nuestra victoria:

¡La resurrección!

 

 

 

 

 

 

 

JESÚS, EL MISIONERO INQUIETO

04.02.18

 

Con San Marcos, nuestro compañero del ciclo B, continuamos paso a paso la vida del gran apóstol Jesucristo cuya inquietud misionera nos da a conocer este domingo.

 

El libro de Job

La primera lectura de hoy nos recuerda una frase muy conocida del buen Job:

“Milicia es la vida del hombre sobre la tierra y sus días como los de un jornalero”.

Luchar, trabajar, sufrir, es muchas veces la realidad de nuestra vida, aunque es cierto que todo ello “normalmente” va combinado con gozos y alegrías.

Por eso mismo dirá Job: “Si recibimos los bienes de Dios, ¿cómo no recibir los males?”

La vida es un conjunto de dolores y gozos que, si sabemos aprovecharlos y ofrecerlos a Dios, nos redime de la secuela del pecado original que todos arrastramos y nos prepara para aprovechar la redención que nos mereció Jesús.

Amigo, que no se pierda todo el sufrimiento, mucho o poco, grande o pequeño, que te traiga la vida.

Para el pueblo de Dios siempre ha quedado una frase grabada en el alma que aflora en las dificultades y sufrimientos:

¡La paciencia de Job!... ¡Por algo será!

 

Salmo responsorial 146

Nos invita a la alabanza. En fin de cuentas los salmos fundamentalmente están hechos para glorificar a Dios y pedir su misericordia.

Este salmo nos invita a alabar especialmente al Señor porque “sana los corazones destrozados, venda sus heridas…”

No olvides que una de las oraciones más importantes que deben brotar del corazón del cristiano es la adoración y la alabanza.

Somos las criaturas que glorificamos y agradecemos a nuestro Creador.

 

San Pablo a los Corintios

A Pablo se le llama “el Apóstol” por ser el gran predicador que se esforzó por recorrer todo el mundo entonces conocido, llevándole el mensaje evangélico.

Sin embargo él nos advierte que “predicar no es para mí motivo de orgullo”.

Esto dice Pablo y es verdad. Los evangelizadores hemos de tener en cuenta que el poder hablar de Dios no debe enorgullecernos nunca ni hacernos sentir vanidad. Ciertamente que poder transmitir por nuestros labios la Palabra de Dios es un gran privilegio, pero no merecido por nosotros, sino regalo de Dios.

Muy hermoso es poder repetir con Pablo que sentimos una fuerza interior que nos obliga a evangelizar “a tiempo y a destiempo” y ojalá pudiéramos repetir con el mismo fervor de Pablo:

“¡Ay de mí si no evangelizo!”.

Sería rechazar un regalo de Dios.

Te invito a seguir el consejo y ejemplo de Pablo para que tú puedas ser de verdad apóstol de Jesús.

Fíjate bien:

“Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio”.

¿Y cuál es la paga que pide Pablo por el hecho de evangelizar?

Seguir evangelizando: “Precisamente dar a conocer el Evangelio anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio”.

Qué importante es evangelizar con un desprendimiento total para que pueda ser mejor acogido el mensaje de Jesús.

 

Evangelio

Marcos continúa contando cómo Jesús, al salir de la sinagoga, fue a la casa de Simón y Andrés. La suegra estaba en cama. Jesús la tomó de la mano y la levantó.

¿Qué es lo que hizo la mujer ante este regalo?

Lo que tenemos que hacer nosotros. Aprovechar la salud para servir a los demás.

En realidad da la impresión de que Marcos nos está describiendo un día de la vida de Jesús:

Oración temprano, oración en la sinagoga, algunos milagros, la curación de la suegra de Pedro y de otros muchos enfermos que le traían al atardecer.

Muy temprano, al día siguiente, se levantó a hacer oración Él solo. Pronto llegaron a Jesús los apóstoles a decirle que la gente estaba esperándolo. Y la respuesta del Maestro, donde se nos muestra especialmente misionero, fue ésta:

“Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido”.

Termina Marcos diciendo que así Jesús “recorrió toda Galilea predicando en las sinagogas y expulsando los demonios”.

Creo que este domingo nos trae buenas luces para quienes queremos ser evangelizadores, imitando a Jesucristo.

 

 

 

 

 

 

 

UNA LUZ SOBRE GALILEA

28.01.18

 

Estamos en los comienzos del Tiempo Ordinario y la liturgia nos lleva a acompañar los inicios de la vida apostólica de Jesús.

Primero en profecía y luego en la realidad alumbrando la región de Galilea, Jesús comienza a brillar con su doctrina, sus milagros, su vida y autoridad.

 

Deuteronomio

Moisés habla a su pueblo para que esté atento y sepa distinguir entre los verdaderos y falsos profetas.

A veces pensamos que todo esto de los falsos profetas es algo muy moderno. Algunos se creen incluso sus inventores.

Pues podemos leer la lista de los falsos profetas que nos da el Deuteronomio:

“No haya entre los tuyos quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego; ni vaticinadores, ni astrólogos, ni agoreros, ni hechiceros, ni encantadores, ni espiritistas, ni adivinos, ni nigromantes; porque quien practica eso es abominable para el Señor”.

Qué pena que hoy incluso añadiríamos el culto satánico con sus misas diabólicas.

Frente a todo esto Moisés profetiza la llegada del Mesías con estas palabras:

“Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor tu Dios”.

Este profeta surgirá por petición del mismo pueblo que dijo a Moisés:

“No quiero volver a escuchar la voz del Señor… No quiero morir”.

De esta manera el Señor hace la diferencia entre los que siguen a los verdaderos profetas y a los falsos que serán rechazados.

Será bueno que también nosotros escuchemos la amenaza de Dios válida también para los falsos profetas de hoy:

“El profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá”.

¡Cuánta maldad y cuántos falsos profetas aparecen hoy!

 

Salmo 94

Sabemos que a la predicación ordinaria de Jesús le acompañaba siempre la invitación a convertirse.

En este domingo una vez más la liturgia nos repite: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor.  No endurezcáis vuestro corazón”.

La liturgia del día nos va a invitar a seguir de cerca a Jesús y a obedecer su llamada a la conversión continua.

 

Pablo a los Corintios

El apóstol nos pide hoy que vivamos conforme a la vocación a la que Dios nos ha llamado y presenta las dos vocaciones fundamentales pidiéndonos fidelidad. Por una parte está el “soltero” que se preocupa solo de los asuntos del Señor buscando contentarlo. Lo mismo que la soltera se preocupa de los asuntos del Señor consagrándose a ellos en cuerpo y alma.

Por otra parte nos presenta a los casados preocupándose de los asuntos del mundo y buscando contentarse entre esposos.

No es que solo el consagrado a Dios merezca recompensa y alabanza, pero sí Pablo nos da a conocer lo hermoso que es consagrarse al Señor y dedicarse a tiempo completo a propagar el conocimiento del Reino, imitando a Jesucristo que hoy aparece como el gran apóstol de Galilea.

 

Verso aleluyático

Es para mí el momento más importante de la liturgia de hoy. Te invito a imaginar el sueño profético de Isaías:

“El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”.

Esa luz es Jesucristo que un buen día dijo de sí mismo:

“Yo soy la luz del mundo”.

Esta luz es la que se presenta en Galilea el domingo de hoy.

 

Evangelio

Vamos a desgranar el parrafito de San Marcos en el Evangelio del día:

+ Jesús “va a Cafarnaúm”.

Esta será llamada “la ciudad de Jesús” por las muchas veces que evangelizó en ella y donde residía frecuentemente.

Cafarnaúm era un punto importante de cruce de caminos por donde corrían las noticias no solo por toda Galilea sino entre los distintos pueblos vecinos.

Esto nos enseña que hay que saber dónde debemos evangelizar para que sea más eficaz la predicación.

+ El sábado, como un judío piadoso, Jesús va a la sinagoga a enseñar, como podía hacerlo cualquier adulto con treinta años cumplidos. Solo los hombres participaban de las enseñanzas de quien subía a leer el rollo de la ley.

+ Todos admiran la gran diferencia que hay entre la enseñanza de los rabinos y la de Jesús.

Esta diferencia radicaba en que Jesús “no enseñaba como los escribas sino con autoridad”.

Tú y yo cuando evangelicemos tengamos presente que la autoridad y fruto de nuestra evangelización depende de si utilizamos la Palabra de Dios y de comentarla movidos por su Espíritu.

Advierte Marcos que la fama de Jesús desde Cafarnaúm se extiende por todas partes “alcanzando la comarca entera de Galilea”.

+ Como un detalle podemos admirar el conocimiento de satanás que dice por la boca de un poseso: “Sé quién eres: el Santo de Dios”.

Es claro que esto nos recuerda las palabras de Santiago: “Tú crees que hay un solo Dios. Haces bien. Hasta los demonios lo creen y tiemblan”.

Estemos alerta porque la fe, cuando no es sincera y acompañada por las obras, nos puede llevar también a nosotros al engaño.

 

 

 

 

 

SI DIOS TE LLAMA… ¡DI QUE SÍ!

21.01.18

 

Al principio del tiempo ordinario la liturgia nos presenta a Jesús buscando las primeras vocaciones. Y como eran discípulos de Juan bien preparados, inmediatamente siguieron al Maestro.

Aprovechando el tema la liturgia nos habla también de la llamada de Dios a Jonás quien tuvo dos respuestas bien distintas, como veremos.

Por su parte Pablo nos dirá que nos apresuremos porque el tiempo pasa rápido.

 

El profeta Jonás

El libro de Jonás es una parábola en la que podemos admirar la misericordia de Dios con todos los pueblos y la mezquindad de algunos apóstoles del Señor.

Por dos veces habla el Señor a Jonás, pidiendo que predique la conversión en Nínive.

La primera vez Jonás se asusta y toma un barco que en vez de acercarle a Nínive le lleva a la lejana Tarsis, lo que hoy corresponde a Sevilla en España.

Un gran pez se merienda al profeta y lo devuelve a tierra firme.

De nuevo el Señor pide a Jonás que predique la conversión de Nínive y ahora ya no se puede negar.

Predica: “Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada”.

Todos hacen penitencia.

Dios los perdona.

El único que queda triste es Jonás.

Su orgullo no le permite conformarse al ver cómo su  predicación no ha quedado cumplida.

Dios le da la lección del ricino que resume lo miserables que somos los hombres ante la misericordia de Dios.

La gran enseñanza de hoy es que la misericordia va más allá de los límites del pueblo de Israel, aun en el Antiguo Testamento.

Otra gran enseñanza es que debemos ser dóciles a la llamada de Dios porque siempre nos irá mejor.

 

Salmo 24

El salmo responsorial nos invita a pedir la misericordia del Señor “porque tu ternura y tu misericordia son eternas” y nos invita a confiar siempre en la bondad del Señor.

 

San Pablo

Nos invita a meditar que el tiempo es huidizo, como se lee en algunos relojes antiguos: “Tempus fugit” (“el tiempo huye”). Sí. Se nos escapa de las manos.

A veces nos “aburrimos”, otras “matamos el tiempo”, o decimos “no tengo nada que hacer”…

Pablo enseña que “el tiempo es apremiante” y saca unas conclusiones que nos pueden parecer chocantes, sobre todo algunas.

Pero será bueno que las pensemos y termina con una frase que nos recuerda el título del auto sacramental de Calderón de la Barca “El gran teatro del mundo”.

Pablo termina así: “La representación de este mundo se termina”.

 

Verso aleluyático

Viene a completar lo que justifica más aún las palabras de San Pablo. Es un motivo para aprovechar el tiempo para nuestra conversión, tanto personal como de los que se encuentren cerca de nosotros:

“Está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”.

 

Evangelio

La lectura de hoy tiene dos partes.

En la primera San Marcos (no olvidemos que él es el evangelista que nos acompaña en este ciclo B) hace el resume de la predicación de Jesucristo que está de acuerdo con las primeras reflexiones de hoy:

“Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”.

Esto nos lo recordará muy pronto el miércoles de ceniza que ya está cerca.

En la segunda parte Jesús empieza a buscar discípulos en el entorno del Lago de Galilea donde pasará el mayor tiempo de su apostolado.

Lógicamente muchos de ellos serán pescadores porque ese era el modo de ganarse la vida en los pueblecitos cercanos al mar de Tiberíades.

Primero llama a dos hermanos, Simón y Andrés y para llamarlos aprovecha su mismo trabajo diciéndoles:

“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”.

Más adelante encuentra otros dos hermanos, hijos de Zebedeo, que trabajaban en familia.

Jesús los llama también y ellos “dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él”.

Qué hermosa manera de llamar y de seguir al Señor.

Amigo, si hoy escuchas la voz del Señor, recuerda una vez más que seguirle a Él será tu felicidad y harás mucho bien.

 

 

 

 

 

 

TÚ NO ERES TUYO

14.01.18

 

Me imagino que ya te has fijado que este año la cuaresma comienza el catorce de febrero y por tanto la Pascua será el uno de abril, muy pronto por cierto.

Como sabes, la Pascua se celebra el día que cae la luna llena de Nisán (abril) que en 2018 coincide con el 31 de marzo.

Ahora ya estamos en el tiempo ordinario. El primer domingo no lo hemos celebrado y hoy comenzamos con el segundo de este tiempo.

Veamos algunos pensamientos que nos ayuden a sacar el fruto de las lecturas de este día que pertenece al ciclo B.

 

San Pablo

Quizá te extraña mi título, pero no me lo he inventado yo sino que es el apóstol Pablo quien explica a los Corintios cómo el cristiano pertenece a Cristo y no a sí mismo.

La razón es muy simple:

Jesucristo nos ha comprado con su sangre y así nos rescató de la propiedad que tuvo sobre nosotros el pecado de nuestros primeros padres.

Pablo dice así:

“No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros”.

Pero todavía hay algo mucho más hermoso:

Jesucristo, con su muerte y resurrección, nos ha hecho suyos y no solamente nuestra alma sino también nuestro cuerpo:

“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?”

Y Pablo todavía da más fuerza a esta otra expresión:

“¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios”.

En medio de tanta corrupción es bueno que volvamos la mente y el corazón a este párrafo de San Pablo que nos enseña que nuestro “cuerpo no es para la fornicación sino para el Señor”.

La conclusión que saca el apóstol en este parrafito será bueno que también la saquemos nosotros:

“Por tanto glorificad a Dios con vuestro cuerpo”.

 

No te he llamado yo

El pequeño Samuel duerme cerca del sumo sacerdote Elí. Oye que lo llaman y acude por tres veces al sacerdote, en plena noche, diciendo: “Aquí estoy; vengo porque me has llamado”.

Por una parte admiramos la sencillez del niño que por tres veces acude de inmediato a lo que él cree que es un llamado del sumo sacerdote.

Por otra parte, Elí nos da una lección cuando en vez de molestarse con el niño que lo ha despertado tres veces, le dice con sencillez:

“Anda, acuéstate; si te llama alguien responde: habla Señor que tu siervo escucha”.

Me permito hacerte reflexionar para que te des cuenta si tú te aprovechas a veces de las personas o más bien piensas que el papel de todo evangelizador (y tú eres evangelizador) es llevar los hombres a Dios; y tú lo haces así.

 

Salmo responsorial (39)

El salmo pone el eje de la perfección hacia la que debemos tender todo el año.

La carta a los Hebreos recogerá esta misma frase que nosotros debemos hacer vida nuestra como lo hizo Jesús:

“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

Ten presente que este es precisamente uno de los grandes salmos mesiánicos que resume la misión de Jesucristo.

 

Evangelio

El Evangelio nos sumerge en el ambiente precioso de las primeras vocaciones que reunió Jesús para formar “el colegio apostólico”.

Nosotros también, a la hora de evangelizar, debemos aprender a buscar personas que se ilusionen por la Persona de Cristo y su mensaje y evitar siempre ser nosotros mismos los protagonistas. Para esto el gran modelo será siempre Juan Bautista.

Él pudo hacer un numeroso colegio apostólico y posiblemente lo hizo.

Pero no era para atraer las personas hacia sí, sino para preparar buenos apóstoles para Jesucristo.

Al final del Evangelio leemos un detalle que hoy quiero resaltar:

Cuando Andrés llevó a su hermano Pedro hasta Jesús, éste se le quedó mirando y le dijo:

“Tú eres, Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)”.

Qué importante es el nombre para toda persona.

No podemos oír una palabra que más nos llame la atención y se nos grabe que nuestro propio nombre.

En la Biblia, además del significado que tiene para cada uno su nombre, significa también la misión que se le concede a uno. Este es el caso de Pedro que será en adelante la piedra sobre la que el Señor construirá su Iglesia.

 

 

 

 

 

 

LAS TRES GRANDES EPIFANÍAS

07.01.18

 

Este año comienza muy pronto la cuaresma y parece que los días se empujan entre sí.

En efecto, el día catorce de febrero es miércoles de ceniza.

Nos preguntamos ¿y se ha ido tan rápido la Navidad?

El fin del “tiempo de Navidad” lo marcan tres grandes epifanías que este año prácticamente vienen juntas.

Ya sabes que “epifanía” significa “manifestación” y en el caso se trata de tres grandes manifestaciones de la Divinidad a los redimidos.

Empecemos por una antífona que nos aclara todo. Es la de las segundas vísperas de la solemnidad de la “Epifanía del Señor”:

“Veneremos este día santo honrado con tres prodigios:

Hoy, la estrella condujo a los Magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos”.

Las tres partes de esta antífona corresponden a tres fiestas importantes.

Reflexionemos brevemente sobre cada una.

 

Los Magos de Oriente

“Hoy, la estrella condujo a los Magos al pesebre”.

La primera manifestación es a los Magos. Son curiosos, investigan entre los astros la que sin duda creen que era su divinidad y quieren conocer a fondo.

Un día admiran una estrella muy especial, buscan en los libros de Dios y se encuentran con que la Escritura Sagrada de Israel habla de una estrella de Jacob que indicaría la llegada de un enviado de Dios.

La tradición suele decir que son tres, incluso le ha puesto nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar, y les venera como santos del Señor.

Meditando el Evangelio de este día encontramos varias cosas que imitar.

Por una parte buscan a Dios en los astros, lo que indica un espíritu religioso.

En segundo lugar se ponen en camino y buscan, según la lógica humana, al nuevo rey de Israel en la capital de la nación.

Cuando ya han puesto todos los medios humanos, Dios les ilumina y llena de alegría, según dice el Evangelio:

“De pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría”.

Los Magos venían en serio y habían preparado regalos dignos del que suponían era el “rey de los judíos que ha nacido”.

Le ofrecen tres regalos simbólicos: oro como a rey, incienso como a Dios y mirra como a redentor.

Y como suele ser conveniente cuando uno ha descubierto algo muy grande: “se marcharon a su tierra por otro camino”.

 

Bautismo de Jesús

“Hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos”.

En esta manifestación que celebraremos el día lunes, descubrimos, ante todo, la humildad de Jesús que se mezcla entre los sencillos que se bautizan y la humildad de Juan que descubre a Dios en Cristo y no se atreve a bautizarlo.

Junto al Jordán se manifiesta la Santa Trinidad. Esta es la segunda gran epifanía:

El Hijo en el río, el Espíritu en forma de paloma y el Padre que deja oír su voz: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.

Debemos reconocer una diferencia importante entre el bautismo de Jesús y el nuestro.

Cuando nosotros nos bautizamos Dios nos perdona y purifica de nuestros pecados. En cambio, cuando Jesús entra en el Jordán, es Él el que purifica la humanidad e incluso las aguas y el cosmos, puesto que en su sencilla humanidad está presente y oculta su Divinidad.

 

El agua convertida en vino

“Hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná”. Es la tercera manifestación.

Este año no leeremos este párrafo del Evangelio de Juan que corresponde al segundo  domingo del tiempo ordinario del ciclo C, pero que la liturgia sí nos recuerda en las distintas antífonas. Se trata de lo que Juan Pablo II llamó, en los misterios luminosos, “la autorevelación de Jesús en las bodas de Caná”.

Es evidente que se trata de un prodigio muy especial con el que Jesús quiso llamar la atención para que el pueblo se diera cuenta de que estaba presente el Mesías tan esperado:

+ “Así en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos”.

+ “Allí manifestó su gloria”

+ “Y creció la fe de sus discípulos en Él”.

No hay duda que se trató de un milagro extraordinario, no solo por convertir 600 litros de agua en 600 litros de vino, sino porque el vino fue el más “generoso” de todos los servidos hasta entonces.

Aquí tienes, amigo, unos momentos especiales de la vida de Jesús que la Iglesia nos recuerda al final del “tiempo de Navidad”.

Pidamos a María, que intercedió en las bodas de Caná, que interceda también ante Dios por nosotros para que se fortalezca nuestra fe en Jesús como la de los apóstoles.

 

 

 

 

 

COMO ESCALERA DE CARACOL

31.12.17

 

Ante todo feliz Año Nuevo 2018 y que el Señor bendiga todos los proyectos e ilusiones que tienes tú y sobre todo los que Él tiene sobre ti.

No creo que te extrañe el título de esta reflexión porque la vida parece una escalera de caracol por la cual vamos repitiendo casi a diario los mismos acontecimientos y nos puede parecer muy monótona.

Sin embargo la realidad es que pasa el tiempo y cada vez estamos más arriba.

Lo que hace importante a la escalera de caracol es el equilibrio que tenga sobre el mismo y único eje central. Entonces subimos tranquilamente peldaño tras peldaño.

Te deseo que el eje central de tu año y de tus años siempre sea el mismo y único: Dios que es el que te hace feliz y fuerte.

La Iglesia hace mucho tiempo que puso en el primer día del año la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, para marcarnos una orientación segura durante los 365 días.

Esto es maravilloso.

Si seguimos la comparación, María ha llegado a lo más alto a que puede llegar criatura alguna.

Por eso es bueno que desde el primer día del año aprendamos a ascender siempre recordando aquel hermoso dicho:

“Al principio era la Madre”.

A través de María e imitándola, llegaremos siempre a nuestra felicidad que es Dios.

Vayamos ahora, aunque brevemente, al mensaje de las lecturas de este día.

 

Libro de los Números

Este libro nos habla hoy de la bendición que Dios enseñó a Moisés, diciéndole:

“Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas”.

Muchas veces he visto en la sierra que los padres de los novios, cuando salíamos los sacerdotes del despacho parroquial, bendecían a sus hijos que tenían delante puestos de rodillas.

¿Cómo bendices tú?

Porque supongo que lo haces a los tuyos, especialmente a tus hijos.

Dios debe dar una bendición muy especial a través de los papás.

Te invito a aprender bien esta bendición que, aunque es del Antiguo Testamento, lleva tanta hermosura  que incluso san Francisco de Asís la repetía muchas veces:

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.

El señor te muestre su rostro y te conceda la paz”.

Lo más bonito es lo que viene a continuación:

“Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré”.

Después de esta invocación será bueno que añadas la que hacemos siempre los católicos, es decir: “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

Salmo responsorial (66)

Muy apropiado para el día especialmente sobre la bendición que acabamos de comentar:

“El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros… Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga”.

 

San Pablo a los Gálatas

Nos dice hoy el apóstol que Dios “envió a su Hijo nacido de mujer”.

Sí. Dios quiso necesitar de una mujer. Es de fe. Por eso precisamente María es Madre de Dios, porque su verdadero Hijo, es verdadero Dios.

Y nos advierte San Pablo que el Hijo de Dios vino para “sacarnos de la servidumbre de la ley y hacernos hijos de Dios por adopción”.

Te hago la misma invitación que San Pablo en este día:

Aprovecha la presencia del Espíritu Santo en ti para repetir una y mil veces esta sencilla oración:

“¡¡Abbá, Padre!!”.

 

Versículo aleluyático

Nos hace una advertencia muy importante, tomada de la carta a los Hebreos.

Si es cierto que Dios nos habló muchas veces por medio de los profetas, ahora, como última y definitiva vez, nos ha hablado por Jesús y a Él tenemos que escuchar y seguir.

 

Evangelio

El Evangelio de San Lucas en este ambiente navideño, nos cuenta cómo los pastores, al oír a los ángeles que cantaban a Dios fueron corriendo a la cueva y contaron todo lo que “les habían dicho de aquel Niño”.

Dice el Evangelio que todos se admiraban de lo que decían los pastores.

Y “María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”.

¡Contemplativa!

¿Cuando lees el Evangelio de la Navidad, meditas la profundidad del misterio que encierra la encarnación del Verbo?

Finalmente, el Evangelio termina contándonos la circuncisión, que era un rito que cumplía todo israelita hombre, como signo de pertenencia al pueblo de Dios.

Como dice la Biblia Didajé “la circuncisión era un signo para unirse a la alianza de Israel como descendiente de Abraham”. Era entonces cuando le imponían el nombre al pequeño:

“Le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel, antes de su concepción”.

Ya sabes que etimológicamente, Jesús significa “Yavé salva”.

Ese era su nombre y su misión.

En nombre de Jesús te deseo un FELIZ AÑO 2018

 

 

 

 

 

 

 

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO – NAVIDAD

24.12.17

 

Este año, el IV domingo de Adviento coincide con el 24 de diciembre, que es el día de noche buena y vigilia de Navidad.

Antes de reflexionar respondamos al problema práctico que algunos presentan: ¿Me basta la misa de Gallo para los dos días?

La respuesta es simple: No basta, debo asistir dos veces: la del 24 porque es domingo y la del 25 porque es fiesta de precepto. Ya sabemos que para el 25 la liturgia tiene tres esquemas distintos: la de medianoche, la de la aurora y la del día, cada una de las cuales tiene oraciones y lecturas diferentes. Puedes elegir la que quieras.

Como se trata de dos días especiales abordaré dos breves temas distintos, uno para el domingo IV y otro para Navidad.

 

***

Y LA DEJÓ EL ÁNGEL

En este cuarto domingo leemos el evangelio de la Anunciación: Dios que respeta siempre la libertad, podemos decir que en resumen envía al ángel Gabriel para hacerle una pregunta a la Virgen María:

 

-        ¿Aceptas ser Madre del Hijo de Dios?

Tenemos muchos puntos concretos para reflexionar en este bellísimo, y yo diría poético, pasaje:

+ Un saludo motivado por tres cosas.

La presencia del Señor en el alma de la Virgen; la gracia que ha llenado el corazón de María desde su propia concepción y la alegría que produce la presencia de Dios.

Esto debemos tenerlo muy en cuenta nosotros porque si, de verdad, queremos tener la alegría de Dios, es preciso vivir en gracia y si hace falta, será bueno incluso confesarnos para comulgar en esta Navidad.

+ La presencia verdadera de Dios en el alma no produce temor:

“No temas María”, dijo el ángel.

Cuando al Papa Juan Pablo II le agradecían su mensaje: “No tengan miedo”, él respondía: No es mío, eso es del Evangelio.

Este es precisamente uno de esos pasajes evangélicos.

+ María, que ha sentido en su corazón que Dios le pedía vivir virginalmente con José (estudia a fondo las palabras de este párrafo evangélico), no entiende cómo Dios le pide que tenga un Hijo.

+ El ángel explica a María el plan de Dios:

El Niño no será hijo de José pero sí de ella y, por un milagro especial, del Espíritu Santo.

+ Antes de irse el ángel da una  especie de consejo a la Virgen: tu pariente, la anciana Isabel, está encinta de seis meses: “Para Dios nada hay imposible”.

+ Cuando la Virgen María entiende el plan de Dios solo tiene una respuesta: “Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra”.

+ Con esto quedó todo claro y “se fue el ángel”.

Y María comenzó a actuar como una mujer encinta… pero era Dios a quien llevaba en su seno.

 

DIOS HA VISITADO A SU PUEBLO

Estas palabras son las de Zacarías cuando recuperó el habla al nacer su hijo, Juan el Bautista.

Ahora nosotros tendríamos muchos textos que meditar sobre la Navidad. Son cuatro los esquemas que responden esta fiesta: la vigilia y tres momentos especiales: medianoche, la aurora y a lo largo del día, como decíamos antes.

Entresaquemos unos pensamientos de las lecturas del Evangelio:

+ La genealogía: Jesús, por la descendencia de su padre legal, san José, desciende de David.

+ A los pastorcitos, representantes del pueblo sencillo que siempre está ansiando conocer noticias, se les presenta un ángel que les da la mejor:

“Os traigo una buena noticia: hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”.

Por fin en la historia pudo decir el ángel que traía “una gran alegría para todo el pueblo”.

Cuántas veces al sentarnos frente a la televisión esperamos una alegría y qué pocas veces la encontramos.

“Vamos derechos a Belén a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor”.

Esta vez sí valía la pena ir a conocer de cerca el gran acontecimiento de la redención.

Fíjate bien que son los pastores los que confirman la fe de José y de María porque “al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel Niño”.

+ A San Juan se le representa con el águila porque así como esta ave se remonta con los ojos fijos en el sol, el evangelista se remonta a lo más alto de la Trinidad desde el comienzo de su Evangelio.

Qué importante es meditar a fondo estos dieciocho versículos del cuarto evangelio:

La Palabra, que era Dios, “se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos contemplado su gloria”.

Y la gloria que pudieron contemplar los hombres el día de Navidad es la que corresponde “al Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

Y… ¡ojo amigos!:

“A Dios nadie lo ha visto jamás”.

Esta afirmación es verdadera Palabra de Dios… y entonces, ¿cómo podemos conocer a Dios?

Aprende bien que solo a través de Jesús conocemos a Dios:

“Dios Hijo único que está en el seno del Padre es quien nos lo ha dado a conocer”.

Por eso todos en este día nos deseamos una Feliz Navidad, porque es el cumpleaños del Verbo encarnado.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

 

 

 

 

 

 

DIOS FUENTE DE GOZO

17.12.17

 

Isaías

El libro de Isaías (Is 61) nos describe proféticamente cuál será la grandeza del Mesías prometido por Dios al pueblo de Israel.

Esto mismo leeremos también en Lc 4 cuando Jesucristo, en la sinagoga de Nazaret, se aplique a sí mismo estos versículos:

“El Espíritu del Señor está sobre mí…”

Pero, quizá, con un poco de atrevimiento, me permito decirte que tú mismo vayas leyendo con fe y detención la primera lectura de este domingo y te la apliques como si Dios te la dijera a ti.

Empecemos la aplicación, si te parece, de esta manera. Yo pongo las primeras palabras y tú sigues en esta oración ante Dios:

Desde el día del bautismo “el Espíritu….”

En cuanto al traje de gala, el manto de triunfo y la corona de novia… no olvides que son bastantes las veces que en la Biblia Dios se presenta como Esposo o Novio de Israel, de la Iglesia y de cada uno de los que pertenecen a la Iglesia.

Y Él nos embellece con los sacramentos, dones y frutos.

 

Salmo responsorial

En cuanto al salmo responsorial, el de hoy no es propiamente un salmo sino que meditamos el Magnificat de la Virgen con una aplicación que María hizo del mismo texto de Isaías aplicándose.

Que esto produzca en ti un gozo tan grande como el que vas a repetir entre versículo y versículo del salmo responsorial:

“Me alegro con mi Dios”.

 

San Pablo a los Tesalonicenses

Sabemos que este tercer domingo de adviento se llama de Gaudete (alégrense) porque así comienza el párrafo de esta carta:

“Estad siempre alegres…”

De hecho San Pablo hoy siguiendo el tema que estamos meditando nos invita a sentir la felicidad más profunda, la felicidad que Dios regala con su gracia y sus dones.

Es el gozo del Evangelio de que habla el Papa Francisco y que debes llevar siempre en el corazón.

(Recuerda su carta “El gozo del Evangelio”.)

Por todos estos dones de los que venimos hablando valen también para ti las palabras de Francisco:

“Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.

Por esto que vamos diciendo entendemos mejor las palabras de Pablo:

“No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo y quedaos con lo bueno”.

A continuación pide Pablo que, evitando toda clase de mal, nos dejemos consagrar por Dios para que nuestra alma viva siempre en la paz y alegría, manteniéndose sin reproche hasta el encuentro con Cristo.

 

Verso aleluyático

El aleluya repite una vez más lo que es la idea central del día que aparece muy clara en este domingo:

“El Espíritu del Señor está sobre mí”.

 

Evangelio

El Evangelio es de San Juan y nos habla del Bautista. La liturgia ha tomado dos versículos del primer capítulo para hacer una presentación teológica profunda de él:

“Vino a dar testimonio de la luz, pero no era la luz”.

Y a continuación leemos un diálogo entre Juan y los judíos que venían con algo más que curiosidad.

Querían saber por qué ese hombre, desconocido para ellos, estaba predicando penitencia con tanto fuego en el alma.

Lo que más llama la atención es la sinceridad de Juan que sabe bien que no es ninguno de los personajes con los que quieren identificarlo, pero sí sabe que tiene un papel muy especial confiado por Dios que lo ha escogido como el precursor del Mesías.

Por eso afirma con toda libertad que ni es el Mesías, ni es Elías, ni es un profeta. Simplemente se presenta como “la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor”.

Pero lo más hermoso es el acto de humildad que hace y cómo aprovecha la oportunidad para proclamar la grandeza del que viene:

“Yo bautizo con agua pero detrás de mí hay uno que no conocéis y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia…”

La gran afirmación de Juan será:

Yo bautizo con agua pero en medio de ustedes está el que bautiza con el Espíritu Santo.

Quiera Dios que este maravilloso Juan nos ayude a todos a ser humildes y a evangelizar con todo el fuego de nuestro corazón.

 

 

 

 

 

 

 

QUE DIOS LOS ENCUENTRE EN PAZ CON ÉL

10.12.17

 

Estamos en el segundo domingo de Adviento.

La liturgia va entrelazando los pensamientos serios sobre la segunda venida del Señor con la preparación gozosa del Mesías que llega.

Durante este tiempo la liturgia nos traerá frecuentemente el recuerdo del profeta Isaías para que prepare nuestros corazones. Podríamos decir que Isaías es el profeta preferido por la liturgia.

 

Isaías

La lectura de hoy pertenece al “segundo Isaías” que manifiesta su ternura hablando directamente al corazón. Es de advertir que bajo el nombre de Isaías se incluyen tres hagiógrafos:

“Consolad, consolad a mi pueblo, hablad al corazón de Jerusalén”.

Lo que pretende el Señor por el profeta es que el pueblo de Israel se prepare para la llegada del Mesías. Son muchas las comparaciones que va empleando Isaías.

Desde los trabajos para enderezar los caminos al rey que viene, hasta la vigilancia del centinela que debe alertar al pueblo, porque quien viene no es un personaje cualquiera sino el mismo Dios:

“Mirad, el Señor Dios llega con poder y su brazo manda.

Mirad, viene con Él su salario y su recompensa lo precede”.

Y volviendo a la imagen bíblica tan querida del Buen Pastor, refiriéndose al mismo Señor dice:

“Como un pastor que apacienta el rebaño su brazo lo reúne, toma los corderos y hace recostar a las madres”.

 

Salmo responsorial (84)

Podemos aplicar las súplicas de hoy al Mesías que viene y pedirle todos los bienes espirituales y materiales de que habla el salmo:

La paz a su pueblo, la salvación a los fieles, la misericordia y la fidelidad que se encuentran y la justicia y la paz que se besan como en un feliz matrimonio.

Por otra parte, pide la lluvia para que dé fruto a tiempo.

Aprovechemos también nosotros para pedir a Dios la lluvia oportuna para nuestras cosechas.

 

San Pedro

El apóstol nos invita a tomar muy en serio la segunda venida del Señor y nos repite cómo, aunque parezca que tarda el Señor, Él llegará.

Medita:

+ El día del Señor llegará como un ladrón.

+ Habrá destrucción en el cielo y en la tierra.

Y después de decirnos que “si todo el mundo se va a desintegrar” de este modo, lo lógico es que debemos llevar una vida santa y piadosa. Lejos de llevarnos a la desesperación Pedro nos da buenos consejos que debiéramos tener siempre presentes:

“Confiados en la promesa del Señor esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que por fin habitará la justicia”.

Por eso añade el apóstol:

“Procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables”.

 

Evangelio

El Evangelio de Marcos comienza de una manera original y muy importante:

“Comienza el Evangelio de Jesucristo Hijo de Dios”.

Esto sale al paso para refutar algunas herejías que afirman que Jesucristo no es verdadero Dios.

Aquí en cambio, desde el título, se nos presenta a Jesucristo como Hijo de Dios, es decir, de la misma naturaleza del Padre.

Después de esto nos trae las palabras de Isaías para presentarnos a Juan, el precursor:

“Envío mi mensajero delante de ti para que te prepara el camino”.

Juan vestía toscamente una piel de camello y una correa de cuero a la cintura.

Su comida era bien pobre: “saltamontes y miel silvestre”.

Pero lo importante era el fuego con que quería preparar la venida del Mesías del que posiblemente ya tenía noticias por los acontecimientos familiares de su infancia.

Juan gritaba con toda humildad:

“¡Detrás de mí viene el que puede más que yo!”

Y lo más importante de todo es que Juan bautizaba con agua como lo hacían otros profetas, pero él anunciaba la llegada inminente del que bautizaría con Espíritu Santo.

De esta manera ya nos vamos acercando al ambiente que se vivía en aquel tiempo en Israel, ya que había muchos signos que hablaban de la proximidad del Mesías.

Para nosotros que sea esto una invitación para purificarnos, y si es preciso confesarnos, para acercarnos más dignamente al sacramento de la Eucaristía e ir así preparándonos a la Navidad que se acerca.

 

 

 

 

 

 

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

03.12.17

 

Hoy se inicia el año litúrgico que, como puedes darte cuenta, no coincide con el año civil que empieza el 1 de enero.

Hagamos una breve introducción al año litúrgico recordando algunos detalles:

+ El año litúrgico tiene tres partes fundamentales: 

1) Adviento y navidad; 2) Cuaresma y pascua y 3) Tiempo ordinario.

+ Para las lecturas diarias tomaremos las del “año par”.

+ Como sabemos hay tres ciclos:

1) En el ciclo “A” nos acompaña el apóstol y evangelista San Mateo.

2) En el ciclo “B” San Marcos.

3) En el ciclo “C” San Lucas.

El evangelista San Juan aparecerá en los distintos domingos.

Este año nos toca el ciclo B y nuestro compañero fundamentalmente será San Marcos.

+ Los ornamentos del día durante el adviento (cuando no haya fiesta especial) son de color morado, excepto el tercer domingo que se puede utilizar el color rosa.

+ Cuando se hace la corona de adviento se suele poner como fondo el color verde con cintas rojas y cuatro velas del color de los ornamentos: tres moradas y una rosa.

+ El adviento tiene en realidad tres partes:

1) El primer domingo nos hablará de la Parusía.

2) El segundo y tercero nos hablarán de San Juan.

3) El cuarto nos preparará para la navidad.

A continuación desarrollamos algunos pensamientos sobre este primer domingo de adviento:

 

Isaías

El profeta nos presenta  distintas reflexiones, todas ellas muy interesantes y dignas de que las meditemos, pero en este día quiero fijarme en estas:

+ “Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia”.

Esto nos trae a la memoria, sin duda, estas otras palabras del mismo profeta, que repetiremos durante el adviento:

“Cielos, destilad el rocío, nubes, derramad al justo; ábrase la tierra y brote al Salvador”.

+ Fijémonos también en algo muy importante para nuestra vida que vamos a leer al comienzo y al final de la lectura de hoy:

“Tú, Señor, eres nuestro Padre, tu nombre de siempre es “nuestro Redentor”.

+ Y terminaremos la lectura con esta otra frase más profunda y completa:

“Señor, tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano”.

Qué hermoso confiarse a la providencia de Dios, como la arcilla en manos del alfarero.

 

San Pablo

En el inicio de la carta de San Pablo a los Corintios leemos estas palabras de cómo es un cristiano cuidado por la providencia divina:

“No carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”.

Y también esta otra sobre la bondad de Dios:

Por Cristo “habéis sido enriquecidos con todo: en el hablar y en el saber…”

Por eso será bueno que, admirando tantas maravillas como Dios ha hecho con nosotros, vivamos en acción de gracias como el apóstol.

 

Evangelio

Es de San Marcos y nos invita una vez más (como lo ha hecho la liturgia en esta última temporada) a “vigilar”.

Es de advertir que en el breve párrafo de hoy nos repite varias veces esa palabra.

Jesús nos presenta el ejemplo de un hombre que fue de viaje y dio una tarea a cada criado con el encargo de que estuvieran vigilantes al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer, para que en cualquier momento que llegara él estuvieran bien despiertos.

Y Jesús termina con estas palabras muy importantes para nuestro adviento:

“Lo que os digo a vosotros os digo a todos: velad”.

Con estos pensamientos podemos conocer qué nos pide claramente la liturgia de hoy.

 

Salmo responsorial

Sin embargo podemos completar con el salmo 79 que nos invita a invocar a nuestro Padre, ahora con el nombre de Pastor, para que “despierte su poder y venga a salvarnos”.

Y siguiendo la otra comparación tan querida, sobre todo por el profeta Isaías, le decimos también:

“Ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa”.

Y podríamos terminar con el versículo aleluyático que es una oración confiada a Dios:

“Muéstranos tu misericordia y danos tu salvación”.

 

 

 

 

JESUCRISTO REY, EL BUEN PASTOR

26.11.17

 

En este ciclo A (que concluye esta semana) se nos habla de Jesucristo como Señor de la historia y este señorío se basa tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento, que nos presenta a Dios como buen Pastor… el Buen Pastor que concretará Jesús en sí mismo.

 

Ezequiel

Dios quiere cuidar personalmente a Israel como a su propio rebaño. Lo hace con detalles de cercanía y amor:

+ Sigue a las ovejas que se pierden una por una. Incluso las excusa porque “se perdieron en día de oscuridad y nubarrones”.

+ Las hace sestear a la sombra de los árboles, indicando la paz de que gozarán.

+ Venda a las heridas y cura a las enfermas.

+ En cuanto “a las fuertes y robustas las guardaré y apacentaré con justicia”.

De todas formas el párrafo termina con un llamado a la responsabilidad:

“Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío”.

Sin duda a esto mismo hace alusión el Evangelio que meditaremos más adelante.

 

Salmo responsorial (22)

Muy conocido por el pueblo de Dios y meditado con frecuencia.

Siempre ha tenido un aprecio especial el pueblo de Dios por este salmo que nos presenta a Dios como el Pastor cariñoso que cuida de que no le falte nada a su rebaño.

Tratándose de Cristo Rey, el salmo nos invita a pensar que se trata de un rey cariñoso que cuida con muchos detalles a quienes dependen de Él. De ahí la seguridad de los súbditos:

“El Señor es mi pastor, nada me falta”.

De estos son un eco los versos de santa Teresa… “Quien a Dios tiene nada le falta. Solo Dios basta”.

Y continúa el salmo:

“Me conduce a fuentes tranquilas.. repara mis fuerzas… preparas una mesa ante mí… tu bondad y misericordia me acompañan todos los días de mi vida”.

Y al final nos parece oír la conclusión del Evangelio de Mateo (“Venid benditos de mi Padre”):

“Habitaré en la casa del Señor por años sin término”.

 

San Pablo a los Corintios

Nos dice cómo Jesús “tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies”.

Y es que Cristo resucitado como el “primero de todos”, pondrá en orden todas las cosas. Jesús resucitado venció al pecado e hizo volver a todos a la vida.

Gracias a la resurrección de Cristo todo recupera el orden en la creación: “primero Cristo, como primicia; después, cuando Él vuelva, todos los que son de Cristo… Y cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos”.

Ya ves, amigo, qué hermoso es colocarse cada uno en su sitio, junto a Cristo, para vivir toda la eternidad junto a este Dios amoroso que nos ha creado para Él.

 

Evangelio

El Evangelio nos habla del juicio final y, como hemos dicho, presenta a Jesucristo como el Buen Pastor glorificado, que viene con los ángeles del cielo para que lo glorifique la humanidad entera.

Nuestra actitud frente al juicio final dependerá evidentemente de cómo hemos vivido y, dicho sea con todo respeto, si nos hemos portado como ovejas o como cabras.

A veces pensamos que el juicio final será una cosa un tanto macabra y desilusionante. Pero, como en tantas otras cosas en la línea de fe, todo depende de cómo hayamos vivido. Porque es cierto que los que no han vivido según la ley de Dios sobre todo concretada en la caridad oirán algo muy duro del Señor:

“Apártense, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer…”.

Ante su extrañeza Jesucristo les dirá estas palabras que todos debemos meditar a tiempo:

“Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con uno de estos, los humildes, tampoco lo hicieron conmigo”.

Pero nosotros, avisados por Jesús, y esforzándonos por cumplir el Evangelio, tendremos el día de fiesta más grande de nuestra vida al escuchar estas dulces palabras del Buen Pastor:

“Vengan ustedes benditos de mi Padre”.

¿Puede haber algo más bello que este lenguaje en labios del Redentor?

Jesucristo te llama “bendito” del Padre eterno, ¡bendito de Dios!

¿Y cuál será el premio?

“Hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo”.

¿Y por qué?

Medítalo bien en el Evangelio de hoy.

Así nos despedimos del ciclo A en el que nos ha acompañado todo el año el apóstol y evangelista San Mateo.  El próximo domingo, con el adviento, empezaremos a compartir con el evangelista San Marcos.

Feliz año litúrgico que empieza la próxima semana.

 

 

 

 

 

PASA AL BANQUETE DE TU SEÑOR

19.11.17

 

En este domingo seré un poco más breve en mi reflexión porque quiero compartirles un mensaje del Papa, aunque seguramente todos lo conocen.

Hoy es el penúltimo domingo del año, pero viene a ser el último, ya que el siguiente domingo XXXIV es la fiesta de Cristo Rey, Señor de la historia.

 

Proverbios

El libro de los Proverbios nos presenta a una mujer que con su vida se prepara para recibir de Dios y de los hombres la mayor alabanza.

Puedes meditarlo con detención. Esta mujer hace cosas muy concretas para utilizar todos sus talentos y hacer felices a los suyos.

El marido se fía de ella porque le aumenta las ganancias. Es una mujer laboriosa que trabaja para los suyos y no olvida al pobre y al necesitado. Esta mujer tiene la belleza auténtica que merece la alabanza de Dios y las felicitaciones de todos en la plaza.

Una mujer así, pregunta el mismo libro de los Proverbios, ¿quién podrá encontrarla? “Vale mucho más que las perlas”.

 

Salmo responsorial (127)

Nos presenta la belleza de una familia en la que todos son felices.

El hombre sigue los caminos de Dios y come del fruto de su trabajo.

Su esposa, en medio de la casa, es como una parra fecunda. Y los hijos, vienen a ser como una corona alrededor de la mesa.

Hoy cuando tantos matrimonios no quieren tener hijos, deberían pensar que no hay bendición mejor que un matrimonio sano y fecundo y unos hijos que crecen en la prosperidad y en la paz. Y son el futuro de la familia.

 

San Pablo

La carta de Pablo a los Tesalonicenses completa la idea del domingo anterior, recalcando que “en lo referente al tiempo y a las circunstancias… sabéis… que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche”.

El apóstol llega a comparar la venida del Señor al final de los tiempos con los dolores de parto de la que está encinta.

Sin embargo todo esto Pablo no lo dice para que vivamos en el temor sino para que recordemos que “somos hijos de la luz e hijos del día”.

Una vez más, en este párrafo está presente el consejo bíblico tantas veces repetido:

“No durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados”.

 

Evangelio

Es una invitación a hacer un examen de conciencia bajo la comparación, o parábola de los talentos.

Nos conviene pensar que Dios nos regaló, en el momento oportuno, una serie de “talentos”, es decir, cualidades, posibilidades, salud, talento, dones, etc.

La verdad es que nos los dio no como a dueños sino como a administradores, esperando recoger un día el fruto abundante.

Lo más importante es que, a través de todos los años de tu vida, te prepares para que merezcas escuchar las dulces palabras de tu Maestro y Señor:

“Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor”.

Vale la pena sacrificarse y trabajar en el Reino de Dios para oír estas palabras que llevarán consigo la felicidad eterna.

Si este año no lo has conseguido, prepárate para que en el año que va a empezar pronto puedas doblar los talentos que Dios te dio, como el empleado fiel.

 

Pedido del Papa Francisco

“Mientras en todas las catedrales y santuarios del mundo se cerraban las Puertas de la Misericordia, intuí que, como otro signo concreto de este Año Santo extraordinario, se debe celebrar en toda la Iglesia, en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la Jornada mundial de los pobres. Será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia (cf. Mt 25,31-46)”. Será una Jornada que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y sobre el hecho que, mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa (cf. Lc 16,19-21), no podrá haber justicia ni paz social. Esta Jornada constituirá también una genuina forma de nueva evangelización (cf. Mt 11,5), con la que se renueve el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia” (Misericordia et miseria, 21).

Hermosa conclusión práctica que te invito a tener en cuenta en este domingo.

 

 

 

 

 

 

LA SABIDURÍA SALE AL PASO EN CADA PENSAMIENTO

12.11.17

 

Las lecturas de este día nos hablan de distintas formas del encuentro profundo con el Señor, especialmente bajo la imagen de la sabiduría y del esposo.

 

Libro de la Sabiduría

El libro de la Sabiduría es el más cercano cronológicamente a nosotros, del Antiguo Testamento,  porque fue escrito entre los años 30 AC. Y 14 DC.

Nos habla de la Sabiduría de Dios que los Santos Padres interpretan de una manera especial refiriéndola al Espíritu Santo o bien al Hijo de Dios, Sabiduría (Palabra) engendrada por el Padre.

Podemos leer el párrafo como referido a Dios en el sentido de que la Sabiduría es como su personificación.

Si atribuimos la sabiduría al Hijo, lo invocamos y pedimos que venga a nosotros con todo lo que Él es e hizo en este mundo como Palabra del Padre y Redentor. Si lo atribuimos al Espíritu Santo podemos invocarlo con la Iglesia que repite frecuentemente: “¡Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles!”.

Lo bueno de la Sabiduría es que “la ven fácilmente los que la aman y la encuentran los que la buscan”.

Al párrafo de hoy le precede una invitación importante del mismo libro que dice así:

“Desead mis palabras, anheladlas y recibiréis instrucción”.

También advierte el hagiógrafo que quien tiene autoridad debe buscar la sabiduría para actuar bien.

 

Salmo (62)

A la sed de Dios responde la certeza de tenerlo para siempre en la eternidad.

Este salmo viene a confirmar la esperanza de este encuentro:

+ Gozo en la contemplación de Dios: “¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria!”

+ Ansias de poseerlo: “Mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua”.

+ Deseo de vivir unido a Dios día y noche: “En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti”.

+ El salmo termina con una preciosa comparación que nos recuerda a la gallina que protege a sus polluelos, bajo cuyas alas sienten seguridad: “a la sombra de tus alas canto con júbilo”.

Así acoge Dios a los suyos.

 

Tesalonicenses

Para que no nos desesperemos como los paganos que no tienen esperanza de resurrección, Pablo nos habla de la muerte como un paso a la eternidad, donde encontraremos a Dios que es Sabiduría y Esposo. El esquema del párrafo es éste:

+ No nos aflijamos como los que no tienen esperanza.

+ Renovemos la fe: Cristo murió y resucitó; y Dios nos llevará con Él por medio de Jesús.

+ Dios nos convocará a todos por medio de los ángeles. Todos resucitaremos. Todos iremos “al encuentro con el Señor y así estaremos siempre con el Señor”.

+ Finalmente nos pide Pablo que nos consolemos mutuamente con estas palabras de fe.

¿Cuándo vas a un velorio sabes consolar desde la fe con las palabras que sugiere San Pablo?

 

Verso aleluyático

Recoge el consejo que nos da San Mateo para que no nos suceda lo que a las vírgenes necias, que no entraron en el banquete: “Estad en vela y preparados porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del hombre”.

 

Evangelio

Es muy conocido.

Las diez jóvenes invitadas para crear el ambiente de fiesta en la boda, esperaban al esposo. Como tardaba se durmieron. A medianoche un grito:

“¡Qué llega el esposo, salid a recibirlo!”

Al encender las lámparas cinco se encontraron con que no habían traído aceite de repuesto y dijeron las sensatas que lo más práctico era que fueran a comprar para que no les faltase a todas.

Cuando las necias quisieron entrar, el esposo las rechazó: “Se lo aseguro: no las conozco”.

Llama la atención que en otra oportunidad Jesús se presenta como el “Esposo”. Esta parábola, en cambio,  presenta a las jóvenes como doncellas que acompañan al esposo.

La comparación en el fondo es igual, porque  se trata de las bodas del Cordero.

Como conclusión podemos sacar estás:

+ A la Sabiduría debemos buscarla porque está cerca “y la encuentran los que la buscan... y les sale al paso en cada pensamiento”.

Sin duda esto nos recuerda el Apocalipsis: “Yo estoy a la puerta llamando”.

+ En la última comparación Dios viene como el Esposo. Para encontrarlo hay que estar vigilantes y preparados.

Estamos al final del año litúrgico, ¿cómo son tus relaciones con el Señor? ¿Estás preparado?

 

 

 

 

 

 

¿CÓMO HAN DE SER LOS SERVIDORES DE DIOS?

05.11.17

 

En este domingo XXXI del tiempo ordinario, ya próximos al final del año litúrgico, la enseñanza de la Iglesia nos lleva a descubrir y hacer realidad cómo debe ser el servidor de Dios. De esto nos hablará tanto Malaquías como Pablo y el mismo Jesucristo.

 

Malaquías

El profeta nos enseña cuál ha de ser la actitud del sacerdote que sirve a Dios.

Ante todo debe dar gloria al gran Rey y hacer que su nombre sea respetado.

El sacerdote tiene que obedecer a Dios para recibir su bendición.

Sin embargo el sacerdote no ha cumplido los deberes tal como resalta el profeta:

+ Apartándose del camino.

+ Haciendo acepción de personas en el trato con los más pobres.

+ Haciendo que los fieles tropiecen en la ley en vez de servirla con fidelidad invalidando la alianza, no habiendo guardado los caminos del Señor.

Contra los que actúan así se oye la voz del Señor que defiende al débil frente a los responsables espirituales del pueblo.

La conclusión que nos permite sacar Malaquías es ésta:

Todos tenemos un mismo Padre que nos creó a todos por igual y por tanto debemos respetarnos mutuamente y ayudarnos a mantenernos en el camino de la ley del Señor.

 

Salmo responsorial (130)

Nos habla de cómo debe ser el corazón del que sirve al Señor. Salmo breve pero lleno de sentido.

A todos nos gusta pensar y sobre todo permanecer en la actitud de que habla el salmista, que se acurruca en los brazos de Dios, como un niño en los brazos de su madre.

Gocemos con los sentimientos de este buen israelita:

“Señor mi corazón no es ambicioso ni mis ojos altaneros… sino que acallo y modero mis deseos como un niño en brazos de su madre”.

Buena oración para este día, repetir con el salmista:

“Espere Israel en el Señor ahora y por siempre”.

 

San Pablo

Es bonito descubrir debajo de estas líneas de Pablo a los Tesalonicenses cuál fue la actitud de su corazón que a veces llega a presentarse más como madre que como padre:

“Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos”.

Es tan grande el cariño que Pablo siente por los Tesalonicenses que les dice cómo deseaba “entregarles no solo el Evangelio de Dios sino hasta nuestras propias personas”.  Todo esto, dice san Pablo, es porque los Tesalonicenses “se habían ganado nuestro amor”.

Como buen apóstol, Pablo les recuerda cuántos esfuerzos y fatigas sufrió por ellos y cómo se esmeró por servirles sin ser gravoso.

Hay algo muy importante en este párrafo que debíamos tener nosotros en cuenta, porque a veces no apreciamos la Palabra ni al que nos la enseña. Sin embargo, el que nos da la Palabra de Dios, nos da el mayor regalo ya que nos pone en camino de salvación. Esto es lo que resalta Pablo también en este día:

“No cesamos de dar gracias a Dios porque al recibir la Palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como Palabra de hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios que permanece en vosotros los creyentes”.

Cuántas veces nos aburrimos escuchando la Palabra o aburrimos a los otros cuando la presentamos:

La Palabra de Dios es muy importante porque nos pone en camino de salvación.

 

Evangelio

Finalmente, en el Evangelio es Jesús mismo quien con su autoridad recalca, por una parte, la manera cómo actúan los fariseos que lejos de guiar al pueblo israelita hacia el Señor, lo desvían hasta el punto de que Jesús llega a decirles:

“En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos: haced y cumplid lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen”.

No puede haber peor recomendación para un dirigente espiritual del pueblo elegido por Dios.

Nosotros tengamos en cuenta la parte positiva que al final del párrafo bíblico enseña Jesucristo cuando pide:

“No os dejéis llamar maestro porque uno solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. No llaméis padre a nadie en la tierra porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo”.

Aprendamos bien la lección de hoy:

“El primero entre ustedes será su servidor”.

Para esto necesitamos una gran dosis de humildad y por eso termina diciéndonos Jesús esta frase importante y difícil de cumplir, pero que con la gracia de Dios sí es posible:

“El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

 

 

 

 

 

 

 

SI EL NECESITADO GRITA, DIOS LO ESCUCHA

29.10.17

 

Dos cosas distinguen al cristianismo que pedía Jesús.

Las sabemos: el amor a Dios y al prójimo.

Pero, ¿las cumplimos?

En este domingo la liturgia te invita a hacer un serio examen de conciencia.

De tu respuesta depende tu eternidad… al menos, tal como presentó Jesucristo el examen final para todos (lo llamamos “juicio final”).

 

¿Cómo tratas al prójimo?

El Antiguo Testamento manda amar al prójimo como a ti mismo.

El Nuevo Testamento dice: “Ámense unos a otros como yo os he amado”.

De todas formas creo que si cumpliéramos bien el Antiguo Testamento, estaríamos en camino de salvación.

El libro del Éxodo nos concreta hoy algunas cosas que podríamos leer así:

+ Tú estuviste desterrado en Egipto… trata bien a todo extranjero.

+ Las viudas y los huérfanos son los privilegiados de Dios. Sé caritativo con ellos porque si ellos gritan yo respondo por ellos.

+ Si prestas dinero a un necesitado no se te ocurra negociar con su pobreza. La usura es un pecado grave.

+ Si te dejan algo en prenda, devuélvelo a su tiempo.

 

¿Sabes por qué?

Porque tú no tienes un Dios único para ti y el que te creó a ti y te salvó a ti, no ha olvidado a todos los demás.

Somos comunión y todos alabamos y celebramos al único Dios que nos ha creado a todos.

Me encanta este salmo (17).

Fíjate con cuántos títulos alaba a Dios:

+ Mi fortaleza: Dios es como un castillo en que me cobijo.

+ Mi Roca: Firmeza frente al mar.

+ Mi Alcázar: cobijo frente a cualquier enemigo.

+ Mi Libertador: el único que me salva.

+ Dios mío: mi Creador y Señor.

+ Peña mía: inconmovible frente a las dificultades.

+ Refugio: en el que me escondo en el peligro.

+ Escudo: defensor frente a las agresiones.

+ Fuerza salvadora: como un ejército de salvación.

+ Mi baluarte… ¿qué más puedo pensar de la gloria de Dios?

Después de todas estas alabanzas y actos de fe no nos queda más que repetir:

“Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza… Viva el Señor, bendita sea mi Roca”.

 

La respuesta de Dios

Es Dios quien en el versículo aleluyático te da la respuesta a tu obediencia y fidelidad:

“El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a Él”.

Qué felicidad mayor puede haber que el saber que Dios te paga amor con amor… Pero amor con creces.

 

El regalo de evangelizar

Si es caridad con el prójimo atenderle como nos ha dicho el Éxodo, más hermoso es llevar el Evangelio, es decir, la salvación, a quienes no la conocen.

Este es el caso de los Tesalonicenses que evangelizaban de tal forma que Pablo pudo decir “vuestra fe en Dios ha corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo abandonando los ídolos os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”.

Gracias al esfuerzo de los Tesalonicenses creció el mensaje de Dios vivo.

 

La plenitud del amor

Para dejar mal a Jesús en público le hacen una pregunta los fariseos:

“¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?”

Ellos sabían muy bien que entre los cientos de preceptos el primero siempre estuvo claro en la ley de Dios:

Se lo recordó Jesús:

“‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser’. Este mandamiento es el principal y primero”.

A nosotros, que nos hemos hecho de cabeza democrática, nos parece que Dios debe ser amado a nuestra manera y según nuestros personales criterios y medida.

Pero ésta, ni es ni puede ser, nuestra fe.

Dios está el primero de todos, sin condiciones, y siempre.

¿Es así la verdad de Dios en nuestra vida o somos de los que han apartado a Dios de la vida práctica y concreta, personal nuestra, e incluso de la sociedad en que vivimos?

Porque la realidad es que Dios no solo no es amado sobre todas las cosas sino que ha sido marginado de todas las cosas.

A nuestra sociedad le estorba Dios…

Pero nosotros hemos puesto a Dios sobre todas las cosas y sobre nosotros mismos: ¡porque es el primero en todo!

 

 

 

 

 

 

 

CADA UNO EN SU SITIO Y DIOS SOBRE TODOS

22.10.17

 

Los fariseos de hoy han alejado a Dios de la sociedad.

Son tan creídos que se bastan ellos solos para hacer un mundo distinto.

Sacaron a Dios y sus mandamientos porque les estorbaban y han puesto sus propios mandamientos con los que oprimen a todos.

Podemos creer que estos hombres son todopoderosos. Sin embargo, a través de ellos, el único Señor de la historia llevará adelante su plan sobre la humanidad.

El orgullo humano se hundirá y Dios triunfará.

 

Isaías

Hoy nos habla el segundo Isaías que acompaña a Israel en el destierro. No olvidemos que hubo tres profetas con este único nombre, uno antes y el otro después del destierro.

Nabucodonosor llevó al destierro al pueblo de Dios. Humillados y fieles vivieron muchos en tierra extraña, con fe, y cumpliendo los mandatos del Señor.

Hoy Isaías nos presenta a Ciro y lo llama “el Ungido del Señor”.

¿Por qué ungido si era un pagano?

Este rey buscó la paz para todos los pueblos y dio libertad al pueblo de Israel para que rehiciera su cultura, su unidad y su fe en Dios.

Isaías glorifica al Señor y pone en sus labios:

“Yo soy el Señor y no hay otro. Fuera de mí no hay Dios”.

No hay otro porque Él sabe mover los corazones sanos para realizar sus obras.

¡Qué hermoso!

“Te pongo una insignia aunque no me conoces”.

Ciro, de hecho, no conoce a Dios porque es pagano, pero Dios sí lo conoce.

Amigo, Dios te conoce. Ojalá tú reconozcas de verdad a tu Señor.

No olvidemos que hay paganos que, por seguir su conciencia sencilla, glorificarán a Dios mejor que quienes nos llamamos católicos y casi no conocemos a Dios.

 

Salmo 95

Es un himno de alabanza muy bello.

Nos pide:

+ Cantar a Dios y contar sus maravillas.

+ Nos recuerda que Dios es más grande y digno de alabanza que todos.

+ Todos los pueblos, como una sola familia, llegaremos un día a cantar la gloria del Señor.

+ Adoremos a Dios y proclamemos su grandeza.

Podemos terminar con esta expresión del salmo que nos hace ver a Dios como dueño de la historia:

“El Señor es Rey, Él gobierna a los pueblos rectamente”.

 

San Pablo

Pablo admira la vida de los Tesalonicenses cuya carta comenzamos hoy:

“Ante Dios nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor”.

A continuación el apóstol justifica su alabanza haciendo ver que “cuando se proclamó (entre ellos) el Evangelio, no hubo solo palabras sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda”.

Amigos, así se evangeliza. Con el poder del Espíritu Santo y teniendo una convicción profunda en lo que predicamos.

Por suerte en este mundo difícil, como en todos los tiempos pasados y futuros, nunca le ha faltado al mundo a donde mirar, si tiene voluntad de buscar la verdad: son las comunidades de la Iglesia de Jesús donde se glorifica a Dios y se ama a los hombres de verdad.

 

Evangelio

¿Quién entiende el corazón del hombre?

Los fariseos odian a Roma y la humillación de tener que pagarle tributos.

Sin embargo ellos mismos gritaron a Pilato contra Jesús diciendo:

“No tenemos más rey que el César”.

Hoy para tener de qué acusar a Jesús le hacen una pregunta difícil porque si responde que hay que pagar tributo, el pueblo se irá contra Jesús y si dice que no, los romanos que expiaban por todas partes, podrían apresarlo.

La respuesta de Jesús los dejó desconcertados:

“Pagad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

El papel de la Iglesia en la sociedad de hoy está claro:

Dar a la sociedad lo que le pertenece. Sí.

Pero dar a Dios honor y gloria como se merece por ser el único Creador y Señor de la historia.

 

 

 

 

 

LLEGARÁ EL BANQUETE PARA TODOS

15.10.17

 

La liturgia de hoy nos invita a considerar el Reino de los cielos como un banquete.

Esto tiene mucha importancia para nosotros porque, cuando nos conocemos con alguien muy especial, con un amigo muy querido, celebramos el encuentro comiendo. Nos parece que al comer lo mismo nos identificamos unos con otros. Asimilar lo mismo nos hace felices.

En el fondo esta es la reflexión de hoy.

El cielo será un banquete sin comida ni bebida, pero con él nos alimentaremos todos del Amor infinito de Dios. Pero nunca nos saciaremos, nunca diremos basta.

Que las lecturas de la liturgia de hoy nos ayuden a vivir siempre con hambre de Dios.

 

Isaías

Isaías es el primero que nos está hablando de la comida como un gran regalo de Dios.

La liturgia quiere que nos traslademos de esta primera lectura al Evangelio y así entenderemos mejor qué es el Reino de Dios.

El profeta dice:

“Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera. Manjares enjundiosos, vinos generosos…” Pero no se fija solamente en el comer físico sino que además promete la felicidad interior:

“Aniquilará la muerte para siempre. El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros”.

Siempre es, ha sido y será ésta la necesidad del hombre y hasta pelea y mata a los otros por conseguir la paz, la felicidad.

 

Salmo 22

El salmo del Buen Pastor es muy conocido por todos nosotros, muy repetido por la Iglesia y muy bien colocado entre las lecturas de hoy.

Durante su reflexión nosotros repetiremos:

“Habitaré en la casa del Señor por años sin término”.

Viene a ser como la respuesta a la lectura anterior y a todo el ambiente de este domingo.

Sabemos que teniendo semejante Pastor, nunca habrá quien nos pueda arrebatar la felicidad.

Meditemos el salmo y no nos apartemos nunca del Buen Pastor.

Recuerda: habita siempre en la casa de Dios.

Suspira por el cielo.

No te pegues demasiado a la tierra, porque no te será fácil despegar cuando Dios te llame al banquete del cielo.

Tú siempre con tu Pastor.

 

Filipenses

Como el tiempo en este mundo es un paso hacia el banquete del cielo, Pablo nos enseña a vivir siempre felices como él:

“Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo; la hartura y el hambre, la abundancia y la privación”.

Esta vida tiene a Pablo feliz porque siente como una realidad en su vida la presencia, la seguridad de Dios:

“Todo lo puedo en Aquel que me conforta”.

La fuerza de Pable está en el Señor porque sabe que Dios le recompensará y proveerá de todo.

 

Verso aleluyático

“Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama”.

¿Qué entiende Pablo por los “ojos del corazón”?

Posiblemente lo podemos entender en el sentido de que la luz de Dios penetre en nuestro entendimiento y haga actuar al corazón.

 

Evangelio

Ahora es Jesús quien nos va a decir que el Reino de los cielos es un banquete muy grande. Una fiesta para todos.

La parábola nos refiere cómo un hombre quiere celebrar la boda de su hijo (podemos entender que el Padre Dios celebra el triunfo de Jesús resucitado), hace una gran fiesta, va invitando a todos los conocidos y todos se excusan (podemos leer que el pueblo de Israel no acepta al Señor).

Entonces, el rey manda llamar a toda clase de personas, no importa la limitación que tengan (son todos los pueblos).

Todos entran al banquete y al ingresar se les regala el traje de fiesta.

Cuando el rey va saludando a todos los invitados, se encuentra uno “sin vestido de fiesta”.

Podríamos pensar que si era muy pobre no tenía dinero para comprar el vestido pero todos los invitados eran muy pobres.

Pero Dios no actúa así: El primero nos da y luego nos pide.

Por eso el Evangelio dice que ese individuo “no abrió la boca” porque no tenía ninguna excusa y fue echado del banquete.

Recordemos siempre que Dios llama a todos sin distinción de razas, naciones, colores… ni poder.

Todos somos llamados al banquete del Reino.

Para que podamos entrar, el día del bautismo, Dios nos regaló el vestido de la gracia.

Anímate, amigo. Prepárate para el banquete del Reino donde eternamente seremos felices comiendo el Amor.

 

 

 

 

 

 

 

MI AMIGO TENÍA UNA VIÑA

08.10.17

 

La viña es una de las plantas más simbólicas, sobre todo para Israel, como podemos ver frecuentemente en la Biblia.

Jesús también nos hablará de ella en el capítulo 15 de San Juan.

Hoy vamos a gozar especialmente con Isaías, el profeta cariñoso y cercano que a todos nos cae bien, sobre todo a la liturgia.

 

Isaías

“Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado”.

A continuación cuenta los esfuerzos que hizo el dueño para que diera fruto “la entrecavó, la descantó y plantó buenas cepas, construyó en medio una atalaya y cavó un lagar y esperó…”

La ilusión del propietario se truncó y en vez de uvas dio agrazones.

El Señor pregunta: “¿qué más cabría hacer por mi viña que yo no he hecho?”.

Esta es la postura maravillosa de Dios descrita bajo la parábola y la clave de todo está en este versículo: “la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel”.

Conocemos su historia. Cuántas veces el pueblo de Dios lo negó…

Pero no te quedes ahí, medita que bajo esta comparación estamos también todos los hombres y especialmente todos los cristianos.

Recuerda lo que cantamos en la liturgia del viernes santo:

“¡Pueblo mío!, ¿qué te he hecho, en qué te he ofendido?

Yo te planté como viña mía, escogida y hermosa… ¡qué amarga te has vuelto conmigo!”.

Tú estás en la Iglesia santísima y bellísima en la que te plantó Dios el día del bautismo… ¿Das fruto?

Tú lo sabes.

 

Salmo 79

En el salmo repetiremos la misma imagen que la Iglesia pide que tengamos muy presente, invitándonos a la verdadera conversión.

Comenzaremos repitiendo: “La viña del Señor es la casa de Israel” (nosotros leemos la Iglesia del Señor…).

Allí encontrarás el complemento de lo que hemos leído en Isaías, hecho oración por el salmista.

 

Filipenses

San Pablo nos invita a la confianza.

Lógicamente si Dios nos ha creado y metido en la Iglesia con tanto cariño, nuestra confianza tiene que estar totalmente puesta en Dios.

Debemos recordarlo e invocarlo con frecuencia:

“Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios”.

Como respuesta a esta vida de fe y confianza en nuestro Creador tenemos la paz:

“Y la paz de Dios que sobrepasa todo juicio custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

 

Evangelio

Debemos reflexionar a quiénes dirige Jesús las parábolas.

En este caso y con relativa frecuencia Jesús habla a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo.

La parábola también se refiere a la viña de Isaías:

“Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje”.

Se ve aquí claramente la relación entre la parábola y el relato de Isaías.

El dueño fue enviando sus criados para recibir el fruto correspondiente. Se negaron a dárselo, los golpearon, maltrataron y hasta mataron.

Finalmente, el dueño envía a su hijo pensando “tendrán respeto a mi hijo”.

La actitud de los labradores no fue así sino que pensaron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”.

Y agarrándolo lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.

Aquellas palabras debieron caer como bomba en el orgulloso corazón de los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo. Por eso el evangelista terminará diciendo:

“Los sumos sacerdotes y los fariseos al oír sus palabras, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente que lo tenía por profeta”

La parábola de hoy es clara. Israel termina sacando de la ciudad a Jesús y lo victimó en el Calvario.

Era de verdad el Hijo de Dios y por eso el triunfo no fue de sus asesinos sino que fue la glorificación del Padre:

¡La resurrección de Jesús!

 

 

 

 

LA JUSTICIA DE DIOS

01.10.17

 

Nos gusta que siempre nos hablen de la bondad de Dios, de su misericordia… y nosotros también lo hemos hecho  tantas veces porque la Biblia dice que “Dios es amor”.

Pero si ese amor fuera injusto, es decir, si Dios no tuviera justicia, no podría ser el Dios verdadero. Por tanto, vamos a hablar un poco de esa justicia divina, según nos enseñan las lecturas de este domingo.

 

San Mateo

Parece un poco extraño lo que concluye el Evangelio de este día:

“Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios”.

Esas personas estuvieron alejadas de Dios por su vida de pecado pero se han convertido y van por delante de tantas personas que se tienen por perfectas por lo que dicen, e incluso enseñan, pero no hacen.

Era el caso precisamente de los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo a quienes se dirigía Jesús.

Para entender esto, Jesús nos ha dejado la parábola de hoy. En el fondo vemos en ella que ninguno de los dos hijos hizo plenamente la voluntad del padre.

En efecto, el padre pidió al primero que fuera a trabajar a la viña. Contestó descortésmente: “No quiero”. Pero pensó mejor las cosas y fue a la viña para cumplir la voluntad del padre.

El segundo, posiblemente para quedar bien y no molestar a su padre, le contestó: “voy Señor”, pero no fue.

La justicia de Dios es así. Precisamente es lo que nos dice Ezequiel: El que se arrepiente y persevera se salva.

 

El profeta Ezequiel

Habla del pueblo de Israel que se queja del Señor como si fuera injusto, pero Dios aclara su proceder:

Si uno comete la maldad durante su vida y muere en ella, recibirá el castigo; en cambio, el que vive mal, si se arrepiente, como el hijo de la parábola, vivirá para siempre.

 

San Pablo a los Filipenses

Nosotros en las procesiones, en los encuentros de fe, glorificamos siempre a Jesucristo y decimos que Él “es el Señor”:

El Señor de los Milagros, el Señor de Luren, el Señor Cautivo de Ayabaca …

¿Y todo esto por qué?

La verdad es que Jesucristo, aunque era verdadero Dios, pasó por uno de tantos, marginado, despreciado y crucificado.

Pero como tenía la divinidad, Dios le dio el “nombre sobre todo nombre”, el nombre de “SEÑOR”.

San Pablo les trae a los Filipenses este ejemplo de Jesús, porque quiere que vivan y tengan “los mismos sentimientos de Cristo Jesús”.

Precisamente para conseguir esto, presiona a los Filipenses, que pertenecen a una comunidad muy querida de Pablo, que por el amor grande que le tienen aprendan la caridad, a vivir acordes, en humildad, y teniendo a los otros como más importantes que uno.

De esta manera, por la humildad de Jesús, los Filipenses podrán realmente cumplir la voluntad del Padre que mandó: “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”.

También en esta lectura aparece clara la justicia de Dios que permitió la humillación de Jesús para salvarnos a todos, pero después lo glorificó por encima de todas las criaturas: ¡Jesús es el Señor!

 

Verso aleluyático

El aleluya nos recuerda las palabras del Buen Pastor, Jesucristo, que nos habla de esa comunión profunda que hay entre Él y sus verdaderos discípulos. Comparándolos con un rebaño explica Jesús: “mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen”.

Una bella invitación de Jesucristo para que conozcamos sus enseñanzas en las que resalta la misericordia de Dios sin olvidar su justicia. Esto también es un consuelo para quienes en la vida han recibido tantas humillaciones: “El que se humilla será enaltecido”.

 

Salmo responsorial (24)

Nos habla de esta justicia y rectitud de Dios y lo hace, precisamente, para que aprendamos cuál es el camino de los pecadores, del que debemos huir, y cómo nos invita a ser humildes y vivir con rectitud:

“El Señor es bueno y es recto y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud”.

El resto del salmo se fija más bien en la misericordia del Señor y reconoce que “su misericordia es eterna”. De esta manera en el mismo salmo tenemos la misericordia y la justicia de Dios.

Te invito a meditar de una manera profunda estas palabras:

“Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas”.

Y luego el salmo, aprovechando la misericordia de Dios, nos invita a orar pidiendo perdón apoyados en ella:

“No te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud: acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor”.

 

 

 

 

 

EL PROCEDER DE DIOS ES JUSTO

24.09.17

 

Dios es justo, aunque su manera de actuar a veces, nos parezca extraña a los hombres.

Por eso, cuando nos hemos alejado del Señor, la misericordia nos está esperando siempre.

 

El profeta Ezequiel

Por lo visto los Israelitas en el destierro se quejaban del proceder de Dios, teniéndolo por injusto. Ezequiel, en nombre del Señor, les aclara que Dios actúa siempre con justicia y que si el que era justo cambia y se obstina en el pecado, se pierde. En cambio el pecador, si se arrepiente “ciertamente vivirá y no morirá”.

 

Salmo responsorial (24)

“La misericordia del Señor es eterna”.

Actuemos con humildad, reconociendo nuestros pecados y recemos al Señor con fe juntamente con el salmista: “Enséñame tus caminos, instrúyeme en tus leyes: haz que camine con lealtad… Recuerda, Señor, que tu ternura y misericordia son eternas… El Señor es bueno y es recto”.

Esta es la idea central que nos enseña la liturgia en este domingo: Dios es recto y justo con todos.

 

San Pablo

Se trata de un párrafo muy querido para la liturgia que nos lo recuerda con frecuencia.

Podemos meditarlo en dos partes:

La primera es el mensaje que quiere dar Pablo a sus queridos Filipenses para que tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

Para eso les presiona con la fuerza moral de la amistad que le tienen y pide:

“Si queréis darme consuelo y aliviarme con vuestro amor”.

Lo que quiere Pablo de los Filipenses es que se mantengan siempre unidos “con un mismo amor y un mismo sentir”.

Era lo que enseñaba Lucas de los primeros cristianos: “el grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma”.

Quiere que eviten rivalidades y ostentación y que cada uno se ocupe del bien de los demás más que del suyo propio.

Finalmente les pide que tengan entre ellos los sentimientos propios de Cristo Jesús.

En la segunda parte les presenta cuáles son esos sentimientos de humildad que vivió Cristo:

Era Dios y se encarnó en un cuerpo y alma humanos manteniendo su divinidad y sin embargo pasando entre los hombres como si fuera un cualquiera.

Se dejó matar para redimirnos con toda suerte de sufrimientos… pero Dios que es justo y fiel lo glorificó.

Ahora Jesús, Dios y hombre, “es el Señor” al que todos debemos adorar:

“Que toda lengua proclame que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”.

 

Verso aleluyático

Nos recuerda las palabras de Jesús “mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”.

Qué bonito es que Dios conozca nuestra verdad porque solo así puede estar en paz nuestra alma.

 

El Evangelio

San Mateo nos cuenta hoy una parábola de Jesús dirigida a los sacerdotes y ancianos del pueblo.

La verdad es que es fácil decir ‘sí voy’ y no cumplir. Esto es muy frecuente en nuestra vida familiar, social y también religiosa.

Por ahí va la parábola de Jesús.

El padre de dos hijos llama a uno y le dice: “ve hoy a trabajar a la viña”.

Él contestó: “no quiero”. Pero se arrepintió y fue.

Luego llamó al segundo para que fuera también a trabajar y le respondió: “voy Señor, pero no fue”.

Jesús aclara juntamente con los que le escuchan, que el que hizo la voluntad del Padre fue el primero y no el que aparentó obedecer.

Después de la parábola Jesús hace una dura advertencia a los dirigentes espirituales de Israel:

Ustedes que parecen los santos y directores espirituales del pueblo de Israel tengan en cuenta que los publicanos y prostitutas les llevan la delantera en el camino del Reino de Dios.

Jesús justifica esta afirmación con un hecho que aconteció pocos años antes:

“Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio los publicanos y prostitutas le creyeron”.

Creo que entendemos mejor las palabras de Ezequiel que nos enseñan que puede ser que el justo caiga en la maldad y que el pecador arrepentido preceda a los demás.

Tengamos en cuenta que quienes nos creemos buenos, generosos, predicadores excelentes, etc, a lo mejor tenemos que esperar para entrar en el cielo porque van delante con su arrepentimiento el borracho, el adúltero, el drogadicto…

¡Nos ganaron en el amor!

 

 

 

 

 

 

 

PERDONA Y TE PERDONARÁN

17.09.17

 

Con las lecturas de hoy la liturgia nos da una enseñanza sencilla que nos cuesta practicar porque somos orgullosos.  No soportamos la humillación porque somos creídos y nos duele que “un cualquiera” se atreva a herir nuestra fama, nuestros intereses, nuestros gustos y planes e incluso nuestros caprichos.

Por algo insistía Jesús en que le imitemos porque Él es “manso y humilde de corazón”.

Veamos las enseñanzas de hoy.

 

El Eclesiástico

Nos da una serie de consejos para conseguir el perdón de Dios. Todos ellos, en realidad, se reducen al tema central del día:

“Perdona la ofensa a tu prójimo y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas”.

Hace además una reflexión que parece de sentido común:

¿Cómo pedir perdón a Dios si no se perdona al prójimo?

“No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?”

Y termina diciendo: “recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo, (recuerda) la alianza del Señor y perdona el error”.

 

El salmo 102

El salmo responsorial nos enseña que Dios es misericordioso y debemos aprender de Él teniendo misericordia con el prójimo:

“El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia”.

Meditemos que la actitud de Dios frente a los pecados de los hombres es perdonar, fruto de su bondad y compasión:

“Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; Él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura… No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo”.

El salmo resalta, a continuación, que Dios no es como nosotros y “no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas”.

 

San Pablo a los Romanos

No somos señores unos de otros.  Tampoco somos señores de nosotros mismos.

Solo hay un Señor, Dios que se hizo hombre para redimirnos del pecado y conseguir que todos los hombres seamos sus servidores para felicidad nuestra.

Nuestro Redentor es el dueño de todo. Él quiso redimirnos porque sabe mejor que nosotros que solo en Él encontramos la verdadera felicidad.

Por eso “en la vida y en la muerte somos del Señor”.

El único dueño del mundo es Dios. Él solo tiene la paz, la alegría y el gozo que buscamos.

¡Que Él sea también nuestro único Señor!

 

Versículo aleluyático

Este versículo nos lleva a la plenitud del amor para con el prójimo.

Antes de Jesús la ley mandaba “amar al prójimo como a ti mismo”.

Con Jesús el amor, que llama “mi mandamiento” es mucho más profundo: “que os améis unos a otros como yo os he amado”.

¿Por dónde andas amigo? ¿Por el Antiguo Testamento o por el Nuevo, el de Jesús?

 

El Evangelio

Pedro preguntó a Jesús:

“Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le he de perdonar? ¿Hasta siete veces?”

Jesús le responde:

“Setenta veces siete” que no es cuatrocientos noventa… sino “siempre”, por el simbolismo de los números ya que sabemos que el siete indica perfección y plenitud.

La caridad es esencial en el Reino de Jesús.

Gustemos la parábola de hoy.

Jesús exagera para que entendamos la diferencia entre el amor de Dios al hombre y el amor del hombre a otro hombre.

Te invito a fijarte en dos cosas concretas:

+ La frase “ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

+ La diferencia entre diez mil talentos (una millonada) y cien denarios (sueldo de cien días para un obrero).

El Señor tiene compasión de su primer servidor y le perdona todo. En cambio él frente a las mismas palabras que le dijo el consiervo, no fue capaz de perdonar unos centavos y lo mandó a la cárcel.

Jesús quiere que aprendamos de Dios cómo debemos tratar a los hombres.

La última frase de la parábola es muy importante:

“Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

Todo esto nos invita a recordar la oración de Jesús:

“Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

 

 

 

 

 

 

 

NO TENGAN MÁS DEUDAS QUE EL AMOR

10.09.17

 

En este domingo la liturgia nos invita, de distintas maneras, a tener verdadero amor al prójimo para agradar a Dios.

 

Ezequiel

El profeta empieza el capítulo 33 con una comparación:

Si el centinela, al ver al enemigo, no avisa al pueblo, él es responsable de las muertes que haya. Pero si toca la trompeta y nadie hace caso, habrá muertos pero el centinela no es responsable.

Después de esta comparación, la liturgia nos pone alerta explicando que, cuando el profeta escuche la Palabra de Dios la transmita a Israel, de lo contrario será responsable del pecado de su pueblo.

El Señor dice:

“Si yo digo al malvado: malvado, eres reo de muerte, y tú no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa pero a ti te pediré cuenta de su sangre”.

Por el contrario si tú lo pones en guardia y el malvado no cambia “él morirá por su culpa pero tú has salvado la vida”.

Creo que la conclusión para nosotros es clara: debemos evangelizar y dar a conocer la Palabra de Dios para alertar al prójimo de lo que tiene que hacer. Cuando hayamos obrado así, la responsabilidad es del pecador si acepta o no la Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial (94)

El salmo, siguiendo la misma línea de Ezequiel, nos pone alerta para que escuchemos la voz de Dios y cambiemos de conducta.

Invitar al prójimo a la conversión es un apostolado y es una gran obra de caridad.

Por eso vamos a repetir en el salmo responsorial: “ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón”.

La invitación que nos hace este salmo es para glorificar a Dios, esa oración que muchas veces olvidamos y que es la más importante:

Aclamar al Señor, dar “vítores a la Roca que nos salva”.

La “Roca” es uno de los nombres que se dan a Dios en el Antiguo Testamento indicando el poder y la fortaleza de Dios.

El salmo continúa invitándonos a postrarnos en tierra bendiciendo a nuestro Creador “porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo”.

 

San Pablo

Seguimos con la carta de San Pablo a los Romanos a quienes da un gran consejo que debemos tener siempre presente. No estamos en el mundo para pelearnos entre nosotros, sino para crear entre los hombres el amor que ayuda, consuela, anima, etc.

San Pablo enseña esto con una bella frase: “A nadie le debáis nada más que amor”.

Debemos fijarnos en esto porque, como dice el apóstol, lo más importante es el amor porque “el que ama a su prójimo ha cumplido toda la ley”.

Pablo añade, finalmente, que el resumen de los mandamientos es “amar al prójimo como a ti mismo”.

 

Evangelio de San Mateo

Nos habla, en primer lugar, de la corrección fraterna.

La caridad exige el respeto a la fama del prójimo. Por eso, cuando vemos a un hermano que peca, no tenemos que “ventilar” su pecado para que todos lo sepan y tampoco dejarle para que siga pecando, sino que Jesús quiere que haya reprensión pero manteniendo la discreción para bien del prójimo.

Jesús nos explica los pasos que hay que dar cuando corregimos:

Primero, hablar a solas con el que ha pecado.

Segundo, si no hace caso, llamar a una o dos personas discretas para corregirlo en su presencia.

Tercero, si tampoco hace caso, hay que decirlo a la comunidad. Si no hace caso a la comunidad se le considera excluido de ella.

A continuación Mateo habla del poder que Jesús confiere a sus apóstoles para perdonar al que ha pecado:
“Lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo”.

La tercera parte del Evangelio de hoy es relevante. Jesús conoce cómo somos y que difícilmente nos ponemos de acuerdo unos con otros. Por eso nos advierte que cuando pidamos a Dios lo hagamos con otros y así promete que “si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo”.

Y la última afirmación es significativa y hermosa, si pensamos que nos lo está diciendo nuestro mejor Amigo, Jesucristo, nuestro Redentor:

“Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Imaginemos la belleza de un matrimonio que está casado por la Iglesia:

¡¡En medio de ellos está Jesús!!

Jesús es la fortaleza de nuestras familias y también de los amigos que nos unimos en nombre de Dios.

 

 

 

 

 

CUANDO EL QUE SEDUCE ES DIOS

03.09.17

 

En la liturgia de hoy podemos meditar cada uno hasta qué punto tenemos verdadera intimidad con Dios y cuánto nos condiciona el amor que le tenemos.

 

El profeta Jeremías

Jeremías se presenta como un muchacho que ha pasado un tiempo y repiensa su apostolado como profeta:

“Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir”… Medimos las fuerzas y Dios pudo más que yo.

Se dio cuenta de que el resumen de sus predicaciones y predicciones era poco agradable al pueblo de Israel y todos se reían del profeta.

Jeremías lucha y saca una dolorosa conclusión que nunca podrá cumplir: ya no quiero nada con Dios. No me acordaré más de Él:

“No hablaré más en su nombre”.

Sin embargo la conclusión y la realidad son distintas. Venció la Palabra del Señor porque le quemaba por dentro. Era fuego en sus entrañas.

Te invito a meditar:

¿Te ha seducido el Señor? ¿Sientes que su amor está por encima de todo?

¿Te comprometiste de verdad con tu Creador alguna vez en tu vida?

Por otra parte, ¿te has peleado y quisiste dejar a Dios porque… no triunfas como querías… porque murió un ser querido…?

¿Has mandado a rodar alguna vez a Dios?

¿Quién es más fuerte en ti, Dios o tú mismo?

Un consejo:

Déjate seducir por Dios. Un día le darás la razón.

 

Pablo a los Romanos

Muchos juegan con el cuerpo (el suyo o el de otros) y aceptan todo tipo de placer porque… ¡me gusta!

El cuerpo es indispensable para la vida humana. Dentro de él habita el alma que nos hace seres humanos: alma y cuerpo.

Dios al darnos la vida divina en el bautismo entró en nuestro ser y por tanto nos pide que la limpieza del cuerpo acompañe la santidad del alma en la que Dios habita.

Por eso pide el apóstol:

“Os exhorto por la misericordia de Dios a presentar vuestros cuerpos como hostia agradable a Dios”.

Por eso el mismo San Pablo, escribiendo a los Corintios les dirá:

“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?… ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habita en vosotros y habéis recibido de Dios”.

Y todavía es más fuerte la enseñanza de Pablo:

“Ya no os pertenecéis”.

El motivo es grande.

Todos nosotros “hemos sido comprados a buen precio”, la sangre de Cristo, como dirá San Pedro.

Pablo enseña también un poco antes en la misma carta:

“¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”

Sigue leyendo en particular 1Co 3,17.

Por nuestra parte terminamos con las palabras de Pablo:

“Glorificad a Dios con vuestro cuerpo”.

 

Verso aleluyático

¿Tiene ojos el corazón?

Pablo entiende que sí, de una manera metafórica, y es lo que nos recuerda este versículo del aleluya:

“El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama”.

Esta esperanza, como puedes entender en este domingo, es para la liturgia, la entrega total a Dios.

 

El Evangelio

El Evangelio de hoy trata de diversos temas:

Después de escoger a Pedro como su representante entre los apóstoles, Jesús advierte a todos “que tiene que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos… y ser ejecutado”. Y añade que “al tercer día resucitará”. Evidentemente que esto, si lo entendieron, fue demasiado fuerte para todo el grupo y Pedro llevando a Jesús aparte, le dice:

“¡No lo permita Dios! Eso no puede pasarte”.

Pero Cristo, no aceptando ese aparte de Pedro dice, de modo que lo oigan todos:

“Quítate, satanás, que me haces tropezar; piensas como los hombres, no como Dios”.

Jesús añade:

 “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”.

Terminemos pensando que si una persona se ha dejado seducir por Dios y ha vivido según el Evangelio debe sentirse feliz porque un día Jesús “vendrá… con la gloria de su Padre y entonces pagará a cada uno según su conducta”.

 

 

 

 

 

 

LAS LLAVES DE PEDRO

27.08.17

 

La idea central de este domingo nos lleva al momento en que Jesús hizo público que iba a fundar “mi Iglesia” sobre Pedro.

En ella interviene la Santísima Trinidad a la que Pablo nos invita a glorificar por sus planes maravillosos.

Además, interviene directamente el Padre revelando a Pedro que Jesús es su Hijo.

 

Isaías

La lectura del profeta se refiere a Sobná, el mayordomo del palacio de Jerusalén, que actuaba como ambicioso funcionario. Dios lo saca de su oficio y pone a Eleaquín, hijo de Elcías. A este lo exalta el Señor y es fácil encontrar la razón por la cual la liturgia de hoy nos presenta este texto.  

Según la Biblia de Jerusalén: “Abrir y cerrar las puertas de la casa del rey era una misión del visir egipcio cuyo equivalente en Israel es el maestro del palacio”.

Esa será la función de Pedro en la Iglesia, Reino de Dios.

Este texto también nos invita a leer el Apocalipsis (3,7):

“Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, de forma que si Él abre, nadie cierra y si Él cierra, nadie abre”.

Completando la idea recordemos la antífona de adviento, aplicada a Jesús:

“Oh llave de David y cetro de la casa de Israel”.

Con esto entenderemos más fácilmente el Evangelio de hoy.

 

Salmo responsorial (137)

Nos invita a cantar las maravillas del Señor y nos hace ver cuáles son los motivos especiales de esta acción de gracias: Dios escucha nuestras peticiones.

“Cuando te invoqué me escuchaste”, y así aumentó mi confianza en ti…

Gracias por la misericordia del Señor. Porque la preferencia del Señor son los humildes.

 

San Pablo a los Romanos

En este domingo seguimos leyendo la carta a los Romanos.

Después de haber exaltado la fidelidad del Señor con Israel, según hemos meditado en los domingos anteriores, Pablo entona un precioso himno a la grandeza del Señor cuya maravilla, en las lecturas de hoy, se encuentra en la fundación de la Iglesia para salvación de todos.

Dios es infinitamente más que todo lo que nosotros podemos imaginar.

Meditemos, pues, con fe:

“Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios. Qué insondables sus decisiones… Él es el origen, guía y meta del universo. A Él la gloria por los siglos”.

 

Verso aleluyático

Nos recuerda la parte del Evangelio de hoy, en la que Jesús, empleando una hermosa comparación, dice a Pedro:

“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y los poderes del infierno no la derrotarán”.

 

El Evangelio

Empecemos recordando que la palabra “Iglesia” equivale a “asamblea” o “comunidad” que aparece varias veces en el Antiguo Testamento, refiriéndose al pueblo de Dios.

Por eso el nombre que Jesús da a su comunidad es la continuidad, en cierto sentido, del Antiguo Testamento.

La Iglesia es el nuevo Pueblo de Jesús, el Reino, la nueva alianza.

Al hablar de la “confesión de fe” de Pedro, es el mismo Jesús quien nos advierte que es el Padre Dios el que ha revelado a Pedro quien es Jesús.

Recordemos que Jesús dijo un día “nadie conoce al Hijo sino el Padre”.

Cuando fuimos a Roma para la visita ad limina me impresionó ver que delante del altar donde concelebrábamos los Obispos del Perú, y separado por unos cristales, estaba el sepulcro de San Pedro.

Quizá no era eso lo que Jesús quería decir… pero es maravilloso pensar que hasta materialmente “sobre Pedro” está construida la basílica de San Pedro en el Vaticano.

Cuando Jesús dice “mi Iglesia”, está claro que no venía de parte del Padre a fundar una comunidad con todos los medios de salvación para que luego los hombres hicieran un montón de iglesias diciendo que todas ellas valen igual para salvarse.

Dios llama a todos, pero dentro de esa maravilla que es la Iglesia que fundó Jesús sobre Pedro.

Es cierto que quienes estamos en la Iglesia podemos tener una serie de defectos y pecados de una forma similar a los otros hombres, pero buscamos a Jesús y somos testigos de que por más problemas que dentro y fuera podamos encontrar,  “las puertas del mal no prevalecerán contra ella”.

En cuanto a “las llaves para abrir y cerrar”… ya hemos visto en la primera lo que significa:

Jesús ha escogido a Pedro como su vicario, como su representante en la tierra.

Respecto a “atar y desatar”, también sabemos que en el lenguaje judicial significa “prohibir o permitir”, “declarar lícito o ilícito”, es decir, el poder que Jesucristo otorga a Pedro para perdonar.

Esto es lo que Pedro, como representante de Cristo, significa para nosotros.

Amigos, amemos a la Iglesia y que nuestra vida sea el espejo de nuestra fe. Aprovechemos este día para agradecer a Dios el habernos acogido en su Iglesia.

 

 

 

 

 

 

DIOS LLAMA A TODOS

20.08.17

 

En el libro de Isaías Dios pide a su pueblo: “guardad el derecho y practicad la justicia que mi salvación está para llegar y se va a revelar mi victoria”.

Después, el Señor les dice a los israelitas cómo Él acogerá  a todos los extranjeros que quieran pertenecer a su pueblo “guardando el sábado, perseverando en la alianza con Él…”.

Es la gran apertura de Dios a todos los pueblos que leemos como una profecía en tiempos de este gran profeta.

El Señor promete llevar al monte santo y alegrar en su casa, que es casa de oración, a todos los pueblos.

Ten presente que la casa de Dios, donde tú también vas a rezar, es casa de oración y fe. Demuéstralo en tu silencio, tus actitudes y hasta en tu vestido.

 

Salmo 66

Los Santos Padres ven en un detalle de este salmo (que precisamente no se lee hoy en la Santa Misa) algo muy especial y aplican a María estas palabras: “la tierra ha dado su fruto”.

Para ellos María ha sido como la tierra fecunda que ha dado el “ciento por uno” y su fruto bendito ha sido Jesús.

El mismo salmo canta la alegría de Israel que espera el día en “que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben”.

Y por nuestra parte, aprovechemos para pedir a Dios con el salmista:

“Que Dios tenga piedad y nos bendiga, que ilumine su rostro sobre nosotros, conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación”.

En este último versículo podemos advertir un eco del tema del día en el que nos encontramos a Dios ofreciendo la salvación a todos los pueblos de la tierra.

 

San Pablo a los Romanos

El apóstol resalta un párrafo interesante que es continuación de lo que leímos el domingo anterior.

El pueblo de Israel, al que perteneció Pablo, rechazó a Jesús. Entonces el Señor, por medio de los apóstoles llamó a todos los pueblos, para que aprovecharan la salvación que el Mesías prometido había realizado con su pasión, muerte y resurrección.

Pablo, sirviendo al Evangelio, hizo realidad este plan de Dios y por eso se reconoce como “apóstol de los gentiles”.

¿Qué pasará entonces con el pueblo judío predilecto de Dios en el Antiguo Testamento?

Pablo hace una consideración muy especial:

Ellos no aceptaron al Mesías tan esperado y al abandonarlo y separarse de Él, Jesús fue una bendición para todo el mundo.

Pablo afirma que volverán y su regreso será una bendición mucho mayor para todos.

En la Iglesia siempre hemos esperado “a nuestros hermanos mayores” y pedimos a Dios que se encuentren con Jesús.

 

Verso aleluyático

Como una confirmación del tema central de este domingo el versículo de Mateo (4,32) nos dice que Jesús proclamaba el Evangelio del Reino “curando las dolencias del pueblo”; es decir, estaba cumpliendo su misión de evangelizar por todas partes, incluso el Evangelio de hoy nos lo presenta fuera del territorio de Israel.

 

Evangelio de San Mateo

Jesús, según el Evangelio de hoy, salió del territorio de Israel, que era propiamente el lugar donde tenía que evangelizar, y llegó hasta Tiro y Sidón. La fama de Él había llegado hasta allí. y una mujer, saliendo “de aquellos lugares”, le gritó, y su grito era extraño porque no le dolía nada a ella sino que el hecho de ser madre le hacía sufrir por su hija:

“Ten compasión de mí, que mi hija tiene un demonio muy malo”.

Los discípulos, que no habían recibido el Espíritu Santo por cierto, le pedían a Jesús un milagro solamente porque les molestaban los gritos de aquella mujer.

En ese momento Jesús actúa, ciertamente, de una manera extraña:
“No está bien echar a los perros el pan de los hijos”.

Ante esta respuesta ofensiva, humanamente hablando, la mujer tenía muchos motivos para molestarse y mandar a todos a paseo; sin embargo, se postró delante de Jesús y le dio una respuesta maravillosa que san Agustín explica diciendo que mientras por una parte Jesús probaba su fe con el insulto, por otra parte la animaba para mantener su fe en el Señor.

La respuesta serena y dulce de la madre le arranca el milagro a Jesús:

“Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”.

Fue la gran lección que venció el amor de Jesús y seguro que quedó grabado en el corazón de los apóstoles. Jesús mismo afirmó: “mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.

Y se curó la hija y la madre se fue feliz.

Esta es la gran lección para nuestra fe: confiar siempre en el Señor y estar seguros de que, aunque se nos haga extraño tarde o pronto Él nos escucha.

 

 

 

 

 

 

LOCOS POR EL SEÑOR

13.08.17

 

El gran Elías es un modelo para todos nosotros. Fiel hasta la locura a la misión que Dios le había confiado, soportó todas las dificultades desde el inicio como profeta hasta que un carro de fuego lo arrebató.

Elías fue el representante de los profetas que se apareció en el Tabor, junto con Moisés, en la transfiguración de nuestro Señor Jesucristo.

Fue fiel. Acabó con los sacerdotes que daban culto idolátrico a Baal. Precisamente por esto Jezabel, la reina, amenazó a Elías con matarlo “antes de mañana”.

Tuvo que huir. En el desierto el Señor le envió un ángel que le dijo:

“Levántate y come”.

Rico pan y agua fresca.

Segunda vez lo despertó el ángel y le repitió:

“Levántate y come, que el camino es largo”.

En este alimento los Santos Padres ven un símbolo de la Eucaristía que todos necesitamos para caminar por el mundo, porque el camino hacia la Patria es largo.

“Cuarenta días y noches” caminó por el desierto Elías.

Esto nos recuerda los cuarenta días que Jesús estuvo en el desierto y cómo también los ángeles le servían.

Llega Elías al monte Horeb (el Sinaí). Dios se manifiesta en la brisa suave y no entre truenos o terremotos, como en otras ocasiones. El Señor le pregunta: “¿qué te trae por aquí?”.

Elías dice su verdad: “ardo en celo por el Señor”. Es como decir “me trae la pasión por mi Dios”.

En realidad ese era el resumen de la vida del profeta Elías: loco por Dios.

Amigo, ¿vives tú apasionado por Dios?

¿Es Dios el amor de tu vida?

Con esta explicación entenderás mejor la parte del libro primero de Reyes que leemos hoy.

 

Salmo responsorial (84)

Misericordia, fidelidad, justicia y paz.

Este es el canto del salmo responsorial que nos presenta a Dios y nos invita a escucharlo:

“Voy a escuchar lo que dice el Señor: Dios anuncia la paz a su pueblo… La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan… La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos”.

 

Lectura de la Carta a los Romanos

San Pablo enamorado de Cristo no dejó de amar a su pueblo Israel y nos da una prueba de su amor llegando a decir: “siento una gran pena y un dolor incesante en mi corazón pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo”, es decir, que estaba dispuesto a condenarse para salvar a los de su raza. Solo un loco de amor puede decir esto.

 

Evangelio

El Evangelio de San Mateo nos enseña cosas muy importantes de la vida de Jesús. Veamos brevemente:

+ Jesús ha dado de comer a la multitud y apura a los discípulos para que se vayan en la barca a la otra orilla.

+ Él despacha a la gente porque busca la soledad.

+ Él solo sube al monte y permanece toda la noche en comunicación con su Padre.

Tenemos que aprender de Jesús a buscar tiempos largos para la oración.

+ Los discípulos reman contra el viento y se hace larga la llegada a la otra orilla.

+ Jesús, quizá con un tanto de humor, se acerca a ellos caminando sobre el agua.

Ellos se asustan.

Jesús los anima: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”.

+ Pedro, impulsivo como siempre, le pide caminar sobre el agua. Jesús le dice: “Ven”.

Cuando Pedro se ve caminando entre la barca y Jesús, se le apaga la fe y empieza a hundirse.

Sin embargo de nuevo le brota la fe y le dice: “Señor, sálvame”.

Jesús le advierte: “Qué poca fe. ¿Por qué has dudado?”

+ El Evangelio de hoy termina con un acto de fe impresionante por parte de los apóstoles que al haber contemplado a Jesús y a Pedro, exclamaron:

“Realmente eres hijo de Dios”.

Amigos, ¿hasta dónde llega nuestra fe?

¿No seremos un poco como Pedro que cree… duda… vuelve a creer…?

Señor Jesús, aumenta nuestra fe.

 

 

 

 

 

 

LA VOZ DEL PADRE EN LA TRANSFIGURACIÓN: ESCÚCHENLO

06.08.17

 

El misterio de la transfiguración de Jesús del que hablamos hoy encierra maravillas que no solamente se refieren a Jesucristo, sino como dice el prefacio de este día, es para alentar “la esperanza de la Iglesia, al revelar en sí mismo la claridad que brillará un día en todo el Cuerpo que le reconoce como Cabeza suya”.

Entre los miembros de este Cuerpo estamos tú y yo, ¿no es cierto?

 

La visión de Daniel

En la visión de Daniel de la primera lectura, aparece “un anciano… su vestido era blanco como la nieve y su cabello era como lana limpísima”.

Sin duda quiere representar a Dios mismo con características que manifiestan su grandeza y eternidad.

Daniel durante la “visión nocturna vio venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre que se acercó al anciano y se presentó ante él”.

Seguramente has recordado las palabras de Jesús ante el sanedrín cuando solemnemente dijo:

“Desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo”.

Este es Jesús que se llamó a sí mismo Hijo del hombre y que hoy Daniel dice que “le dieron poder real y dominio. Todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno”.

Este es el Jesús que hoy nos presentará, aunque de manera muy breve, el Evangelio de la transfiguración.

 

El salmo 96

Nos habla del señorío de Dios y por tanto de Jesucristo que es Dios. Precisamente para resaltar la grandeza de Jesús se pone hoy este salmo:

“El Señor reina Altísimo sobre toda la tierra”.

Esta es la parte que repetiremos todos con fe, mientras el lector continúa resaltando la belleza de su reinado:

“El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables…

Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra”.

Glorifiquemos gozosos al Hijo de Dios como hoy nos pide nuestro Padre Dios.

 

San Pedro

En su segunda carta San Pedro, recordándonos que él estuvo allí presente, alude a la transfiguración con estas palabras:

Jesucristo, “Él recibió de Dios Padre honra y gloria cuando la sublime gloria le trajo aquella voz: ‘este es mi Hijo amado, mi predilecto’”.

Al recordar estas palabras del Padre Dios a Jesús, Pedro nos anima a fiarnos de las Escrituras porque han sido inspiradas por el Señor.

 

Versículo aleluyático

Nos recalca las palabras del Padre en la transfiguración. Es de advertir que en este momento el evangelista añade una palabra muy importante al mensaje del Padre en el bautismo de Jesús.

Esta palabra es un mandato: “¡Escúchenlo!”

Tenemos que meditar largamente este mandato del Padre, puesto que el Verbo de Dios encarnado es la Palabra engendrada en la eternidad por el Padre Dios y ahora nos la entrega para que en ella podamos conocer todo lo que Dios quiere de nosotros.

 

Evangelio

Examinemos la escena que nos presenta hoy San Mateo.

Los tres discípulos han subido con Jesús a un monte alto que es el Tabor.

En un momento de oración, sin duda, hay una manifestación trinitaria que resalta la grandeza de Jesucristo.

“La nube” que lo envuelve todo, como en otras manifestaciones, es el Espíritu Santo.

En ese momento se oye una voz que, por lo que dice, sabemos que es del Padre:

“Este es mi Hijo amado, escuchadle”.

La segunda Persona aparece resplandeciente con belleza más divina que humana.

Por otra parte, como en sumisión a la Palabra del Padre, aparecen los representantes de la ley y los profetas, Moisés y Elías, conversando con Jesús sobre su muerte.

Se ve a los discípulos derribados en el suelo, impresionados, ante la grandeza de tal manifestación.

Está claro que con esta Transfiguración Jesucristo quiere fortalecer la fe de sus apóstoles para el momento de la pasión y crucifixión.

Por eso se explica que cuando acaba todo, Jesucristo dice a sus apóstoles:

“No contéis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.

Amigo, meditemos cómo nos enseña la Iglesia que esta transfiguración de Jesús es para todos nosotros la esperanza cierta de que también un día nuestro cuerpo, unido al alma, será transfigurado en el cielo con Dios para siempre.

 

 

 

 

 

 

LAS EXIGENCIAS DEL REINO Y SU RECOMPENSA

30.07.17

 

En este domingo continuamos hablando del Reino.

Hoy vamos a descubrir otros detalles muy importantes para ir conociendo cómo tenemos que vivir los que pertenecemos al Reino de Dios.

Reflexionemos por orden las lecturas del día.

 

Primer libro de Reyes

Salomón tiene la gran oportunidad que ya quisiéramos tener cada uno de nosotros.

El Señor se le apareció en sueños y le dijo: “Pídeme lo que quieras”.

Será bueno que hagas una pausa y pienses qué le dirías tú a Dios si ahora te hiciera esta oferta.

Salomón en lugar de pedir cosas materiales le pide “un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien”.

Al Señor le encantó el pedido de Salomón y le ofreció todo:

“Te doy un corazón sabio e inteligente como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti”.

Y junto a esto Dios le dio todas las riquezas que ni podemos imaginar y un reinado de paz hasta que lamentablemente su corazón se apartó de Dios.

 

Salmo responsorial (118)

Con sus 176 versículos es el más largo de todos los salmos.

La liturgia escoge unos versículos que comienzan con una hermosa frase que nos viene muy bien para el Evangelio de hoy:

“Mi porción es el Señor”.

El Señor es la herencia más maravillosa. Precisamente hace unos días meditábamos en San Pablo que somos herederos de Dios y que esa herencia la compartimos con Cristo.

Estas son también las palabras que cantan los religiosos al consagrarse a Dios.

El resto del salmo busca alabar y bendecir la bondad de Dios que nos ha dado sus mandamientos.

Después de cada versículo repetiremos esta frase que encierra el secreto de la santidad:

“Cuánto amo tu voluntad, Señor”.

 

Romanos 8

Continuamos con este capítulo de San Pablo. Se trata de un pasaje hermoso que hemos ido meditando ya en varios domingos anteriores.

Hoy nos dice “que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien”.

Y es que el Señor triunfará siempre, y los suyos con Él, aun cuando se trate de los peores males de este mundo.

La Biblia de la CEE cita, para este versículo, las palabras de santa Catalina de Siena:

“Todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre. Dios no hace nada que no sea con este fin”.

 

Evangelio del Reino

Hoy nos cuenta Jesús tres parábolas. En ellas aparecen claramente las exigencias que encierra este “Reino de Dios” o “Reino de los cielos”.

+ La primera nos habla de un hombre que, trabajando el campo de otro, encuentra un tesoro, lo cubre y disimula y va a comprar el campo.

El dueño le exige una cantidad que le supone perder todo lo que tiene, pero como está seguro que el tesoro vale mucho más, pierde todo lo suyo pero se queda con el tesoro.

Jesús añade un pequeño detalle, el desprendimiento llenó de alegría al que se  lo jugó todo.

+ La segunda parábola es muy similar: un comprador de perlas queda fascinado por una mucho más preciosa y vende todo lo que tiene para comprar la apreciada joya.

Está claro que la perla y el tesoro personifican a Cristo el cual, por ser Dios, es el único que puede exigirnos todo y también nuestro corazón.

Antes de hablar de la tercera parábola será bueno meditar si nosotros al escoger vivir en el Reino de Dios y desprendernos de cosas, situaciones, personas, etc., nos hemos quedado tristes por la pérdida o alegres por poder pertenecer al Reino de Dios y tener a Jesús como nuestro tesoro.

+ La tercera parábola de hoy habla de la red.

Jesús dice que los ángeles, al final de los tiempos, harán como los pescadores a la orilla del mar:

“Separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego”.

Ahí tenemos la recompensa de Dios a quienes se exigen mucho para entrar y vivir en su Reino.

El Evangelio de hoy termina con unas palabras interesantes que nos enseñan que cuando se convierte uno al Reino de Dios, acepta la novedad del Reino que Jesús ofrece en el Nuevo Testamento, pero  no olvida las maravillas que encierra también el Antiguo Testamento:

“Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo”.

Creo que ahora tenemos la alegría de conocer mejor el Reino de Dios al que pertenecemos los que entramos en la Iglesia de Jesús.

¡Seamos valientes!

 

 

 

 

 

 

 

LAS PARÁBOLAS DEL REINO

30.07.17

 

Jesús habla mucho del Reino pero nunca lo define.

Quiere que “oyendo con los oídos” de la fe descubramos las maravillas del Reino y aprendamos cómo se actúa en él.

Sabemos incluso que los apóstoles llegaron a identificar tanto el Reino con Jesús que, a partir de su resurrección, generalmente no hablan del Reino sino de Jesús. No predican el Reino sino a Jesucristo.

Hoy Jesús nos muestra el Reino en tres parábolas de las cuales nosotros debemos sacar las características del Reino para nuestra santificación:

 

La cizaña

Dios siembra buena semilla pero con el trigo aparece la cizaña que el maligno, que no es otro que el demonio, enemigo de Dios y de los hombres, sembró.

Es preciso que luchen la santidad y el pecado hasta que al final, en la siega, la cizaña irá al fuego y el trigo a los graneros de Dios.

 

La mostaza

Esta parábola muestra la fuerza incontenible del Reino de Dios a donde vienen toda clase de personas buscando refugio.

 

La levadura

La parábola de la levadura nos enseña cómo los cristianos en el mundo tienen una fuerza interior que lleva a la humanidad del pecado a la gracia.

 

Por su parte el Catecismo Católico nos habla largamente del Reino. Recordemos unos detalles para interiorizarlos en este día:

El Reino es el corazón de la enseñanza de Jesús y nos enseña que al rezar pidamos siempre:

“venga a nosotros tu Reino”.

El Reino de Dios está cerca: fue el resumen de la predicación de Jesús como leemos en Marcos (1,15): “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca”.

Jesús explicó un día “el Reino está dentro de ustedes”.

La cercanía del Reino exige nuestra conversión y la acogida del Evangelio que anuncia Jesús:

“conviértanse y crean en el Evangelio”.

El Padre ha enviado a su Hijo para que reúna a todos los hombres. Esta reunión (la Iglesia) la hace Cristo que es el corazón de esta familia de Dios.

 

San Pablo a los Romanos

Les enseña que para ser fuertes contamos con el Espíritu Santo “que viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables”.

Lo que hemos de pedir es que todos los llamados por Dios a su Reino crezcamos unidos como la familia de Dios en el mundo.

El Espíritu Santo nos ayudará.

No olvidemos que si buscamos “el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás se nos dará por añadidura”.

 

El salmo 85

Es una bella oración a Dios que es bueno y clemente.

Meditemos con detención: “Señor, tú eres bueno y clemente, rico en misericordia… Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor… Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí”.

 

El libro de la Sabiduría

La primera lectura nos advierte que no hay más que un solo Dios que cuida de todo, sin competencia, porque Él es el único Dios y Creador.

Él juzga, gobierna y perdona.

Su poder es absoluto.

Esta lección es muy especial para nuestros días cuando los hombres han rechazado al Dios verdadero y pretenden exaltar y adorar los valores del maligno, y al maligno mismo, como si el pecado fuera su Dios, al que adoran.

Recordemos las primeras palabras de esta lectura:

“¡Fuera de ti no hay otro Dios!”

 

Verso aleluyático

Terminemos la reflexión de hoy con este versículo aleluyático:

“Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del Reino a la gente sencilla”.

 

 

 

 

 

 

LOS SENCILLOS SABEN MÁS QUE LOS SABIOS, ¡ESCÚCHALOS!

09.07.17

 

El orgullo de los sabios de este mundo no tiene límites, pero a la larga nos damos cuenta que los que ellos rechazan llamándolos ignorantes, necios, sencillos… son quienes tienen razón y sobre todo conocen las cosas de Dios.

Lo veremos en el Evangelio de hoy.

 

Zacarías el profeta

El párrafo de hoy es claramente mesiánico:

“Así dice el Señor: alégrate hija de Sión”.

El profeta habla de la hija de Sión, personificación de la ciudad de Jerusalén y la trata como a una gran reina.

Sabemos que la liturgia con frecuencia aplica a María este título y especialmente en el párrafo citado, que es el eco de las palabras del ángel Gabriel: “alégrate María”.

El motivo de la alegría que profetiza Zacarías es que “tu rey viene a ti justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna”.

Es la imagen que nos presentará Mateo (21) cuando narra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Mateo, después de citar a Zacarías, añade:

“Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó… y la gente… gritaba: ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”

En esta sencillez, montando un borrico, Jesús cumple esta profecía que llena de júbilo a Jerusalén, a la Iglesia y a cuantos creemos en el Señor.

 

Salmo responsorial (144)

El salmo reúne una serie de alabanzas a Dios y motivos para hacerlo.

Te invito a meditar cómo el Señor es “fiel a sus palabras y bondadoso en sus acciones”.

Esta grandeza de Dios, su clemencia, su misericordia, es una continua invitación para glorificar a nuestro Creador, Dios uno y trino:

“Te ensalzaré Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día te bendeciré y alabaré tu nombre”.

Por tu parte, añade otros motivos personales para glorificar siempre y bendecir el nombre del Señor.

 

San Pablo

En la carta a los Romanos, el apóstol nos presenta la lucha entre la carne y el Espíritu; o sea, entre el pecado y la gracia de Dios.

En medio de esa lucha “los que están en la carne”, es decir, los que escogen el pecado, no pueden agradar a Dios porque no tienen el Espíritu de Cristo.

Pablo sabe que los que le leen tienen, desde el bautismo, el Espíritu Santo. Este Espíritu Santo es el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos. Por eso añade:

“Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en vosotros”.

En estas palabras inspiradas por Dios, se basa nuestra esperanza de resucitar, no solamente el alma, que Dios ha hecho inmortal, sino también la resurrección del cuerpo.

 

El Evangelio

El Evangelio de hoy adquiere un valor muy especial.

Vemos que  muchos que tienen el poder en el mundo y algunos hombres de ciencia, niegan a Dios y su obra maravillosa de la creación. Dicen que unos hombres hipotéticos, que nunca existieron, crearon este mundo maravilloso, o que este mundo se hizo a sí mismo.

Ellos no saben la verdad.

No pueden saberla porque la ciencia hincha y el poder ciega.

Por eso Jesús en un momento de profunda oración nos aclara el plan de Dios para confundir a los soberbios e iluminar a los sencillos.

Se trata de una breve y bellísima oración de Jesús hablando al Padre:

“En aquel tiempo tomó la palabra Jesús y dijo”, leemos en Mateo.

Lucas hace una introducción muy especial para destacar la importancia de estas palabras que luego inspirarán a santa Teresa del Niño Jesús “el caminito” de la infancia espiritual.

 “En aquella hora se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo”.

Podemos pensar que se trata de una oración muy importante que hace Jesús para enseñar a los suyos. Es también interesante que estos dos sinópticos nos transmitan literalmente esta oración de Jesús al Padre.

Meditemos:

“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Es claro que la ciencia de Dios es regalo para los que le buscan y aman con sencillez.

Finalmente, el párrafo de nuestro Evangelio de hoy termina con una invitación de Jesús para que en las pruebas y trabajos de la vida contemos con Él.

 

 

 

 

 

JESÚS, EL PRIMER AMOR, ES EXIGENTE

02.07.17

 

Nos admiran las exigencias de Jesús. Son fuertes a veces. Pero lo hace por nuestro bien: siguiendo a Jesús con la cruz en esta vida, gozaremos de Él en el cielo y todo porque Jesús es Dios…

Jesús es nuestro primer amor.

Hoy meditaremos el ejemplo de Eliseo, sacrificado y hombre de oración.

Pablo nos predica una vida nueva para Dios en Cristo.

Y Jesús nos dará unos consejos para ser apóstoles suyos.

 

Eliseo

El libro de los Reyes nos cuenta que Eliseo pasaba por Sunam y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer y, siempre que pasaba por allí iba a comer a su casa.

La mujer viendo que se trataba de un hombre bueno le dijo a su marido:

“Este hombre es un santo, hay que hacerle una habitación en la casa para que se hospede cuando venga por aquí”.

De esta manera, en el piso superior, hizo una habitación pequeña “le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil”.

De esta pequeña habitación han tomado muchos monasterios el modelo de “celda” para los religiosos, sobre todo los de clausura.

Si quieres completar el relato has de saber que Eliseo fue generoso con ellos y un buen día le dijo a la mujer: “al año que viene, por estas fechas, abrazarás un hijo”.

Ese fue el regalo del gran taumaturgo para recompensar los servicios de esta familia que era estéril.

 

Salmo responsorial (88)

Glorificaremos a Dios con estas palabras:

“Cantaré eternamente las misericordias del Señor”.

El salmo nos pone unos motivos concretos para la alabanza:

“Su fidelidad por todas las edades… porque dije: tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad”.

Una bella comparación que presenta la misericordia como un edificio y la fidelidad como el mismo cielo.

El nombre del Señor es el gozo de su pueblo: el Señor es escudo, es rey.

Al hacer tu oración puedes recordar todos estos títulos para alabar al Señor y unir tus motivos para glorificarlo.

 

San Pablo a los romanos

A veces tomamos el sacramento del bautismo como algo superficial y nos fijamos en si llora el niño, en quién prende la vela y cómo va a ser el banquete después del bautismo.

Sin embargo, este sacramento es mucho más serio:

“Por el bautismo nos incorporamos a Cristo”.

Nada más con esto tendríamos para meditar largamente.

Esta incorporación (meternos en el Cuerpo de Cristo) la concreta Pablo diciendo que hemos sido incorporados en su muerte y en su resurrección.

Como consecuencia de esto nos pide el apóstol “que debemos andar en una vida nueva”.

Y profundiza: si hemos muerto con Cristo y resucitado con Él “creemos que también viviremos con Él” porque la muerte ya no tiene dominio sobre nosotros ya que “su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre y su vivir es un vivir para Dios”.

Por eso añade: “Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”.

En resumen, el bautismo nos incorporó a Cristo, muerto y resucitado, para que nosotros, muertos al pecado, “vivamos para Dios en Cristo”.

Maravilloso programa de todo cristiano: nuestra meta es Dios y el camino es Cristo.

 

Aleluya

El versículo aleluyático pertenece a San Pedro (1P):

Somos “raza escogida, sacerdocio real, nación consagrada”… y todos tenemos la misma misión: proclamar las maravillas que ha hecho Dios sacándonos de las tinieblas del pecado para entrar en su luz admirable.

 

El Evangelio

Es el último párrafo del famoso capítulo diez de San Mateo y en él leemos una serie de pensamientos sueltos:

*Jesús es el primer amor porque es Dios y solo porque es Dios puede exigir que una criatura le ame más que a sus padres y familiares.

Al ver esta exigencia de Jesús puedes preguntarte con sinceridad a quién amas más.

Ahí queda esa pregunta.

*También pide Jesús que carguemos con la cruz y le sigamos, porque el discípulo tiene que compartir la cruz con su Maestro.

*Los apóstoles deben ser recibidos por el servicio que hacen en nombre de Cristo. Ellos nos enseñan y nos alimentan con los sacramentos y nos gobiernan en nombre de Cristo para que sigamos al Buen Pastor.

*Finalmente, Jesús nos promete que Dios será generoso con nosotros si ayudamos a los demás, especialmente a los más pobres y sencillos y no dejará de recompensarnos:

“El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, solo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro”.

 

 

 

 

 

GRACIAS JESÚS: ¡TE ENTREGASTE POR MÍ!

25.06.17

 

Los profetas suelen desahogarse ante el Señor y piden ayuda en los momentos más duros.

El gran profeta Jeremías lo hace de una manera especial. Lo meditamos hoy:

 

Jeremías

La Biblia nos presenta estos momentos fuertes de la vida del profeta como “confesiones de Jeremías”. En ellas se queja ante Dios y se desahoga, pero se mantiene fiel por encima de todo.

La “confesión” de hoy es muy llamativa. Tiene una primera parte que no leemos este día, pero es la más bella y conocida:

“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”.

Después pasa a los sufrimientos que tiene que soportar por parte de la gente, pero sobresale su confianza en el Señor que expresa así:

“Pues te he encomendado mi causa”.

Luego Jeremías nos invita, a pesar de sus sufrimientos:

“Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de la mano de gente perversa”.

En los versículos siguientes sigue desahogándose Jeremías.

Esta actitud de desahogo, e incluso con sus mismas palabras, las podemos repetir posiblemente todos nosotros. Podemos decir que esta oración pudo hacerla Jeremías. Pero también el pueblo; Jesús en su vida y pasión. Y también nosotros en algunos momentos.

De una manera especial hagamos esta oración en nombre de los hermanos tan perseguidos en nuestro tiempo y a pesar de todo fieles a la fe.

Será bueno leer hoy el Catecismo Católico (2584) para entender a los profetas y sus oraciones:

“En el cara a cara con Dios, los profetas extraen luz y fuerza para su misión. Su oración no es una huida del mundo infiel, sino una escucha de la Palabra de Dios, es a veces un debatirse o una queja, y siempre, una intercesión que espera y prepara la intervención del Dios salvador, Señor de la historia”.

Hoy nos hemos entretenido un poco con el profeta Jeremías y sus desahogos.

Nos quedan las otras lecturas que nos  ofrecen buenas enseñanzas.

 

San Pablo

Nos recuerda cómo por un solo hombre, Adán, entró el pecado en el mundo, pero hubo un personaje mucho más maravilloso que vino a redimirnos para conseguirnos el perdón de Dios.

Su muerte fue nuestro rescate.

Como Jesús es Dios, Pablo nos advierte:

“Si por el delito de uno murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos”.

(Te invito a completar esta importante lección leyendo Rm 5,12-21).

 

Salmo responsorial

El salmo (68) recoge las angustias que sufrieron los profetas. Especialmente podemos aplicar este salmo a Jesús durante la pasión:

“Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí”.

 

Evangelio

San Mateo, en su famoso capítulo diez, el capítulo misionero, habla de las persecuciones que soportarán los suyos.

Los perseguirán como persiguieron a los profetas y al mismo Jesús.

Pero Jesús, en un párrafo hermoso, nos pide que a pesar de todo “no les tengáis miedo”... porque a la hora de la verdad “los que matan el cuerpo no pueden matar el alma”.

El Padre Dios es el dueño de todo. Por eso Jesús nos pide que confiemos en Él, cuya providencia cuida de los gorriones, ninguno de los cuales cae al suelo “sin que lo disponga vuestro Padre”.

Y este Padre Dios cuida a sus hijos con mucho más cariño que a los pajaritos, hasta el punto que “tenéis los cabellos de la cabeza contados” por Él.

Al final Jesús vuelve a insistir:

“No tengáis miedo”.

Buena lección para tenerla en cuenta en tantos ambientes difíciles de hoy.

Después de esto y de cuanto nos ha dicho Pablo ¿quién no confiará plenamente en Jesús que ha hecho tanto por nosotros?

De todas formas ahí quedan las últimas palabras del Evangelio de hoy:

“Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.

Gracias, Jesús, porque te entregaste por mí.

 

 

 

 

 

 

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

18.06.17

 

La fiesta de hoy nos recuerda a todos, el olor a incienso, las flores, el palio que llevan hombres serios, y el sacerdote reverente con los ojos clavados en la hostia que lleva metida en la custodia, que parece un sol con sus rayos de oro.

Es la gran fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.

La Iglesia en estos días que siguen a la Pascua, nos va entresacando los misterios más bellos que hemos vivido durante ella. Quiere que los adoremos y agradezcamos. Algunos de ellos son: la Santa Trinidad que nos ha dado todo, Cristo sumo y eterno Sacerdote, el Sagrado Corazón de Jesús y el Cuerpo y Sangre de Cristo que celebramos hoy:

Bajo las especies de pan y vino, granos molidos y uvas exprimidas, está Jesús después de la consagración. Así de simple:

Está Jesús con su Cuerpo glorioso, su Alma bendita y su Divinidad de Hijo de Dios:

¡Es nuestra fe!

 

El prefacio

Nos recuerda cómo el Señor, “al instituir el sacrifico de la eterna alianza, se ofreció a sí mismo como víctima de salvación”.

En el Antiguo Testamento hubo una alianza de Dios con Moisés. Se selló con sangre de animales y hubo una ley, el Decálogo, que todos conocemos.

Esta fue la primera alianza.

Ahora hay un sacerdote nuevo, una ley nueva (“mi mandamiento”)  y una víctima nueva que ya no es sangre de animales sino la Sangre santísima de Jesús, ofrecida en la cruz de una vez para siempre.

Con su sangre comienza una alianza nueva entre Dios y los hombres.

Es la alianza profetizada varias veces en el Antiguo Testamento. Una “alianza nueva y eterna”.

Para que se perpetuara, Jesús Sumo y Eterno Sacerdote pidió que los apóstoles y sus sucesores ofrecieran la misma víctima muchas veces:

“Hagan esto en memoria mía”.

Con ese sacrifico la Carne de Cristo se convierte en verdadera comida y su Sangre es la bebida que nos santifica. Su Cuerpo y su Sangre son la prenda segura de nuestra salvación.

Nos salvamos si comemos la Eucaristía:

“El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”.

 

La primera lectura

Hace alusión al maná que Dios regaló a los Padres en el desierto.

Y si bien algunos a veces se sintieron “hastiados por aquel pan sin cuerpo”, la Tradición nos enseña que el maná sabía a cada uno según aquello que deseaba comer.

Cuando hacemos la bendición del Santísimo Sacramento recordamos el don del maná al decir:

“Les diste pan del cielo que contiene en sí todo deleite”.

 

San Pablo

El apóstol recuerda a los Corintios que en la Santa Misa “el cáliz de bendición que bendecimos es la comunión con la Sangre de Cristo y el pan que partimos es comunión con el Cuerpo de Cristo”.

Según Pablo el fruto de la comunión que compartimos los cristianos tiene que ser la unidad y así, “aunque somos muchos formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan”.

 

Evangelio

El Evangelio nos lleva una vez más a la sinagoga de Cafarnaúm.

Allí Jesús hace la gran promesa que escandaliza a los fariseos y que, medio a ciegas, aceptan  los apóstoles.

Los primeros dicen “dura es esta doctrina”.

Y los segundos, con Pedro, dicen: “Tú tienes palabras de vida eterna”.

Meditemos nosotros la valiente promesa de Jesús (valiente porque le costó la vida):

“Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su Sangre, no tendréis vida en vosotros”.

Muchos cristianos no comulgan y la Iglesia ha tenido que ponernos una obligación: comulgar al menos una vez al año “por Pascua florida”.

¿Cómo es posible esto?

¿Hemos perdido la fe en el gran regalo de Jesús, la Eucaristía?

Amigos, comulguemos siempre que podamos y sigamos también las santas tradiciones de la Iglesia, como son: las procesiones del Santísimo Sacramento, la visita y adoración a Jesús Eucaristía.

Jesús en la Eucaristía es la luz que ilumina nuestro camino hacia el corazón de Dios.

 

 

 

 

 

NUESTRA FE EN LA TRINIDAD SANTA

11.06.17

 

Hoy es un día muy especial para la liturgia, es decir para la Iglesia y para nuestra vida personal.

La Iglesia nos habla de este misterio en el domingo siguiente a Pentecostés, pero todo el año y siempre nos está invitando a hacer cada una de nuestras obras en honor de la Santísima Trinidad. Por otra parte, en todas las oraciones que hace la Iglesia invoca a nuestro Dios uno y trino.

Qué santa sería una persona que cuando hace cualquiera de las cosas, aún más sencillas de la vida, repite con atención y amor:

Esto lo hago en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

De todas formas vamos a las lecturas del ciclo A donde encontraremos grandes enseñanzas para meditarlas y amarlas.

 

La primera lectura

Nos presenta la definición que Dios da de sí mismo a Moisés:

“Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”.

Te invito a que de esta lectura del Éxodo saques una conclusión muy importante para tu vida y para conocer el corazón humano que busca a Dios inconscientemente: es el hambre de Dios.

Moisés no se contenta con la visión mística que le ha regalado Dios, sino que le pide con todas sus fuerzas y en una actitud muy humilde, echado por tierra:

“Que mi Señor vaya con nosotros”.

A pesar de las infidelidades Moisés seguirá exigiendo a Dios que lo acompañe siempre y no solo a él sino al pueblo que Dios se ha escogido.

 

Un saludo especial

En la Santa Misa, con frecuencia oyes este saludo inicial, después de haber invocado a la Santísima Trinidad:

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con todos vosotros”.

¿Sabes de dónde viene este saludo especial?

De la carta de San Pablo a los corintios que leemos hoy.

En este saludo se pide la bendición del Dios uno y trino para toda la asamblea que participa en la Eucaristía.

Ahí tienes nombrada, de una manera concreta, a las tres Divinas Personas.

Después de meditar este saludo, te invito a reflexionar en las primeras palabras del parrafito de hoy. Son muy importantes:

- Es una invitación a la alegría, cosa que frecuentemente nos repite San Pablo.

- Viene después la invitación a la conversión.

- También pide que nos animemos unos a otros, porque muchas veces en la vida necesitamos unas palabras de aliento.

- Finalmente, el apóstol nos pide que vivamos en paz teniendo unos sentimientos comunes entre todos, como nos dirá San Lucas que los tenía la primera comunidad cristiana:

“Tenían un solo corazón y una sola alma”.

 

Verso aleluyático

Es una invitación a la alabanza.

La liturgia continuamente nos pide a glorificar a Dios con estas palabras:

“Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo”.

Lo repetimos al comienzo de las Horas del Oficio Divino y al final de cada uno de los salmos.

Y es que lo más grande que puede hacer una criatura es glorificar a su Señor.

 

Evangelio

En cuanto al Evangelio, hoy nos encontramos con las palabras tan conocidas de Jn 3,16.

Si profundizas las primeras palabras, te das cuenta de que al hablar del “amor” habla del Espíritu Santo; al hablar de Dios habla del Padre y al hablar del Hijo unigénito se refiere a la segunda Persona de la Santísima Trinidad.

La obra de amor de la Santísima Trinidad ha sido, pues, entregarnos al Verbo, encarnándolo, para que podamos tener vida eterna.

En este párrafo del Evangelio encontramos también una respuesta muy clara para quienes preguntan por qué, si Dios es bueno, condena a los pecadores. Medita le respuesta:
“El que cree en Él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.

Está claro que cada uno se prepara la salvación o la condenación, según que acepte o rechace libremente al Verbo encarnado, Jesucristo.

 

Prefacio

Finalmente, en el Prefacio encontrarás, de una manera clara, lo fundamental que la Iglesia nos pide creer con respecto a nuestro Dios que es Trinidad:

 “Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor;  no una sola Persona sino tres Personas en una sola naturaleza”.

Esto lo creemos solo porque Dios nos lo ha revelado, como un signo de su bondad. Por eso, “al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad”.

En este hermoso día te invito a que, en un momento libre, te encierres dentro de ti mismo y medites este gran misterio que llevas dentro de ti desde el día del bautismo:

¡Dios vive en mi corazón!

 

 

 

 

 

EL ESPÍRITU SANTO

04.06.17

 

Da la impresión de que los poderes del mundo están acabando con la Iglesia. Quizá piensan que con unos cuantos mártires más, como lo han hecho sus predecesores, desaparecerá del mundo la Iglesia de Jesucristo.

Por eso resulta interesante que la Iglesia, precisamente en medio de esta situación, nos ha escrito a todos un mensaje optimista que empieza así:

“La Iglesia rejuvenece por el poder del Evangelio, y el Espíritu continuamente la renueva, edificándola y guiándola con diversos dones jerárquicos y carismáticos”.

La obra de Dios es más fuerte que la de los hombres y pueden estar seguros de que en un futuro próximo todos los que han botado a Dios de la sociedad y se han burlado de sus mandamientos… no tendrán poder.

El Espíritu Santo sigue preparando a la Iglesia de Jesús.

¡Él es más fuerte que el maligno! Su obra es continua.

Cada nuevo cristiano recibe en el bautismo la gracia divina que lo hace hijo de Dios, hermano de Jesucristo y heredero del cielo. Al mismo tiempo recibe cuanto necesita para el crecimiento de su vida sobrenatural: virtudes teologales, virtudes cardinales, dones, etc.

Todo esto lo hace el Espíritu Santo. Por eso repetimos gozosamente:

En medio de esta sociedad, la Iglesia rejuvenece por obra del Espíritu Santo.

Vayamos ahora a las lecturas.

 

El prefacio

Nos enseña que el Padre “para llevar a plenitud el misterio pascual (envío) hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo. Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas”.

Solamente con estas palabras ya tendríamos para una meditación. Maravillosa obra la del Padre por medio de su Espíritu.

 

Los Hechos de los apóstoles

Sin duda hemos leído muchas veces lo que cuenta este libro sobre el día de Pentecostés. Leámoslo de nuevo pero tengamos en cuenta que no son tan importantes los signos externos, que eran solo una manera de llamar la atención y reunir la multitud. Fijémonos más bien en la realidad, es decir, que el Espíritu Santo llegó para santificar a la Iglesia de Jesús y la puso en movimiento irresistible a través de los siglos.

 

Salmo responsorial (103)

Nos invita a glorificar al Señor por su grandeza y las obras maravillosas que ha hecho y nos hace ver cómo el aliento de Dios crea las cosas y repuebla la faz de la tierra.

Por eso con la Iglesia repetiremos muchas veces en estos días:

“Envía tu Espíritu Señor”.

 

Carta de San Pablo a los Corintios

Nos habla de cómo toda la actividad de la Iglesia y de cada uno de los que formamos parte de ella, es fruto del impulso del Espíritu Santo y nos recuerda cómo la diversidad de dones y carismas los produce el mismo Espíritu para el bien común, es decir, para santificación del cuerpo de Cristo.

Pablo nos invita también a recordar siempre que el Espíritu Santo, como alma de la Iglesia, es un continuo impulso para vivir la unidad.

 

La secuencia

Se trata de un himno especial para este día en el que la Iglesia resalta la actividad del Espíritu Santo en las almas.

Al mismo tiempo es una ayuda para que recemos y pidamos el Espíritu Santo a quien llama con cariño: Luz, Padre amoroso, Don, Fuente de consuelo, Dulce huésped del alma…

Te invito a que, en un momento de oración en este día, personalices este hermoso poema haciéndolo oración tuya.

 

Verso aleluyático

La Iglesia hoy se hace petición. Quiere la presencia continua del Espíritu Santo de distintas formas. La más común de las cuales es tan simple como ésta: “¡Ven, Espíritu Santo!”

Pídelo tú también al Padre y al Hijo que, según la promesa de Jesús, llenen tu corazón con la luz del Espíritu que te llevará a la plenitud de la verdad.

 

Evangelio

El Evangelio de San Juan nos recuerda el momento de la Pascua en que Jesús, puesto en medio de los apóstoles, después de saludarlos con  la paz, “exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”.

Bendigamos a Jesucristo que con el Padre ha querido regalarnos su Espíritu para que, por muchos que sean nuestros pecados, estemos seguros de su misericordia.

 

 

 

 

 

 

 

SE FUE Y LOS LLENÓ DE ALEGRÍA

28.05.17

 

Hoy celebramos la Ascensión del Señor que, junto con la resurrección, constituye la glorificación que el Padre Dios da a su Hijo el predilecto: ¡Gloria a Dios!

 

La Ascensión

En los Hechos de los apóstoles San Lucas, al que tenemos que tomar muy en serio porque al principio del Evangelio nos advierte que:

“Yo he resuelto escribir por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio…”.

El evangelista nos cuenta la Ascensión del Señor a los cielos y lo que sucedió poco antes.

Un día que comían juntos, Jesús  les habló así:

“No os alejéis de Jerusalén… en pocos días seréis bautizados con el Espíritu Santo”.

De esta manera, una vez más, Jesús  prometía la compañía del Espíritu Santo a su Iglesia.

En ese momento tan solemne todavía algunos presentan sus dudas al margen de todos los acontecimientos y enseñanzas de Jesús:

“¿Ahora vas a restaurar el reino de Israel?”

Era la concepción que tenía el pueblo sobre el Mesías. Jesús entonces insiste sobre la venida del Espíritu Santo y cómo les dará fuerza “para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”.

En ese momento Jesús empieza a elevarse “hasta que una nube se lo quitó de la vista”.

Una vez más nos encontramos con la nube, símbolo de la presencia del Espíritu Santo.

Finalmente, cuenta San Lucas que se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:

“¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para ir al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse”.

Alusión clara a la Parusía o segunda venida del Señor que será su glorificación definitiva.

 

Salmo responsorial (46)

Sin duda que todos nosotros al leer este salmo, tantas veces en el Oficio divino, hemos visto una alusión directa a la Ascensión del Señor. Unámonos a este triunfo de Jesús:

“Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas… Dios es el Rey del mundo”.

Y por todo esto se repite la invitación: “aclamad a Dios con gritos de júbilo porque el Señor es sublime… Tocad para Dios, tocad. Tocad para nuestro Rey, tocad”.

Y como terminando esta Ascensión nos dice:

“Dios se sienta en su trono sagrado”.

 

San Pablo a los Efesios

Es un párrafo hermoso en el que les invito a fijar la atención en dos puntos:

*. Que el Señor “ilumine los ojos de vuestro corazón”.

Solo con el corazón iluminado por la fe entenderemos la esperanza a la que Dios nos llama.

*. El Padre “todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia como cabeza”.

Jesús, después de entregarse totalmente por nosotros ha sido glorificado por Dios.

 

Haced discípulos de todos los pueblos

El Evangelio de hoy pertenece a San Mateo.

El evangelista alude también a la duda suscitada en alguno de los apóstoles que pensaban en  la reconstrucción de Israel.

Prescindiendo de todo, Jesús da este mandamiento que, por cierto, es muy grave:

“Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos”.

Nunca en su vida Jesús había puesto tanta exigencia. Es como decir:

Como Dios que soy y tengo poder sobre cuanto existe, les doy un mandamiento. Y el mandamiento consiste en hacer discípulos de todos los pueblos, bautizarlos en nombre de la Santísima Trinidad y enseñarles “a guardar todo lo que les he mandado”.

Finalmente, Jesús aclara que se va y no se va, como dijo en la última cena:

“Me voy y vuelvo a vuestro lado” (Jn 14,28).

 

La alegría fruto de la Ascensión

Una de las cosas más llamativas de la Ascensión es que los discípulos no sienten pena por la ausencia del Maestro sino que por el contrario: “Se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”.

El Papa Benedicto nos ayuda a entenderlo mejor. Él comenta en su libro Jesús de Nazaret:

“Todo adiós deja tras sí un dolor. ¿Cómo entender entonces la alegría?”

Añade el Papa: “La alegría de los discípulos, después de la ascensión, corrige nuestra imagen de este acontecimiento… La ascensión no es marcharse a una zona lejana del cosmos, sino la permanente cercanía que los discípulos experimentan con tal fuerza que les produce una alegría duradera”.

Por eso el mismo Papa nos invita a meditar:
“El cristianismo es presencia: don y tarea; estar contentos por la cercanía interior de Dios y, fundándose en eso, contribuir activamente a dar testimonio en favor de Jesucristo”.

Termino con estas palabras del gran Pontífice:

“El Jesús que se despide no va a alguna parte en un astro lejano. Él entra en la comunión de vida y poder con el Dios viviente, en la situación de superioridad de Dios sobre todo espacio. Por eso ‘no se ha marchado’, sino que, en virtud del mismo poder de Dios, ahora está presente junto a nosotros y por nosotros”.

Así cumple Jesús “yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

 

 

 

 

 

 

EL AMOR VERDADERO ES LIBRE

21.05.17

 

“Con gritos de júbilo anunciadlo y proclamadlo: el Señor ha redimido a su pueblo”.

 

El diácono enseña y bautiza

Los Hechos de los apóstoles nos cuentan cómo fue expandiéndose la Iglesia en los primeros tiempos. Hoy es un ejemplo de ello: el diácono Felipe va a Samaría y predica a Cristo.

La multitud se alegra y se bautiza y son muchos los milagros que abren el camino al Evangelio.

Una vez más se constata cómo la fe trae la alegría: “la ciudad se llenó de alegría”.

Por otro lado “los apóstoles que estaban en Jerusalén”, al enterarse de la conversión de los samaritanos, enviaron a Pedro y a Juan para confirmarlos en la fe: “les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo”.

De esta manera, ya desde el principio nos encontramos con la diferencia entre el diácono que enseña y bautiza y los obispos que confirman la fe con la imposición de manos.

 

Salmo responsorial 65

Tengamos en cuenta que estamos en plena liturgia pascual. Por eso la Iglesia nos invita de distintas formas a vivir el gozo de la resurrección:

“Aclamad al Señor tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria…

Alegrémonos con Dios que con su poder gobierna eternamente”.

 

Dar razón de la fe

Continuamos leyendo la carta de San Pedro y hoy nos invita a “glorificar en nuestros corazones a Cristo el Señor y estar siempre prontos a dar razón de nuestra esperanza”.

A continuación él mismo nos dice que, en nuestra evangelización, debemos actuar “con mansedumbre, respeto y buena conciencia”.

Pienso que todos los católicos debemos tener conciencia de este pedido de San Pedro y aprender bien el Catecismo de la Iglesia Católica e ir escrutando continuamente las Escrituras, primero para cimentar nuestra propia fe y segundo, para evangelizar con eficacia.

Finalmente Pedro, basándose en la misma actitud de Cristo, nos dice: “mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal”.

 

Dos momentos de la última cena

En el Evangelio de hoy nos acompaña San Juan.

*. El apóstol recoge dos enseñanzas muy importantes:

1. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.

A veces pretendemos que algunos cumplan los mandamientos poco menos que a la fuerza.

No es esto lo que pide el Señor. Obedecer, si no hay amor, no tiene sentido.

Solo el amor puede motivarnos para cumplir la voluntad de otro. Y como no hay amor sin libertad, debemos entender que solo desde la libertad amamos y desde el amor cumplimos. Solo así merecemos.

2. La promesa del Espíritu Santo.

Jesús sabe que Él es el primer consolador, amigo y protector, enviado por el Padre.

Él nos descubrió los planes de Dios para salvarnos y pronto se va a ir. ¿Dejará solos a los suyos?

Dentro de ese clima amoroso de la última cena Jesús les dice con cariño:

“Pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”.

Es la promesa del Espíritu Santo que se realizará después de la resurrección, el día de Pentecostés.

Esta es precisamente la diferencia que marca Jesús entre los suyos y el mundo. 

Este mundo no puede conocer al Espíritu Santo “vosotros en cambio lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros”.

Jesús no se conforma con esto: les advierte: “no os dejaré huérfanos, volveré”.

Esto es lo que había repetido en otro momento, cuando dijo: “yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Qué felices nos sentimos en la Iglesia de Jesús porque estamos seguros de la compañía diaria del Espíritu Santo y de Jesús mismo, que es Dios. Por esto tenemos la seguridad de que el Padre también camina con nosotros ya que las tres Personas son inseparables.

De ahí que nuestro párrafo de hoy termine diciendo:

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”.

Preciosa invitación que nos lleva a profundizar en el misterio trinitario.

 

Vendremos a Él

Quedémonos en este domingo con esta idea del verso aleluyático que nos habla, una vez más sobre la presencia o inhabitación de la Santísima Trinidad en nuestros corazones:

“El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él”.

 

 

 

 

 

 

 

 

EL QUE ME VE A MÍ, VE AL PADRE

14.05.17

 

Continuamos la lectura de los Hechos de los apóstoles.

Ten presente que este libro de la Biblia es la historia de los primeros años de la Iglesia de Jesús.

Recuerda también el origen trinitario de la “misión” de la Iglesia:

El Padre amó tanto al mundo que envío a su Hijo para salvarlo (a esto llamamos la primera misión trinitaria: Encarnación).

El Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo (segunda misión: Pentecostés).

Y el Espíritu Santo, el día de Pentecostés, envió a la Iglesia (tercera misión) con la promesa de que ella continuaría siempre la evangelización, contando con la presencia de Jesús misionero, “yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, y con el poder del Espíritu que “os llevará a la plenitud de la verdad”.

La lectura de los Hechos de los apóstoles nos ayudará a todos a ser fieles y transmitir el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo.

 

Problemas caseros

Todos somos muy humanos y la lectura de los Hechos nos lo recuerda en este día.

Ojalá solucionemos siempre los problemas humanos con la eficacia y fe con que lo hicieron los apóstoles:

A la hora de compartir el suministro diario, resulta que las viudas de los griegos no eran bien atendidas. ¿Solución?

Los apóstoles advierten que ellos no tienen tiempo para ocuparse de la administración:

“Nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra”.

Y para solucionar el problema con eficacia constituyeron siete hombres de buena conducta a quienes llamaron “diáconos”. Les impusieron las manos y volvió la paz.

Termina el párrafo advirtiendo cómo “crecía mucho el número de los discípulos. Incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe”.

Tengamos en cuenta que la caridad siempre es la mejor solución de nuestros problemas pequeños o grandes.

 

Salmo responsorial (32)

Nos invita a confiar en la misericordia de Dios:

“Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti”.

 

La piedra angular

Muchas veces encontramos en la Biblia ya en el Antiguo Testamento, sobre todo en el salmo 117, alusiones a la piedra angular. ¿Qué significa esto?

Es simplemente una hermosa comparación.

San Pedro hoy nos dice que la piedra viva desechada por los hombres fue escogida y preciosa ante Dios. Cuando se construye hay que poner los cimientos sobre roca viva.

La comparación es bonita: la Iglesia es como un templo, pero no construido con piedras muertas, sino como dice Pedro:

“Vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu”.

En esta comparación Jesucristo es la piedra angular sobre la que se cimenta toda la construcción del Reino en la tierra.

De aquí pasa San Pedro a dar distintos nombres a esta Iglesia que formamos Cristo y nosotros:

“Raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido por Dios…”

Pablo, además de hablarnos de la construcción, utiliza otra comparación más conocida, la del símil del Cuerpo en el que Cristo es la cabeza y nosotros los miembros.

¡Bendita Iglesia que tiene a Cristo como cimiento, cabeza y corazón!

 

Versículo aleluyático

Nos recuerda las palabras de Jesús que leeremos en el Evangelio:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”.

 

Muéstranos al Padre

El Evangelio nos lleva a un momento bellísimo de la intimidad entre Jesús y los suyos en el ambiente de la última cena. Te invito a profundizar porque hay mucha riqueza en cada uno de estos versículos.

Quizá uno de los que nos llama más la atención es la simplicidad con que Felipe le dice a Jesús:

Tanto nos hablas del Padre, “muéstranos al Padre y nos basta”.

La respuesta de Jesucristo no deja de encerrar su misterio. De hecho nadie puede ver al Padre en este mundo, pero el deseo de verlo es muy importante.

En el fondo, lo que enseña Jesucristo se aclara mejor con el capítulo cinco de San Juan, donde leemos cómo todo lo que hace el Padre lo hace el Hijo y por tanto ver las obras de Jesús es como ver actuar al Padre.

De ahí estas profundas palabras:

“Creedme, yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras”.

Y la conclusión del párrafo es realmente hermosísima y una invitación para que todos nosotros ahondemos en el misterio santo de la Trinidad:

“El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago y aún mayores. Porque yo me voy al Padre”.

Que en esta Pascua, amigos, nos unamos más cada día a Jesucristo, nuestro único Salvador y amigo verdadero.

 

 

 

 

 

YO SOY LA PUERTA

07.05.17

 

 

No es fácil que alguien diga que él es la puerta.

Se nos ocurren tantas palabras: señor, maestro, pastor, jefe, amo… ¿pero puerta?

Jesús  mismo se nos ha presentado, como Dios que es, de muchísimas formas:

Yo soy la luz, la verdad, el camino, la vida, el pan de vida, la vid…

Pero, ¿puerta?

Pues sí, amigo. Así se nos presenta en el domingo de hoy como la puerta del aprisco. Si uno no es ladrón, tiene que descubrir la puerta para entrar y eso es lo normal.

Jesús, que se definió como Buen Pastor, ha querido llamarse Puerta por una razón muy simple. Él mismo lo explicó: la salvación nos viene del Padre a través de Jesucristo resucitado. Por eso dice: “quien entre por mí se salvará”.

Nadie puede entrar en el reino del Padre si no es a través de Jesucristo. Lo seguiremos comentando en el Evangelio.

 

La conversión

La primera lectura es la continuación del libro de los Hechos de los apóstoles que leímos el domingo anterior.

San Pedro “con los once en pie a su lado” anuncia la resurrección.

Valientemente afirma:

“El mismo Jesús a quien vosotros matasteis, colgándolo de una cruz por manos de hombres inicuos, Dios lo resucitó”.

La fuerza que el Espíritu Santo puso en las palabras de Pedro movió el corazón de los oyentes que muy arrepentidos dijeron estas palabras:

“¿Qué tenemos que hacer, hermanos?”

Pedro, aprovechando el momento les gritó: convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús Mesías, para perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

El fruto del Espíritu fue la conversión y bautismo de unas tres mil personas.

Hoy también necesitamos evangelizar con valentía y decir “a esta generación perversa” la verdad:

Hay pecado. Hace falta conversión. Dios es misericordia para los que se arrepienten.

No es fácil porque el orgullo quiere romper toda relación con Dios y su ley. Que sea la fuerza del Espíritu la que nos ilumine.

 

San Pedro

Continúa invitándonos en su carta para padecer con Cristo y vivir la conversión. Por eso nos dice “si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios” y así imitamos a Cristo que padeció por nosotros para librarnos del pecado.

Confiando en nuestra conversión sincera para aprovechar la pasión y muerte del Resucitado, termina diciéndonos:

“Andabais descarriados como ovejas pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras vidas”.

 

Verso aleluyático

Hoy es el domingo del Buen Pastor y en los tres ciclos se habla de Jesús con este título. Sin embargo, nuestro Evangelio va a resaltar que Jesús es la Puerta.

Pero de todas formas este versículo nos enseña que “yo soy el Buen Pastor, conozco a mis ovejas y las mías me conocen a mí”.

 

El Evangelio

La lectura  de hoy contrapone a Jesús con los malos pastores. Estos “no entran por la puerta en el aprisco de las ovejas sino que saltan por otra parte… ese es ladrón y bandido”.

En cambio los buenos pastores entrar por la puerta.

Después de contar la actividad de un buen pastor que cuida sus ovejas Jesús, que también se llama Buen Pastor, afirma:

“Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas… quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos”.

La comparación es bellísima. Solo a través de Jesús, como por una puerta, podemos llegar a los brazos del Padre.

Podremos recibir todos los regalos de Dios que son comparados con buenos pastos y agua limpia.

Recordemos que por el bautismo entramos en la Iglesia de Jesús. Y esa Puerta es el mismo Cristo que en el amor del Espíritu Santo nos lleva a los brazos del Padre.

 

Domingo del Buen Pastor

A este domingo se le llama así. Por eso el salmo responsorial es el conocidísimo salmo 22 en el que ya, desde el Antiguo Testamento, Dios se nos presenta como el Buen Pastor al que invocan los fieles:

“El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce a fuentes tranquilas”.

Tengamos presentes también hoy, con la Iglesia universal, a los buenos pastores que nos ayudan a caminar hacia Dios, empezando por el Papa, siguiendo por nuestro obispo, los sacerdotes… Pidamos por todos ellos, para que sean fieles y no permitan que nadie les robe sus ovejuelas.

 

 

 

 

 

EL GOZO PASCUAL

30.04.17

 

La liturgia de hoy nos presenta toda la alegría de la Iglesia de Jesús con motivo de la resurrección de su Esposo amado.

 

Vamos a fijarnos primero en las frases que directamente nos hablan de este gozo:

*. “Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el Espíritu y que la alegría de haber recobrado la adopción filial…” (oración colecta).

*. “Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante de gozo, y pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo de tanta alegría, concédenos participar también del gozo eterno” (oración de ofrendas).

*. En los Hechos, Pedro cita el salmo 15 que será nuestro salmo responsorial:

“Tengo siempre presente al Señor… por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua y mi carne descansa esperanzada”.

*. En el Evangelio veremos cómo los dos de Emaús dicen “¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”

Era el gozo de descubrir la fidelidad de Jesús que había prometido resucitar.

*. En el salmo aleluyático, pedimos:

“Haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas”.

 

Vayamos ahora a las lecturas.

*. La primera es el gran discurso de “Pedro, de pie con los once”, que habla a la multitud reunida al percibir los signos externos de la presencia del Espíritu Santo en Pentecostés.

Valientemente proclama la resurrección de Jesucristo y les echa en cara a los judíos que ellos lo “mataron en una cruz”.

Pero apoyando su afirmación en el salmo de David, les hace ver cómo “Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte”.

Por otra parte el mismo apóstol explica lo que ha sucedido en este primer Pentecostés:

“Exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo”.

En la segunda lectura, de la carta de Pedro, leemos cómo hemos sido rescatados del pecado de nuestros padres: es algo muy profundo y digno de meditarlo porque este fue el medio que utilizó el Señor para darnos la salvación, la sangre de Cristo:

“No con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto”.

El mismo Pedro nos invita hoy a poner en Dios nuestra fe y nuestra confianza.

 

Ahora quiero resaltar algunos pensamientos del Evangelio de los discípulos de Emaús:

Este pasaje ha llenado de belleza la poesía, la pintura, la arquitectura, la música religiosa…

Para ayudarles a meditar con más profundidad este espléndido pasaje les ofrezco estos pensamientos:

*. Jesús en persona se acercó a los dos que iban a Emaús y se puso a caminar con ellos.

*. No lo conocieron. Así sucede muchas veces porque Jesús acostumbra ocultarse a los ojos de los hombres para que se enriquezcan caminando en fe.

*. Iban hablando de Jesús y de los grandes acontecimientos de aquellos días. Es interesante resaltar que eran dos, al estilo de los misioneros que pidió Jesús.

*. Una vez más cumplió Jesús su Palabra: “donde hay dos o más reunidos en mi nombre en medio de ellos estoy yo”.

*. Los discípulos cuentan hasta las apariciones del Resucitado, pero regresan sin fe y con una conclusión negativa después de contar cómo las mujeres habían encontrado vacío el sepulcro:

“Pero a Él no lo vieron”.

*. Jesús explica pacientemente las Escrituras, que tantas veces ellos habían leído, pero no habían creído que se estaban cumpliendo en el Maestro.

*. Al llegar al pueblo de Emaús, Jesús hace ademán de seguir adelante pero los discípulos le invitan: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya va de caída”.

De esta manera merecieron gozar de la promesa de Jesús: “fui peregrino y me hospedaste”.

*. Se sentaron a la mesa y llegó el momento cumbre del encuentro:

Jesús “tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio”.

De esta manera sencilla, Lucas nos da a entender que Jesús consagró el pan y al comerlo se les abrieron los ojos a los discípulos, pero el Señor había desaparecido.

Podemos decir, por tanto, que Jesús celebró como una gran Eucaristía con los de Emaús.

La primera parte de esa Eucaristía fue la Palabra de Dios comentada por el camino y la segunda, la consagración y comunión.

Transformados por la presencia eucarística de Jesús y llenos de fuego y prisa por su amor, regresaron a Jerusalén y se realizó el gran encuentro con los demás apóstoles y discípulos, afirmando ellos cómo lo habían reconocido al partir el pan.

¡El Señor resucitó, aleluya!

 

 

 

 

 

 

LA PAZ DE LA DIVINA MISERICORDIA

23.04.17

 

Hoy celebramos dos grandes acontecimientos que pueden llenar nuestras reflexiones de fe:

Por una parte, todo lo que incluye la octava de pascua y por otra la fiesta de la Divina Misericordia.

 

Octava de Pascua

*. Este domingo se llama “in albis” porque los bautizados en la noche pascual se quitaban hoy las “albas”, vestidos blancos que recibieron en el bautismo de esa noche luminosa.

*. Es también el día en que Jesús resucitado se aparece a los discípulos para enriquecerlos con dones muy especiales para extender el Reino.

*. La paz. Fue el saludo pascual del Señor, que no es la paz que da el mundo, sino la paz que trae el Resucitado para sus predilectos.

*. Les compartió su misión:

“Como el Padre me ha enviado así también os envío yo”.

No es, por tanto, cualquier misión que pueden ofrecer los hombres, sino la misión salvadora que viene de la Trinidad.

*. Les dio también el Espíritu Santo y con Él el poder de perdonar:

“Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”.

*. También en este día Jesús recoge su última oveja que se negaba a creer en la resurrección, el apóstol Tomás. Él había dicho:

“Si no veo en sus manos la señal de los clavos… no lo creo”.

Ahora Jesús lo llama y le dice:

“Trae tu dedo, aquí tienes mis manos… y no seas incrédulo sino creyente”.

En ese momento Tomás nos enseñó esta bella oración de adoración:

“Señor mío y Dios mío”.

*. El Evangelio termina animándonos a todos a vivir de la fe:

“¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto”.

Con esto Jesús nos animó a ti y a mí, mereciendo estas palabras de la carta de San Pedro que nos dice hoy:

“No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en Él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra salvación”.

 

La Divina Misericordia

El Papa san Juan Pablo II, como recogiendo toda la entrega de Jesús en su pasión, muerte y resurrección, nos invitó a celebrar hoy a Jesús resucitado como Divina Misericordia. Él con su sangre y agua en el Calvario firmó el perdón para todos y nos ofreció la salvación.

La verdad es que la liturgia de la octava de pascua que es muy antigua, habla directamente de la misericordia de Dios en distintos momentos:

*. La oración colecta comienza invocando al Señor y lo llama “Dios de misericordia infinita”. Como petición suplica a Dios que nos conceda:

- Crecer en los dones de su gracia.

- Comprender mejor el bautismo que nos purificó.

- Conocer el espíritu que nos ha hecho renacer.

- La sangre que nos ha redimido.

*. El salmo responsorial es precisamente el 117 que nos pide repetir:

“Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia”.

*. También San Pedro nos habla del “Padre de nuestro Señor Jesucristo que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva”.

 

Finalmente, en esta respuesta de amor a la Divina Misericordia, los Hechos de los apóstoles nos invitan a vivir como los primeros cristianos.

Examina este pasaje, una vez más, y lleva a tu casa, a tu comunidad o grupo, esa forma maravillosa de vida:

“Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”.

Tenemos que aprender de ellos a compartir el pan y la fe.

Les dejo como pensamiento especial en este día de la Divina Misericordia las palabras de santa Teresita del Niño Jesús al hermano redentorista Marcel Van:

“Nunca tengas miedo de Dios: no sabe más que amar”.

Y también este otro de san Hilario de Poitiers:

“Dios solo sabe ser amor y solo sabe ser Padre”.

Ten presente que Jesús resucitado es pura misericordia.

 

 

 

 

 

 

 

LAS PALMAS TIEMBLAN EN NUESTRAS MANOS

09.04.17

 

Hoy celebramos la glorificación pasajera de Jesús.

Tanto en el Evangelio de los ramos como en la pasión que leeremos en la Santa Misa, nos acompaña San Mateo como corresponde al ciclo A:

Un grupo de gente venía desde Galilea acompañando a Jesús. Entusiasmados al ver la preciosa ciudad, después de tanto tiempo de viaje, impresionados por la compañía de Jesús que había hecho tantos prodigios “la multitud extendió sus mantos por el camino mientras otros cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada” gritando:

“¡Hossana al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor!

“Toda la ciudad preguntaba alborotada: ¿quién es éste?

La gente que venía con Él decía:

Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea”.

¿Qué hicieron los de la ciudad con ese personaje tan maravilloso del cual el pueblo sencillo repetía: “todo lo ha hecho bien”?

Lo oiremos en la lectura de la pasión de hoy.

Tú camina junto al sacerdote, que representa a Jesús, en la procesión de ramos.

Lleva el tuyo y comprométete con Jesús gritando: “¡Hossana!”

Pero el viernes próximo no grites: “¡crucifícalo!”

Llevar ramos en las manos es un compromiso público con Jesús. Si te tiemblan las manos, que esté firme tu corazón.

El prefacio de hoy nos introduce en la Semana Santa con estas palabras:

“El cual siendo inocente se entregó a la muerte por los pecadores y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales. De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa y al resucitar fuimos resucitados”.

 

Isaías

La lectura del profeta nos presenta al siervo del Señor que viene a ser como la profecía de los sufrimientos de Jesucristo:

“Yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante los ultrajes ni salivazos…”

 

Salmo

El salmo 21 es el que Jesús, de una u otra forma, rezó desde la cruz:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Y al mismo tiempo describe las burlas que Jesús tuvo que soportar durante su pasión:

“Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos”.

El salmista llega hasta a profetizar el detalle de “se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica”.

 

Filipenses

El bellísimo párrafo de filipenses que la Iglesia reza semanalmente en vísperas por la importancia que tiene, nos presenta el misterio del Redentor que, siendo Dios, se humilla hasta hacerse esclavo y pasar por la muerte más infamante, la de cruz.

La Iglesia quiere que desde ahora nos fijemos en la resurrección y triunfo de Jesús y con San Pablo recordemos la glorificación del Padre que “le concedió el Nombre sobre todo nombre; de modo que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”.

Recuerda estas palabras impresionantes durante todos los días de la Semana Santa, para gozar de manera especial en la Vigilia pascual.

 

El Evangelio

El sacerdote, a veces, para no alargarse, acorta el Evangelio de la pasión del Señor. La liturgia se lo permite, sobre todo si celebra la Santa Misa más de una vez en este domingo.

Tú no te pases nada del relato. Debemos leer la pasión de Jesús con frecuencia. Solo así aprenderemos cómo se ama de verdad y hasta qué punto Jesús quiso demostrarnos su amor.

Por mi parte quiero recordarte cómo termina la pasión de Mateo:

“Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro”.

De esta manera actuaron los hombres y con este acto de burla Dios hará que sea más conocida la resurrección de Jesús.

 

 

 

 

 

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

02.04.17

 

Comencemos admirando esta idea del prefacio que se refiere al Evangelio del día, la resurrección de Lázaro:

Jesús, “hombre mortal como nosotros, que lloró a su amigo Lázaro, y Dios y Señor de la vida que lo levantó del sepulcro, hoy extiende su compasión a todos los hombres y por medio de sus sacramentos los restaura a una vida nueva”.

 

Ezequiel

Profetizó la resurrección de los muertos que hará el Espíritu Santo y así reunirá a los difuntos dispersos en su pueblo Israel… “y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago”.

En la tradición de la Iglesia católica siempre se ha entendido esta profecía en el sentido de que  los hombres resucitarán para ser glorificados o condenados, según sus obras.

De esta profecía sale garante el Señor que promete su Espíritu para realizar el milagro.

 

Salmo 129

Oración del alma consciente de sus pecados pero segura de la misericordia de Dios.

El salmista pone su confianza en Dios y anima a Israel a confiar en el mismo Señor.

Amigo, tú y yo tenemos también de qué arrepentirnos. Recemos con fe este salmo en el ambiente cuaresmal porque “del Señor viene la misericordia y la redención copiosa”.

 

Pablo

El apóstol nos advierte que los que están sujetos al pecado no tienen el Espíritu de Cristo y no pertenecen a Cristo ni pueden agradar a Dios. En cambio advierte a los romanos que ellos no están sujetos a la carne sino “al Espíritu que habita en vosotros”.

De ahí procede la certeza de que resucitarán para siempre, porque el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos está dentro de ellos.

Este es precisamente el mensaje que nos da hoy la liturgia: el Espíritu Santo que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también nuestros cuerpos mortales porque habita en nosotros.

Qué hermoso recordar que somos templos del Espíritu Santo:

¡Dios habita en mí!

 

Aclamación

El versículo de aclamación nos pide un gran acto de fe en Cristo que afirmó en la casa de las hermanas de Lázaro:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí no morirá para siempre”.

Hermanos, repitamos juntos con santa Marta:

“Sí, Señor, yo creo que tú eres el Hijo de Dios”. Tú eres la resurrección y la vida.

 

El Evangelio

Como los dos hermosos párrafos de los domingos anteriores, hoy tenemos un largo párrafo que meditar. Te invito a que lo hagas tú personalmente. Quizá te puedan ayudar estos pensamientos:

*Jesús está lejos huyendo de los judíos, porque aún no había llegado su hora.

Las hermanas de Lázaro le envían un mensaje que nos ayuda mucho para nuestra oración personal, sobre todo cuando se trate de pedir. Ellas tenían muchos motivos para exigir la presencia de Jesús en su casa y sin embargo dicen únicamente:

“Señor, el que tú amas está enfermo”.

Aprendamos a pedir con mucha confianza y sencillez.

*Jesús deja pasar el tiempo para realizar un milagro muy especial por aquella familia tan querida y al fin decide visitarlos.

Los apóstoles temían por la vida de Jesús, ya que los fariseos habían decidido matarlo.

Tomás en aquel momento se hace el valiente:

“Vamos también nosotros y muramos con Él”.

Lástima que a la hora de la verdad no lo cumplió.

¡Cuántas veces nos pasa a nosotros lo mismo!

*Bellísimo el acto de confianza de las dos hermanas que, como si se hubieran puesto de acuerdo, le dijeron a Jeús por separado:

“Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”.

*Examina de manera especial el gran acto de fe de Marta:

“Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo”.

*Es impresionante el versículo más breve de toda la Biblia: “Jesús se echó a llorar”. “Dominus flevit” es la capilla de Jerusalén que recuerda este momento. Jesucristo llorando por la muerte de su amigo Lázaro y el dolor de las hermanas.

*Jesucristo resucitó al tercer día, es decir, antes que empezara la corrupción, según la concepción de entonces. Por eso Marta advierte al Señor que ya es el cuarto día, es decir ya está en corrupción.

Jesús, sin embargo, manda al difunto: “¡Lázaro, sal fuera!” y el muerto salió resucitado.

Que la esperanza nos ayude a confiar en esta verdad de fe:

Jesucristo un día llamará nuestros cuerpos mortales a la vida, pero no a una vida temporal, como la de Lázaro, sino a la vida eterna.

Amigos, meditemos gozosos una vez más las palabras de Jesús:

“Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí aunque haya muerto vivirá”.

 

 

 

 

 

 

EL CIEGO QUE VIO LA LUZ

26.03.17

 

Avanza la cuaresma y hoy el Evangelio nos presenta a Jesucristo como la luz que alumbra este mundo con su dominio sobre la naturaleza y sobre todo con la luz de su divinidad.

 

Samuel

El profeta Samuel, a pedido de Dios, va a la casa de Jesé, en Belén, para ungir al futuro rey de Israel.

Cuando el profeta piensa que Dios quiere que unja al primero de los hijos, oye la voz del Señor que le ordenaba:

“No te fijes en la apariencia ni en la buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres que ven la apariencia. Él ve el corazón”.

Así pasaron los distintos hijos y quedaba David, el más pequeño, pero no el de menos valores, “era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo”.

Samuel lo mandó traer y lo ungió. En aquel momento el Espíritu del Señor invadió a David.

 

Salmo responsorial (22)

“El Señor es mi pastor”. Este salmo lo conocemos muy bien y hoy nos puede recordar tanto a Jesús el Buen Pastor, como a David, tan querido en el Antiguo Testamento y que también un día fue el pastorcito de Belén.

 

San Pablo

Nos enseña cómo Jesucristo nos pasó de las tinieblas en que vivíamos, a ser luz en el Señor,  buscando siempre lo que agrada a Dios.

Quiere que actuemos según la luz de la bondad, de la justicia y de la verdad que son precisamente fruto y características de la luz.

Termina el santo invitándonos a caminar con valentía en este nuevo camino del reino de Dios que Él ha predicado:

“Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.

 

Aclamación

Como no hay aleluya hoy tenemos la “aclamación” que nos recuerda estas palabras de Jesús: “Yo soy la luz del mundo”.

Esto confirma lo que decía San Pablo, que en Jesucristo encontramos la luz verdadera que precisamente será la que ilumine los ojos del ciego de nacimiento, de que hablaremos más adelante.

 

Evangelio

El Evangelio de hoy es también muy especial. Pertenece a los tres Evangelios largos y bellísimos que correspondían a las lecturas cuaresmales anteriores a la renovación del Misal del año 1970.

Hoy hablamos del ciego de nacimiento.

Se trata de un joven excepcional que defiende a Jesucristo valientemente ante los fariseos, llegando a jugárselo todo por Él.

Lee y medita este bello capítulo 9 de San Juan. Yo te acompaño con unas breves aplicaciones:

*Cuando los discípulos preguntan a Jesús si el joven está ciego por culpa de sus pecados o por los pecados de sus padres, Jesús advierte que es un caso especial en el que va a brillar la gloria de Dios, indicando así que nosotros no tenemos derecho a juzgar a nadie.

*Jesús hace un signo un tanto extraño para sanar al ciego de nacimiento. Toma un poco de saliva y polvo de la tierra. Con este poquito de barro unta los ojos del joven y lo manda a lavarse en la piscina de Siloé.

Estos signos que hace Jesús de una u otra forma llegan a su culmen en los sacramentos que se realizan mediante signos especiales.

Cosa muy distinta es ver cómo algunos (incluso que se dicen católicos) hacen ciertos signos (cosas extrañas) como las famosas cadenas que ahora aparecen también por las redes sociales, los ángeles que dicen que se aparecen y operan, el agua de rosas que sana, etc.

*Llama la atención la sagacidad de los padres del ciego que no quieren comprometerse y terminan diciendo: “pregúntenselo a él que ya tiene edad para responder”.

*Vemos la maldad de los fariseos que pretenden que el joven reniegue de Jesús y lo citan muchas veces hasta aburrirlo.

El joven valientemente llega a culpar de envidia a los fariseos y les dice con ironía que si preguntan tanto será porque quieren ser discípulos de Jesús.

*También llama la atención la bondad de Jesucristo que, cuando excomulgan al joven sale a buscarlo y le revela su divinidad:

“¿Crees tú en el Hijo del hombre?

Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?

Jesús le dijo: lo estás viendo. El que te está hablando, ése es.

Él dijo: creo, Señor. Y se postró ante Él”.

*Finalmente, Jesús nos hace reflexionar aclarando que no es lo mismo ser ciego por ignorancia que ser ciego por maldad, como era el caso de los fariseos.

Así Jesús devolvió la luz de los ojos e iluminó con la luz de la fe a este joven valiente que es para nosotros un ejemplo de cómo debemos vivir en la luz y defender siempre a Jesucristo.

 

 

 

 

SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS

19.03.17

 

Este domingo nos trae un recuerdo de la ternura de Dios bajo la bellísima comparación del agua viva. Oiremos a Jesús diciéndole a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios”.

Para nosotros el don de Dios es Cristo, y el Espíritu Santo el que llena nuestros corazones del agua viva que salta hasta la vida eterna.

 

El agua de la roca

El pueblo hebreo sediento murmura contra Moisés. Le faltaba algo fundamental para la vida:

Están en el desierto y no hay agua.

El pueblo desesperado grita pidiendo agua. La situación se torna muy grave.

Moisés acude a Dios diciendo: “¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen”.

Dios le dice que tome su bastón milagroso, el que utilizó en Egipto y abrió las aguas del mar Rojo,  y golpee con él la roca ante los ancianos de Israel.

Este debió ser un momento difícil para Moisés. Temió, dudó, y en lugar de una, golpeó dos veces a la roca.

La duda de Moisés le resultó cara ya que no pudo llevar a su pueblo hasta la tierra prometida. Por otra parte, este lugar quedó como un lugar de castigo donde el pueblo tentó a Dios.

La grave tentación consistió en dudar del Señor diciendo: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”

 

Salmo responsorial 94

Es un salmo que se refiere precisamente a este momento en que el pueblo oyó a Dios: “me pusieron a prueba y me tentaron aunque habían visto mis obras”.

Recordemos que Jesús dijo: “no tentarás al Señor tu Dios”.

Tentar a Dios es un pecado grave de desconfianza.

 

San Pablo

El apóstol nos habla de la justificación por la fe que nos pone en paz con Dios. También nos habla de la esperanza que no defrauda y, finalmente, del amor, diciendo:

“Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”.

Advierte San Pablo que la prueba más grande del amor que Dios nos ha tenido es que “cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, Cristo murió por los impíos”.

Meditemos bien estas palabras tan profundas: “la prueba más grande de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”.

 

El Evangelio de la samaritana

En este ambiente del agua como don de Dios, y del Espíritu en ella simbolizado, tenemos el bellísimo capítulo 4 de San Juan.

Meditaremos unos puntos concretos que nos ayuden a vivir más profundamente la escena:

*Jesús muy humano (estaba cansado) revela su divinidad (“Yo soy”) y convierte a una mujer y a su pueblo, Sicar.

*Cansado del camino, era la hora sexta, es decir el medio día, había caminado y hacía calor…

Jesús inició la conversación.

Un rabino nunca habla en público con una mujer, y menos samaritana, pero Jesús es el que empieza la conversación diciéndole: “dame de beber”.

En el prefacio de hoy leeremos:

El Señor “al pedir agua a la samaritana ya había infundido en ella la gracia de la fe, y si quiso estar sediento de la fe de esa mujer, fue para encender en ella el fuego del amor divino”.

*Admiramos a Dios pidiendo a una criatura agua, cuando Él mismo es la fuente de toda agua viva.

*Piensa que el agua viva del Espíritu Santo es la que tú recibiste en el bautismo, en la Eucaristía, en la Palabra de Dios…

*Jesús y la mujer hablan dos lenguajes distintos: ella habla del agua que la trae cada día al pozo y Jesús habla del agua viva que se convierte en un surtidor, la del Espíritu Santo.

*Interesante también es la discusión sobre dónde adorar.

Jesús advierte que en adelante los “verdaderos adoradores adorarán en Espíritu y en verdad”. Pero de todas maneras aclara que hasta ahora la adoración que pidió el Señor se debió hacer no en el  Garizim, sino en el templo de Jerusalén, porque de allí viene la verdad.

*Cuando la mujer habla del Mesías que va a venir pronto, Jesús le revela su divinidad: “Yo soy, el que habla contigo”:

De esta manera Jesús ha llevado a la mujer desde el agua del pozo hasta la riqueza del agua en el Reino. Y ella deja el cántaro, como quien deja todo lo que tiene, pues se ha convertido totalmente y siente la necesidad de irse a evangelizar a los suyos.

*Su testimonio humilde “me ha dicho todo lo que he hecho… ¿será Él el Mesías?”, llevó a los hombres de su pueblo hasta Jesús.

El fruto de todo este episodio es la conversión de los samaritanos de Sicar que le decían a la mujer “ya no creemos por lo que tú dices. Nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo”.

Amigos, estamos en tiempo de falta de agua, aunque ha llovido mucho.

Esto sucede con frecuencia: mucha agua en la tierra pero nos falta el torrente de agua viva, el Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

 

JESÚS SE TRANSFIGURÓ EN LUZ

12.03.17

 

Este domingo la liturgia centra nuestra reflexión en el Evangelio de la transfiguración.

Antes de hablar de este episodio comentemos algo sobre las otras lecturas.

 

Abraham

Casi como definición podemos decir que Abraham es el hombre que se fió de Dios. En  Abraham debemos descubrir un gran regalo de Dios para todos los tiempos.

Este hombre, antiguo y lejano de nosotros, un buen día fue llamado por Dios a desarraigarse de su tierra y de su parentela.

Dios le promete hacerlo una bendición pero no solamente para él y los suyos, sino que además, en Abraham “se bendecirán todas las familias del mundo”. Por esto, con razón, lo llamamos también nuestro “Padre en la fe”.

La obediencia de Abraham es un ejemplo para todos.

Salió sin saber a dónde iba. Simplemente Dios le dijo “sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que yo te mostraré”.

Y así salió sin saber cuándo ni cómo sería realidad ese “te mostraré”.

 

Salmo responsorial

Este salmo (32) nos enseña cómo la Palabra de Dios es sincera y nunca engaña.

Si buscamos la verdad la encontraremos en la Biblia. El salmo, bien meditado, nos explica los  motivos de la relación de Abraham con Dios.

 

San Pablo

Dios nos llama también a nosotros a tomar parte en los duros trabajos del Evangelio. No porque Él necesite de nosotros, no porque lo merezcamos: “Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia por medio de Jesucristo”.

Todo es regalo y todo lo debemos a Jesucristo que destruyó la muerte y nos ha abierto a todos “la luz de la vida inmortal por medio del Evangelio”.

 

Versículo

En él leemos las palabras del Padre que escucharemos en el Evangelio de la transfiguración.

Fijémonos en este detalle: dice “en el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre”.

Te invito a releer el versículo, después de pensar que esa nube represen